Málaga ciudad

De las chuches a las plantas: la curiosa manera con la que dos quioscos han vuelto a 'florecer' en La Luz y La Paz, en Málaga

Desde que se aprobó la nueva ordenanza municipal, los quioscos de Málaga viven una segunda vida: unos recogen paquetes, otros sirven granizados y algunos, incluso, huelen ahora a flores.

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Hubo un tiempo en que Málaga olía a chicle Boomer de fresa y a tinta de periódico. Durante décadas, generaciones de malagueños crecieron corriendo entre el parque y el quiosco. Un chicle, unas chuches, un trompo… Todo bajo la mirada vigilante de aquellas madres que les daban unas monedas —no sin antes reclamar una vuelta que sabían que nunca regresaría— para acudir al quiosquero de confianza, esa figura ya extinta que solo perdura en la memoria de los barrios.

Después llegaron los bazares y los nuevos hábitos: los niños dejaron los parques, absorbidos por las pantallas, y la prensa digital empezó a consultarse más que el papel. Así, el mapa de quioscos de Málaga capital se fue desdibujando poco a poco. Aunque algunos resisten, otros duermen apilados en un rincón del recinto ferial, convertido en cementerio de estos puestos que un día dieron vida a las esquinas. Testigos mudos de una Málaga que fue.

Sin embargo, en 2022, el Área de Comercio del Ayuntamiento de Málaga anunció una nueva ordenanza reguladora de la ocupación del dominio público y los espacios libres mediante la instalación de quioscos en la ciudad, a los que se le ofrecía la posibilidad de vender una mayor variedad de productos e incluso servicios que hasta entonces no podían dar. Esta entró en vigor a comienzos del 2024.

Con ello se abría la mano a que los titulares de estos negocios no solo pudieran vender periódicos, chucherías y refrescos, sino también ofrecer café para llevar, servir como punto de recogida de paquetes, vender entradas para el cine o el teatro e incluso disponer de un cajero automático.

Estos son algunos de los usos potenciales que se reconocían en el texto, que también permitía que los quioscos ejercieran "actividades profesionales o de servicios en sus estructuras iguales o distintas a las anteriores, previa validación por parte de este Ayuntamiento".

Menos de un año después de su entrada en vigor, los primeros cambios ya se dejan ver en las calles de la ciudad. En los barrios de La Paz y La Luz, en la zona oeste de Málaga, los quioscos han vuelto a llenarse de color. Ya no huelen sandías dulces, ositos de gominola o llaves ácidas, sino rosas, romero u orquídeas.

"Preguntamos si podíamos poner flores, y dijeron que sí. Pues pa’lante", resume con gracia Bibiana Moreno, que regenta el quiosco de la calle Haydn, desde abril. Hasta hace unos meses trabajaba limpiando portales y su despertador sonaba cuando las calles aún no se habían puesto. "Era muy duro. Mi marido me dijo: deja ya la limpieza, que es muy dura. Y tenía razón". El hombre, florista de toda la vida, la ayudó a lanzarse. En abril abrió su puesto en La Paz, al que ha llamado Floristería Lola, y asegura que va "fenomenal". "Los vecinos me dicen que da gusto verlo así. Y es verdad, las flores alegran la calle", comenta.

A menos de cinco minutos de allí, en el barrio de La Luz, dos jovencísimas hermanas emprendedoras llamadas Chiara y Yanira Martín han hecho lo mismo. Son familia, precisamente, del marido de Bibiana. "Nuestra familia es florista de los pies a la cabeza", dice Chiara, con arte. Ella es la dueña del negocio y su hermana, su mano derecha, la que le ayuda en cada jornada a despachar las flores.

Hijas y nietas de floristas, decidieron reabrir un quiosco cerrado durante cinco años, a pocos metros de la fuente de La Luz, en la avenida que da nombre al barrio. "Lo pintamos, lo limpiamos y lo abrimos en abril, después de un año luchando por él", cuenta Chiara, que muestra una madurez sorprendente para sus veinte años.

"Fue complicado, sobre todo por los papeles —la burocracia no ayuda— y el dinero que hay que gastarse, pero ha sido muy bonito. Me lo he currado y lo he disfrutado", dice. Su hermana, Yanira, de 23, la acompaña cada día: "Desde chicas hemos estado rodeadas de flores. En vez de salir, nos tocaba vender con nuestros padres. Ahora entendemos lo que eso nos enseñó".

Bibiana Moreno, en su quiosco.

Bibiana Moreno, en su quiosco.

Su floristería se llama Las Niñas, todo un homenaje familiar. "Mi padre siempre quiso que se llamara así, por nosotras tres, porque tenemos otra hermana. No le iba a quitar la ilusión", dice. Es inevitable preguntar si la tercera también es florista. "Tiene un añito y medio, así que complicado", confiesan ambas entre risas. En su escaparate conviven orquídeas, rosas eternas y claveles de todos los colores. "Cada día se vende una cosa distinta: un día ramos, otro macetas. Esto es muy variado", explican las hermanas frente al bonito y colorido quiosco.

Ninguna de las tres protagonistas se libra del laberinto burocrático que acompaña a cualquier pequeño negocio. "Fue complicado, muy complicado", admite Bibiana. "Vas de un lado a otro, sin saber si te lo darán o no. Pero al final, me tocó a mí", celebra. Chiara coincide: "Fácil no lo ponen, sobre todo cuando eres joven. Pero con fuerza de voluntad se puede", añade, agradeciendo el apoyo de su tío para sacar adelante su proyecto.

Bibiana, por ejemplo, ha tenido problemas con la instalación de la luz. "Ahora en invierno empiezo a cerrar de noche y no se ve nada. He pedido que me lo solucionen, he hecho de todo... pero nada", dice, mientras acomoda unos girasoles junto a un manojo de lengua de suegra.

A pesar de las dificultades, las tres mujeres han logrado que sus puestos sean pequeños oasis de color y conversación en medio del asfalto. En La Paz, durante la charla, los vecinos paran a saludar, a preguntar por el precio de una maceta o simplemente a charlar con Bibiana. En La Luz, las hermanas reciben clientes de toda la provincia. "Viene gente de Fuengirola, del Puerto de la Torre, de Granada…", cuenta Chiara. "Repartimos papelitos y estamos en Google, en Instagram, en todos lados, para darnos a conocer", explican las responsables de Las Niñas.

Las Niñas son Yanira y Chiara.

Las Niñas son Yanira y Chiara.

Bibiana, con sus manos desgastadas, ha encontrado al fin una rutina que le da paz: "Antes llegaba a casa destrozada; ahora llego cansada, pero contenta. Soy mi propia jefa, nadie me manda". Chiara, con la energía de quien empieza, siente que su floristería es una forma de reivindicar sus orígenes.

"Soy de La Palma, y estoy orgullosa. A veces hay prejuicios, pero aquí estoy, con mi negocio y muy feliz trabajando. En su día siempre quise ser maestra, pero no quise estudiar y toca trabajar... Y muy contenta que estoy". Yanira asiente y sonríe, orgullosa de su hermana: "Los mayores de mi familia ya vendían flores en sitios como Calle Larios. Esto viene de generaciones. Solo que ahora las flores se venden en otro sitio. Nuestros tíos y primos tienen puestos ahora en La Trinidad, El Palo o Cruz de Humilladero, y es un orgullo seguir su legado".

Todas coinciden en que gracias a la ordenanza, uno de los ingredientes que lleva la esencia de barrio, el quiosco, se mantiene vivo. El objetivo de Bibiana es jubilarse vendiendo flores. "Mi marido me ha enseñado mucho de plantas y flores. He trabajado mucho y ojalá lo consiguiera, porque mi vida ha cambiado y yo estoy muy contenta", concluye desde una esquina que un día se apagó y que ahora ha vuelto a 'florecer'.