Pago con tarjeta.

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Sergio, autónomo y dueño de un bar: "Los pagos de 2 euros con tarjeta perjudican mucho a los pequeños negocios"

Admite que las alternativas bancarias son escasas: el ahorro en comisión por operación se compensa con cuotas fijas, permanencias o servicios añadidos.

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Las claves

Sergio, dueño de una cafetería, denuncia que las comisiones por pagos con tarjeta en consumiciones pequeñas afectan gravemente a los pequeños negocios.

Explica que, aunque las comisiones por cada transacción parecen mínimas, al sumar muchas operaciones diarias el impacto en los márgenes es considerable.

Las cafeterías trabajan con márgenes muy ajustados y las comisiones pueden equivaler a una semana de compra de pan o café al mes.

Sergio ha descartado establecer un importe mínimo para pagos con tarjeta para no perder clientes, aunque reconoce que las opciones para reducir costes son muy limitadas.

El auge del pago con tarjeta y con el móvil ha cambiado por completo la forma de consumir, especialmente en bares y cafeterías. Lo que para el cliente es comodidad, para muchos pequeños negocios se ha convertido en un nuevo quebradero de cabeza. Sergio, autónomo y propietario de una cafetería, lo vive a diario detrás de la barra.

Las cafeterías trabajan con márgenes muy ajustados ya que las materias primas también están subiendo. Cada ticket es reducido, pero el volumen de operaciones es elevado, especialmente en las primeras horas del día. Por eso, cada céntimo cuenta.

“Lo noto todos los días”, explica Sergio. “Cuando alguien paga un café de 1,60 € o una tostada de 2,80 € con tarjeta, la comisión que me quitan puede parecer mínima, pero para nosotros no lo es. Los pagos de dos o tres euros con tarjeta nos perjudican mucho a los pequeños negocios”.

“Si en una jornada tienes 150 operaciones de este tipo y la mayoría se pagan con tarjeta, el porcentaje que se va en comisiones se nota mucho. Es dinero que podría destinar a pagar la luz, a los proveedores o incluso a contratar a alguien unas horas más”, detalla. “Pero se pierde en microcomisiones”.

Sergio explica que su entidad bancaria le aplica una cuota fija mensual por el TPV, además de un porcentaje por cada operación. “Parece poca cosa, pero a final de mes puede equivaler perfectamente a una semana entera de compra de pan o café. Y eso, para nosotros, es muchísimo”.

Aun así, el dueño del bar reconoce que no puede ni quiere limitar el pago con tarjeta. “La mayoría de clientes ya no lleva efectivo. La gente se ha acostumbrado a pagar absolutamente todo con tarjeta o con el móvil, y lo entiendo. Pero para los pequeños negocios no siempre es sostenible”.

Ha llegado a plantearse establecer un importe mínimo, pero lo ha descartado. “Creo que sería contraproducente. Si un cliente quiere un café y no tiene monedas, no puedo decirle que no. Prefiero asumir yo el coste antes que perderlo”.

Las alternativas, admite, son escasas. Ha comparado tarifas entre bancos tradicionales y fintech, ha pedido revisiones de condiciones y ha estudiado distintas opciones, pero ninguna supone una diferencia real.

En la mayoría de los casos, explica, el ahorro en comisión por operación se compensa con cuotas fijas, permanencias o servicios añadidos. “Estamos atrapados entre dos aguas: queremos adaptarnos y ofrecer facilidades, pero a costa de nuestro margen. Y a veces siento que los pequeños pagamos mucho más, proporcionalmente, que los grandes”.