Simón y Patricia, los antiguos quiosqueros de Conde de Casal.

Simón y Patricia, los antiguos quiosqueros de Conde de Casal. Mar León

Sociedad

La vida de Simón y Patricia tras cerrar su quiosco por las obras de Metro de Conde Casal: arruinados y sin ayudas

Han pasado casi cinco meses desde que se reunieron con la presidenta de la Comunidad, Díaz Ayuso, y siguen esperanzados por que les den soluciones.

Más información: Ayuso llama a Simón, el último quiosquero de Conde de Casal: cierra este domingo por las obras de Metro.

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Las claves

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Simón y Patricia cerraron su quiosco en Conde de Casal tras las obras de ampliación del Metro, quedando en una situación económica muy vulnerable.

La familia no ha recibido indemnizaciones ni ayudas efectivas, debido a la burocracia y a que, al cerrar el negocio y dejar de ser autónomos, no cumplen los requisitos actuales.

Simón sobrevive con una pensión baja y siguen pagando costes fijos del quiosco cerrado, mientras su hijo Jonathan busca empleo sin éxito.

El cierre del quiosco es parte de un impacto mayor en el barrio, donde otros comercios también han tenido que cerrar por las obras.

"Nos dijeron [de la Comunidad de Madrid] que nos iban a resolver los problemas y nos están mareando la perdiz. Si no nos van a ayudar, que nos lo digan".

Con estas palabras, Simón, de 70 años, resume la incertidumbre que atraviesa su familia desde que, el pasado 30 de noviembre, se vieron obligados a cerrar definitivamente 'El Trébol de la Suerte', el quiosco que regentaron durante una década en Conde de Casal.

El cierre fue la culminación de un proceso largo y difícil tras el inicio de las obras de ampliación de la Línea 11 de Metro. Un proceso que, lejos de cerrarse con su marcha, ha dejado a Simón, a su mujer Patricia y a su hijo Jonathan en una situación económica de vulnerabilidad extrema.

El quiosco (izquierda) en la calle cortada por las obras en una foto tomada esta semana.

El quiosco (izquierda) en la calle cortada por las obras en una foto tomada esta semana. Cedida

Tras haber agotado todas las vías administrativas posibles y haber solicitado audiencia a diversas instituciones (pidieron ayuda hasta al Rey), la familia depositó su esperanza en la reunión que mantuvieron el pasado 3 de diciembre con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y parte de su equipo.

Un laberinto de derivaciones

Aquel encuentro fue percibido por la familia como un punto de inflexión. Durante la reunión, se expusieron los daños sufridos y la imposibilidad de mantener el negocio, planteando la necesidad de una indemnización y una solución ante la carga que suponen los gastos fijos de un quiosco que ya no tiene actividad.

Sin embargo, cuatro meses y medio después, la realidad es que el matrimonio se siente en un callejón sin salida. "Ayuso nos dijo que tenía un montón de ideas para ayudarnos y seguimos sin una solución a nuestros problemas", recuerda el antiguo quiosquero.

La familia relata que, en lugar de avances concretos, se han encontrado con un complejo proceso de derivaciones. "Nos derivan de una consejería a otra y no logramos obtener novedades claras", explican.

Tras preguntar este diario por el seguimiento de la reunión, fuentes de la Consejería de Economía y Hacienda informan de que "está en manos de los orientadores del Servicio Público de Empleo, que están trabajando con él para que pueda acceder a un empleo acorde a su perfil y formación", refiriéndose a la situación de desempleo del hijo del quiosquero.

Además, informan desde la Comunidad que han ampliado el plazo y el perímetro de afectación de las ayudas a los comercios afectados por las obras en las infraestructuras públicas de Metro, que se han incrementado en un 44% y "se encuentran actualmente en fase de tramitación". Pero los tres quiosqueros, al haber cerrado su negocio y haber dejado de ser autónomos, no pueden acceder a ellas.

Una economía familiar al límite

El impacto de esta demora es profundo. Simón ha tenido que jubilarse con una pensión muy por debajo del sueldo mínimo de jubilación en España. "Sobrevivimos con ahorros y mi pequeña pensión para llegar a fin de mes".

Pero eso no les exime de cubrir los costes obligatorios del quiosco hasta 2029. como el seguro obligatorio, el suministro eléctrico y el canon anual de casi 1.000 euros, a pesar de que el negocio lleva meses cerrado.

Por su parte, Patricia, de 68 años, se encuentra en una situación administrativa compleja al no cumplir los requisitos para la jubilación ni para las ayudas específicas para amas de casa, mientras que su hijo Jonathan, quien trabajaba en el quiosco como autónomo, ha buscado alternativas en el Servicio Público de Empleo sin éxito hasta la fecha.

La familia subraya que el perjuicio no es solo económico, sino también psicológico desde que bajaron la persiana. Aquel fue también el escenario de otros cierres comerciales en la zona (una panadería y tienda de ropa), una muestra del impacto que las obras han tenido en el tejido económico del barrio de Conde de Casal.

Mientras tanto, la familia continúa con la esperanza de que el compromiso adquirido en diciembre se traduzca en una gestión eficaz que les permita dejar atrás esta etapa de incertidumbre y vulnerabilidad extrema.