Alessandra García estrenó el 24 de septiembre Tú sabes lo que es una posidonia. Este espectáculo estuvo en el Teatro Soho CaixaBank hasta el domingo 27, con un equipo profesional que sostiene a García en los 90 minutos. Nacido en una residencia en La Térmica y coproducido por el propio Teatro del Soho, nos sumerge en saber qué pasa cuando ya no nos llena lo que tanto nos gusta hacer.
Cuando escribí sobre la última edición del Festival Autoctonxs que dirige la misma García, titulé aquella columna "El espectador ha muerto" y en este espectáculo se vuelve a la misma idea, insistiendo en que el espectador, tal y como lo conocíamos, ya no existe.
Alessandra García ha conseguido un sitio destacado dentro de las artes escénicas. Puestos así, en frío, eso es éxito. Pero en el espectáculo cuenta otra cosa: que ese entusiasmo que la empujaba a hacer las cosas se ha ido a otro lado, y que ahora mismo no sabe muy bien dónde buscarlo.
Habla también de su ruptura sentimental con Violeta Niebla —que sube al escenario con ella, además de Ramón Gásquez— y el paralelismo no es gratuito: cuando algo deja de sostenernos, empezamos a mirar hacia otro lado.
Llamarlo crisis existencial suena grandilocuente. Es simplemente el momento en que consigues algo que llevabas años detrás y, en vez de sentir que has llegado, te falta el suelo debajo.
Esto lo veo constantemente, y sospecho que a ustedes también les suena. Nos marcamos metas sin pararnos a mirarlas bien: montar tu propia compañía, un contrato fijo, que tu nombre salga en un cartel más grande.
A veces son fantasías que construimos antes de saber en qué nos íbamos a convertir el día que las consiguiéramos. Y cuando llegan, no aparece la euforia prometida. Aparece un silencio raro. Eso no quiere decir que nos hayamos equivocado de camino. Quiere decir que confundimos la llegada con la razón por la que salimos.
El éxito no es el problema. El problema es tratarlo como si fuera una respuesta cuando solo es una consecuencia. Nadie hace teatro, ni escribe, ni monta un negocio, ni cría hijos para llegar a un punto fijo y quedarse ahí sentado. Se hace porque el propio hacerlo genera algo que de otra manera no aparece.
Cuando eso se acaba —y se acaba, tarde o temprano— tener éxito acumulado no lo arregla. Toca parar. No para tirar la toalla, sino para averiguar qué es lo que de verdad quieres seguir persiguiendo, porque puede que ya no sea lo mismo de antes, o puede que tú hayas cambiado y ya no encaje.
Alessandra García lo plantea desde un escenario, pero la pregunta vale igual para cualquiera desde su oficina o desde su casa. No es "¿lo he conseguido?". Es "¿esto que tengo se parece en algo a lo que me hacía levantarme por la mañana?". Si la respuesta es que no, decirlo no tiene por qué avergonzar a nadie. Avergüenza más fingir que todo va estupendamente porque el resto ya lo llama éxito.
Al final la frase gastada tiene su punto de verdad: importa más el camino que la meta. No porque la meta no cuente, sino porque en cuanto la tocas deja de ser meta y se convierte en otra pregunta distinta. Quien lo pilla pronto, como parece estar haciendo García con este montaje, se ahorra unos cuantos años dando vueltas. Quien no, se lo encuentra igual, tarde o temprano.