De izquierda a derecha: Coque, Gisme, Martín y Santi.

De izquierda a derecha: Coque, Gisme, Martín y Santi.

Ocio

Ultraligera: "Prohibir las drogas no ha funcionado. La gente las toma, y mal. Te meten mierda y no sabes lo que consumes"

"El músico tiende a ser quejica, pero somos como cualquier obrero que trabaja de ocho a ocho" // "El indie con las temáticas de las estrellas y los campos de energía nos aburre a nosotros y cada vez a más gente"

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Las claves

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Ultraligera defiende que la prohibición de las drogas no ha funcionado y aboga por una mayor información y experimentación responsable.

El grupo se consolida como una de las bandas con más proyección del rock nacional, llenando siete veces La Riviera con su primer disco.

Critican la corrección política en la industria musical y se posicionan a favor de la música en directo y orgánica, alejándose de espectáculos prefabricados.

Ultraligera expresa su deseo de abrir el debate sobre la legalización de sustancias como la marihuana y apuesta por la responsabilidad y la conciencia en el consumo.

Parque del Oeste. 13:00 horas. Hace calor, más del que se podría esperar a mediados de abril. Martín, el batería, es el primero en llegar al lugar elegido por Ultraligera para esta entrevista con EL ESPAÑOL: el monumento al general José Gervasio Artigas. Se recoge el pelo, busca un banco a la sombra y espera la llegada del resto. Paradójicamente, él fue el último en incorporarse a la banda. Gallego —aunque con descendencia argentina— llevaba tocando “toda la vida” por su tierra. Pero decidió dar el salto y echarse en brazos del sueño madrileño.

Más arriba, junto a la parada del autobús, Santi, el bajista, se fuma un ‘piti’. Espera tranquilo. “Ya ha empezado lo bueno”, reconoce, en referencia al comienzo de gira, que los ha llevado de momento a dos festivales. Lleva toda la vida en Madrid —aunque por parte de padre su familia venga del País Vasco—. Conoció a Coque y a Gisme “en lo último que estudió” en el instituto.

Los dos últimos llegan juntos. Han estado en otra entrevista. Coque, guitarra, socio del Real Madrid desde que tenía cuatro años, zamorano por parte de madre, siempre quiso tener una banda de rock. Ese era su sueño: entrar en los bajos de Argüelles y que lo que sonara fuera su grupo. Conoce “a los chavales desde que era adolescente”. Su única pretensión, llegados a este punto, es seguir afianzándose, evitar el sprint y firmar una carrera larga.

Gisme, la voz, lo acompaña. “Nos perdemos por aquí”, anima, en busca de los recovecos que ofrece el Parque del Oeste. Es el más “nómada” de todos. En los últimos ocho meses ha cambiado cinco veces de casa. “He vivido en el centro, en Ávila, a las afueras, en Villalba... No encuentro mi lugar. Me divierte eso”, confiesa. Ha perdido el miedo a las mudanzas, al acumular por acumular. “Justo en el momento en el que mejor nos ha ido es cuando he decidido tener menos cosas: unos cuantos libros, un par de maletas...”. Y ya está.

Ellos son Ultraligera, probablemente el grupo con más proyección del rock nacional. Capaces de llenar siete Rivieras con su primer disco Pelo de foca —los únicos en hacerlo— o de sumar al menos 29 fechas anunciadas —entre ellas, el festival Río Babel en Madrid— para este verano con su gira. Ahora, con dos nuevos singles, Lapsus —que también da nombre a su segundo disco— y Cuando todo vaya mal, atienden a EL ESPAÑOL sentados bajo un árbol, como si volviéramos a ser adolescentes y acudiéramos con unos ‘litros’ y unos ‘pitis’ a solucionar el mundo. ¿Hay mejor plan?

P.—¿Por qué hemos venido al Parque del Oeste?

Coque.—A fumarnos un porro (risas).

Gisme.— Como antes, que veníamos aquí y tocábamos nuestras primeras canciones y fumábamos marihuana y sentíamos que la vida era algo absolutamente increíble y creíamos que estábamos a las puertas de la verdad.

Nosotros somos de la A-6. Hemos vivido por los alrededores de Majadahonda —ahora en Villalba— y este era el punto para venir a los bajos de Argüelles y pegarnos una buena fiesta. Pero antes estábamos en este parque con nuestras guitarras y nos quedábamos hablando de la música, de la vida y componiendo. Por eso nos gusta.

Y luego había un bus, que llamábamos el bus del perdedor y que salía a las 5. Si lo perdías, luego te tenías que ir en el de las 6:30 y dabas una vuelta por toda la sierra mientras ibas reventado y con lo peor de cada casa. Aquí se plantó la semilla de lo que somos ahora.

De izquierda a derecha: Martín, Coque, Gisme y Santi.

De izquierda a derecha: Martín, Coque, Gisme y Santi.

P.—¿Ya no queda nada de los bajos de Argüelles?

Coque.—Estuvimos hace poco y queda algún garito. De uno nos echaron con 16 años y todavía se siguen acordando a día de hoy. Pasaban los años, volvíamos con otras pintas, pero estaba el mismo puerta y no nos dejaba entrar.

P.—Cuéntenme, ¿cómo surge Ultraligera?

Coque.—Nos conocimos de adolescentes en nuestro barrio y queríamos montar un grupo. Pasamos por algunos proyectos, pero no eran serios. Hasta que conocí a Gisme y a Santi y empezamos a tocar. Desde entonces, no hemos parado. Hemos pasado por varias etapas, pero nunca nos hemos separado. Luego llegó Martín cuando decidimos crear un proyecto algo más serio. Y hasta ahora.

P.—Llenan siete veces La Riviera con su primer disco, algo que no había hecho nadie hasta la fecha. ¿Está preparado alguien para un subidón tan grande nada más empezar?

Gisme.—Sí, lo estás. Forma parte de nuestras vidas. Y, cuando estás ahí, tienes la energía suficiente para hacerlo y la adrenalina te ayuda. Es tu misión y lo haces. En realidad, nosotros siempre habíamos sentido que era nuestro oficio, así que cuando llega, lo disfrutas.

Coque.—No es como si fuésemos triunfitos que no han tocado nunca. Antes habíamos pasado por todas las salas de Madrid y habíamos subido todos los escalones: Siroco, Sol, la Joy y luego La Riviera y muchos festivales. Y antes de que esto diera dinero tocábamos versiones de rock and roll. Somos gente de escenario y era el proceso natural.

Gisme.—Además, es importante tener conciencia de clase. El músico tiende a ser quejica. Cuando te va mal, es que no te ayuda nadie; y cuando te va bien, que si la exposición y la carga de trabajo. Al final, eres como cualquier obrero o cualquier persona que está trabajando de ocho a ocho y vive con dureza, aunque de forma distinta. A cada uno le tocan sus durezas y te las comes sin quejarte en público. Lo puedes hablar con amigos, pero me da la sensación de que los artistas andan todo el día de queja en queja.

Coque.—Y luego hay que estar agradecidos.

Gisme.—Es que hay muchos que dicen: ‘Ahora tengo que dedicarme mucho a las redes sociales’. ¡Pues bienvenido a tu tiempo! Si no quieres, dedícate a otra cosa.

P.—Aunque en lo musical estuviesen preparados, ¿lo estaban en cuanto a nivel de exposición y todo lo que eso conlleva?

Gisme.—Eso es raro. Ir caminando por la calle y que la gente empiece a susurrar o a mirarte o a pedirte una foto. Eso puede dar pie a alguna situación estresante. Uno a veces se levanta por las mañanas e igual está más vulnerable o tiene una ansiedad de caballo. Pero es parte del curro. Si te jode, quédate en casa o vete a dar un paseo al monte. Es la vida que has elegido.

P.—Tengo la sensación de que del primer al segundo disco han cambiado un poco la estética y en lo musical, apostando —como en Lapsus— por un sonido más rockero. ¿Es así?

Gisme.—Es una evolución natural. Sí que hemos tenido más valentía en cuanto a la dureza de la música y al mensaje. En lo estético no creo que haya un cambio radical.

Y luego nuestra vida ha cambiado. Cuando grabamos Pelo de foca teníamos 23 ó 24 años y ahora tenemos 27. Cinco años después miras la vida con otros ojos, con la adultez y la responsabilidad que conlleva, y con los nuevos retos de tu generación y de tu mundo. A los 23 estás para pillártela todo lo que puedas y salir de fiesta. No te importa nada.

Aunque bueno, tampoco nos importa nada ahora, pero hay cosas con las que hay que ponerse más serio.

P.—Otra sensación que tengo es que al principio parecía que podíais ser otro grupo de indie y, sin embargo, pasado el tiempo, sois más un grupo de rock como lo era Extremoduro, por ejemplo.

Gisme.—Lo puedes poner de titular. Es así. El indie es de lo que se ha bebido. Ha sido una escena alternativa que tiene sus formas y que ha aportado mucho a España, pero para mí se ha acabado el indie. Se ha concentrado en un enlatado de festivales de bandas que no se reciclan y no creo que tenga mucho más que decir. Siempre quedará un regusto y una influencia y la honraremos porque hay algo de lo alternativo que mola, y el rock casposo tampoco... Pero el indie con las temáticas de las estrellas y los campos de energía nos aburre a nosotros y le aburre a mucha gente.

P.—Es decir, estáis más en la senda de Extremoduro, Platero...

Coque: Yo Platero y tú lo veo como un rock urbano. Nosotros buscamos nuestro hueco. La etiqueta de indie nunca nos la hemos puesto ni la de rock tampoco. Eso es más cosa de festivales... Nosotros hacemos la música que nos gusta.

Es verdad que la música que venimos escuchando es rock y nuestra estética y nuestra actitud también lo son. Con Lapsus, como dices, hemos apostado por un sonido más cañero. En estos años de gira nos hemos dado cuenta de que lo que nos gusta tocar en directo es rock. Últimamente en el mundo de la música es todo muy Mr. Wonderful. Estamos hartos de eso. Nosotros no somos así. Hemos querido hacer un disco de rock que nos represente.

P.—En la presentación de Lapsus hablaban de que ya han visto la codicia en los ojos de mucha gente. ¿Se os acercan muchos moscardones?

Gisme.—Ahora sin parar.

Coque.—La movida es que cuando necesitas ayuda nadie te la ofrece y cuando ya no la necesitas todo el mundo se acerca a ofrecerte su ayuda. La gente que nos ha apoyado desde el principio no se nos olvida, pero los que nos han cerrado las puertas y ahora que somos grandes vienen a unirse, esos tienen las puertas cerradas.

P.—Con respeto, pero cerradas.

R.—Con el mismo respeto con el que me trataron en el pasado. Si me abriste las puertas de tu casa, yo te abriré las de la mía encantado. Pero si me las cerraste, no quieras ahora...

De izquierda a derecha: Coque, Gisme, Santi y Martín (Ultraligera).

De izquierda a derecha: Coque, Gisme, Santi y Martín (Ultraligera). Diego Radamés EL ESPAÑOL

P.—En la presentación de Lapsus también decían que iban a alejarse de la corrección política. ¿Qué os toca las pelotas ahora mismo?

Gisme.—Nos toca la colocación de la industria, que se canten llenazos cuando no los hay, que las multinacionales pretendan abarcarlo todo...

Coque.—Y que esté todo pinchado en los conciertos. Hay un montón de shows así donde los músicos son figurantes. Levantan las manos y sigue sonando exactamente igual. Y luego te lo venden como un concierto de música cuando en realidad es un espectáculo de baile.

Gisme.—Y también nos toca las pelotas que se estén arrasando con culturas y pueblos enteros y se estén masacrando niños. Estamos a favor de la vida y todo lo que esté en contra de la vida de los civiles nos parece una barbaridad que ni siquiera conseguimos entender en pleno siglo XXI.

Y luego el día a día. Nos jode el interés, el que tú vayas con la pasión por delante y eso se confunda con inocencia. Este trabajo es imposible hacerlo con desconfianza, siempre te tienes que tirar a la piscina. Y hay gente que dice: ‘Me han fallado, cierro mi confianza y la pierdo'. Ahí tu trabajo empeora, y tienes que seguir poniendo la cara. Esto que decían de poner la otra mejilla. Creo que en la música y en cualquier faceta del arte es siempre así. No tienes que ir con la mejilla por delante ni ser tonto. Tienes que ir a pecho descubierto.

P.—Cuando habláis de shows en los que no hay músicos, ¿a quién os referís?

Coque.—Hablo de bandas de rock y de pop donde está todo pinchado. A mí me gusta la música orgánica, que haya un poco de riesgo, que pueda sonar mejor o peor dependiendo del día.

P.—¿Se pueden dar nombres?

Coque.—Que la gente vaya a ver los shows y juzgue si están tocando.

Gisme.—A mí el show de Karol G en Coachella, por ejemplo, me pareció una ridiculez. Y en cambio el de Justin Bieber me pareció una genialidad, pero es algo personal. Cuando no hay suficiente talento para que puedas defender las cosas sin una megaproducción salvaje, entonces me parece muy buen trabajo y muy buen show, pero estás haciendo una especie de carnaval. Y oye, estamos a favor de los carnavales, eh.

Al final me da igual, pero lo que quiero decir es que no encumbremos a las personas inadecuadas porque nos cieguen las pantallas, las cámaras y los decorados.

P.—¿Trump os toca las pelotas?

Coque: sí, a mí sí.

Gisme.—Sí, pero creo que hay que hacer una lectura más a fondo. Evidentemente Trump es un esquizofrénico sediento de poder, pero no hay que quedarse en la crítica fácil porque eso no lleva a nada. Hay que tratar de estudiar las cosas y saber que no es el único hijo de p***. Hay que saber que forma parte de un sistema que no ha inventado él y que viene de años atrás.

Las soluciones no van a venir de nuestra parte, pero si criticamos eso tenemos que aplicarlo también a nuestra vida. No estar sedientos de poder en nuestro ámbito de trabajo, en nuestra familia... Si de algo sirve que haya figuras así es para saber que el mundo está lleno de peña así. Lo importante para nosotros que no tenemos mano ahí es actuar en lo local: en tu barrio, en tu casa, en tu familia y en tu curro.

P.—Vamos con sus singles. Cantan en Lapsus: 'Sentarse a leer es pura rebeldía. Si la utilizas bien, la droga es medicina'. ¿Cuál es su relación con la drogas? Ya han reconocido que toman ayahuasca y LSD.

Gisme.—Lo dice la canción: que si utilizas bien la droga es medicina. La cuestión es que no nos digan lo que tenemos que hacer. Que no nos digan lo que es un veneno, lo que es una medicina y lo que es una droga. Que lo decida cada uno. La sobriedad nos parece maravillosa para quien le vaya bien. Pero hay gente que está sufriendo y que toma los mismos fármacos antidepresivos que no funcionan o que funcionan mal desde hace 30 años. Y no se investiga con cosas con un potencial altísimo como el LSD o la ayahuasca o el peyote o el sapo o cualquiera de las drogas naturales.

Coque.—O con la marihuana

Gisme.—En los 70 se declaró una guerra a las drogas y seguimos bebiendo de una prohibición que empezó por un motivo político.

Coque.—Y está claro que la prohibición no ha funcionado. La gente se sigue drogando y además se droga mal. Te meten un montón de mierda y no sabes lo que estás consumiendo. Entonces, si la prohibición no funciona, habrá que estudiar otras vías. Las sustancias que te llevan a otro estado de consciencia han estado durante toda la humanidad. Si hay un problema, vamos a ver por qué lo que hacemos ahora no funciona. Hay mala calidad, mafias...

Gisme.—La industria farmacéutica se mueve a partir de generar más beneficio y no podemos dejar la salud en manos de gente cuyo único objetivo es el beneficio. Es como los coches. Cada vez son más bonitos por fuera, pero están más hechos mierda por dentro.

P.—Más allá de la industria farmacéutica, ¿no os da miedo que se os vaya de las manos lo de las drogas?

Santi.—Depende con lo que experimentes. Están las sustancias químicas creadas por el hombre y luego están las que salen de la tierra. Que te enganches a la marihuana me parece más complicado que a la cocaína. A mí personalmente no me da miedo siempre que lo hagas con cabeza.

Gisme.—Lo que da es respeto. Son sustancias que te pueden dar poder para tener un conocimiento en perspectiva. No se trata de hacerlo de forma alocada y caótica como sí lo hemos hecho en el pasado. Pero si se hace con responsabilidad dedicándole un tiempo, pues es igual que conducir. ¿Te da miedo? Pues no, pero evidentemente lo hago con cabeza porque sé que si me voy un poco para la izquierda me puedo matar. Entonces, bueno...

P.—Pero conducir no te va a enganchar y las drogas, sí.

Gisme.—Lo que quiero decir es que no hay miedo, sino responsabilidad. Cómo hago esto, qué me puede dar y qué peligros tiene. Hay que conocerlo, ver quién te puede dar un conocimiento sobre esto, y siempre a favor del bien y de la luz. Esto no es sexo, drogas y rock and roll para destrozarse. Ha cambiado el panorama y se trata de abrir la conciencia. Y si las drogas sirven para abrir la conciencia, bienvenidas sean.

Y luego depende dónde lo hagas. Si lo haces con tus amigos en el bosque tratando de pasar un buen rato. ¿Por qué son mejores las borracheras que se pillan los chavales con 17 años que acaban en etílicos en fiestas populares promocionadas por los ayuntamientos? Si se ha visto que hay otro tipo de sustancias que ni dejan resaca, que favorecen la regeneración neuronal. Y se ha visto claramente que el alcohol lo que ha hecho es destruirte el estómago... Y también bebemos, eh, pero no nos sirve para abrir la conciencia. La cuestión es confundirlo y que se pongan a un mismo nivel unas que otras.

Coque.—¿Por qué no me puedo fumar un porro aquí y sí tomarme 15 cubatas y ponerme etílico y agresivo? ¿Por qué una cosa es legal y otra no? Cada uno que consuma lo que quiera.

Gisme.—Veamos a las sociedades que han fumado hierba y las que han tenido un problema con el alcohol. Miremos las estadísticas de cuántas problemáticas sociales han generado unas y otras, cuántos destrozos... No decimos que estemos a favor de que se consuman como tal, sino a favor de que se abra la veda a la experimentación y el empirismo. Ya que se rigen tanto por la ciencia, que lo hagan también en esta cuestión.

Coque.—Hablando de adicciones. A mí me da más miedo hacerme adicto al teléfono y tirarme ocho horas perdiendo la vida a través de una pantalla. Me da más miedo eso porque los móviles están hechos como las máquinas tragaperras. Y eso afecta a mi cerebro. Te quita concentración, la dopamina... Eso me da miedo.

Gisme.—No queremos que se confunda el mensaje. Estamos a favor de que se experimente y que la gente lo haga informada. Con el miedo no se llega a nada. Con el miedo acabas consumiendo desde la oscuridad, desde el malestar, desde los bajos fondos... Cuando haces las cosas con cabeza, las pones a tu favor. La droga y el ser humano han estado siempre unidos. Y lo van a estar.

P.—¿Son partidarios de legalizarlas?

Gisme.—Depende. En primer lugar hay que hacer un poco de ciencia en torno a ello. Y la marihuana sí, legalización absoluta.

Coque.—Con una campaña de información. No se puede legalizar y, venga, todo el mundo a consumir. No, hay que concienciar a la gente y abrir la veda poco a poco. Pero es interesante abrir el debate.

De izquierda a derecha: Martín, Coque, Gisme y Santi (Ultraligera).

De izquierda a derecha: Martín, Coque, Gisme y Santi (Ultraligera). Diego Radamés EL ESPAÑOL

P.—Hablemos del otro single: Cuando todo vaya mal. Cantan: “La imagino en las escaleras de la estación central. Que sé que ella me cuida desde arriba, que haga lo que quiera de verdad, que siempre está conmigo”. ¿Quién es ella? ¿Existe?

Gisme.—Hablamos de la muerte. De la gente que se ha ido y del vértigo que da saber que esa persona que tenía una forma y con la que tenías un vínculo ha desaparecido. Esto se puede prolongar a esas personas que siguen en este mundo pero con las que ya no tienes ningún trato y las sigues queriendo aunque no tengas nada que ver con ellas o se hayan ido a vivir a otros países. En general, es el perder a una persona.

P.—¿Tienen miedo a la muerte?

Gisme.—Sí, a veces sí. Cuando disfrutas de la vida sí. Aunque igual es un alivio que esto acabe algún día.

P.—¿Y les da más miedo la muerte o la enfermedad?

Gisme.—La enfermedad, sin duda.

Coque.—Yo a la muerte no le tengo mucho miedo. Creo que somos seres pequeños, que estamos aquí de paso y no le doy mucha importancia a mi vida. No me creo más importante que ningún ser humano que haya pasado por aquí o que ese pato o ese pájaro. Pero al sufrimiento sí.

Martín.—Yo sí tengo miedo a la muerte. Tengo una creencia muy atea. Te mueres y es como cuando duermes. No sabes que duermes. Siento que el tiempo de vida es muy corto. Me encantaría poder tener muchos proyectos. Sería la leche. Imagínate vivir 400 años.

Coque.—Pero ser inmortal no lo firmo.

Santi.—Yo sí firmo ser inmortal.

Gisme.—Yo lo que veo es que cuando he preguntado a peña de 100 años todos me han dicho: ‘Lo mío ya está hecho’. Parece que las experiencias y la sed vital están bastante bien unidas a los años que nos dan.

Creo que lo que da valor a las cosas es que tengas que decidir y renunciar. Si me quedan 350 años, para qué voy a estudiar hoy. Esa sensación de no saber si cometes errores o aciertos, de vivir con prisa; eso es lo que hace de esto una aventura. ¡Lo que hace traernos al campo! (ríe).

P.—Coque decía en la presentación que cuando empezaban soñaban con estar aquí. Y ahora, llegado a este punto, ¿con qué sueñan?

Coque.—Ya no tengo un sueño concreto como cuando era adolescente. Más o menos ya está hecho. Ahora a disfrutar del camino, a hacer una buena trayectoria y a afianzarse. Y el sueño es ser como los Rolling Stones, una banda grandiosa, de amigos... Con eso estoy servido.