Noa, en 'Una murga y pico'.

Noa, en 'Una murga y pico'. Mauri Conde

Carnaval

El Carnaval de Málaga como la mejor terapia: la lección de vida de Noa, un ‘pajarillo’ murguista con TEA y TDAH

Con sus inseparables cascos y un conocimiento enciclopédico de la fiesta, Noa normaliza la neurodiversidad en el concurso oficial, arropada por una familia y una agrupación que no entienden de barreras.

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Cada vez que el telón se ha levantado en cada pase de Una murga y pico durante el Concurso Oficial de Agrupaciones de Canto del Carnaval de Málaga, era imposible no sonreír viendo a 19 pajarillos de colores, encarnados por niños cuyo único objetivo era disfrutar sobre las tablas del teatro defendiendo el repertorio que tanto habían ensayado con un histórico de la fiesta como Pakito Susi al frente.

Pero detrás de esta murga de pajarillos hay una historia de inclusión con nombres y apellidos: la de Noa Pérez. Noa tiene diez años, es malagueña y se sube a un escenario cada carnaval con una naturalidad que asombra, ya que se trata de una pequeña con TEA y TDAH.

Al tener una alta sensibilidad auditiva, aparece con sus cascos en escena, pero eso no impide una pasión desbordante por el carnaval. "Cada vez que se ve en la tele me dice: 'Mira, mamá, soy una artista'", cuenta Marta Jiménez, su madre, entre risas.

La historia de Noa y el carnaval empieza en el aula. El componente de la murga Los emeterios, Alejandro Maldonado, fue su maestro en tercero y cuarto de Primaria. Ya entonces, Noa se fijó en que aquel profesor salía en el Carnaval de Málaga.

Fue a verlo actuar en alguna actuación, se hicieron una foto en la Noche en Blanco, donde tuvo cabida la fiesta, y, según relata el propio Alejandro, "algo hizo clic" en ella. “Yo quiero carnaval, yo quiero carnaval”, repetía. El interés se volvió intenso, casi absorbente, algo muy habitual en niños con TEA como ella: cuando algo la engancha, lo hace de verdad, al máximo.

Alejandro vio algo claro en Noa y en cuanto escuchó que Pakito Susi estaba montando una murga infantil el pasado año, habló con sus padres y con el propio Susi y le hizo la propuesta. "Nos dijo que ningún problema. Que su murga estaba abierta para todos los niños", explican con una sonrisa.

Para su familia, aquel paso no estaba exento de miedo. Marta Jiménez, su madre, recuerda las dudas iniciales. El ruido. La repetición constante de los ensayos. La necesidad de permanecer en grupo. Noa no toleraba los altavoces del colegio y había necesitado cascos para ir a las misas antes de la comunión. Pensar en una caja, un bombo y veinte niños cantando en un bar parecía una temeridad.

Aun así, decidieron probar, como siempre. "Si te quedas en casa, te hundes. Hay que ir a todos lados. Que duran horas, genial; que duran diez minutos, fenomenal también. Lo importante es no aburrirse", relata Jiménez.

La adaptación de Noa a los ensayos fue sorprendente. Tiene una memoria abismal, algo típico de estos niños, y se aprende las letras a la primera. Según cuenta el propio Maldonado, repetir una letra varias veces en los ensayos pone muy nerviosa a Noa, pero esta ha logrado encontrar el equilibrio. En los ensayos y en las actuaciones hay niños desde tres hasta catorce años y ella está integrada como una más.

La familia, entre los camerinos.

La familia, entre los camerinos. Alba Rosado

Hay compañeras como Daniela, su "angelito de la guarda", que la ayudan a recolocarse cuando pierde la concentración en escena. "Si se sale de la primera fila, ella la coge con cariño y la recoloca", explican Maldonado y Jiménez. En la calle, durante los pasacalles, siempre hay alguien pendiente de ella, pero a su vez nadie la señala ni la aparta. "Es una más a ojos de todos. Con cascos, sí... ¿pero y qué?", dice Marta, con una sonrisa.

Alejandro observa el proceso de Noa en el carnaval desde fuera, con mirada de docente. Subirse a un escenario, guardar el sitio, escuchar, expresar emociones y mensajes a través de una letra... "Todo eso, para una niña con autismo, es un ejercicio constante de autorregulación y sociabilización", relata. Desde su perspectiva, el carnaval se convierte para ella en una estimulación añadida, distinta a la del aula o a la de cualquier terapia. Y funciona porque hay una motivación real. Algo que le compensa y que adora.

Pero ojo, que en casa, el carnaval ya no es solo una pasión de Noa. Su padre, José David Pérez, se ha sumado también a su murga. Se apuntó a la escuela de Carnaval sin haber tocado un bombo en su vida y ahora ensaya con ella y salen juntos en carnaval. Es una afición compartida que ha acabado por envolver a toda la familia.

Marta lo tiene claro. La clave ha sido no renunciar a nada: llevarla a todo. Y según el propio Maldonado, Noa ha tenido la gran suerte de dar con unos "benditos padres" que no pierden la sonrisa y la fuerza en ningún momento por hacerla feliz.

El diagnóstico

El diagnóstico de Noa llegó poco a poco. Primero el autismo, inicialmente en grado dos, ahora en grado uno; y después el TDAH. Su comunicación ha mejorado mucho con los años, pero la sociabilización sigue siendo su mayor reto. Empezó a hablar muy tarde, algo que ya está más que subsanado; pero la socialización aún es su cuenta pendiente.

Según relata su madre, "no siempre sabe cómo iniciar una conversación y a veces puede resultar invasiva". Precisamente por eso, experiencias como la de la murga son tan valiosas. La normalizan. La colocan en un entorno diverso, real, con niños de todas las edades y sin etiquetas.

Noa, con sus padres.

Noa, con sus padres. Alba Rosado

Cada año de vínculo con el Carnaval, Noa quiere más. No solo se sabe su repertorio, sino que ya se aprende estribillos y controla al máximo los nombres de grupos y tipos de Málaga, pero también de Cádiz. "Le apasiona el carnaval antiguo, nos pide cosas de los 90. Las escucha una vez y ya nos pide otra. Le encanta el Selu", asevera su madre, a lo que Maldonado añade que es una "fan absoluta del Bizcocho".

Al comenzar la entrevista, la pequeña incluso hizo referencias al Tío de la Tiza y al Selu, demostrando un conocimiento magistral del mundillo a su corta edad. Gracias a Maldonado,pero sobre todo a Antonio Vargas, ya se ha hecho fotos con "el Selu, Bizcocho y un montón de componentes, ha entrado en camerinos cuando hemos ido a alguna actuación". "Ya es una VIP", confiesa Marta entre risas mirándola con cariño mientras la pequeña no para de un lado a otro por los camerinos del Cervantes, a minutos de su actuación en semifinales.

Le brillan los ojos cuando se le pregunta por la inclusión en el carnaval. Para Marta, el hecho de que Noa aparezca en cada actuación de la murga es algo muy importante. "Otra persona me podría haber dicho que vaya solo a la calle, pero no al teatro, porque entiendo que es complicado a veces en función del día. Pero tanto su padre como yo estamos siempre en ensayos, actuaciones o donde haga falta. Pero desde el Susi han decidido que lo de Noa no sea un gesto simbólico, sino que se sienta una más. Que si un día corre por el escenario, es una niña más, y no pasa nada. No se le ha cerrado la puerta, y yo no puedo estar más agradecida", sostiene.

Una imagen de Noa.

Una imagen de Noa. Mauri Conde

Además, asegura que la retroalimentación entre el grupo y ella es magistral. Porque pese a que hay niños de todas las edades, ninguno ha tenido ni un comentario negativo ni una burla hacia ella. Al revés. Se preocupan por el hecho de que no le falte nada. "Y este aspecto es súper importante, porque en el caso de toparse con un niño con autismo en sus coles, sé que al conocer a Noa van a hacer todo lo posible por integrarlo y dejar claro que es una persona más como el resto de la clase", añade.

Marta está muy feliz de ver a su hija "disfrutona total". Se ve en la tele y sonríe. Le dice a todos que es una artista y se lo cree. Y en esos pequeños gestos, dice, hay algo muy importante en una niña como ella: "autoestima y pertenencia a un lugar donde no siente que sobre". "A mí me llena de orgullo verla ahí, igual que a personas con movilidad reducida u otras enfermedades o síndromes: si el carnaval es la fiesta del pueblo, debe ser de todo el pueblo, aunque sientan, escuchen o vivan de otra manera", zanja.