Un montaje con algunas de las armas usadas estos meses y escenarios donde ocurrieron asesinatos machistas a puñaladas.
Málaga vive un 2026 marcado por los apuñalamientos: "Los cuchillos son baratos y dificultan la investigación"
El goteo incesante de agresiones destapa el auge del porte preventivo de armas blancas, el impacto del miedo en las redes y el desfase de las plantillas policiales.
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2026 se está convirtiendo en un año marcado por los apuñalamientos en el ámbito delictivo de Málaga. Desde enero, el goteo de heridos y muertos por arma blanca no ha dado tregua en la capital ni en el resto de la provincia, especialmente en la Costa del Sol.
Navajas, cuchillos de cocina, machetes e incluso unas tijeras se han colado en robos, reyertas y ataques por la espalda, siendo principales protagonistas también en los asesinatos en el contexto de la violencia de género.
El verano, además, ha elevado el tono de esta circunstancia. Solo en agosto, la provincia ha sumado tres muertes por arma blanca en apenas días, una en Mijas, otra en San Pedro de Alcántara y otra en Estepona. A ese recuento de lo que va de año se añaden varios intentos de homicidio, cortes en el rostro y asaltos que empezaron como simples hurtos y terminaron con la víctima herida.
La Feria, que Málaga despidió este sábado, ha sido el último capítulo de esta serie tan problemática dejando un apuñalamiento grave. Un feriante de 29 años que regentaba un puesto de cócteles en la zona de las atracciones, junto a la noria, habría atacado con un machete a un joven de 23 que había intentado ligar con su pareja, motivo por el que ha entrado en prisión. Otro joven, además, ha resultado herido tras ser rajado con una botella rota utilizada como arma improvisada.
Enrique Picarzo, secretario provincial en Málaga de JUPOL (Justicia Policial), respalda este repunte del uso de armas blancas.
El policía sostiene que el porte de navajas, cuchillos y machetes se ha disparado en la provincia y que las agresiones son cada vez más frecuentes.
La explicación que ofrece parte de una distinción clave: habla de inseguridad objetiva, la de los hechos que se producen, y de inseguridad subjetiva, la percepción que se instala en el vecindario. Las dos, dice, van al alza y se alimentan mutuamente.
Así, cree que se ha producido un cambio en la propia naturaleza de los delitos. Sostiene que los clásicos hurtos a pie de calle, "hoy ya no son hurtos, ya son robos con violencia prácticamente todos". Explica que, cuando el autor es interceptado en pleno robo, se encara con la víctima en lugar de salir corriendo.
De este modo, el arrebato de un móvil, una cartera o un reloj termina derivando en una agresión, muchas de ellas a punta de navaja o con una cuchillada.
En ese contexto sitúa el auge del porte preventivo de armas. Explica que hay quien "porta un arma blanca", desde "una navajita" o "un cuchillito" hasta "machetes", porque ven que "el que se queda atrás es el que no lleva un arma".
Asegura que "la gente ve lo que pasa y no se quiere quedar atrás". Compara la dinámica con la de "Nueva York y demás", donde el dilema pasa a ser "o salgo con algo para poder protegerme o al final el que sale apuñalado y sale siendo víctima soy yo".
"¿Que yo lo apruebo? No, no lo apruebo, evidentemente", reconoce; pero insiste en que no puede "decirle a una persona que se sienta segura con lo que se está viendo día a día".
Picarzo insiste además en la influencia directa de las redes sociales en este clima. Advierte que basta con abrir "cualquier red social, Instagram, Facebook y demás" y echar "un ojo a lo que pasa en Málaga, Marbella, Fuengirola, Estepona" para comprobarlo, en perfiles como Marbella se queja o Fuengirola se queja.
Señala que en todas esas páginas donde la ciudadanía comparte hechos delictivos no dejan de proliferar "robos de relojes", "robos con violencia" o agresiones.
Según su análisis, esta constante exposición a lo que ocurre jornada a jornada en redes sociales realimenta la sensación de inseguridad y empuja directamente a que más personas decidan armarse para no quedarse desprotegidas.
Picarzo pide cautela al analizar las cifras absolutas y reconoce que parte del incremento en las actas de intervención se explica por un mayor despliegue policial y, con él, por un aumento de las identificaciones. Pese a ello, sostiene que el repunte delictivo es real y que la tendencia ya viene al alza desde el pasado año.
"En el Centro de Málaga actualmente no hay una sola noche en la que no haya varios robos con violencia, y te lo digo muy claro y no miento, de subsaharianos, argelinos... Es que es así. O sea, extranjeros principalmente, que cuando salen de los locales, que salen un poco alterados por el consumo de sustancias estupefacientes o alcohol, se aprovechan de esas circunstancias y les meten auténticas palizas a víctimas para robarles el móvil, la cartera o lo que sea, pero auténticas palizas", sostiene.
Un rosario de casos en meses
Los últimos meses ofrecen una sucesión de episodios que respaldan esa percepción. Y no son los únicos ocurridos: son tan solo algunos de los que han trascendido en los medios de comunicación.
A finales de mayo, un hombre de 27 años apuñaló con un cuchillo de cocina a otro para robarle el patinete en el Distrito Norte de la capital.
La víctima necesitó 12 puntos de sutura. El agresor huyó y dejó atrás el arma y unas muletas que resultaron clave para identificarlo.
El 24 de junio, en la calle Cristo de la Epidemia, otro intento de robo derivó en una agresión sangrienta. Un hombre de 45 años estaba sentado en un banco cuando alguien lo sujetó por el cuello desde atrás y le practicó un corte de 18 centímetros en la cara y el cuello con un objeto punzante. Eran las 23:30 horas y la víctima estaba a punto de ir a trabajar.
Minutos antes, el mismo individuo habría intentado arrancarle de un tirón una cadena de oro a una mujer que paseaba por la zona, robo que el marido de esta logró frustrar. La Policía Nacional detuvo días después a un joven de 26 años como el presunto autor de los hechos.
Sobre él pesaba un antecedente casi idéntico en Alicante, donde en febrero habría rajado el rostro a otra persona con una cuchilla de afeitar.
El ataque dejó una profunda huella psicológica en el afectado. La hermana de la víctima contó a este periódico que su hermano apenas salía de casa desde entonces. Aseguró que estaba "muy hundido" y lo describió como un hombre "noble, sencillo, más bueno que el pan".
Dos días después, en Cruz de Humilladero, un joven de 28 años asestó presuntamente seis puñaladas con unas tijeras a un hombre de 36 para quitarle el móvil y 70 euros. La madre de la víctima resultó herida en un brazo cuando trató de socorrer a su hijo. Fuentes consultadas explicaron a este periódico que todo sucedió en un contexto de tráfico de drogas.
A principios de junio, seis personas fueron detenidas por su relación con el apuñalamiento de un joven de 25 años en la Alameda de Colón, en pleno Centro de Málaga. Víctima y autores se conocían por mantener un litigio jurídico de naturaleza violenta.
El 8 de junio, un camarero de 19 años que llevaba apenas un mes trabajando en un restaurante del Centro recibió tres puñaladas por la espalda mientras atendía. En aquella zona, otros trabajadores confesaron a este periódico su temor por la escalada de violencia en la ciudad.
Uno de ellos llegó a manifestar que "parece que vayamos a tener que trabajar con pistolas, nunca se sabe a quién te vas a encontrar".
El goteo continuó en pleno verano. El 14 de julio, a plena luz del día, un hombre fue apuñalado en el tórax en La Malagueta tras perseguir al ladrón que le robó su bolso en la playa. Horas después, ya de madrugada, otro varón de 29 años resultaba herido en la calle Comedias en una pelea a la salida de una discoteca, registrando dos incidentes con arma blanca en menos de 24 horas.
El 31 de julio, en la calle Actriz Rosario Pino, un hombre de 40 años se marchó del lugar tras una discusión y regresó 10 minutos después con un cuchillo de cocina de 19 centímetros, apuñalando por la espalda a un varón de 48 años que acabó en la UCI. La Policía Local lo detuvo por tentativa de asesinato.
El mes de agosto se ha saldado además con varias muertes en pocos días. El 11 de agosto, un joven de 25 años murió tras ser apuñalado en una vivienda de Mijas. El fallecido, con un amplio historial delictivo, se había atrincherado dos veces en su casa en los últimos años y se encontraba en silla de ruedas tras sobrevivir a un tiroteo en 2022.
Una semana después, el 18 de agosto, otro hombre de 37 años falleció al recibir una puñalada en el tórax, presuntamente a manos de su compañero de piso en Estepona, quien ya se encuentra en prisión.
Un recurso fácil
El recurso cada vez mayor de las armas blancas se explica, según otras fuentes policiales consultadas, por una combinación letal de "accesibilidad, impunidad inicial y letalidad inmediata". A diferencia de las armas de fuego, sometidas a rigurosos controles, licencias y trazabilidad balística, cuchillos, navajas o machetes son objetos de venta libre, baratísimos y presentes en cualquier hogar, lo que elimina cualquier barrera de entrada para el agresor.
Su fácil ocultación en la ropa dificulta la detección en la vía pública y, en el ámbito doméstico, los convierte en el "arma de oportunidad" perfecta ante arrebatos impulsivos. Esa inmediatez, sumada a un régimen penal que castiga su simple porte como una mera infracción administrativa y a una peligrosa escalada callejera donde la intimidación deriva rápido en ataque, ha consolidado al cuchillo como la herramienta más accesible, silenciosa y mortífera al alcance de cualquiera.
A la facilidad para hacerse con una navaja o un cuchillo de cocina se suma un factor técnico decisivo: la impunidad que ofrece en la investigación policial. Enrique Picarzo explica que, a diferencia de lo que ocurre con las pistolas, las armas cortantes carecen de trazabilidad. "Un disparo deja un casquillo o un proyectil que permite identificar la pistola empleada y vincularla directamente con el autor", expresa.
Sin embargo, en el caso de las hojas de metal la evidencia científica se diluye rápidamente: "Un arma blanca no deja esas marcas ni pautas para abrir una investigación. Encuentras el arma y, como vaya con guantes, ya no te ha dejado absolutamente nada que vincule, a no ser que se la encuentres encima".
Esta capacidad de volverse anónimas explica también por qué los delincuentes se deshacen de ellas sin reparar en costes. El representante de JUPOL subraya que un arma de fuego es un bien preciado en el mercado negro del que los criminales no suelen desprenderse con facilidad, lo que permite a los investigadores asociar un mismo revólver a "cinco o seis hechos delictivos" cuando se incauta en un registro.
Con las armas blancas, en cambio, la dinámica es de usar y tirar. "Un cuchillo lo utilizan, lo tiran, se cogen otro en cualquier sitio y no lo vas a poder vincular absolutamente con ninguna persona", concluyó el agente, remarcando que esa falta de rastro convierte al cuchillo en la herramienta predilecta para delinquir de forma rápida y sin dejar huellas.
El arma blanca cruza al ámbito privado: la lacra machista
El auge de este tipo de armas no se limita a la delincuencia o a las disputas en la vía pública. Atraviesa de lleno, también, la lacra de la violencia machista y familiar, convirtiéndose en el método letal más recurrente dentro del hogar. En lo que va de 2026, varios de los feminicidios de la provincia se han perpetrado con cuchillos.
El 24 de enero, Victoria Hart, de 33 años, fue asesinada presuntamente por su expareja a puñaladas, precisamente, con un cuchillo de cocina en su vivienda de Alhaurín el Grande. Todo ocurrió delante de sus hijos menores de edad. Fue el mayor, de 11 años, quien alertó a los vecinos.
El presunto autor se entregó horas después en la prisión de Alhaurín de la Torre. El caso destapó además fallos en el sistema: Victoria lo había denunciado en repetidas ocasiones e incluso existía una condena por quebrantamiento de condena cuyo ingreso en prisión había sido suspendido.
El 7 de julio, en Las Lagunas de Mijas, un hombre mató a puñaladas a su pareja, Mari (61 años), y a la hija de esta, Patricia (31 años), utilizando un cuchillo de grandes dimensiones antes de rociar los cuerpos con combustible para prenderles fuego.
Días más tarde, el 20 de julio, Antequera despedía a María, de 30 años, presuntamente asesinada a puñaladas por el padre de sus hijos, quien se suicidó lanzándose desde la muralla de la Alcazaba. La pareja figuraba en el sistema VioGén desde 2023.
En ese mismo mes, Melinda, de 45 años, apareció muerta con un corte en el cuello en Benahavís a manos de su expareja. El 10 de agosto se sumó el caso de Franyel, de 35 años, asesinada a puñaladas en San Pedro de Alcántara.
Este último caso no ha entrado en la estadística oficial de violencia de género porque la víctima se encontraba realizando las gestiones documentales para figurar como mujer en España y los trámites no habían concluido, un detalle administrativo que ha provocado la repulsa de asociaciones como la Asociación Trans de Andalucía-Sylvia Rivera (ATA).
La violencia con arma blanca se ha extendido igualmente al ámbito familiar. El 4 de abril, en el barrio de Las Castañetas, un hombre echó abajo la puerta de una vivienda con el rostro tapado y atacó con un machete a los padres de su expareja.
Asimismo, en enero, Fuengirola se conmocionó con el parricidio de Los Boliches, donde un joven mató a su padre e hirió de gravedad a su madre antes de quitarse la vida.
El frente sindical: plantillas obsoletas y agotamiento
Más allá de la respuesta en la calle, la crítica del representante sindical apunta a la gestión del sistema policial. Según denuncia, el marco operativo sobre el que trabajan está completamente desfasado: "El catálogo de puestos es del 2015" y no se ha actualizado en más de una década, una carencia estructural que se repite "en Málaga y en toda España, en todas las plantillas".
Un desfase crítico si se tiene en cuenta que desde entonces la provincia ha registrado un claro "incremento de población" y un aumento del turismo "exagerado desde el año del COVID". La ecuación no cuadra: "Los policías seguimos siendo los mismos" y la mayoría de las plantillas no tienen esos catálogos "cubiertos al 100%".
Esta falta de personal la terminan amortiguando las plantillas. Para sostener dispositivos extraordinarios como el de la Feria, las fuerzas de seguridad no reciben refuerzos estructurales: "Los policías no tienen los descansos que tienen que tener, están doblando turno" y "renunciando a vacaciones".
Una dinámica de sobreesfuerzo que salpica a la efectividad del servicio, pues advierte de que "no produce lo mismo un trabajador cuando está descansado y va con ganas a su trabajo que cuando está totalmente desmotivado" tras ver cómo no hacen más que "recortarle derechos" y "recortarle horas".
Es el trasfondo de una falta de medios que el sindicalista resume con rotundidad: "Esta es la realidad de nuestra Málaga". La dimensión real del fenómeno durante los festejos la determinará el balance oficial que publiquen la Policía Local y la Policía Nacional, cuando las cifras confirmen si las intervenciones de armas blancas han vuelto a sobrepasar el registro del año anterior.