David García, educador canino, y su mascota Cucho, en el área de entrenamiento de Quercus.

David García, educador canino, y su mascota Cucho, en el área de entrenamiento de Quercus. Samuel Baeza

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David, 30 años de experiencia y 11.000 perros adiestrados: "El éxito de educarlos reside en aprender su lenguaje"

La escuela canina Quercus emplea el método CITYDOG para alcanzar una comunicación y seguridad efectivas entre dueño y mascota.

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Las claves

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David García lleva más de 30 años dedicados a la educación canina, con más de 11.000 perros adiestrados y una formación en Biología, Veterinaria y Psicología.

Dirige Quercus, la única escuela canina municipal de Málaga, donde el pilar del método es la comunicación entre dueño y perro.

El proceso educativo se centra primero en crear un lenguaje común y optimizar la relación social entre humano y animal, antes de enseñar habilidades específicas.

García destaca la importancia de la paciencia y de respetar las capacidades cognitivas del perro, así como la necesidad de que el dueño participe activamente en el proceso.

Decía Corey Ford que, debidamente entrenado, el hombre puede llegar a ser el mejor amigo del perro. David García (Granada, 1969) lleva desde 1989 entrenándolos. Ha superado los 11.000 adiestrados y considera a su pastor alemán, Cucho, más que un perro: un compañero, un amigo. Estudió Biología, Veterinaria y Psicología y descubrió que su pasión verdadera es educar a los perros y solucionar sus problemas.

Quercus, la escuela de la que es director, es una concesión administrativa del Ayuntamiento de Málaga y, por tanto, la única escuela canina municipal. Iniciaron su actividad en 2003, cuando la empezaron a hacer operativa; aunque solo le cedieron el terreno: el resto se levantó con mucho esfuerzo y trabajo diario.

“Uno de los problemas que tenemos en este gremio es que la formación es demasiado superficial para mi comprensión de las necesidades de un profesional”, denuncia García. Reconoce que la suya se ha forjado a partir de sus conocimientos en Psicología y Veterinaria y en la elaboración de métodos para perros de deporte y de compañía, aparte de solucionar problemas de conducta.

A nivel asociativo están organizados, pero hay quienes no cumplen los requisitos mínimos de garantía. El Ministerio de Educación otorga el título oficial de técnico para evaluación canina y examinador. Tanto García como su compañera Mónica Sánchez están acreditados por el Ministerioy son asesores y evaluadores de competencias profesionales relacionadas con la conducta canina.

El Ministerio del Interior les habilita, además, a formar a guías caninos de seguridad. “Esta regulación lleva mucho tiempo, pero realmente no se aplica. Hay gente que se pone en un parque y con eso dicen que son educadores caninos”.

“No nos gusta hablar de adiestramiento, siempre diferenciamos. El adiestramiento es parte de lo que hacemos. Lo primero en lo que nos enfocamos es en establecer una estructura comunicativa y educativa con nuestro perro; cuando eso ya está hecho, se le pueden enseñar otras áreas, como búsqueda de personas, sustancias…”. Lo que les apasiona realmente es la parte educativa, donde se crea una “estructura social y adaptada” entre el perro y su dueño.

Cucho saltando una valla.

Cucho saltando una valla. Samuel Baeza

Su método CITYDOG se apoya en la comunicación como pilar esencial. “La educación canina se basa primero en crear un lenguaje de comunicación que el perro pueda entender”.

Siempre hay que analizar de qué base parte el animal: ver qué interpreta de su entorno, qué nivel de aprendizaje tiene, qué conocimientos maneja, su nivel de comunicación, cómo ayudarles cuando tienen una inseguridad… “Hay mucho entrenamiento moderno que está demasiado basado en expresiones conductistas y te olvidas de lo que hace especial al perro: el vínculo social y afectivo”.

Cuando vienen dueños con inseguridades, el entrenamiento es para ambos. “Lo fácil es achacarle al perro el problema de comportamiento, pero la expresión del animal está influenciada por su entorno. Su ambiente son las personas con las que se rodea”.

Por desgracia, cuando el entorno no es favorable, se produce el fenómeno del abandono animal. “Es una vergüenza social que se supone que no deberíamos tener en una sociedad a nuestro nivel. Vemos casos de perros que han estado poco estimulados, criados en aislamiento y sin vínculo social ni afectivo. Eso requiere un esfuerzo extra para adaptarse al animal”.

Para más inri, en el contexto actual de inflación, educar a un perro es prescindible y accesorio. Por eso, hay quienes ante sus dificultades económicas optan por deshacerse del animal. “También hay personas que pese a todo se vuelcan en su perro, como un amigo que tiene un problema de parálisis y lucha consigo mismo y por su mascota”.

David García, educador canino, y su mascota Cucho, en el área de entrenamiento de Quercus.

David García, educador canino, y su mascota Cucho, en el área de entrenamiento de Quercus. Samuel Baeza

El sistema de entrenamiento es un trío: educador, dueño y mascota. El dueño no se va cuando trae al perro, sino que lo acompaña. La idea es optimizar la comunicación y las herramientas didácticas entre los dos actores porque, a veces, vienen con mucha intervención por parte de los dueños, pero mal diseñada.

Lo primero que hacen en Quercus es valorar la adaptación del perro al entorno, es decir, cómo se encuentra cuando está en un sitio nuevo, si aparece un extraño, cómo se comporta, cómo se relaciona con sus iguales… Pero lo que lo hace especial es su comunicación con el ser humano, cuando se pueden hacer cosas en común y disfrutar juntos.

Después de la evaluación inicial, hay dos fases: una primera en la que se intenta optimizar la relación social entre el dueño y el can y una segunda donde el objetivo es la motivación, hacer que el animal disfrute durante el proceso educativo y ofrecer recompensas, como un premio de comida o una caricia.

“Hay que enseñarle los ejercicios para que él los pueda comprender y sobre esa didáctica, generar la maduración. La educación se interpreta cuando el perro comprende tan bien que es capaz de gestionar estados de ánimo, el concepto idealizado de lo que buscamos, como que se ponga contento o que se tranquilice”.

“Nuestra obligación como humanos es mantenerlos y mejorarlos para que se adapten de una manera más óptima”, afirma, y añade: “El pitbull no es una raza; simplemente se concibió como perro de pelea. Los aficionados y los amantes de los perros no los reconocemos como raza, ni siquiera en la Federación Cinológica Internacional”.

Hay dos grupos principalmente de perros: los que ayudan en la caza, en el pastoreo, en el cuidado o en la protección de los entornos y los domésticos o de compañía. En cinofilia se distinguen unos diez grupos, pero cada uno tiene sus funciones.

La paciencia, clave para el cambio

“El problema que tenemos es la paciencia, el concepto del ahora. Cuando entrenamos de forma positiva, el proceso es mucho más lento”. Lo complicado es transmitirle a los dueños esa idea porque un perro tiene unas capacidades cognitivas muy concretas, hay que respetarlas y no se puede pretender que ellos lo capten todo con tanta facilidad como los humanos. El dueño tiene que aprender el lenguaje del perro y viceversa.

Un perro es un depredador social y su virtud es que nos ha integrado dentro de su grupo”. Ese es uno de los problemas con los que se topa García: la creencia de que solo se trata de cuidarlo bien. Hay que dar un paso más: interpretar profundamente lo que el animal puede hacer y necesita.

Tykoon, un bull terrier campeón de Europa joven.

Tykoon, un bull terrier campeón de Europa joven. Samuel Baeza

“Un perro normal, para generar una educación habitual, necesita de media tres meses. Donde hacemos hincapié es en espaciar las sesiones para que puedan adaptarse”. Como máximo, para un perro que acude con problemas “leves”, lo ideal son tres clases por semana. Cuando ha comprendido y disfruta de las actividades, puede entrenar todos los días porque entran en dinámicas de deporte que lo estimulan.

Ocho clases cuestan 150 euros, IVA incluido. Cuando se trata de casos más complejos, previa evaluación, puede retrasarse el doble y costar más caro por los riesgos laborales que se corren.

Perros también deportistas

David García es juez internacional de IGP y ha deliberado en los eventos más exigentes como campeonatos mundiales y nacionales de máximo nivel en Estados Unidos, Alemania, Italia y España.

Su compañera, Mónica Sánchez, está clasificada para el campeonato mundial de pastores belgas, para ellos el deporte más antiguo que existe en la cinofilia organizada, que es el reglamento IGP (Reglamento de Perros de Utilidad). Es una herramienta de selección para perros policía. “Se empezó con el pastor alemán y se considera un deporte que tiene una fase de rastreo, de obediencia y protección muy elaborada”.

“Para la selección hay que hacer una evaluación de salud, que sea adaptable, con motivaciones positivas y que si cae un petardo le dé igual porque ya está acostumbrado”. El miedo no es cosa de ellos porque llevan siglos en estos deportes. De hecho, los perros policía y de bomberos vienen de este tipo de selección. Para detección de explosivos, se busca que manejen el autocontrol y den un zarpazo cuando han encontrado lo que buscaban”.

“El perro llega a estar en estado de flow, la autoeficacia que se da en perros de rastro que saben su función y la disfrutan, incluso en la obediencia”.

En el éxito de esa autoeficacia que los hace brillar es donde se hace tangible el propósito de esta escuela canina: perro y humano, siempre juntos, siempre inseparables.