Mila López, mujer de trono de la Trinidad.

Mila López, mujer de trono de la Trinidad. A.R.

Cofradías

Mila, mujer de trono de la Trinidad: "Me aterra la juventud actual; hay más machismo y sumisión que nunca"

Esta hermana del Cautivo y la Trinidad nació un Lunes Santo y cree que es fundamental que desde los tronos se eduque para evitar conductas inadecuadas en la Semana Santa.

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Las claves

Mila López, primera mujer en el trono de la Virgen de la Trinidad en Málaga, denuncia el machismo y la sumisión que aún persisten en el mundo cofrade.

Cuenta su lucha personal y familiar para poder salir en el trono, un espacio tradicionalmente negado a las mujeres, y cómo ha enfrentado prejuicios y comentarios misóginos.

Mila expresa preocupación por la juventud actual, a la que ve más machista y sumisa que nunca, y defiende la importancia de transformar mentalidades desde dentro de las cofradías.

Defiende que el verdadero valor de cargar un trono reside en la devoción y el trabajo en equipo, no en la fuerza física ni en demostrar masculinidades.

El viento sopla frío en la plaza de San Pablo de Málaga, pero Mila López, mujer de trono de la mesa de la Virgen de la Trinidad, llega "calentita". Y no porque venga con bufanda y a la carrera. Viene "calentita" porque está cansada de leer comentarios misóginos en redes que llegan desde el ámbito cofrade. Está "harta de escuchar otra vez el mismo debate de siempre", el de las mujeres de trono, el de si pueden, el de si deben, el de si están o no a la altura, el de si pueden con más o con menos peso.

Es una mujer de armas tomar. Dice lo que piensa sin ningún tipo de pudor y ese es, sin duda, una de sus virtudes en un mundo donde la hipocresía está cada vez más a la orden del día. Le pregunto para empezar quién es Mila y cómo se define. Se ríe. "Soy una mujer que se siente joven pasen los años que pasen", resume. Una malagueña que trabaja en una farmacia, oposita para maestra y tiene claras sus prioridades: "El bienestar animal, el de los menores y, por supuesto, la igualdad real en todo. Más allá del mundo cofrade".

Su historia cofrade empieza antes de que tuviera uso de razón. "Entré en este mundillo desde la cuna", cuenta. Hija de cofrades, se crió en la calle San Juan y la hicieron hermana de Fusionadas con pocos años de vida. "Así fui pasando por todo lo que se puede pasar en una procesión: monaquilla, nazarena...", relata.

Mila nació un Lunes Santo. Y lo primero que hizo su padre cuando vio que todo iba bien fue escaparse hasta San Pablo para darle las gracias al Cautivo por la niña que había traído al mundo. "Para él, la Virgen de la Trinidad era la Virgen del Cautivo, como para muchos entonces", recuerda. Y ella, que siempre fue el verso libre de su familia, comenzó a fijar la mirada en la Trinidad.

"Yo miraba a esa Virgen y decía: esta es mi Virgen". Ahí comenzó todo. Se vivió una especie de pulso silencioso en casa. "Yo quería salir con ella y mi padre decía que no". En el malva de su manto comenzó a enamorarse perdidamente de su Madre. Y ahí empezó su guerra para salir con ella sí o sí. "La niña salió rebelde, qué le vamos a hacer. Yo siempre digo que fui su castiguito de Dios... Y evidentemente acabé lográndolo", dice riendo.

Hablaba con diferentes cofrades de la corporación y todos le decían que las listas de espera con el Señor eran inmensas. "Que no quiero salir con el Cautivo, que quiero ir con Ella", les respondía una y otra vez. A finales de los años 90, su padre cayó enfermo por culpa de dos agresivos cánceres. "Creo que lo pillé blando, débil... Y al final logré su aprobación. En 1997 me dijo que me apuntaba", declara.

Lo que no imaginaba es que después de tanta lucha, su primera procesión sería un drama. Su padre murió dos semanas antes de la salida procesional. "Me pasé toda la noche llorando", recuerda. Y desde entonces, cada Lunes Santo es también un reencuentro con su padre. "Para mí ver al Señor es ver a mi padre. No puedo aguantarle la mirada".

Durante años, Mila fue nazarena y luego fue asumiendo cada vez más responsabilidades dentro del cortejo. Siempre estaba cerca del trono, aunque la idea de ser los pies de la Trinidad no se borraba de su cabeza. "Pero había un muro. No dejaban a mujeres. ¿Por qué? Pues porque has nacido mujer. Y punto, sin más argumentos", expresa, en tono crítico. A Mila no le entra en la cabeza que en los tiempos que corren aún haya corporaciones, aunque cada vez sean menos, que no permitan que la mujer esté en el varal. Le parece arcaico.

En 2018, su suerte cambió después de años pidiéndolo, de insistir, de hacerse visible dentro de la cofradía... "No entiendo por qué me tuve que esforzar tantísimo cuando a ellos no les exigen nada", matiza.

En cualquier caso, logró entrar a la mesa del trono, en parte, gracias a los compañeros con los que comparte este espacio, que también hicieron presión para que ella pudiera estar ahí después de que pronunciara el pregón de la mesa de la Trinidad. Y así es como se convierte en la primera mujer en el trono de la Trinidad, un título que le da mucho coraje. "Puede sonar bonito de cara a la galería, pero no lo es. Ojalá no hubiera sido la primera en 2018", dice.

Porque detrás de ese "primer" hay años de lucha, de cuestionamiento, de tener que demostrar más que nadie. "A mí me hicieron tallarme delante de todo el mundo", recuerda. Pero ella no se torció y no dudó en tallarse. Sabía que tenía el respaldo de la gente que la quería ver "feliz debajo de Ella".

Si algo se repite en su relato es la palabra felicidad. Una felicidad difícil de explicar. Para ella el Lunes Santo es sinónimo de ser "inmensamente feliz". En el trayecto de la procesión vive toda una noria de emociones. Hay momentos que la rompen. Literalmente. "Alma de la Trinidad es mi marcha. Ahí me rompo. Y cuando suena Jesús Cautivo… la conexión hacia arriba, hacia mi padre... es total". Pero si algo destaca por encima de todo es el compañerismo que se vive siendo los pies de la Trinidad. "En el trono todos somos uno. Da igual lo que haya pasado fuera, trabajamos todos juntos. Esto es un trabajo de equipo, aunque haya quien se empeñe en decir que salvan el varal".

En el proceso para llegar al varal, dice que ha tenido que soportar comentarios, prejuicios y ataques muy complicados. Muchos de ellos, aunque le duela, de mujeres. "Nuestra primera enemiga somos muchas veces nosotras mismas", reconoce. Y recuerda episodios muy duros con la difusión de rumores y hasta cuestionamientos personales. "He tenido que escuchar que estaba ahí por acostarme con alguien, que me había tirado a media cofradía. Eso es lamentable". Aun así, su lectura de todo esto es otra. "Si esa era la misión que Ella tenía para mí, bienvenida sea", dice con serenidad.

Mila asegura que hay quienes después de realizar comentarios desafortunados sobre ella y su lucha para ser mujer de trono le han acabado pidiendo perdón. "Casualmente cuando tenían una hija y se veían en una situación parecida", dice, a la par que reconoce que "les honra". "A uno lo he llevado de compañero de varal incluso", añade.

Cuando se le pregunta por lo que queda por hacer en el presente de la Semana Santa de Málaga, no lo duda. "Abrir las mentes", responde. Pero va incluso algo más allá. Para Mila la base está en educar desde los propios tronos. Desde sus responsables, a la actitud que deben mantener del primero al último. "No podemos permitir ciertas conductas. No suman. Desprestigian", asevera.

Y hay algo que le inquieta especialmente: la juventud. "Me da miedo la nueva remesa", confiesa. "Veo a chicas más machistas que nunca, más sometidas. Y a chavales sobreactuando una masculinidad que no tiene sentido, van de machotes como hace años". Para ella, el avance en nuestra Semana Santa no está solo en permitir que entren mujeres a todos los tronos. Está en transformar la mentalidad, en parar desde los tronos esta situación. "Esto no va de ser Hulk. Para levantar hierro, me voy al gimnasio. El trono es otra cosa".

Reconoce que hay cofradías a las que, en el fondo, no les incomoda que ese tipo de actitudes machistas se mantengan. “A veces parece que les viene bien”, desliza. Cree que muchas veces se justifica todo en la falta de madurez, pero insiste en que no es solo cuestión de tiempo, sino también de educación.

Ella misma pone su ejemplo: no es la misma que hace veinte años, cuando se define como un “elefante en una cacharrería”. Con los años, dice, la han ido moldeando, corrigiendo y enseñando. La experiencia, resume, te coloca en tu sitio y te ayuda a entender qué suma y qué resta. Por eso le preocupa especialmente cómo llega la juventud. “Me abruma”, admite, al percibir una falta de respeto hacia generaciones anteriores. “Puedes estar más o menos de acuerdo con lo que hicieron, pero hay que respetarlo”.

En el sentido de su cofradía, tiene también una mentalidad muy abierta. Cree que el Cautivo y la Trinidad siempre salen excelsos a la calle y que el cortejo, pese a las diferencias que han tenido en lo organizativo, es muy digno. Si bien, cree que una cofradía como la suya debería "rozar la excelencia" y ser un referente en la parte social. "Tendría que hacer mucho más servicio social e impactante. Hay hermandades en otras provincias que tienen detrás mucha devoción y su ayuda se ve reflejada. Aquí no lo veo así", indica.

En lo que a perspectiva de género se refiere, Mila no es optimista del todo, pero tampoco derrotista. "Estamos en el camino", admite. Y lanza un mensaje claro a las mujeres que vienen detrás: "Que no se achanten. Que no se callen. Que vayan a sus cofradías y se sigan tallando. Hasta que entren". Le alegra ver que algo ha cambiado, que ya no se ven tronos de mujeres o de hombres. "Antes era impensable ver tronos mixtos. Ahora cada vez es más normal. Y eso alegra muchísimo, me encanta ver tantas colas y trenzas en los tronos".

A ella, al menos, le compensa, pese a todo, tanta lucha. Tiene claro que el varal no es un trofeo de fuerza ni un campo de batalla para "machotes". Al final del día, cuando el hombro se enrojece y el cansancio nubla la vista, lo que queda no es la fuerza ni el músculo, sino la devoción. Como ella misma dice, para levantar hierro ya están los gimnasios; en la Trinidad, lo que se levanta es la fe. Y eso, por mucho que a algunos les pese en las redes sociales, no entiende de géneros. "Nosotros lo tenemos siempre más difícil. Y estoy convencida de que cada mujer que saca un trono en Málaga lo hace desde la devoción más absoluta, eso es así", concluye.