De los cines de Chelverton y la Torre de Catar a las esculturas de Neptuno y Venus: polémicas en el puerto de Málaga
La instalación de un conjunto de esculturas de Ginés Serrán en la entrada principal del puerto es el último asunto que ha generado controversia en la ciudad.
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Desde que en el año 2000 quedaron aniquilados los multicines y el centro de ocio que la multinacional norteamericana Chelverton iba a levantar en la unión de los muelles 1 y 2, rara es la operación que se planifique en el suelo del puerto de Málaga que no provoque contestación.
Ya sean operaciones de envergadura millonaria, como la ya mencionada o la Torre que inversores cataríes y Hesperia quieren edificar junto al dique de Levante, ya sean movimientos de escala ciertamente menor, como la colocación de una valla de 2 metros de altura en la marina de megayates.
O, como ocurre ahora, con un conjunto escultórico de hasta 11 metros de alto, cedido por el artista Ginés Serrán, que integra las figuras de Neptuno y Venus, y que la Autoridad Portuaria va a colocar en la entrada principal del recinto desde la Plaza de la Marina.
Pese a que fue hace dos años cuando se puso sobre la mesa la disposición del creador ceutí a entregar esta obra para su exposición en Málaga, no ha sido hasta ahora, cuando es inminente su colocación, cuando ha saltado la polémica.
Ni siquiera cuando en octubre del año pasado se activó la licitación para la ejecución de las obras necesarias para soportar este pesado conjunto de esculturas hubo reacción por parte de colectivos como la Academia de Bellas Artes de San Telmo, que ha liderado de inicio la contestación a su colocación.
Aunque las esculturas de Ginés Serrán serán colocadas donde estaba previsto inicialmente, lo harán, de inicio, por un periodo de seis meses. El compromiso expresado por el Puerto y el Ayuntamiento es que llegado ese plazo se trasladará a otra ubicación donde el impacto sea menor.
Este episodio es uno más a sumar a un extenso listado de iniciativas que han encendido los ánimos de determinados colectivos.
En muchos de los casos, como ocurrió con Chelverton, la reacción social logró el objetivo previsto, forzando la revisión del plan inicial y dando lugar, años más tarde, a la transformación del muelle 2 en el actual Palmeral de las Sorpresas y del muelle 1 en el centro comercial que desde 2011 está en explotación.
Precisamente, el muelle 2 fue testigo de otra histórica discusión ciudadana, vinculada a la demolición del viejo silo portuario. Entidades como la Academia de Bellas Artes de San Telmo, profesores de la UMA y arquitectos protagonizaron una campaña de oposición a su eliminación, abogando por su mantenimiento y conservación.
Finalmente, y tras disponer de informes que constataban la imposibilidad de darle uso alternativo a la construcción, el Puerto fue adelante con su propósito inicial.
Un paralelepípedo en la 'esquina de oro'
Otra importante polémica tuvo lugar en 2010, cuando se puso sobre la mesa la posible construcción de un edificio cultural de enorme volumen e impacto en la bautizada ‘esquina de oro’. Se trataba de un paralelepípedo de 18 metros de alto, 100 metros de largo y 25 metros de ancho.
La operación, que tenía como promotor principal a Unicaja, contaba de inicio con las bendiciones del Ayuntamiento y del Puerto. Fue tal el grado de consenso que hasta fue presentado públicamente el acuerdo para avanzar en la necesaria modificación del plan especial portuario.
Sin embargo, poco después de este acercamiento, el alcalde, Francisco de la Torre, se echó para atrás ante la contestación social existente, provocando el malestar del entonces presidente del Puerto, Enrique Linde, que dio por zanjado el asunto y enterró el proyecto.
El punto exacto donde se pensó este inmueble es el mismo donde en la actualidad se asienta el Centro Pompidou, convertido en referente cultural internacional de la ciudad.
La noria de la discordia
Más cercana en el tiempo es la controversia sobre la instalación de la noria. La atracción, de 70 metros de altura, iba a ser colocada en un principio en unos terrenos situados junto a la entrada principal desde La Marina.
Sin embargo, la Gerencia de Urbanismo echó para atrás la idea, aduciendo, entre otras razones, el impacto visual que tenía sobre el Centro histórico de la ciudad.
Ante la negativa municipal, el Puerto optó por reubicarla en los suelos de Muelle Heredia, una decisión que no evitó la contestación de parte de los vecinos del entorno. Tras varios años de actividad, dejó de funcionar y fue desmontada.
Los usos de esta franja de terreno portuario, delimitados desde hace años, con el fin de que albergue un gran complejo de oficinas, también fueron motivo de discusión años atrás.
En concreto, cuando, por petición de De la Torre, el arquitecto Ángel Asenjo puso sobre la mesa una propuesta de máximos que llegaba a dibujar hasta 15 torres de 6, 12 y hasta 18 plantas de altura, en las que se entremezclan los usos terciarios de oficinas, hoteleros, comerciales y culturales.
La iniciativa quedó enterrada desde el inicio ante la negativa del Puerto a abrir una nueva modificación en el plan portuario.