Alessandra García.

Alessandra García. Violeta Niebla

Cultura

Alessandra García, actriz: "Málaga lleva 20 años creciendo solo hacia el turismo; esto va a explotar de una manera fea"

La creadora malagueña se estrena como residente en el Soho con '¿Tú sabes lo que es una posidonia?' y reflexiona sobre la cultura y la ciudad en EL ESPAÑOL de Málaga.

Más información: Alessandra García arranca en el Teatro del Soho CaixaBank los ensayos de '¿Tú sabes lo que es una posidonia?'

Publicada
Las claves

Las claves

Alessandra García, actriz y creadora escénica malagueña, critica el crecimiento de Málaga centrado exclusivamente en el turismo y advierte de posibles consecuencias negativas si no se diversifica.

La artista inicia una residencia en el Teatro del Soho Caixabank con apoyo de Antonio Banderas, donde presentará una nueva obra tras años de silencio creativo.

García denuncia el problema de la vivienda en Málaga y pide más infraestructuras y espacios culturales para la ciudadanía, reclamando coherencia a las autoridades locales.

Defiende la importancia de la cultura como opción de ocio y aboga por una mayor colaboración entre instituciones y proyectos autogestionados para fortalecer el tejido cultural local.

Con las canciones de George Michael y Raphael sonando de fondo en su casa familiar y con las folclóricas en el teatro del Tivoli World grabadas en la retina gracias a su abuela Conchi. Así creció Alessandra García, moldeando desde niña una intuición artística que florecía en los programas de televisión que se montaba en su bloque o devorando las actuaciones de fin de curso hasta el punto de bordarlas hasta descalza.

Sin haber sido nunca una alumna de grandes notas, pero sí una observadora atenta del paisajismo cotidiano y popular, esta creadora escénica, gestora y mediadora nacida en El Bulto se ha convertido en una de las voces más singulares del panorama cultural local.

Hoy atraviesa, de hecho, un momento decisivo: un proceso de transición personal y artístico que encara sin perder un ápice de esa raíz que la conecta a su tierra. Mientras se prepara para arrancar su residencia en el Teatro del Soho Caixabank bajo la complicidad de Antonio Banderas, y a punto de presentar una nueva obra cocinada a fuego lento tras años de silencio creativo, la ganadora del Max no es precisamente de las que se muerde la lengua.

Habla abiertamente sobre el problema de la vivienda, la transformación turística de su Málaga natal o la llegada próxima de un nuevo auditorio. Conversamos a título personal con una artista de clase obrera y sin filtros, que sigue creando con el alma expuesta y la firme convicción de hacer las cosas bien, como siempre le pidió su familia:

Empecemos por lo básico. Para quien no te conozca, o solo te haya visto sobre el escenario, ¿cómo le dirías quién es Alessandra García?

Alessandra García es una creadora escénica andaluza que convive con sus creaciones, con la gestión cultural y con la mediación. Es una artista que ahora mismo está en transición hacia otro lugar.

¿En transición hacia otro lugar? Cuéntame un poco más.

La vida es así. La etapa de una creadora tiene momentos en los que todo puede cambiar hacia una dirección que no esperabas, y en esas estoy. Por eso presento esta obra: ¿Tú sabes lo que es una posidonia? La presento con la intención de recordar que es muy importante despedirse, poner las cosas sobre la mesa, abrazarlas y luego seguir tu camino. Estoy en esa transición y transformación hacia otra cosa, pero sin dejar de cuidar lo que ya ha sido.

¿De dónde vienen tus orígenes artísticos? ¿Eres la única artista en casa o te viene de algún lado?

Mis orígenes artísticos son pura intuición. De pequeña, a nivel cultural, lo que me traía a la vida eran las canciones que se escuchaban en mi casa, que iban desde George Michael a Raphael.

El Tivoli World también me dio mucha conciencia de espectáculo, porque mi abuela Conchi me llevaba en verano con el bono que ella tenía. Ahí vi a un montón de folclóricas que me hicieron mirarlas con mucha atención y aprender mucho de ellas: Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Raphael... Allí he visto a mucha gente.

Algunas veces íbamos al cine, pero, a fin de cuentas, en mi casa lo cultural estaba ahí de una manera muy inconsciente. Uno también aprende a tener sensibilidad artística observando a las familias, a las abuelas, a las fiestas de las Nocheviejas y las Nochebuenas. Cuando eres pequeña, todo el rato lo vas transformando en tu cabeza en algo artístico, aunque sea algo cotidiano.

He leído en una entrevista antigua que te ibas metiendo en personajes y casi siempre tenías de referencia a una mujer. Imagino que las mujeres de tu familia te han inspirado mucho, y también citabas haces unos minutos a varias folclóricas históricas como referente.

Para mí, hacer el personaje, vestirme, la moda, ponerme cualquier cosa encima y performar, desde pequeña ha sido algo muy natural. El otro día lo comentaba con el equipo: cuando una se dedica a esto desde pequeña, ya está ensayando, ya está creando.

Yo, en verano, en mi bloque montaba algo parecido a un canal de televisión. Cada día armábamos un programa, y otro, y otro. Igual que la naturaleza, cuando la raíz busca la manera de arraigarse a la tierra, una persona que tiene sensibilidad artística busca la manera de explorar, tenga los recursos que tenga. Hay gente que tiene la suerte de contar con muchísimos recursos desde pequeña y otras nos lo inventamos, pero ni más ni menos.

¿Eras de las que participaban en las actuaciones de fin de curso? ¿Algún taller de teatro? ¿O lo llevabas más para adentro?

Era la típica niña que disfrutaba mucho del fin de curso. Montaba un montón de coreografías. Una vez mi tía tenía que dejarme unos zapatos y no llegó a tiempo, y como antes, en los colegios de los noventa, los finales de curso eran un espectáculo y había muchísima gente, decidí bailar descalza. Y eso fue un momentazo, bailando descalza. Los finales de curso eran algo que se esperaba de un año para otro.

¿Eras buena estudiante? ¿Cómo te recuerdas en clase?

No, qué va. Lo mío no era el colegio. Era muy del bien y ya está. Buena estudiante no soy. Soy una persona inquieta, curiosa, pero nunca he tenido buenísimas notas. Eso mi amiga Fani.

Naciste en El Bulto, ¿verdad? No sé si has visto el proyecto que se está promoviendo en lo que fue tu barrio: una torre de lujo, la marina de megayates... ¿Qué te sugiere esa nueva Málaga respecto al lugar donde naciste?

Me da pena que se esté generando tanto dinero en la ciudad y que no haya una conciencia de barrer para casa, en el sentido más gozoso de la palabra, para los ciudadanos y las ciudadanas. Me da pena que todo lo que se genera se vuelva a echar para afuera, para los que vengan, y que no haya ningún momento en el que eso repercuta en que la casa nuestra, para los de dentro, esté bonita. Imagínate lo que opino. Me voy a guardar lo que pienso sobre todo esto.

Lo que sí pido, por favor, es que si el alcalde por fin, después de 250 legislaturas siendo alcalde de toda Málaga y de los malagueños, puede cumplir su sueño de hacer un auditorio, ese auditorio esté hipermirado por arquitectos dedicados a las artes escénicas. Que sea realmente un espacio en el que se puedan generar proyectos escénicos potentes, y no un palacio de congresos en el que, cuando entras y miras la infraestructura escénica, es hiperpobre porque todo se ha colocado para dar conferencias, poner un proyector y pasar diapositivas con un mando. Con todo el dinero de todas que se va a invertir ahí, que haya conciencia de un auditorio escénico y musical de verdad, y no de un espacio de congresos.

De momento, lo último que se sabe es que al mando estará alguien vinculado a un perfil cultural.

Pero que a esa persona le dejen hacer lo que tiene que hacer. No basta con poner a alguien relacionado con el mundo de la cultura: esa persona tiene que tener el mando para decir "no, esto no se puede hacer así, aquí hay que dejar este espacio para esto, aquí hacen falta tantas barras, porque esto es gigante y va a acoger a 3.000 personas". Detalles que, por la responsabilidad de todo ese dinero, que es de todas, hagan que sea algo muy favorable para todos los ámbitos.

Ahora vas a ser artista residente en el Soho. Aunque parece que lo fácil sería irse a buscar nuevos horizontes, tú sigues unida a tu raíz, a tu Málaga. Ya habías trabajado mucho con el Soho, con Autóctonxs y por ti misma, pero ahora abres una etapa diferente.

Estoy muy ilusionada, porque hasta ahora no había vivido tener, con una propuesta mía, una residencia técnica: poder estar dos semanas antes en el teatro probando lo técnico. No llegar y montar, sino tener tiempo para el sonido, para probar, para ver qué nos gusta y qué no, qué es necesario. Cuando una persona ofrece una obra de teatro, ofrece el virtuosismo de todas las disciplinas que se unen en él, y a veces esas disciplinas no tienen tiempo para estar de una manera óptima. Esta vez sí que lo voy a tener.

Y no solo eso. El Teatro del Soho, Aurora Rosales y Antonio Banderas me brindan la posibilidad de estar un año reflexionando, generando programación, probando nuevos proyectos, viendo cómo es el funcionamiento interno de un teatro de ese calibre. Que los teatros tengan gente artista residente me parece algo hiperhumano, que crea comunidad y crea lazos. Ojalá sea la primera de muchas, y ojalá todos los teatros de la ciudad tengan esta iniciativa, porque genera mucho crecimiento.

Hay quien cree, desde mi punto de vista erróneamente, que cuando alguien entra en un buque como el Soho puede suavizarse o perder ese punto canalla de la trinchera. En tu caso el sello se mantiene intacto, y el propio Antonio ha dicho varias veces que te da absoluta libertad para crear.

Exactamente. Un respeto máximo siempre. Todas las propuestas que le he planteado han sido un sí, y con mucho respeto. Imagínate a una persona con su trayectoria y su conocimiento, con todo lo que ha hecho, todo lo que ha visto, todos los paisajes culturales que ha podido visitar, escuchándote con los ojos muy abiertos y con un montón de respeto por tu trabajo, por tu cuidado, por hacia dónde quieres ir. Eso no tiene nombre, es una bendición muy grande, y habla de la persona que es en las distancias cortas. Antonio se coloca mucho en tu energía y está todo el rato pendiente de ti.

Él está muy conectado con sus raíces, no las ha dejado nunca. Igual que está conectado con la Semana Santa, lo está con el underground, que también lo vivió en su juventud. Hubo un momento underground teatral muy fuerte en la ciudad, y a él le pincha y le conecta. Sabe perfectamente en qué lugar estamos nosotras, porque él estuvo ahí.

Alessandra García.

Alessandra García. Violeta Niebla.

En la presentación de la programación del Soho dijiste que desde 2021 no habías sentido que tuvieras algo importante que contar, pero que ahora sí. ¿Cómo trabaja la cabeza de una creadora cuando la inspiración no llega durante años? Trabajando en otras muchas cosas, ¿no?

Justo eso. Es difícil no engañarte a ti misma, porque a nivel de creadora escénica hacer bolo es lo que más dinero te genera y lo que te permite subsistir. Es difícil ser honesta contigo misma y decir "no voy a montar otra obra más si realmente no tengo algo interesante que contar". Y eso me enorgullece.

Esta obra, igual que Mujer en cinta de correr sobre fondo negro, es decisiva. Invito a quien le gustó aquella a que venga a ver esta, porque van a volver a ver algo con pozo, con honduras. Es una obra que se ha estado cociendo durante muchos años en el corazón y que ahora se hace material. No es una obra que vaya a pasar desapercibida en mi vida: es un antes y un después, y marca otra etapa. Por eso ya merece la pena bichearla, venir y decir "a ver esta qué nos quiere contar".

Y otra cosa que me han dicho, porque una no lo sabe hasta que se lo dicen: aunque estas obras hablan de mí, de mi situación, de lo que estoy atravesando, tienen, como me dijo Antonio, un carácter muy universal aunque parezcan locales y personales. La obra va a conectar mucho a la gente con sus cosas. Yo voy a estar contando las mías, pero a la vez te va a rebotar a ti con las tuyas. Es una obra que te mueve un poco por dentro y te hace plantearte cosas, y eso siempre es chulo de vivir.

Antes hablabas del auditorio. Quería preguntarte por el tejido cultural que hay ahora mismo en Málaga, desde el Soho a las salas pequeñas. Hay quien dice que falta unión entre las partes, entre la alta cultura y la autogestión. ¿Cómo lo ves?

Siempre se puede seguir construyendo, queda mucho por hacer. Falta unión entre los lugares: por un lado está el Ayuntamiento, por otro la Diputación, por otro los espacios autogestionados, por otro los privados, como el Teatro del Soho. Cada vez hay más unión de la que creemos. Como ciudadanía hay comunicación. Sé, por el Soho, que hay mucha comunicación con el Ayuntamiento, con los museos, muchas ganas de colaborar, y también está la Junta de Andalucía. Estamos en un camino de apertura y de comunicarnos todas.

Pero me falta un poquito más de apoyo. La autogestión humilde y las compañías más jóvenes tendrían que estar mucho más en el día a día de lo institucional. Me encantaría que lo institucional y lo autogestionado se conocieran muchísimo más, y ahí siempre estoy a la labor de que eso pase, porque permitiría crecer mucho a la cultura local.

Málaga está llenísima de talento, de ideas increíbles, de proyectos impresionantes. Hay muchísima calidad en muchas disciplinas, y a veces me da pena que el ciudadano no lo disfrute, porque se queda en algo más endogámico, por la infraestructura que necesitamos los artistas. Hay una pechá de talento en la música de todas las clases, en las artes escénicas, en la danza, en las artes gráficas, en el arte clásico. Me da pena que no haya una infraestructura potente para que Málaga se culturice cada vez más y sienta la cultura como un lugar de ocio. Esa es nuestra asignatura pendiente: que lo cultural, de calidad y de riesgo, pueda ser una opción de ocio para la ciudad.

Hablas de talento. ¿Sigues de profesora en el taller de teatro de la UMA?

Sí, sigo. Y lo que me pasa con este taller es que va gente que casi ninguna se dedica a las artes escénicas. Se apuntan por la necesidad de experimentar en su cuerpo lo teatral: educadora social, arquitecto, médico, gente que está en la universidad, gente que trabaja en un bar, cirujana... Hay mucha edad jubilada en la cultura, y es un público que nos sostiene de verdad. Apoyar a los amateurs y a quienes eligen la cultura como sostén vital de disfrute y de crecimiento es importante, porque a la vez son personas que nos están sosteniendo como público a muchas. Y a la cultura, y al propio Ayuntamiento, porque imagínate que montaran cosas y no fuera nadie.

Alessandra, en una imagen con el mar de foldo.

Alessandra, en una imagen con el mar de foldo. Violeta Niebla

Llevas al menos diez años, ¿no?

No sé si este año son los 10 o los 11, pero sí, 10 años seguro. Me lo tomo como un lugar que me ancla a lo social, a la parte teatral más social. Además, el precio es muy barato, es algo que te puedes permitir. Para mí eso es importante: que se pueda acceder a eso.

Es fundamental, porque siempre nos hemos quejado de que en su día mucha gente tuvo que salir fuera para estudiar artes escénicas. Ahora tenemos la ESAD, y también la ESAEM, que es de pago, y no todo el mundo puede acceder. Es una manera de democratizar la cultura y el aprendizaje.

Sí, y hay muchas más cosas: escuelas de danza privadas que son muy guais, y en la Diputación hacen talleres de teatro, muchos gratuitos. Hay cosas, pero hay que bucear para descubrirlas.

En una entrevista de 2022 nos decías que no había alternativa a la gentrificación y que nos estábamos vendiendo. Cuatro años después la cosa no ha mejorado: el problema de la vivienda sigue ahí, los pisos turísticos también. ¿Cómo ves la situación?

Desesperante. Una cosa desesperante. La gente muy rica no tendrá este problema, pero todo el mundo tiene alrededor a alguien con problemas de vivienda, gente que quiere emanciparse y no puede. Es muy agonizante, no se entiende. No sé si esto va a explotar.

Y muy triste, porque en estos 20 años de crecimiento hacia un único lugar, el turismo, si de repente vieras Málaga con infraestructuras para la ciudadanía tan potentes como un bosque urbano al lado de Huelin, reventado, perfectísimo, a tope de árboles, una diría "bueno, venga, se entiende". Pero es que no pasa nada. Todo parece ir hacia el mismo lugar. No lo entiendo.

Lo que pido a quienes gobiernan la ciudad es coherencia con lo que un día dijeron: que el crecimiento de Málaga fuera hacia todas las direcciones, no hacia una sola. No puede ser, porque creo que va a explotar de una manera fea.

En esta sección hay una pregunta estrella: si fueras alcaldesa de Málaga por un día, ¿por dónde empezarías?

No me movería del despacho. Cogería todos los documentos que necesitan mi firma y me quedaría en el despachito chiquitito, tranquila. Empezaría a firmar papeles con mi firma de alcaldesa para que todo empezara a cambiar. ¿El bosque urbano? Firmo. ¿Poner fin a los pisos turísticos? Firmo. Me quedaría sola, y el bolígrafo se quedaría sin tinta. Eso haría.

Pero si tuvieras que firmar un primer papel, ¿de qué sería? ¿En qué problemática te centrarías primero?

Primero, que no haya ningún piso turístico más. Y la Casa Invisible, por favor: que pueda generar cultura y sea un lugar social para la poca comunidad que queda en el centro, para la juventud, para todo. Que se quede con todos los papeles y todo en regla. Pondría que el Ayuntamiento aporte dinero para arreglar esa estructura.

Al revés, seríamos súper orgullosas de meter allí vida, de meter cosas que hagan falta, y de que empiece a tener una programación potente, tranquila, gustosa, que siga con su labor social. Lo celebraría muchísimo, y en feria iría allí a tomarme una cerveza y me apuntaría a algún taller que tuvieran.

Lo de la Casa Invisible es muy fuerte y enlaza con lo de los lugares turísticos, porque es un ejemplo de lo que la sociedad malagueña necesita: lugares de crecimiento, de confort, de bienestar. Lugares en los que te sientas aceptada, no lugares en los que sientas que no perteneces. Eso me da un dolor muy grande. ¿Cómo podemos llegar a sentir que no pertenecemos a nuestra propia ciudad? Es muy doloroso.

Hace prácticamente unos días me llegó un mensaje de una persona que decía que había sido despedida de su trabajo por ser suplantada por una inteligencia artificial. Quería preguntarte tu opinión al respecto hacia la cultura. ¿Crees que la IA puede acabar entreteniéndonos hasta el punto pues, no sé, de hacer una obra o crees que lo orgánico acaba siendo irremplazable? Porque la cultura en ese sentido pues es muy orgánica. No sé, ¿cómo lo ves tú en ese plano?

Yo creo que es una herramienta que nos puede ayudar, pero también la siento tan hortera... Me parece tan hortera porque realmente no tiene alma. Creo que las personas que tienen sensibilidad siempre buscarán algo que las atraviese, que las toquen.

Esa es la idea de la cultura: que tú veas un cuadro y que te atraviese, que leas un libro y que te haga reflexionar. Entonces creo que lo que le pasa a la IA por ahora es que hay una barrera artificial, hay un plástico que no te deja emocionarte. A mí me da esa sensación. Y luego creo que estamos cada vez más desconectadas unas de otras, que haya gente trabajando cada día en el pensamiento de conectarnos, creo que eso no lo puede reemplazar una IA.

Porque eso es lo que hacemos los creadores, ¿no? Y la gente que se dedica a las creatividades lo que está intentando es conectar unas personas con otras, sea de un punto o de otro. Y entonces es como... Uf. La verdad es que creo que todavía seguimos ganando. Me da miedo, pero por ahora yo creo que ganamos.

Para acabar, ¿qué reto o sueño te queda por cumplir? ¿Hay algo que tú digas: "Pues mira, tengo esto en mente y todavía no lo he hecho y me gustaría hacerlo"?

Hay un montón. Lo que me queda por hacer es conseguir que todas las creaciones que están por venir tengan infraestructura para poder realizarlas. Ese es mi sueño: que todo lo que me venga a la cabeza pueda tener una infraestructura de tiempo, económica y de permisos para hacerlo. Me quedan muchas, ya lo sé, porque el problema no son las ideas, que aquí las hay a borbotones. La cuestión es poder seguir teniendo infraestructura.

Por eso celebro mucho que el Teatro del Soho, que CaixaBank, me dé esta oportunidad de estar de residente un año entero, de tener una sala para pensar, reflexionar, habitarla, compartir, traer a gente... Es preciosísimo, súper generoso. Y que se pueda abrir programación con una obra de una creadora malagueña que hace este tipo de teatro dice mucho del Soho y de su apertura hacia la responsabilidad de escuchar a nuevas creadoras. No me queda otra que gratitud hacia el teatro, y esperar estar a la altura.

Eso es lo que más me preocupa: que me digan que sí, que está bien.

El síndrome de la impostora a veces nos come, ¿no? El decir: "Madre mía, que me digan que todo va bien"

Claro, estar pendiente de que estén contentos. Eso para mí es muy importante. Vengo de la clase obrera y siempre tengo esa cosa de que estén contentos contigo en el trabajo. Siempre me decían eso en mi familia. Alessandra, que no haya problemas y estén contentos contigo. Eso me lo han enseñado mis abuelas, mis tías, mis primas, mi padres, mi todo. Entonces si el mundo está contento, yo también.