Manuel Méndez, decano del Colegio de Economistas de Málaga, posa tras la entrevista con EL ESPAÑOL de Málaga.
"En Málaga hacen falta infraestructuras ya y vamos con más de 15 años de retraso. Hay riesgo de colapso"
El decano de los economistas malagueños, Manuel Méndez, alerta de que Málaga tendrá problemas sin una red metropolitana de transporte, más suelo para vivienda y un marco regulatorio estable, mientras la inflación y los salarios estancados asfixian a las nuevas generaciones.
"Las administraciones deberían tener más empatía con las empresas y los autónomos. Siempre nos ponen como los malos de la película y somos los que generamos empleo", apunta.
"He visto cifras en algunos medios sobre el impacto económico del AVE que creo que están infladas. Ojalá estén infladas, porque si no el impacto sería fortísimo para la provincia, incluso en empleo", indica.
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Manuel Méndez es economista, asesor fiscal y desde diciembre de 2022 es el decano del Colegio de Economistas de Málaga, un organismo que agrupa a casi 2.500 profesionales sin ser obligatoria la colegiación para poder trabajar.
Los economistas están acostumbrados a trabajar con números, con certezas. Aunque luego la interpretación de esos números puede variar en función de la persona.
Méndez habla claro en esta entrevista para la sección A título personal de muchos temas: el impacto de la falta del AVE, la masificación, la vivienda, los autónomos...
¿Quién es Manuel Méndez?
Soy una persona nacida y criada en Málaga. Estudié en la universidad de aquí y ejerzo aquí así que soy ciudadano del mundo, pero malagueño de pura cepa (se ríe). Tengo un despacho en el que estoy especializado en asesoría fiscal y otros socios llevan la parte legal y graduados sociales.
Fue elegido decano del Colegio de Economistas de Málaga en diciembre de 2022. ¿Cómo está siendo la experiencia?
En estos cargos nunca sabes del todo lo que te vas a encontrar, pero yo tenía una buena idea porque estaba ya en la junta como secretario casi ocho años. Estoy contento, sobre todo por poder trabajar con un equipo: la Junta de Gobierno, que es genial, el personal del Colegio, la gerente… Trabajar con gente que conoces en unas circunstancias y ahora, desde otra posición, te aporta mucho. Además, a nivel nacional lo ves con otra perspectiva. Cuando vas al Consejo General ves otras cosas.
De hecho, el Colegio de Economistas de Málaga es de los más grandes de España.
Málaga está entre el cuarto y el quinto puesto. Primero están Madrid, Cataluña —que es uno solo— y País Vasco. Esos son tres portaaviones. Luego, entre A Coruña y Málaga estamos en ese cuarto-quinto lugar por número de colegiados.
Málaga en eso es un caso particular, incluso dentro de Andalucía, ya que casi la mitad de los economistas colegiados andaluces están en Málaga.
¿Por qué hay tanto economista aquí?
Siempre lo hemos achacado a la actividad económica que ha habido y al turismo. Eso significa que, por la Costa del Sol, tanto oeste como este, hay muchos despachos porque hay mucha empresa grande, mediana y pequeña, y mucho residente extranjero o no residente que va y viene.
Detrás de alguien que compra un piso hay toda una economía: ese piso hay que limpiarlo, mantenerlo, hay un administrador de fincas, puede haber un economista que vele por la tributación… Eso genera actividad indirecta, además de lo que deja el propio propietario.
¿Cuántos colegiados hay ahora?
Estamos en unos 2.400, aproximadamente.
Méndez posa en la sede del Colegio de Economistas de Málaga.
¿Para trabajar como economista hay que estar colegiado?, ¿es obligatorio?
No. No tenemos reserva de actividad, con lo cual casi es un mérito añadido tener 2.400 colegiados sin una obligación legal.
Su mandato acaba en diciembre. ¿Ha pensado ya si se volverá a presentar?
Aunque parezca mentira, estamos en marzo y todavía no lo tengo claro. En cuatro años no da tiempo a desarrollar todo lo que se quiere, así que tendría sentido seguir, pero tengo que ver con quién se cuenta. El equipo es fundamental. No se trata solo de mi deseo, sino del equipo: ver quién quiere repetir, con quién se puede contar…
Además, es un cargo que se compagina con el trabajo y no está remunerado.
Sí, sí, esto es completamente filantrópico. Prestamos nuestro tiempo. No es un trabajo continuo todos los días, hay momentos más intensos, pero al final a mí, y a muchos compañeros de la junta, nos llena. Nos da orgullo poder aportar algo a la profesión y a los compañeros.
La noticia de esta semana es que Juanma Moreno ha convocado elecciones el 17 de mayo. Siempre que se convocan elecciones suele haber un par de meses de incertidumbre mientras se disuelve el Parlamento, la campaña electoral, se vota, hay nuevo gobierno… Económicamente, ¿cómo cree que puede afectar?
En Andalucía en general y en Málaga en particular creo que seguimos lanzados. No creo que vaya a haber un parón. Tenemos presupuestos y se están ejecutando; hay presupuesto de 2026. No preveo ni en el sector privado ni en el público un descenso significativo de la actividad. Otra cosa sería un gobierno que no hubiera tenido mayoría y no hubiera podido desarrollar su política o aprobar su batería legislativa. Aquí hemos tenido bastante estabilidad y no tiene por qué cambiar.
Hace unos días presentaron el nuevo barómetro del Colegio de Economistas en el que señalaban que la economía de Málaga era fuerte y madura, pero en un entorno inestable. Con tanta guerra ¿qué se puede esperar?
Es significativo porque, si uno echa la vista atrás, también en los años 90 había altibajos, pero la perspectiva se pierde con el tiempo. Hemos tenido la pandemia, que fue la bestia negra, con secuelas hasta casi 2022. Después, en Málaga nos relanzamos porque la gente tenía muchas ganas de viajar y de venir.
Luego vino la guerra de Ucrania, con el coletazo de la inflación y la subida de tipos, que todavía arrastramos. Después, la guerra en Gaza. Parece un tobogán.
Las economías están siendo muy resilientes. A Málaga, además, todo esto le ha pillado en un momento de bonanza. Si esto nos pilla en 2008 o 2009, lo habríamos pasado peor.
Cuando hablamos de entorno inestable nos referimos a eso, pero tenemos una economía de la que podemos congratularnos. Lo venimos diciendo varios barómetros, al menos en los últimos cuatro años, pero es que es verdad.
Andalucía y Málaga, concretamente, por su dependencia —en buen sentido— de mercados exteriores, son las primeras en entrar en una recesión o depresión, pero también las primeras en salir. Estamos muy expuestos, muy globalizados, y eso tiene riesgos, pero también ventajas.
Lo que pasa es que fuera ahora la cosa está bastante complicada.
Está complicada porque todo el Golfo y hasta casi Turquía está muy revuelto. Pero puede ocurrir que Málaga tenga bonanza y se beneficie, porque aquí tenemos estabilidad política, económica y social. La guerra no nos ha llegado ni probablemente nos vaya a llegar.
Leía el otro día en The Economist que los países más expuestos al tema del petróleo no son los occidentales desarrollados, sino aquellos países en los que el petróleo es básico hasta para cocinar.
Manuel Méndez fue elegido decano de los economistas malagueños en 2022.
A nosotros, que suba la gasolina y paguemos el litro más caro fastidia, pero no nos mata. Para una familia que necesita petróleo para calentar la estufa y la comida y le cuesta medio sueldo, sí es un problema enorme.
Todo esto hay que verlo con perspectiva. Creo que en Málaga esta temporada, desde mayo en adelante, vamos a equilibrar lo que pase en Semana Santa con el trastorno del AVE, que nos va a pasar factura, pero para la temporada estival podemos recuperar turismo de otros destinos.
Sobre el problema del AVE, ha comentado en alguna ocasión que es un golpe muy duro para la provincia. No solo por Semana Santa, sino porque son casi seis meses sin AVE directo. ¿Qué impacto puede tener?
Es complicado calcularlo. Estamos en una inestabilidad tal que no podemos decir cuánta circulación real hay. Habrá que ver al final, cuando se sepa lo que realmente ha circulado. El impacto es complicado de aproximar ahora.
Otra vía es preguntar a hosteleros y hoteles qué nivel de cancelaciones tienen. Ya se ronda el 25–30% de cancelaciones. Ahí sí se puede medir mejor.
He visto cifras en algunos medios que creo que están infladas. Ojalá estén infladas, porque si no el impacto sería fortísimo para la provincia, incluso en empleo. Todo el que tenía pensado contratar para Semana Santa se lo está pensando. En economía, si hay algo letal, es la incertidumbre.
La incertidumbre paraliza, nadie toma decisiones porque no puede cuantificar. Los humanos somos así, queremos un número.
Además se ha creado una guerra política. El Gobierno dice que los datos de un impacto de 1.300 millones de euros están inflados, la Junta dice otra cosa… ¿Hasta qué punto esa guerra también perjudica?
Aquí hay que ser realistas. Creo que todos esperábamos del gestor de infraestructuras, Adif, que valorara a tiempo el impacto y lo explicara bien. Se habló de trabajar a turnos de 24 horas y de una fecha, el 23 de marzo. Yo pensé: “Es que creía que eso ya se estaba haciendo”. Si tengo una línea de este porte, lo mínimo es trabajar 24 horas.
Desde el principio no se ha dicho con claridad qué pasaba ni el tiempo previsible. Y luego han faltado explicaciones. Al principio apenas se veían fotos del lugar. Hablaban de un talud.
Es mejor decirlo todo desde el principio. Todos preferimos que la mala noticia nos la den ya, para saber qué hacer. La incertidumbre, como decía antes, no ayuda.
Eso es lo que se le puede achacar a la gestión política: falta de información y ausencia de reacción inmediata.
Siempre hablamos de que Málaga crece tanto que ya se le ven las costuras: transporte, infraestructuras, energía eléctrica, agua… ¿Estamos cerca del techo de crecimiento?, ¿se puede crecer más o vamos a explotar?
Se puede crecer, pero no al mismo ritmo, ni mucho menos. El riesgo es colapsarnos. Lo más previsible es un crecimiento mucho más moderado, lo cual tiene sentido: los ritmos exponenciales no se pueden ni se deben mantener.
Ahora bien, si no dotamos a Málaga de infraestructuras de transporte —el ferrocarril hacia el oeste, los accesos por carretera desde el este y, sobre todo, una buena red metropolitana— tendremos problemas.
Málaga tiene muchos municipios alrededor que necesitan estar interconectados. Tenemos un problema de vivienda que viene por otras causas, pero si a la población le das posibilidad de desplazarse desde esos municipios limítrofes a la capital y viceversa, se genera cohesión.
Puede ocurrir incluso que empresas decidan irse fuera para estar más tranquilas o tener suelo más barato. Con una buena red metropolitana eso sigue siendo funcional.
Hace falta que se pongan de acuerdo todos los municipios y, luego, todo depende del Gobierno central. Desgraciadamente, si no hay Presupuestos Generales, no se puede avanzar. Ahora mismo están prorrogados; las partidas antiguas siguen, pero no hay dotación nueva para lo que necesitamos. Y lo necesitamos ya.
Yo diría que llevamos cinco años de retraso real y que, si contamos desde que se deberían haber empezado estudios, expropiaciones, análisis de impacto y ejecución, vamos a ir con 15 o 18 años de atraso. Eso es mucho y condiciona.
Llegaremos al mismo sitio, pero mucho más lentamente. A algunos les puede gustar un crecimiento más escalonado, pero las infraestructuras hacen falta ya.
Habla de la vivienda. Es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos ahora mismo.
El problema de la vivienda es, como decimos siempre, un problema de oferta y demanda. El FMI ha hecho unas recomendaciones a España y señala que el problema es de falta de oferta, y que no se soluciona topando alquileres.
Méndez junto al cartel del colegio.
Si me dicen cuánto puedo pedir por mi inmueble —para el que yo he pagado— me desincentivan. Buscaré alternativas como el alquiler vacacional. El vacacional no es el problema en sí, es el refugio para quien percibe que el alquiler a largo plazo es arriesgado porque el inquilino está quizá sobreprotegido.
Además, se piensa que el vacacional deja mucho más. Se puede ganar más en ingresos, pero tiene muchos más gastos: limpieza continua, mantenimiento, desgaste del mobiliario… Y fiscalmente no es tan ventajoso. Al final el rendimiento es muy parecido, pero el propietario percibe que el inmueble es suyo y puede usarlo cuando quiera, cosa que con un inquilino de largo plazo no ocurre.
¿Y qué habría que hacer?
Topar los alquileres no basta. Hace falta una reforma importante de la ley del suelo, acortar plazos administrativos, sacar mucho más suelo y, sobre todo, un marco regulatorio estable. ¿Cuántas leyes de vivienda o normas que la tocan hemos tenido en los últimos diez años? Continuamente.
Cualquier ciudadano —no digo solo inversores— que tenga una herencia, o que venda su casa para comprar una más pequeña y otra para alquilar, necesita estabilidad. Recordemos que cerca del 80% del parque de vivienda está en manos de particulares, no de fondos. Lo que haga una gran empresa, por mucha potencia que tenga, es mínimo en el conjunto del mercado.
Si no tengo un marco regulatorio sólido, estable, que no cambie continuamente, no puedo tomar decisiones a largo plazo. Volvemos a la incertidumbre.
Además, el urbanismo se reparte entre tres niveles —Estado, comunidad autónoma y ayuntamientos— y pelear con una administración ya es difícil; con tres a la vez, más.
La vivienda es un producto que tarda años en concretarse: desde que se tiene el suelo, se califica, se consiguen permisos, se construye y se vende. Si me paso diez años, hoy no puedo hacer un presupuesto realista de materiales para dentro de una década ni sé a cuánto podré vender. Esa incertidumbre desincentiva.
Y no olvidemos quién tiene el suelo. En principio el Estado y, en parte, los ayuntamientos. Si lo sacan con cuentagotas sale caro. Lo sacan cuando la demanda está muy tensionada y todos se pelean por conseguirlo.
Comentaba antes que, desde el punto de vista macroeconómico, Málaga va muy bien, lleva años creciendo por encima de la media española y andaluza. Pero muchos ciudadanos dicen: “Será macroeconómico, pero yo cada día estoy más ahogado; no puedo comprar ni alquilar un piso, voy al súper y son 100 euros cada vez, y cobro 1.500 euros al mes”.
Es así. Las cifras de crecimiento están ahí, pero la percepción del ciudadano es que no lo nota. En parte es porque los sueldos no han crecido al ritmo de la inflación; si la incluimos, casi han decrecido.
El último paquete de medidas aprobado está bien, aunque podía haber llegado antes, pero tenía que haber incluido algo fundamental para el ciudadano hoy: la deflacción de las tablas del IRPF. Lo que me suben por la inflación se lo lleva Hacienda. Eso hace que, especialmente las generaciones más jóvenes y los trabajos menos cualificados, sientan que no perciben la mejora.
Eso no quiere decir que entre todos no estemos generando el PIB que se genera. ¿Qué hace falta? Tenemos un sector turístico muy potente que no hay que perder, pero es muy intensivo en mano de obra. Necesitamos mucha mano de obra.
Tenemos un sector tecnológico donde sí podemos ir a la eficiencia: trabajar menos y generar más valor. Si yo genero más valor añadido a mi empleador, este podrá pagarme más, yo ganaré más y quizá pueda trabajar algo menos. Hay que ir a la eficiencia.
En el turismo es más complicado implantar eso, pero hay que intentarlo. A nivel nacional, estamos generando PIB a base de meter mucho sector público y mucho empleo. Si contrato a mucha gente, el PIB sube, pero lo ideal sería trabajar algo menos, ser más eficientes y que el PIB siguiera creciendo.
Pero, a día de hoy, sobre todo los jóvenes están casi cautivos, no pueden hacer nada.
No. El acceso a la vivienda, alquilada o comprada, es muy complicado. Hoy día un alquiler y una hipoteca, en muchos casos, valen lo mismo. Quien puede pagar el alquiler podría pagar la hipoteca, pero no tiene los 50, 60 u 80.000 euros de entrada. Eso es lo que falta.
¿Hay otra burbuja inmobiliaria?
Ahora mismo necesitamos vivienda y el precio sube porque la gente quiere vivir en ella. Desde 2021 hasta aquí se habrán creado cerca de 1.200.000 nuevos hogares en España y se han construido unas 400–500.000 viviendas. Nos faltan unas 700.000.
En 2007 la vivienda se convirtió en una inversión. Se compraba sobre plano y se vendía casi sin terminar. El alquiler iba subiendo poco a poco, pero el precio de venta se desacopló porque ya no se compraba para vivir, sino como activo financiero.
Ahora, si sube el precio de la vivienda, sube el del alquiler porque van de la mano. Si compro por 500.000, el alquiler que necesito pedir será 1.500–2.000; si me costara 200.000, podría pedir 500.
Eso refleja que no se está especulando igual que entonces. La vivienda no se está usando masivamente como “commodity”, sino como residencia.
Pero ahora el precio medio del alquiler en Málaga está en 1.400–1.500 euros y el salario medio es ese.
No se puede llegar. Es muy complicado y genera mucha frustración en los jóvenes y en muchos otros. No es solo el treintañero; una persona de 40 también puede tener dificultades, salvo que haya pasado años de alquiler y haya podido ahorrar, que es precisamente lo difícil.
Si una hipoteca o alquiler recomendable debería consumir un 30–35% de la renta, aquí podemos estar en el 48–50%. Si la vivienda se lleva la mitad o más del ingreso disponible, es muy difícil comprar.
En pareja es más posible, pero siempre con el riesgo de que la pareja se rompa, y entonces el problema se multiplica.
Cambiando de tema, usted es experto en asesoría fiscal y autónomo. Los autónomos siempre se quejan de que Hacienda los cruje a impuestos. Desde su perspectiva, ¿cómo cree que se está tratando al autónomo?
El autónomo está desprotegido. Yo lo he elegido porque prefiero ser independiente y no tengo un jefe, dentro de lo que cabe. Pero es evidente que estás dejado a tu suerte. Si te va bien genial y si te va mal nadie te va a dar un sueldo a final de mes.
La Administración Tributaria nos ha cargado de obligaciones, nos mira siempre con desconfianza y estamos siempre bajo la picota. Parece que somos los malos de la película.
Pedimos más empatía y cariño. El sector público gasta y para eso todos tenemos que contribuir, asalariados y no asalariados. Las empresas son las que crean empleo y el 95% son micropymes.
El Estado no pone redes, las empresas tienen que tener pulmón suficiente para aguantar ahora, por ejemplo, que hay tantos problemas internacionales. En general, las administraciones y no solo la tributaria deberían tener más empatía con las empresas. No pedimos rebajas de impuestos ni nada de eso, pero que se reconozca que somos un motor y que somos las empresas las que creamos empleo.
El Estado crea empleo, pero hay que financiarlo. Si todos fuéramos funcionarios no se podría mantener.