Mariví y Juan, en el interior de su quiosco.

Mariví y Juan, en el interior de su quiosco. Alba Rosado

Cofradías

Mariví y Juan, los dueños del quiosco de Málaga donde se venera a la Virgen del Rocío... y al "Señor de los esmayaos'"

Así llamaba con cariño el abuelo de la primera a Nuestro Padre Jesús de la Misericordia. Cuando pasaba la hermandad por su negocio, arrasaba con todo el género que tenían.

27 marzo, 2024 02:11

En cuanto las sillas y tribunas llegan al recorrido oficial de la Agrupación de Cofradías de Málaga, unos días antes de que se inicie la Semana Santa, en el quiosco de Mariví y Juan comienza a oler a incienso. El resto del año, en su interior, gracias a un par de posters, se puede intuir la gran devoción que la pareja tiene a la Virgen del Rocío, que cada Martes Santo, desde hace unos años, pasa por delante de su negocio.

Muchos lo consideran como ‘el quiosco cofrade’ de Málaga. De hecho, durante el invierno, este quiosco, que está ubicado en Molina Lario, frente al Málaga Palacio, se convirtió en uno de los primeros puntos de venta de las populares Holy Cards, unos cromos similares a los de los futbolistas, pero con imágenes de cristos y vírgenes. Han sido una gran sensación entre niños y mayores. 

Este acogedor quiosco pertenecía a los abuelos de Mariví y no empezó a funcionar en el punto donde se encuentra en la actualidad, sino un poco más arriba de la calle, frente a lo que en el pasado fue una pensión y ahora es el hotel Molina Lario. “Empezó con un carrito ambulante, pero con sus sitios fijos. Cuando empezó a construirse el Málaga Palacio se convirtió ya en un quiosco así, metálico. Muy pequeñito. Esta historia empezó perfectamente hace más de 50 años”, explica Mariví, que asegura ser "muy mala" con las fechas.

Cuando sus abuelos decidieron jubilarse, se lo cedieron a su madre. “Mi abuelo no quería deshacerse de él. Siguen viniendo clientes preguntando por él. Esto era su vida. Yo misma me he criado aquí porque en esta calle había muchos vecinos, paraban autobuses…”, recuerda.

En 2012, también por jubilación, el quiosco llega a manos de Mariví. No fue sencillo para ella aceptar seguir con el negocio familiar. Aunque no quería que el negocio familiar desapareciera, es una gran amante de la Semana Santa de Málaga y sentía que iba a perderse una de sus grandes pasiones trabajando allí; siempre vivió esas fechas “muy intensamente”. 

“Mi abuelo le dijo a mi madre que abriera todos los días menos el Martes Santo, por la Virgen del Rocío, que ya vería como Ella se lo agradecería... A mí me pasó lo mismo. Fue duro asumirlo, pero yo tenía dos niños y Juan estaba sin trabajo. Así que nos pusimos a ello”, recuerda la mujer, que se emociona pensando en cómo fue el Domingo de Ramos de 2013, el primero que vivieron con el quiosco.

“Duro, muy duro; fue horroroso de llanto”, prosigue. Sus hijos estaban acostumbrados a moverse por el Centro de Málaga con sus padres, que eran grandes defensores del callejeo y de buscar las mejores estampas cofrades en los rincones más especiales de la ciudad. Sin embargo, aquel año los niños pasaron el Domingo de Ramos en las sillas, junto a sus abuelos, algo que les costó entender.

Todos tuvieron que obligarse a entender que la Semana Santa, mientras el negocio estuviera abierto, nunca sería la de antes. Con el tiempo, todos lograron cambiar el chip. Tanto los niños como sus padres. “En realidad seguimos viviendo la Semana Santa igual de intensamente, sobre todo desde que el recorrido oficial cambió”, confiesa Mariví. 

Aunque su quiosco estaba ubicado en un sitio fantástico en cuanto al recorrido anterior, pues era una zona de paso, tanto del público general como el de las sillas; desde 2019, su situación es distinta, pues todas las hermandades pasan por su puerta cada día en el último tramo del nuevo recorrido oficial. “Cuando me enteré, me vino a la cabeza cuando nos decidimos a coger esto, los despidos de trabajo que hemos tenido él y yo… Cuánto he llorado por perderme las procesiones… Este cambio parecía un regalo mandado desde el cielo para que yo no me las pierda. Es cierto que me encanta ver cortejos y eso no lo veo como tal normalmente, pero cuando pasa el trono, que la verdad es que casi todos paran aquí, siempre salimos y los vemos irse; eso sí, ya abrimos también el Martes Santo”, dice con una sonrisa.

Más allá de lo emocional, tanto Juan como Mariví reconocen que “las ventas han aumentado” con este cambio, aunque cuando se propuso el nuevo recorrido, de inicio, creían que iban a tener que cerrar el negocio. “Hablé con Pablo Atencia, quien fuera presidente de la Agrupación de Cofradías, y me prometió que esto no se cerraba. Es que es mi sustento… La gente me decía que me estaban mintiendo, pero no fue así. Conocíamos a su padre por la rama en la que trabaja y confiamos en él. No nos falló; pocos comerciantes de la zona, de hecho, podrán quejarse”, cuenta.

La pareja reconoce que la Semana Santa es la fiesta malagueña que más deja en lo económico. “Mucho más que la feria o que el carnaval. Cada una tiene un público diferente, pero esta es la fiesta del malagueño, el 90% de nuestro público es de Málaga”, explican ambos. A Juan le da la risa recordando las palabras que los abuelos de Mariví decían siempre: “En Málaga lo que da dinero son los tambores”. "Y llevaba toda la razón", insiste.

Así tienen decorado el quiosco, además, con olor a incienso.

Así tienen decorado el quiosco, además, con olor a incienso. Alba Rosado

Pueden llegar a vender más de 150 kilos de chucherías durante toda la semana dispuestas en pequeñas bolsitas que preparan con antelación: “Aquí no te piden una, te piden diez o quince, porque, normalmente, son para los tronos, submarinos, nazarenos… Lo que más vendemos son botellas de agua, chocolate y gominolas. Ahora, además, vendemos locas y torrijas de Tejeros”.

Preparar una Semana Santa no es precisamente sencilla. Y más aún si se presenta tan inestable como la de este 2024. Si bien las hermandades no salen a la calle cuando hay amenaza de lluvia, a ellos le afecta muchísimo el mal tiempo en sus ventas. Por ello, hacen las compras de Semana Santa en dos tandas en función de cómo van evolucionando los partes meteorológicos. "Pero no deja de ser una lotería, lo haces a ojo y vas aprendiendo con el tiempo", lamentan.

Martes Santo, devoción

Juan Villodres es conocido en su entorno más cercano como Lele. En la procesión de la cofradía del Rocío ha sido “de todo”. Desde hombre de trono a capataz o nazareno de vela. La última vez que salió en el cortejo fue en 2018. Ahora se estremece junto a su mujer cuando la novia de Málaga y el Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario pasan por delante de su quiosco. 

“Eso no es un pellizquito. Se te va el alma con ellos”, dice emocionado. Mariví, cada Martes Santo, cuando sus titulares pasan por el quiosco, pide que les echen “una manita”. “Hay veces que prefiero casi ni mirar porque me da mucha pena. Pero bueno, es lo que ella ha querido, lo que él ha querido… Y que no nos falte”, continúa.

Juan echa siempre la persiana cuando pasan las dos imágenes que tanto aman tanto en su casa. “Apago las luces y si alguien viene… He ido al baño. Me asomo hasta que mi Nazareno también asoma. Eso es espectacular”, dice.

Como tantas personas le conocen en la cofradía, cuando el trono se para, un mar de hombres le llama: “¡Lele, Lele!”. “Vienen a por agua, a por chucherías… Siempre les decimos que ya ajustaremos cuenta y al final, a muchas de las victorianas, por el cariño que les tenemos, acabamos incluso regalándoles algunas cosas”, asevera la pareja.

La pareja, a las puertas del quiosco.

La pareja, a las puertas del quiosco. Alba Rosado

Los momentos de la Semana Santa

“El Domingo de Ramos es espectacular en el quiosco; cuando el Señor de la Pollinica entra eso es como decir ‘¡Arrancamos!’”, expresa Mariví, que de la primera jornada de la Semana Santa también tiene especial cariño, como mujer natural de La Victoria, a la Humildad. “Es la primera del barrio que baja al Centro de Málaga cada Semana Santa”, añade.

Del Lunes Santo, celebra siempre el paso de Gitanos. La abuela de Mariví siempre fue muy devota del ‘Moreno’ y María de la O. “Ella era gitana y todos estábamos locos por salir en Gitanos porque nos gustaba mucho la coronita. Ella decía que no, que nosotros teníamos que ser del Rocío. Pero hoy te digo que de los Gitanos soy y que le tengo mucho cariño. Evidentemente, también me emociono muchísimo con mi Cautivo”, dice la quiosquera.

“Es que yo pasando del Martes Santo… Para mí la Semana Santa ya ha acabado. Yo siempre me quedo con la previa, desde el Viernes de Dolores, pasando por el Sábado del Cautivo. Son días muy bonitos, pero cuando llega la mía y pasa por aquí, es el colofón”, confiesa Lele, que también recuerda con cariño el paso del Chiquito cada Jueves Santo.

“Para nosotros es el Señor de los ‘esmayaos’”, dice Lele entre risas. “Mi abuelo siempre le decía a mi madre que si el Jueves Santo iba mal, cuando pasara el Chiquito todo se arreglaría. Le decía el Señor de los ‘esmayaos’ porque, cuando pasaba la hermandad, arrasaban con todo lo que teníamos; que nunca nos falte”, añade su mujer.

Del Miércoles Santo, me quedo con Mediadora. Tengo a grandes amigos como Salvador allí. También Expiración. Del Jueves Santo también me encanta Mena o Esperanza… Y el Viernes Santo, un momento muy especial llega con Servitas”, dice Mariví. Ella y su marido han contactado con JCDecaux, la empresa que se encarga de la publicidad luminosa de su negocio, para que se apaguen todos los carteles que la empresa tiene a lo largo del recorrido oficial al paso de la dolorosa. “Creo que lo hemos conseguido”, dice con orgullo Lele.

En semanas tan complicadas como esta --hay una altísima probabilidad de lluvia los próximos tres días y este Martes Santo ha sido la única jornada con todos los tronos en la calle--, Mariví y Juan ruegan al público que visita a las imágenes en sus templos que opten por comprar snacks en quioscos y otros puestos como el suyo. Ellos son, sin duda, la otra cara de una Semana Santa pasada por agua.