“Las sociedades avanzan gracias a personas que unen esfuerzos, reflexionan y lideran propuestas innovadoras. Vuestra visión ha hecho que el IND+I sea un referente de Industria e Innovación”. No llevaba las gafas de cerca y lo he leído ahora, cuando, como cada viernes, me siento a compartir esta bitácora en la que dice Lito Pose que pongo muchas ideas, muchas veces sin una estructura lineal.

Es cierto. Para mí, ir a Arteixo y ver cómo, no solo Inditex, sino una pléyade de empresas en su entorno progresan e innovan. Ver allí, donde estuvo Arteixo Telecom, hoy en As Pontes, y donde fui muchas veces a vender componentes. Hoy integrada en Ohmnia. Allí progresan las patatas Bonilla que se hicieron mundialmente famosas gracias a Parásitos, la oscarizada película surcoreana.

Confieso que muchas veces fui a Corea del Sur y, aunque las vi, nunca las probé allí como tampoco como el ibérico ni otras cosas nuestras que en el extranjero son puro lujo. Allí progresa Elinsa, a principio de siglo íbamos a Electrónica Industrial y Naval a vender nuestros componentes. El mes pasado Elinsa se adjudicó los lotes principales para fabricar la infraestructura eléctrica del futuro buque de aprovisionamiento de combate (BAC) que Navantia construirá para la Armada Española, incluyendo cuadros principales, centros de control de motores y la red de accidentes.

Si no contamos los más de 15.000 millones de Inditex en Arteixo, y sus filiales, aún sigue sorprendiéndome. Goa Invest, constructora y promotora del grupo sola factura más de 1000 millones. Estrella Galicia hace un fabricón allí, en Morás, Resonact Graphite, líder en electrodos de grafito hace más de 200 millones allí en un componente esencial en las baterías.

En Sabón, un polígono de Arteixo hay 100 empresas con más de 4.500 empleos. En Un cateto en Inditex ya os conté mi perplejidad y admiración en la sede que alberga 9.000 personas, allí en Arteixo. La discreción gallega, que presuman los vascos de industria mientras nosotros vamos haciendo.

Otro día hablaré de Televés, de la fotónica, de la microelectrónica, de la IA y el potentísimo clúster industrial de Vigo, otro día hablamos de Calvo (Nauterra) con sus 800 millones de ingresos, Jealsa y Frinsa del Noroeste le siguen de cerca con más de 700 millones cada una.

Galicia es la comunidad autónoma con mayor crecimiento del PIB per cápita entre 2009 y 2023: un 41%, frente al 33,8% de la media española. Galicia ha diversificado más y exporta proporcionalmente más que el País Vasco: el peso de las exportaciones de bienes sobre el PIB es el más alto de todas las regiones (38%, 14 puntos más que la media española).

Los principales sectores exportadores son textiles (23,3%), automoción (20,9%) y alimentación (13,3%). Para este año la previsión de crecimiento de PIB en Galicia es del 2,8% mientras que en País Vasco es del 1,9%.

Con 81.000 millones de PIB los gallegos pronto superarán a los vascos, es cuestión de demografía y calculadora. Las hormiguitas gallegas siguen avanzando admirablemente. Allí en Arteixo está Aluman, haciendo las fachadas de los mejores edificios del mundo, trayendo a casa al mejor talento gallego en project management, apostando por personas y excelencia.

Cada vez que voy aprendo y quiero volver, al síndrome de Arteixo solo le supera el de Viladecans. Me muero de envidia porque el PIB ha de crecer también per cápita y en Andalucía con 211.807 millones en 2024, más del doble que gallegos y vascos juntos, estamos en 24.500 eur per cápita un 24% por debajo de la media nacional.

El PIB per cápita de Andalucía en 2024 fue de 24.566 euros, el más bajo de las 17 comunidades autónomas, solo por encima de las ciudades autónomas de Ceuta (23.228) y Melilla (21.128). Andalucía ha sido la última comunidad autónoma en PIB per cápita en cuatro ocasiones, las tres últimas consecutivas (2024, 2023, 2022 y 2019).

Parece que no se entienda el mensaje que Xavier Ferràs lleva compartiendo muchos años y en particular en el IND+I de Viladecans hoy celebrábamos 10 años dando martillazos en el yunque, insistiendo en que la prosperidad es proporcional al esfuerzo inversor en I+D+I.

Para subir el PIB per cápita en Andalucía de los escuálidos 24.500 euros, tendremos que pasar de los 264 euros per cápita en I+D+I a los 355 de Galicia primero y a los ¡¡¡925!!! del País Vasco después. Si la media de la UE es del 2,30% del PIB, con el 1,13% no vamos a converger nunca.

Es cierto que veníamos de más abajo pero un vasco invierte en I+D 3,5 veces más que un andaluz. Es cierto que las pensiones se las pagamos entre todos y cada vez hay más pensionistas, es cierto que tienen su hacienda propia, es cierto que se han quedado solos en la política del “peix al cove”, que tienen BBVA, Iberdrola, Gestamp , Petronor, Mondragón, CIE, CAF… pero unos apostaron porque la Kutxa fuera un instrumento financiero suyo controlado por las diputaciones que controla el PNV, de la política financiera e industrial vasca y otros dejamos que Unicaja, con similares activos, esté a mercado, al mero interés de sus accionistas, que puede no coincidir, de hecho pocas veces lo hace, con los intereses a largo plazo de una política industrial y de innovación para Andalucía.

Andalucía tiene un déficit de inversión en I+D de 2.317 millones al año para ponerse en la media europea y empezar a converger. Nos lo ha contado el profesor Ferrás en una recopilación de 10 años de IND+I, un homenaje a la importancia del municipalismo, el liderazgo de las ciudades, sus áreas metropolitanas, las diputaciones.

Viladecans ha traído dos veces a la profesora Mariana Mazzucato. Ha dado su conferencia en un bastante buen español. Nos ha seguido animando a co-crear, a definir misiones, a trabajar con fines sociales. Antón Costas, siempre guiñando a la tradición cristiana socialdemócrata, nos recordó su respeto a los sacramentos y nos recordó que hoy nos confirmábamos, nos habló Albert Hirschman, enseguida fui a mi novia (Claudia) a preguntarle, resulta que fue un economista brigadista que luchó en España y trabajó en el Plan Marshall acabando de profe en Yale.

Confieso que entre Costas y mi novia me he quedado con tal curiosidad que he comprado La pasión y los intereses (1977). Costas nos deja siempre con ganas de más. Es el perfecto maestro porque te siembra la semilla de la curiosidad. Y nos habló de eso, de que las crisis vienen cargadas de semillas de progreso, que hay que encontrar, germinar y cuidar.

Mi admirado gallego no pierde una oportunidad de hablar de su tierra, de Vigo, de cuando fue aprendiz en el astillero, de Los lunes al Sol, la película que reflejó magistralmente lo que pasa cuando se hace lo correcto a nivel macro olvidando los territorios.

Recordó al amigo, indio y secretario de Estado de Industria que las políticas industriales, de repente resucitadas hasta en el FMI y el Banco Mundial, deben estar pensadas para los territorios, para que no queden zonas perjudicadas y enfadadas que acaben apoyando por rabia los totalitarismos, algo que también recordó su colega Mazzucato.

El Inflation Reduction Act (IRA) del gobierno demócrata fue a regar los territorios maltratados por la desindustrialización y la globalización, pero el daño ya estaba hecho. Aunque mejoraron económicamente estos territorios votaron a Trump. Hirschman tenía una visión provocadora y no convencional sobre las crisis: las consideraba un motor potencial del desarrollo, no solo un obstáculo. Distinguía entre crisis paralizantes (que llevan al colapso institucional o al autoritarismo) y crisis fecundas (que abren espacio para reformas que en tiempos normales serían imposibles). La diferencia estaba en factores como:

  • La existencia de actores con capacidad de "voz" organizada.
  • Un mínimo de cohesión social que evite la fragmentación.
  • Liderazgos capaces de transformar el descontento en propuestas.

Nos puso el ejemplo del COVID que permitió que Europa estrenara instrumentos que antes eran anatema, como el mecanismo de resiliencia.

Suele el presidente del Consejo Económico y Social recordar a San Agustín, las Virtudes y a su desaparecido amigo y rival ideológico Pep Piqué. Hoy solo citó al último, pero nos dejó una perla nueva, Margaret Macmillan. Dice que es la mejor historiadora de la primera mitad del siglo XX.

Ese para mí era Tony Judt, pero al maestro hay que escucharlo, así que buscaré algún libro suyo, seguramente el de Nixon and Mao: The Week That Changed the World (2007) o Los usos y abusos de la historia (2008), ensayo sobre cómo políticos, nacionalismos y movimientos sociales manipulan el pasado para construir relatos del presente.

Nos recordó lo de que la Historia rima (M. Twain) y que hasta 2020 crecer era el sinónimo de todo lo bueno pero que esa historia, la de la búsqueda del óptimo se acabó para los economistas, estamos en la época de los compromisos, los equilibrios, el problema económico de esta década. Ya no hay función que maximizar.

El ilustre gallego nos deja pistas para que vayamos tirando del hilo. Macmillan ha escrito recientemente sobre algo que a mí me aterra y preocupa, las élites políticas, diplomáticas, económicas y militares que toman decisiones desde burbujas que ignoran la realidad social. Pedro Mier me susurraba al oído sobre la obra de Carlota Pérez, economista defensora de la política industrial activa.

Otro que me apunto, Revoluciones tecnológicas y capital financiero (2002) y así volviendo a Costas porque no quería perderme nada de su destilado, nos cita, como de pasada a Raghuram Rajan de la escuela de Chicago y execonomista jefe del FMI, nada sospechoso de bolchevique, advirtió sobre los riesgos del capitalismo en 2003, en Jackson Hole en 2005 fue vilipendiado por decir que la financiarización había vuelto el mundo mucho más arriesgado, tres años después, la crisis le dio la razón.

Coincide con los tres autores citados en que incorpora la necesidad de contar con la comunidad, además del estado y el mercado. Es tan obvio que me sorprende que nadie lo hubiera reivindicado hasta 2019. Durante el siglo XX se prestó mucha atención al equilibrio entre los dos primeros (Estado vs Mercado: socialismo vs capitalismo).

Pero el tercer pilar — la comunidad — se ha ido debilitando dramáticamente y ese, según Rajan, es el origen de buena parte de las crisis políticas actuales: populismo, polarización, nacionalismo, declive de la democracia liberal. ¿Nos olvidamos de la gente? ¿De verdad? Pues sí, la prosperidad de los territorios es importante. Por eso luchar contra los populismos con la menor renta per cápita de España se me antoja complicado.

En palabras de Carlota Pérez: ”Los populismos no son una enfermedad: son el síntoma de comunidades enfermas que el Estado y el Mercado han abandonado. La cura no es más Estado ni más Mercado, sino devolver a las comunidades los recursos y la capacidad de decidir su futuro".

La autora prescribe localismo. Yo veo el poder de los alcaldes, los municipios, las áreas metropolitanas, las diputaciones como el remedio contra la desconexión de las élites porque están más pegadas a la gente, al terreno, a la sociedad.

Quizá por ello, el cantonalismo suizo les ha dado prosperidad. Defender la política industrial en 2016 cuando nadie en Europa ni en España hablaba de su necesidad imperiosa tiene mérito.

Hoy, gracias a la creciente influencia que el éxito de China provoca, hasta en la última reunión del FMI y Banco Mundial se habla de la necesidad de Políticas Industriales.

En marzo de 2026, el Banco Mundial publicó un informe importante sobre política industrial cuyo prólogo, firmado por su economista jefe, contiene una frase para enmarcar: "La advertencia del Banco contra el uso de la política industrial 'no ha envejecido bien — tiene el valor práctico de un disquete hoy en día'".

Es un giro de 180 grados respecto a la doctrina histórica. En 1993, el Banco Mundial publicó The East Asian Miracle, un informe que durante una generación argumentó que Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong habían tenido éxito gracias a políticas pro-mercado: baja distorsión de precios, estabilidad macroeconómica, apertura comercial y dejar que la ventaja comparativa guiara qué industrias se desarrollaban. La intervención del Estado se reconocía a regañadientes, pero se calificaba como secundaria.

El FMI ha sido más matizado, pero también ha cambiado claramente. El World Economic Outlook de octubre de 2025 dedicó un capítulo entero (Capítulo 3) a la política industrial, titulado "Industrial Policy: Managing Trade-Offs to Promote Growth and Resilience".

Escuchas al director de innovación de Navantia hablando de sus fragatas, de que están construyendo 23 barcos, de que el 60% de la flota australiana tiene nuestras fragatas y que, paradojas de la historia, aquellos que apresaron orgullosos, el mejor barco construido hasta el momento, que le costó la vida a Nelson, el Santísima Trinidad, ahora compran nuestros barcos construidos en los tres astilleros británicos que compraron, uno de ellos, el famoso astillero de Belfast que construyó el Titanic.

Ahora hacemos barcos para la Royal Navy. Y Teresa Riesgo nos recordó, ante el derrotismo de Europa en la carrera por la IA, que nosotros volábamos en MD’s y Boeing antes de que existiera Airbus, que seguimos siendo una potencia en aviones y trenes y que más Europa es parte de la solución.

Nos dijeron los jóvenes que tenían la confianza en una Europa de 450 millones de habitantes, que confiaban en nuestro talento y calidad de vida, que tenían la impresión de que estábamos financiando a otros, qué razón tenían, y que si Oriol Vinyals, un joven formado en la UPC es el VP de research y Co-lead técnico de Gemini en Google DeepMind, no tenemos un problema de talento, ni de conocimiento.

Quizá deberíamos dedicar nuestros recursos a financiarnos a nosotros en lugar de a Wall Street. Diez años impulsando estas reflexiones desde Viladecans. Cuando llega el final no quieres que acabe. Compartes las ganas de trabajar por esa prosperidad compartida, por el bien común por los que vienen detrás. Quiero un Arteixo, un Lucena, un Tárrega, un Fraga, un Martos, un Olot en cada pueblo. El síndrome de Viladecans.