Padre e hijo, Luis Fernández-Vega y Luis Fernández-Vega Cueto-Felgueroso, en una consulta de su Instituto Oftalmológico Fernández-Vega de Madrid. El Español
La familia Fernández-Vega tiene la mejor clínica de oftalmología de España: "Las cataratas salen por unos 3.000 euros cada ojo"
El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega tiene por quinto año consecutivo la mejor reputación de España, según el estudio Monitor de Reputación Sanitaria.
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Hay historias familiares que se heredan como una joya. Y luego están las que se heredan como una vocación. En el caso de los Fernández-Vega, formada por cinco generaciones de oftalmólogos, todo empezó —según la leyenda familiar— con el bisaubuelo Adolfo subido a un caballo, al borde del precipicio por una niebla espesa en la Asturias de finales del siglo XIX.
"Era médico rural", cuenta Luis Fernández-Vega, catedrático y presidente del Instituto oftalmológico Fernández-Vega, a quien todo el mundo llama 'profesor', al tratarse de una eminencia de la medicina.
"Venía de atender pacientes por la zona de Piloña cuando el caballo se paró en seco ante un precipicio que él no había visto. Aquello le hizo pensar: "'Qué importante es la vista'. Y decidió especializarse en oftalmología", añade su hijo, Luis Fernández-Vega Cueto-Felgueroso, en una entrevista conjunta con EL ESPAÑOL en su clínica de Madrid.
Padre e hijo, Luis Fernández-Vega y Luis Fernández-Vega Cueto-Felgueroso, frente al Instituto Oftalmológico Fernández-Vega de Madrid. El Español
Desde entonces han pasado 140 años, cinco generaciones y nueve oftalmólogos de la misma familia trabajando juntos. Hoy, el Instituto —con sede principal en Oviedo y clínica en Madrid desde 2009— es, por quinto año consecutivo, el centro cien por cien privado de oftalmología con mejor reputación de España, según el estudio Monitor de Reputación Sanitaria (Merco). Y en la capital, donde atienden a unos 25.000 pacientes al año, el apellido Fernández-Vega se ha convertido en sinónimo de excelencia.
Podría pensarse que crecer en una saga médica imprime carácter… o presión. Pero ninguno de los dos lo vivió así. "Yo nunca tuve esa presión", recuerda el padre. "Veía a mi padre volver tardísimo, pero siempre con una sonrisa. Pensé que ser oftalmólogo debía de ser una profesión muy bonita".
Sus hijos siguieron sus pasos, como es el caso de Luis, especializado en córnea, cirugía refractiva y cataratas: "En el momento que dejamos de querer ser futbolistas (risas), siempre quisimos ser médicos. Si haces algo que no te gusta, no aguantas. Y ninguno hemos querido volver atrás".
En total, nueve oftalmólogos de la familia —más una anestesista— trabajan hoy bajo el mismo proyecto. Cada uno experto en una parte distinta del ojo. "Mide 23 milímetros —explica Luis hijo con precisión quirúrgica—. Y cada uno de nosotros hace cuatro o cinco milímetros. Imagínate cómo de súper especializado está hoy en día. La generación anterior ya lo estuvo, pero las anteriores no".
Esa organización milimétrica es, probablemente, una de las claves del éxito. El paciente que cruza la puerta sabe que, tenga lo que tenga, será visto por un subespecialista. Y, si es necesario, por varios… el mismo día.
"El 70% de los pacientes que van a Oviedo vienen de fuera de Asturias", apunta. "Y muchos agradecen que podamos hacer todas las pruebas y valoraciones en una sola jornada. Incluso detectamos problemas que no sabían que tenían". Fue por esto por lo que decidieron abrir una segunda sede en la capital de España.
Cuando en 1997 dieron el salto al gran centro de Oviedo —18.000 metros cuadrados frente a los casi 4.000 de Madrid— lo hicieron con una idea poco habitual en la medicina privada: integrar asistencia clínica, docencia e investigación.
"Esto no lo hicimos para ganar dinero", afirma Luis padre con rotundidad. "La investigación básica era para resolver los problemas reales de los pacientes. No da rédito económico, al contrario. Pero investigar hoy es curar mañana".
El profesor Luis Fernández-Vega durante la entrevista. El Español
El Instituto de Oviedo cuenta con cuatro laboratorios y tres líneas de investigación punteras en superficie ocular, neuroprotección y glaucoma, muchas vinculadas a nutrición y en colaboración con organismos como el CSIC. "Es lo que nos diferencia de todas las clínicas", cuentan los Fernández-Vega, que también tienen una fundación benéfica con la que realizan operaciones en países subdesarrollados.
Sin ir más lejos, han firmado recientemente una alianza internacional con el Tecnológico de Monterrey y el Karolinska Institutet, bajo el lema: "Donde la investigación se convierte en salud".
"Cuando traes a un oftalmólogo extranjero", añade el hijo, "se queda impresionado con los quirófanos, las consultas de nuestro centro... Pero al día siguiente lo que más comenta es la zona de investigación".
No es casualidad. En los últimos años han sido pioneros en implantar endotelios artificiales —la capa posterior de la córnea— en casos complejos. "Estamos teniendo muy buenos resultados y lo estamos presentando contiuamente en congresos internacionales", explican.
Aun así, la operación más habitual son las cataratas junto a la presbicia, que tiene un precio de unos 3.000 euros cada ojo, seguido de ciruguías para eliminar la miopía por láser, con lente intraocular, astigmatismo, hipermetropía... "Aunque operamos de todo: glaucoma, trasplantes de córnea, retina, oculoplastia, estética ocular", ejemplifican.
Pero si algo repiten padre e hijo es que la tecnología, por sí sola, no basta. "Mi abuelo diseñó un 'fármaco' muy especial", sonríe el más jóven. "Lo llamaba 'CICACOA': Ciencia, Cariño, Comprensión y Ánimo. Decía que cada paciente necesita una dosis distinta de cada cosa".
Luis Fernández-Vega Cueto-Felgueroso en los pasillos de la clínica. El Español
Hoy a esa fórmula le han añadido una T de Tecnología. Pero el espíritu es el mismo. "El paciente es lo primero", insiste el padre. "Riesgo cero no existe, pero si hay una complicación, tenemos capacidad para resolverla en el momento".
La oftalmología —recuerdan— ha avanzado hasta límites impensables: trasplantes lamelares, cirugía refractiva personalizada, lentes distintas incluso para dos hermanos con el mismo diagnóstico. Sin embargo, aún hay una frontera infranqueable.
"El ojo es como una bombilla", explica el catedrático. "Podemos cambiar el cristal, el fusible… pero si el cable está cortado, no lucirá. Ese cable es el nervio óptico. Ahí está hoy nuestra frontera".
La clínica madrileña nació para facilitar revisiones y seguimiento a los miles de pacientes que viajaban desde toda España y ya se les ha quedado pequeña. Al igual que la de Oviedo, que están ampliando 3.000 metros más.
El catedrático Fernández-Vega en la entrevista. El Español
Cinco generaciones después de aquel caballo que se detuvo ante la niebla, los Fernández-Vega siguen mirando más lejos que nadie. Miran al futuro con inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y al intraoperatorio. Y en Madrid, donde la competencia médica es feroz, han conseguido que su apellido sea visto como una garantía de confianza.