Llevo treinta años en el negocio de los componentes electrónicos. He vivido el pinchazo del punto COM, he vivido asignaciones —lo que en el sector llamamos allocation, que es el eufemismo elegante para decir que hay pedido y no hay producto— y he aprendido que casi siempre escasea lo mismo: los microprocesadores más avanzados y las memorias. Uno se acostumbra.
Cada tres o cuatro años alguien descubre que el mundo se ha quedado sin chips, se convocan cumbres, se anuncian planes y, cuando las fábricas nuevas están listas, la crisis ya se ha resuelto sola por otro sitio o los efectos de la sobredemanda que produce la escasez acaban produciendo tal sobrecapacidad que los precios se hunden por un par de años. Montaña rusa que conocemos bien.
Y entonces llegó el COVID y rompió el guion.
Porque en 2021 no faltaron los chips punteros. Faltaron los simples. Escribí unos cuantos artículos en esta columna lamentando la pésima política de compras de los grandes del motor mundial y europeos en particular. Demasiados financieros gestionando empresas industriales para el resultado trimestral acaban enterrándolas. Cuando pienso que Daimler tenía el 10% de Tesla y un pirado lo vendió considerando que no era estratégico…Aquel pico no estratégico valía más que toda Daimler. Seguro que lo han arreglado metiendo más financieros y echando tropa. Lo de menos remeros y más jefes, ¿recuerdan? Ahora es Geely, el dueño de Volvo y de Pol estar y Smart quien tiene del orden del 10% de Daimler.
Los microcontroladores de nodos maduros, los que llevan diez, quince o veinte años en catálogo, los que valen sobre un dólar y no salen en ninguna portada. Faltaron porque nadie había invertido en capacidad nueva para fabricarlos: a una foundry le renta mucho más una oblea de vanguardia que una oblea madura, y las decisiones de inversión se toman con esa hoja de cálculo y no con otra. El resultado lo pagó la industria del automóvil, que en una década había pasado, en los coches que yo veía, de llevar menos de diez microcontroladores a llevar hasta cuatrocientos en los modelos más equipados. AlixPartners cifró el destrozo de 2021 en 210.000 millones de dólares de ingresos perdidos y 7,7 millones de vehículos que no se fabricaron; y esa fue ya su segunda estimación, porque en mayo hablaba de 110.000 millones y 3,9 millones de coches. Fábricas paradas en Europa por falta de un componente que cabe en la uña del dedo meñique.
Lo escribí aquí en febrero de 2023, y lo escribí con estas palabras: «el gran cuello de botella no está en los tan cacareados microprocesadores sino en los semiconductores analógicos, que crecen más que los microprocesadores, que son mucho más difíciles de integrar y que usan tecnologías de producción maduras, que no son first of a kind». Lo decía porque me lo había dicho aquella misma semana un gran fabricante al que le faltaban, sobre todo, transistores MOSFET: tecnologías supermaduras en las que apenas se estaba invirtiendo. Y añadía que la inmensa inversión puesta en marcha entre 2021 y 2022 no daría resultados hasta 2024 o 2025, que para entonces la coyuntura habría aflojado y que todos creeríamos que el problema estaba resuelto. Que era una alucinación.
Conviene contar cómo se resolvió aquello de verdad, porque no fue solo con más fábricas: fue sobre todo cambiando la arquitectura. La llegada paulatina del vehículo definido por software —el SDV—, con arquitecturas por zonas y control central de verdad, sustituyó decenas de centralitas y cientos de microcontroladores dispersos por unos pocos microprocesadores de altísima densidad de integración. Empezó Tesla y hoy lo llevan, más potente y barato, los coches chinos. Rivian pasó de diecisiete centralitas a siete, se quitó dos kilómetros y medio de cableado y unos veinte kilos. Volkswagen anunció que su plataforma SSP reduciría las centralitas a más de la mitad y el cableado un 40 %. La tensión no se liberó porque llegaran más obleas maduras: se liberó porque el coche dejó de necesitar tantas.
Ahí está la lección, hay que revisar los modelos. En este negocio los cuellos de botella no los rompe la capacidad, los rompe la arquitectura. Siempre llega antes un ingeniero que rediseña el problema que una fábrica que lo resuelve por fuerza bruta. Por eso los chinos ganan, porque su visión es holística y de largo plazo, porque no piensan solo producto y sistema sino también modelo.
Lo han hecho con la energía, el almacenamiento, las grandes presas, la nuclear, la fusión, la fotovoltaica, las baterías, la electrificación de todo un país. Lo han hecho con el petróleo convirtiéndose en un regulador de la demanda mundial mas potente que la OPEC. Lo han hecho con las infraestructuras y la franja y la ruta, llevando el tren, las autopistas, los grandes puertos al Sur Global y lo están haciendo con la IA.
No son los LLM y los chips, solamente, es un asunto de coste de energía, de semiconductores, de memorias, de modelos (abiertos) y de llevarlo a la mayor velocidad posible a todo el mundo, al menos al Sur Global, a los BRICS, a la inmensa mayoría de la población y a una fracción cada vez mayor del PIB mundial. Ese Sur Global que, con internet barata, con móviles baratos, con energía distribuida, renovable y barata, con electrónica, informática y robótica abierta, está mucho más cerca con menos capex de competir con los que tienen la máquina de imprimir dólares y acceso a financiación ilimitada.
Y ahora miren dónde estamos otra vez. Toda la inversión del planeta corre hacia los nodos por debajo de diez nanómetros mientras el grueso de la demanda real sigue en los maduros. TSMC tiene presupuestados entre 52.000 y 56.000 millones de dólares de inversión para 2026; UMC, uno de los grandes fabricantes de nodo maduro, del orden de 1.500 millones.
TrendForce contaba el 30 de junio que las grandes fundiciones llevan años recortando capacidad madura de ocho y de doce pulgadas para dedicarla a procesos avanzados y a empaquetado avanzado; que la utilización de las líneas de ocho pulgadas de las diez mayores fundiciones ha vuelto al 88 % y llegará al 90 % este semestre; que los precios de fundición subieron entre un 5% y un 15% del primer al segundo trimestre de 2026, y que se prepara una tercera ronda de subidas para 2027.
El automóvil, por su parte, se comerá este año más del 20 % de la demanda mundial de oblea madura. Los coches occidentales caen porque sus tecnologías no son competitivas. Son máquinas diseñadas por mecánicos y empresas dirigidas por financieros. No hay tecnólogos ni empresarios emprendedores a los mandos como en Asia y en particular en China.
Está pasando otra vez, ahora mismo, y esta vez es la inteligencia artificial la que se está bebiendo la capacidad de los chips baratos. Con la diferencia de que en 2021 el que se quedaba sin producto era Volkswagen y en 2027 va a serlo cualquiera que fabrique algo que se enchufe.
Los data centers se están quedando los mosfets, los Sic, los GaN, los micros de control de sistemas de alimentación redundante distribuida, los chips para switches, Marvel y Broadcom Cisco y sus amigos se están haciendo de oro, los fabricantes de conectores especiales, de intercambiadores de calor, de máquinas de frío, de transformadores trifásicos de 50Hz de 500KVA para arriba, se están poniendo hasta arriba, Vertiv, Schneider Electric, Danfoss, Rittal, Delta,…pidan Vds. y paguen por adelantado para esperar al menos un año a que les entreguen sus productos. No hay capacidad en el mundo para todos los transformadores y equipos de alimentación de electrónica de potencia que requiera la IA.
Con 31 años de oficio a la espalda es con el que leo lo que pasó el 10 de agosto.
Ese lunes NVIDIA anunció que se asocia con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR para crear plataformas de financiación capaces de movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros destinados a construir infraestructura de inteligencia artificial. Conviene leer la letra pequeña de la propia nota: no es dinero desembolsado, es una capacidad de movilización «a lo largo del tiempo», articulada mediante entidades de propósito especial que emitirán bonos y colocaciones privadas.
¿Y qué garantiza esos bonos? La capacidad de cómputo. Es decir: los mismos chips que el préstamo sirve para comprar. La prensa financiera americana lo ha resumido con una frase que debería hacernos pensar: NVIDIA quiere convertir sus procesadores en una clase de activo, como el inmobiliario comercial o una autopista de peaje. El problema es que su modelo no escala porque consume caja infinita y los chinos le están cavando los cimientos a gran velocidad.
Una autopista de peaje dura cuarenta años. Un procesador, cuatro o cinco, en teoría, porque se están quedando obsoletos cada 18 meses.
Hay más. Según The Economist, el mecanismo deja a NVIDIA respaldando hasta una cuarta parte del coste del proyecto si el activo que garantiza el préstamo cae por debajo de cierto valor: el fabricante asume el riesgo de crédito de su propio cliente. Esto tiene una pinta “chipi-chipi” como dice mi Carmen. En julio ya había lanzado un programa para alquilar capacidad ociosa a los neoclouds a cambio de una participación en sus ingresos futuros, y se habla —esto en condicional, porque no está confirmado— de un esquema de 350.000 millones para que OpenAI arriende un centro de datos en Ohio. La propia compañía admite ser sensible a la acusación de «financiación circular» y explica que la nueva estructura, al incorporar inversores externos, busca responder a esa crítica. Cuando un emisor estructura una operación para contestar a una acusación, lo primero que confirma es que la acusación existe. Si esto se cae, puede suponer para EEUU lo mismo que supuso Afganistán y Chernóbil para la Unión Soviética. Un golpe de muerte al sistema.
Jensen Huang contó en la CNBC que llamó exactamente a seis firmas y que ninguna dijo que no. No dijo que todas ni que alguna dijo que sí. Lo cuenta como prueba de fortaleza. Léanlo otra vez: seis llamadas, seis síes, medio billón de dólares. ¿Y si no hubo seis síes seis, con superior permiso de la autoridad y si el tiempo lo permite? Entonces, será difícil de lidiar, cada vez más difícil ser el único que genera caja de todo el ecosistema de la IA de pago, propietaria del modelo americano. La buena IA es cara, hay otras más baratas, pero no son IA. Pues no. En este caso no es así.
Y todo esto ocurre justo cuando sus mayores clientes han empezado a fabricar el producto ellos mismos. Amazon cifra en 25.000 millones de dólares anualizados su negocio de silicio propio y Andy Jassy sostiene que eso lo convierte en uno de los tres mayores fabricantes de chips de centro de datos del mundo. Teniendo en cuenta que el chip no lo fabrican ellos, como tampoco lo fabrica Nvidia, sino TSMC o Intel, que, de estar muerto ha resucitado y va como un cohete, Google ya no alquila sus TPU: las vende, y en mayo se alió con Blackstone para montar una nube de inteligencia artificial construida sobre chips propios. Propios pero fabricados por TSMC o similares.
Microsoft y Meta tienen los suyos. Antrópica y OpenAI planean los suyos. La aritmética que lo explica es de Bernstein: en un armario de servidores con chips H100 a 25.000 dólares la unidad, los chips son tres cuartas partes del coste total; el silicio a medida cuesta entre un quinto y un tercio de eso, aunque rinda menos. Nadie que compre a esa escala se resiste mucho tiempo a esa cuenta. Bloomberg Intelligence proyecta que en 2030 los chips a medida serán el 49 % de los envíos mundiales frente al 40 % de NVIDIA. Ahora que las EDA tools están disponibles online y abiertas, ahora que es más fácil que nunca usar RISCV para diseñar un chip nuevo a partir de mejoras o adiciones a diseños colaborativos abiertos existentes, ahora que tenemos empresas en todo el mundo con Semidynamics en España que desarrollan chips de 3nm con capacidades y consumos de muy altas prestaciones, ¿Quién no se va a plantear hacerse su propio chip antes de seguir pagando un fortunón a Nvidia o ARM? Y los chinos que no son tontos, están en ello.
Justo es decir que la defensa de Huang no es mala. Su argumento es que la especialización del chip a medida es a la vez su fuerza y su límite: sirve para cargas conocidas, no para las nuevas, y a medida que la inteligencia artificial se sale del modelo de lenguaje hacia la robótica, el vehículo autónomo y la aplicación industrial, la versatilidad vale más. Además, seguirle el paso es carísimo: diseñar un chip de frontera cuesta entre 1.000 y 3.000 millones y lleva dos o tres años, y NVIDIA gastó más de 6.000 millones en I+D en un solo trimestre. Y hay un cuello físico que nadie sortea: la capacidad de TSMC es finita, y las nubes tendrán que decidir si gastan esa «asignación preciosa» —la expresión es de Vivek Arya, de Bank of America— en sus propios chips o en los de sus clientes. Todas esas cifras los chinos se plantean acometerlas por una fracción del coste.
Las cinco mayores han guiado entre 635.000 y 690.000 millones de dólares de inversión conjunta para 2026, y Moody's elevó su previsión para las seis mayores a 785.000 millones, camino de rozar el billón en 2027. Sobre todo, la agencia contabiliza 662.000 millones de dólares en arrendamientos de centros de datos ya firmados y todavía no iniciados, y por tanto fuera de balance, dentro de un total de 969.000 millones de compromisos futuros a cierre de 2025. Equivale al 113 % de la deuda ajustada de esas compañías. Meta, ella sola, declara 279.000 millones. No es ilegal: la norma contable reconoce el pasivo cuando el arrendatario toma el control del activo, no cuando firma. Simplemente, no se ve. Pero les va a costar firmar los contratos si no tienes los data centers llenos. De momento el pasivo lo tiene otro que confía que le firmen los contratos. Risky business.
Nada de esto es nuevo. Durante el auge de las telecomunicaciones, los fabricantes de equipos prestaron dinero a sus clientes para que les compraran equipos. Lucent comprometió 8.100 millones de dólares en financiación al cliente; Nortel, 3.100, con 1.400 dispuestos; Cisco, 2.400. Lucent presentó su línea de 2.000 millones a Winstar Comunicaciones no como un crédito, sino como «una relación estratégica a largo plazo». Huawei entró en España haciendo lo mismo, financiar a sus clientes con términos de pago imposibles de igualar por los proveedores locales de equipos de telecomunicaciones. Winstar quebró en abril de 2001 debiéndole más de 800 millones. La morosidad de la cartera de Lucent pasó del 2,6 % a cierre de 2000 al 60 % a cierre de 2001; la de Nortel, del 25,5 % al 80 %. Lucent provisionó 2.200 millones en 2001 y 1.300 más en 2002: 3.500 millones evaporados en préstamos a sus propios clientes. De las treinta mayores empresas de tecnología de telecomunicaciones cotizadas del mundo, veinticuatro quebraron.
La fibra que se tendió entonces sigue ahí y es la que lleva este artículo hasta su pantalla. Los accionistas que la pagaron, no. La IA de hoy puede que no pague la infraestructura, pero esta quedará y será comprada de rebajas más barata por otros que le sacarán el rendimiento que no sacaban los primeros. Los primeros accionistas pagan la cuenta. Siempre es así. Miren hoy la historia de Masmóvil y su líder, fusionada con Orange, es hoy el primer operador de telecomunicaciones de España por delante de Telefónica. Cosas veredes.
Si quieren el precedente completo, hay que remontarse más. En 1845 un tal George Hudson controlaba más de mil millas de vía británica y toda Inglaterra lo llamaba el Rey del Ferrocarril. En 1849 un comité de accionistas descubrió que llevaba años pagando los dividendos con el capital de los accionistas nuevos: unas 600.000 libras entre fraude y dividendos servidos directamente contra capital. Un Ponzi en toda regla. La comparación se detiene exactamente ahí, no me aventuro a decir que el caso es igual pero sí que conviene ser cauto. Lo que sí viaja intacto de 1849 a 2026 es otra cosa: que el título de rey se lo pone el mercado mientras suben los precios, y que se lo quita el día en que alguien abre los libros y hace un descuento de flujos de caja, si es que existen.
Desde 2022 Occidente ha decidido que la forma de mantener la ventaja es cortar el suministro de la vanguardia. Se cortaron las máquinas de litografía ultravioleta extrema —ya conté aquí lo que eso le está costando a ASML, que ha visto caer China del 36 % de sus ventas de sistemas en el último trimestre de 2025 al 19 % en el primero de 2026 y al 14 % en el segundo—. Se aprobó en comisión, por 44 votos a 0, una MATCH Act que da a holandeses y japoneses 150 días para alinearse. Y el 14 de enero de este año Washington firmó las primeras medidas derivadas de la investigación de la Sección 232 sobre semiconductores, con un arancel del 25 % sobre un subconjunto técnico muy concreto de productos, al que se sumará desde junio de 2027 un arancel adicional de la Sección 301 sobre los semiconductores chinos, apilado sobre el 50 % que ya existía.
Miren ahora dónde ha ido China mientras tanto. No a los dos nanómetros. Al nodo maduro. TrendForce calcula que su cuota de la capacidad mundial de proceso maduro pasa del 31 % en 2023 al 39 % en 2027, y que en el nodo de 28 nanómetros —el caballo de batalla del automóvil, del electrodoméstico y de la industria— rondará el 31 % del total mundial para esa misma fecha. Tiene del orden de treinta y dos fábricas grandes planificadas o en construcción y concentra más de la mitad de toda la expansión mundial prevista en chips maduros. Y por si el mapa no fuera suficientemente elocuente, la propia TrendForce cuenta que, como TSMC y Samsung están recortando capacidad madura para dedicarla a la inteligencia artificial, hay clientes occidentales de alto valor que ya están trasladando sus pedidos a fundiciones chinas para asegurarse el suministro.
Sucede lo contrario de lo que se pretendía: sin ese chip de céntimos no hay coche, no hay lavadora, no hay inversor solar, no hay báscula de camión ni cargador de móvil. Ni, dicho sea de paso, hay centro de datos: en un centro de datos hay muchas más obleas maduras —conversión de potencia, sensores, gestión térmica— que obleas de vanguardia. Las sanciones no detienen el mercado. Lo redirigen.
Y en la vanguardia tampoco se ha detenido a nadie. A Huawei le quitaron las máquinas y ha respondido plegando: su Kirin de este año pega dos obleas caras con cara mediante unión híbrida y apila en tres dimensiones lo que no puede reducir en dos. Lo llaman LogicFolding. Está por ver si aguanta a escala industrial —la fuente es un artículo de la propia compañía y la prensa técnica que lo ha leído—, pero la dirección no admite discusión: cuando no puedes miniaturizar, empaquetas.
Europa se puso como objetivo alcanzar el 20 % de la producción mundial de semiconductores en 2030. No llegaremos: su previsión es el 11,7%. Así que la Comisión ha presentado este año un Chips Act 2.0 que cambia la pregunta: ya no se trata de traer fábricas, sino de garantizar que en Europa haya alguien que compre lo que Europa fabrique. Ciento veinte mil millones de euros hasta 2035 para descubrir lo que sabe cualquiera que haya vendido un componente en su vida. Yo lo escribí en estas páginas en febrero de 2023, con estas palabras: «¿A quién vamos a vender los chips? Sin mercado final, sin demanda, corremos el riesgo de tropezar de nuevo en la misma piedra». Tres años y ciento veinte mil millones después, hemos llegado a la misma conclusión.
En 1855, España decidió construir su red ferroviaria con capital extranjero y con franquicia arancelaria: todo el material —hierro, carbón, madera, hasta las lámparas y el mobiliario— entraba libre de aranceles. Al amparo de aquella ley se montaron el Crédito Mobiliario Español de los hermanos Péreire y la Sociedad Española Mercantil e Industrial de los Rothschild (otra vez estos jóvenes). En diez años se tendieron cerca de 4.000 kilómetros de vía, a más de cuatrocientos al año. Y la exención hizo lo que hacen siempre las exenciones: las compañías se proveyeron fuera. Cuando llegó la crisis de 1866 teníamos las vías puestas y no teníamos la siderurgia que debía haberlas fabricado. Es la lectura clásica de nuestros historiadores económicos, pero el hecho de fondo no lo discute nadie: el hierro que debía haber salido de Vizcaya salió de Gales.
Ciento setenta y un años después estamos discutiendo si conviene traer centros de datos.
España tiene en cartera del orden de 66.900 millones de euros en proyectos de centros de datos, y hay estimaciones que elevan la cifra hasta los 90.000. Amazon anunció en el Mobile World Congress de este año 33.700 millones para Aragón, sobre los 15.700 comprometidos en 2024. Microsoft levanta un centro en el Parque Venecia de Zaragoza, 59 hectáreas, dentro de una inversión aragonesa cercana a los 10.000 millones. El país pasa de 293 megavatios operativos a un horizonte de 500 o 600 este año, con alrededor de un gigavatio en cartera. Ponemos el suelo, el agua, la red eléctrica y las licencias.
Y la pregunta de 1855: ¿nos quedamos otra vez con las vías y sin siderurgia?
Contrapartida industrial, no solo fiscal, en cada centro de datos. Que la autorización de un proyecto de más de cien megavatios lleve asociado un compromiso verificable de compra a proveedores nacionales o europeos en las capas donde España sí tiene empresa —refrigeración, electrónica de potencia, conectividad, obra especializada, ciberseguridad, operación— y un porcentaje de capacidad reservada a precio regulado para pymes y para investigación pública. No es proteccionismo: es lo que hace Estados Unidos. Lo contrario ya lo probamos. Se llamaba franquicia arancelaria y fue en 1855.
Que el riesgo se vea antes de firmarlo. Si 662.000 millones de dólares en arrendamientos comprometidos están fuera de balance porque la norma los reconoce al inicio y no a la firma, ese mismo agujero existe en los contratos que se están firmando en Aragón, en Madrid y en Cataluña. Cualquier compromiso público asociado a un centro de datos —suelo, agua, garantía de potencia, aval— debería publicarse con su plazo, su penalización por desistimiento y el nombre de quien se queda el activo si el arrendatario no llega a ocuparlo. Cinco compañías han acumulado compromisos equivalentes al 113% de su deuda ajustada sin que aparezcan en el balance.
Comprar memoria y capacidad como se compra el gas: con contratos largos y con más de un proveedor. El cuello de botella de los próximos dos años no es el modelo, es el byte. Y el de la industria física no es el modelo, es la oblea madura, que ya está subiendo entre un 5% y un 15% por trimestre y va camino de otra ronda en 2027. Cualquier plan europeo que no incluya contratos plurianuales de memoria, de cómputo y de nodo maduro con proveedores múltiples es un plan de intenciones. Es la misma lección de Ormuz que ya he escrito aquí dos veces: un solo proveedor con el interruptor en la mano siempre acaba subiendo la factura.
En treinta años vendiendo componentes por medio mundo aprendí a leer una cosa el que fabrica el componente sobrevive a todas las burbujas de sus clientes. Los que tendieron las vías del 55 quebraron; los que hacían el hierro en Gales, no.
Que nadie me lea diciendo que la inteligencia artificial es humo. No lo es, igual que no lo era el ferrocarril en 1845 ni la fibra óptica en 1999. Lo que digo es más simple: se está emitiendo deuda a cinco, siete y diez años contra un activo que se deprecia en uno y medio, contra una arquitectura que en este sector no ha durado tanto jamás y en medio de una guerra comercial que está acelerando al rival al que pretendía frenar. No hacen falta las tres. Basta con una.
Y cuando la demanda tiene que financiarla el vendedor, es que la demanda ya no se financia sola.