La ceremonia de investidura de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha traído novedades significativas en muchos ámbitos de la vida diaria no sólo de los estadounidenses sino del resto de ciudadanos y empresas del mundo.
Bajo el objetivo de devolver la fe, la riqueza y la libertad a los estadounidenses, ha adoptado medidas centradas en combatir la inmigración ilegal, la guerra comercial, la energía, el cambio climático, políticas contra la diversidad y la inclusión,… en definitiva por desmontar la mayor parte de los avances sociales promovidos por el anterior presidente durante su mandato.
Una de las medidas más importantes en el ámbito tecnológico ha sido “stargate”, una compañía de nueva creación que va a recibir 500.000 millones de euros de inversión durante los próximos 4 años para desarrollar la infraestructura de inteligencia artificial de Open AI – creadora de Chat gpt - en Estados Unidos.
El objetivo de esta medida es garantizar que Estados Unidos lidere esta tecnología a nivel global contribuyendo a la reindustrialización de los Estados Unidos a la vez que ofreciendo capacidades estratégicas de seguridad nacional para Estados Unidos y sus aliados.
Inicialmente fundada por SoftBank, OpenAI, Oracle, y MGX, tendrá como responsable financiero al primero y como responsable operativo al segundo siendo Arm, Microsoft, NVIDIA, Oracle, y OpenAI los socios tecnológicos iniciales.
Paradojas de la vida, mientras esta noticia circulaba por los telediarios del mundo emocionando a sus partidarios y generando incertidumbre a sus detractores dada la inversión millonaria que la impulsa, en China han publicado “Deepseek r1”, un modelo de inteligencia artificial más eficiente y de código abierto que o1, el modelo más avanzado de Open AI.
Y lo más divertido de todo es que el coste del entrenamiento del modelo chino es más de 10 veces más barato que el de los estadounidenses, poniendo en tela de juicio el principal argumento por el cual las grandes empresas de inteligencia artificial norteamericanas han convencido a sus inversores para hacerles grandes aportaciones de dinero, al no estar justificada aparentemente esa necesidad de dinero que ha motivado grandes aportaciones de dinero a los grandes players de inteligencia artificial.
A estas alturas de la partida y viendo la forma tan peculiar con la que Elon Musk “mandaba su corazón” con el brazo en alto a los presentes en la ceremonia de investidura de Trump, a uno le cuesta ya saber qué oligarquía mundial es la menos mala de todas.
Lo que está claro es que por mucho dinero que inviertan las grandes multinacionales norteamericanas, y mientras Europa orgullosa de su historia toca su orquesta de la regulación mientras el barco se hunde, China está ahí con el estado detrás y su capacidad de innovación es sorprendente demostrando que dejó de ser hace tiempo sólo la fábrica de mano de obra barata para convertirse en uno de los dos polos mundiales de conocimiento y tecnología, aunque sea en parte a base de dejar los derechos humanos en segundo plano.