Merche: X

Merche: "X"

Ocio

Merche: "Antes, los padres le ocultaban a sus hijos que eran adoptados. Yo se lo he dicho a mi hija desde el principio"

 "Me preocupa que le hagan daño a mi hija porque es una niña de corazón. Yo a su edad estaba más picardeada" // "Tengo una persona cercana con cáncer, y eso no es vivir. No tengo miedo a nada, salvo a la enfermedad" 

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Las claves

Merche ha dejado Madrid tras 24 años para volver a Cádiz, buscando una vida más tranquila y priorizando su bienestar personal.

La artista presenta su nuevo single 'Labios de rojo' y prepara una gira, celebrando casi 25 años de carrera musical con un público fiel de todas las edades.

Merche destaca la importancia de la sinceridad con su hija adoptada, a quien le explicó desde pequeña sus orígenes y mantiene una relación cercana y natural.

Ahora valora disfrutar de los pequeños placeres cotidianos y pasar más tiempo con su familia y amigos, tras años dedicados intensamente a la música.

Merche llevaba 24 años en Madrid, en su casa de Villaviciosa de Odón, cerca del campo, alejada a cuentagotas del ruido, de las prisas y de los malos humores. “Venía al centro si quería jaleo, o para trabajar”, cuenta. Pero, si podía, cuando se apagaban las luces, o cuando se retiraban en desbandada sus ‘fieles’, ella soñaba con tardes de libros abiertos y teléfonos cerrados. Sin embargo, no tuvo muchos. Durante dos décadas, ‘arrastrada’ por el éxito, los compromisos y una carrera que ya suma 1.400 conciertos, dio de lado a esos pequeños placeres. Vendió su alma, en el buen sentido, a la música.

Pero, tras cumplir 51 años, ha querido dar un giro a su vida y ha vuelto a Cádiz, a su ‘tacita de plata’. Y lo ha contado todo en su nuevo single: Labios de rojo. “No quiero correr, prefiero pasear, notar que huele a sal; no quiero correr, prefiero ir a mi ritmo, pasar del algoritmo y hacer lo que me apetece. Yo lo único que quiero es volver a casa, huir del ruido, caminar siempre descalza”, canta en su nuevo sencillo.

Desde su rincón en Chiclana, ha comenzado la presentación de su nueva canción y de la gira que vendrá. Con dos libros en la maleta (uno de Tolstoi y otro de Shakespeare), Bruno Mars en su lista de reproducción —aunque lo que de verdad le gusta a ella es la música negra de los años 20— y una asignatura pendiente: ‘ponerse las pilas’ con el TikTok. “Soy un poco ‘rasca’ en ese sentido. Vengo de otra época”, bromea. Poco importa. Está a un año de cumplir 25 años en la música y siempre ha mantenido un público fiel que, hoy por hoy, le permite seguir viviendo de lo que “le apasiona”, la música.

Merche llega a su entrevista con EL ESPAÑOL.

Merche llega a su entrevista con EL ESPAÑOL. Rodrigo Mínguez EL ESPAÑOL

P.—Después de 24 años en Madrid, ha vuelto a Cádiz. ¿Por qué esta mudanza ahora?

R.—Pues mira, tengo un trozo de mi corazón en Madrid porque he pasado muchos años aquí y mi hija es madrileña y presume mucho de ello. Pero llevaba tiempo dándole vueltas y, precisamente, fue mi hija la que me dio el empujón que me hacía falta para volver a Cádiz. 

Ahora me apetece más vivir con calma y que mi prioridad no sea dedicarle todo el tiempo al trabajo, sino también dedicarme tiempo a mí. Mis amigos, durante estos años, han hecho cosas que yo no he hecho y que me gustaría vivir. Quiero ese fin de semana de irme con ellos a Londres, de emborracharme o de disfrutar de los pequeños detalles. Quiero pasar una tarde leyendo sin estar pendiente del reloj y tomarme la vida con más calma. En eso estoy.

P.—¿En qué ha cambiado su entorno en Cádiz y usted en todo este tiempo?

R.—En mi caso todo sigue igual que como lo dejé. Cádiz lo veo muy chiquitito, muy limpio, con calles nuevas. Es esa ‘tacita de plata’ donde pasé mi juventud y mi adolescencia, y a donde he regresado porque ya no podía estar más tiempo fuera.

Es verdad que al gaditano, cuando es gaditano gaditano, le cuesta salir de allí. En mi caso no fue así. Tenía esa necesidad de volar y de estar más cerca de mi sueño, que es la música. Ahora puedo trabajar desde allí con más tranquilidad y una carrera asentada.

P.—¿Sigue conservando casa en Madrid?

R.—Cuando llegué estuve viviendo por Marqués de Vadillo, pero luego me compré una casa en Villaviciosa de Odón, en el campo. A mí me gusta mucho la tranquilidad y ahí encontré la paz que necesitaba. Y luego, si quería jaleo, me venía al centro.

P.—Aquí llegó nada más empezar su carrera.

R.—Yo lo aposté todo por cumplir mi sueño. Trabajaba como secretaria de dirección, pero hacía mis canciones y mis maquetas. Así que cuando tuve la oportunidad de grabar mi primer disco me vine a Madrid. Entonces era muy complicado destacar porque estaba todo el mundo con el fenómeno de Operación Triunfo 1. Pero me lié la manta a la cabeza, me vine y aquí me quedé. 

Ahora las cosas han cambiado. Lo gordo de mi carrera ya lo he hecho y, aunque voy a seguir haciendo discos y giras, lo haré de manera más sosegada. Porque cuando echo la vista atrás, pienso: ‘Hay cosas que no he vivido por estar trabajando siempre’. Siempre digo lo mismo, pero, hace años, cuando mis amigos venían a mi casa a hacer una barbacoa y estaban bañándose en la piscina, yo estaba en el estudio. Y ellos me decían: ‘Tranquila, que nosotros te la cuidamos’. Al principio me hacía gracia. Ahora no. Pienso: qué fuerte que no he podido disfrutar con ellos. Eso es lo que me apetece hacer ahora.

P.—Entiendo que cuando eres joven, llenas en todos sitios, tus canciones salen en televisión... No te paras a pensar en todo eso.

R.—No te das cuenta. Eres inconsciente. Estás cumpliendo el sueño de tu vida, y eso es una lotería. Ojalá todo el mundo pudiese ganarse la vida con lo que le apasiona, pero no suele ocurrir. Ahora sí que echo la vista atrás y digo: ‘Me hubiera gustado estar bañándome con mis amigos en la piscina’. Y lo dicho, voy a seguir componiendo, pero más tranquilamente.

P.—¿Cómo era aquella Merche que llegó a Madrid hace casi 25 años?

R.—Llegas con la incertidumbre de saber si va a funcionar, o no. Pero bueno, los valientes son los que se enfrentan a sus miedos y tiran para delante. En mi caso, no pasaba nada si salía mal porque yo sabía hacer otras muchas cosas. Pero salió. Y eso que yo era de la misma compañía que todos aquellos que salieron de la primera edición de OT. Era muy complicado. Sin embargo, desde el primer momento el público me acogió muy bien. Y hoy es impensable que en un concierto no cante mi primer single.

P.—Entonces la industria era muy diferente. Vendió 100.000 copias de su primer disco, llegaron algunos temas que se han quedado para siempre (Abre tu mente, Eres tú o Cal y Arena), en 2010 fue nominada a los Grammy latinos... ¿Siente que su gran momento ya ha pasado?

R.—Con mis primeros discos era una hormiguita: las canciones se iban metiendo en el número 1 poco a poco y se quedaban. De hecho, se hicieron muy conocidas mis canciones, pero no mi imagen. Pero siempre fui ascendiendo. Y luego, bueno, los 10 primeros años son los más intensos para cualquier artista. Luego empiezan a surgir otros y...

Pero bueno, lo importante es que quede el poso de tus canciones. Y, en mi caso, cuando ves la gente que va a mis conciertos, hay de todo. La generación que más acude es la que tiene entre 35 y 50. Pero también hay niños pequeños y abuelos. Eso es muy bonito. Ahora, con Labios de rojo me están pasando cosas muy bonitas.

Merche, durante su entrevista con EL ESPAÑOL.

Merche, durante su entrevista con EL ESPAÑOL. Rodrigo Mínguez

P.—Muchos grupos de su ‘gran época’ están volviendo por aquello de la nostalgia. ¿Le beneficia esa ola?

R.—Me llaman mucho para ir a eventos donde se recuerdan las canciones de los 2000 y a mí me gusta mucho ir y encontrarme con artistas de aquella época. Es muy bonito porque es gente que a lo mejor se enamoró con tus primeras composiciones. Al final, hay 8 o 10 canciones antiguas que tengo que tocar en todos los conciertos —aunque las nuevas estén funcionando bien—, pero es que, como me decía el otro día Manuel Carrasco, ya soy parte de los puretas de la discográfica. La pena es que hay algunos compañeros que ya no están.

P.—Alguna vez ha pensado: ¿y si no vienen a verme?

R.—Yo siempre he trabajado mucho y, obviamente, luego hay discos que tienen más aceptación que otros. Pero, al final, llevo 1.400 conciertos en mi carrera y siempre he tenido el cariño de la gente. Y no hay secreto para esto, eh. Hay algunos artistas que la industria te quiere meter y está erre que erre y, sin embargo, no funcionan. Y luego hay otros que sí.

P.—Viendo su última gira, recorre mucho pueblo de la ‘España vaciada’. ¿Le toca más trabajar ahora que antes?

R.—No, yo siempre he dado muchos conciertos. Y lo hago por igual en un sitio grande que en uno pequeño. Por ejemplo, el año pasado tocamos en las fiestas de Móstoles en un concierto en abierto donde había tantísima gente que no veías el final, y al día siguiente igual te toca estar en un teatro o en una sala. No tengo problema en navegar entre las dos aguas.

P.—¿Alguna vez ha tenido que recurrir a algún psicólogo? La vida del músico no siempre es fácil.

R.—Yo prefiero un buen amigo. Quizá no he recurrido a un psicólogo porque no lo he necesitado. 

P.—Ni siquiera cuando falleció Álex Casademunt, que fue su pareja.

R.—Yo estuve con él de forma intermitente cinco años cuando éramos jóvenes, pero después fuimos amigos durante muchos años más. Y lo suyo fue un palo. Cuando muere alguien mayor, como mi abuela, que tenía 97 años, lo asumes de forma natural. Pero cuando fallece alguien tan joven, es tremendo. Pero bueno, es verdad que los gaditanos estamos acostumbrados a tirar para delante en los malos momentos y somos muy resilientes. En mi caso, lloro, porque soy muy llorona, pero uno o dos días. Al tercero, sigo para delante. No sirve de nada lamerte las heridas. Él querría que lo recordásemos con una sonrisa.

P.—¿Le da vértigo el tiempo?

R.—Desde que tengo a mi niña, sí. Si no la tuviese a ella, a mí me mola mucho ver qué va a pasar, pero ahora tengo ese miedo a dejarla sola, a que le falte. Quiero pasar el máximo tiempo posible con ella. También te digo, no quisiera volver a ser joven. Eso ya sé lo que es. Yo quiero llegar a viejita, saber qué se siente y ojalá pueda vivir tantos años como mi abuela.

P.—¿Es creyente?

R.—Yo pienso que esto es lo feo y que luego hay algo más, y que depende cómo lo hagas... Sí creo. Pero creo en la buena gente, en Jesús, en Dios, y en el amor, que es lo que lo mueve todo. Lo cantaba en mi anterior single: ‘Tengo fe, y tengo fe en el amor’. Yo creo que tiene que haber algo después. ¿No te pasa que conoces a gente que parece que ha vivido cien vidas y otros que parecen estar aquí de primeras?

P.—¿Cómo es como madre?

R.—Me he equivocado muchas veces, pero el mayor acierto ha sido tenerla a ella y mi objetivo es tratar de ser la mejor madre del mundo. Me ha tocado la lotería. Ella es el mayor regalo de mi vida y estoy muy orgullosa de la muchachita en la que se está convirtiendo. Mi éxito es ella, Ambika. Con ella he cumplido mi sueño, porque yo a ella la había fantaseado desde que tengo uso de razón. Soy muy afortunada.

P.—Me ha dicho que tiene 15 años. Está en plena adolescencia. ¿Cómo lo lleva?

R.—Pero es muy buena. A veces me dice: ‘Va a llegar mi época rebelde’. Pero es más niña que otra cosa. Todavía no sale con sus amigos. En un par de años ya te contaré, que me veo esperándola a las tres de la mañana en las discotecas.

P.—¿Ha tenido algún problema con ella por ser adoptada?

R.—Antiguamente los padres, con toda su buena intención, se lo ocultaban a sus hijos. Yo se lo dije desde el principio. A los tres o cuatro años ya le decía cuando veíamos a alguien de la India en la tele: ‘¡Mira, tus primos! Tú has nacido allí’. Siempre que le preguntan por su verdadera madre dice que soy yo. Y cuando me pregunta por ‘la señora que la llevó en su barriga’, yo le digo: ella nos hizo el mayor favor del mundo porque nos dio la oportunidad de estar juntas. Lo lleva con naturalidad.

Merche posa para EL ESPAÑOL.

Merche posa para EL ESPAÑOL. Rodrigo Mínguez

P.—¿Ha ido con ella a la India?

R.—No. Cuando ella quiera, allí estaré. Pero es que ella es muy madrileña. A mí me gusta la comida india y, sin embargo, ella prefiere un bocadillo de calamares. No tiene la inquietud, de momento.

P.—¿A qué se quiere dedicar ella?

R.—Quiere estudiar primero magisterio y luego hacer psicología. Mira que he intentado que le gustara la música, pero no. No le apetece, no le gusta, y es muy tímida. Y sí que escucha música, eh. Escucha a Billie Eilish, a Micheel Jackson...y ahora le va mucho el K-Pop. 

P.—¿Qué le preocupa como madre?

R.—Todo. Eso no te lo cuentan, pero desde que tienes un hijo estás constantemente preocupado. Me preocupa que le hagan daño porque es una niña muy de verdad, muy de corazón. Yo a su edad estaba más picardeada que ella y me han dado por todos lados.

P.—¿A qué tiene miedo?

R.—A la enfermedad. Los tropezones me han enseñado. Sabes que cuando te caes, tienes que aprender y volver a levantarte. Pero cuando llega una enfermedad, algo que no puedes controlar, entonces... Tengo una persona cercana que lleva años luchando contra el cáncer, y eso no es vivir. Al resto no le tengo miedo, porque vivir con miedo no es vivir. Pero a la enfermedad, sí.

P.—Ya para terminar. En su último single habla también mucho de las pequeñas cosas. ¿Cuáles de esas ‘cositas’ le hacen levantarse cada mañana?

R.—Tomarme un café, salir al jardín, escuchar al gallo... Mirar el cielo, leer un libro sin que nadie me moleste, ver una serie en mi sillón favorito, tomar algo con un amigo. Las cosas más sencillas que me han faltado mucho tiempo y que ahora saboreo con más intensidad.