Llevamos un verano de apagones. Mientras media España se quedaba eclipsada por el repentino anochecer del día 12 de agosto, cientos de familias llevan varias semanas sin luz debido al nuevo intento de regularización de contratos de Endesa.
No voy a entrar en el fondo de la legítima acción de la compañía para garantizar la seguridad y el suministro de sus servicios, aunque quizás la estrategia no haya sido la más adecuada (además de dejar sin luz a numerosas familias y negocios que sí estaban correctamente dados de alta).
Palma Palmilla, y las barriadas que la forman, es una zona eclipsada desde hace años. Habitualmente presente en las secciones de sucesos de los medios de comunicación, vive una realidad cotidiana bastante diferente de la que se ve ensombrecida por diferentes tipos de cuitas.
La vida allí no es fácil, pero no por lo que posiblemente imaginen sino por tratarse de una zona con bajos niveles de ingresos y unas infraestructuras deficientes, a la vez que unos servicios públicos cada vez más mermados (pero eso está pasando en todos lados). A pesar de ello, podemos hablar de decenas de historias que arrojan luz sobre las sombras que habitualmente eclipsan su imagen.
Sin ir más lejos, el esfuerzo de familias, profesorado y entidades sociales han dejado los niveles tercermundistas de analfabetismo y absentismo escolar para el recuerdo, aunque aún queda trabajo por hacer.
Es más, podemos hablar de María y Miriam que, viviendo en el barrio, se sacaron una brillante licenciatura (o como se llame ahora) en Historia del Arte. O Iván, que está haciendo un doctorado en la UMA (me pregunto cuántos lectores de este artículo han realizado un doctorado). O Mercedes, que gracias al deporte no solo ha encontrado su profesión, sino que ha podido estudiar una carrera universitaria. O de Alicia, vecina del barrio y que es una reputada escritora de cuentos infantiles, con reseñas en grandes revistas literarias y traducida a varios idiomas. Y así puedo seguir con Rossmary, Evelyn, Carmen, Adela, Ramón, Chaimae, Tania, Susana y muchas más que optaron por estudiar marketing, educación, ciencias, derecho u otras carreras.
Tampoco tenemos que irnos necesariamente al ámbito universitario. En la barriada hay numerosas personas que nos atienden en empleos cualificados y no cualificados y que, cuando surge el tema, tienen que escuchar un humillante ‘pues no lo parece’ (¿y cómo tiene que parecer?)
Tenemos a Jose que, con sus habilidades en una grúa móvil en grandes dimensiones, es capaz de colocar piezas muy complejas en la línea del AVE o mover grandes estructuras en los puntos más altos de nuestros edificios. No es moco de pavo. O a esas decenas de mujeres en cuyas manos ponemos los cuidados de nuestros mayores o nuestros hogares. Y así, repito, hasta el infinito y más allá.
En contra de lo que se escucha en las barras de bar o entornos similares, esto no tiene una solución fácil. Estoy harto de escuchar que la barriada habría que tirarla abajo u otras barbaridades similares. Y no es una solución fácil porque para deseclipsar Palma Palmilla (y otras casi 200 barriadas eclipsadas en toda Andalucía, con casi un millón de personas residiendo en ellas) tenemos que empezar por nosotros mismos eliminando todo tipo de prejuicios -nada fácil en los tiempos que corren- y mostrar interés por tener una visión más completa de la situación.
También hay que seguir apostando por la educación, el deporte, la cultura y la formación. Málaga carece de una biblioteca municipal central. ¿Por qué no ubicarla en Palma Palmilla y convertirla en un eje de transformación como ha sucedido en no pocas ciudades? ¿Y un centro de capacitación profesional? Falta ambición institucional. Otro día profundizaré en estos temas pero, aunque hay avances en algunos aspectos, eliminar la desigualdad respecto a otras zonas está aún lejos.
Los hechos noticiosos eclipsan el día a día de miles de personas que a lo único que aspiran es a llevar una vida normal. ¿Vamos a dejar que esta sombra se prolongue hasta que se transforme en un pelotazo urbanístico o dejamos de mirar a otro lado y nos planteamos un horizonte no muy lejano para su transformación real?