Kevin Warsh, nominado por el presidente estadounidense Donald Trump para presidir la Reserva Federal.97_RC2STKA8B065_RTRMADP_3_USA-FED-RATES (1).JPG

Kevin Warsh, nominado por el presidente estadounidense Donald Trump para presidir la Reserva Federal.97_RC2STKA8B065_RTRMADP_3_USA-FED-RATES (1).JPG Reuters

Bancos centrales

'El método Warsh' o cómo presidir la Fed con 2.000 millones en el banco, lazos 'cripto' y la IA por bandera

El relevo en el banco central arranca marcado por una inédita cohabitación con Powell y el desafío de una inflación enquistada por la guerra contra Irán.

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Las claves

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Kevin Warsh asume la presidencia de la Reserva Federal de EE.UU., destacando por su gran fortuna familiar, inversiones en criptomonedas y un enfoque innovador en política monetaria.

Su llegada genera controversia por la opacidad de parte de sus activos, su relación con la familia Lauder y posibles vínculos políticos con Donald Trump.

Warsh apuesta por la inteligencia artificial como motor de productividad y plantea reducir funciones de la Fed, centrando su mandato en estabilidad de precios y pleno empleo.

Jerome Powell, presidente saliente, permanecerá como gobernador hasta 2028, configurando una situación de bicefalia inédita en la institución.

Kevin Warsh asume la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) el viernes 15 de mayo. Con su llegada, el banco central más poderoso del mundo no sólo cambiará de líder, sino de paradigma.

Atrás queda la era de Jerome Powell. Arranca el mandato de un exbanquero que regresa a Washington con un patrimonio familiar multimillonario, un catálogo de inversiones insólito y una teoría económica que rompe con la ortodoxia tradicional.

Para comprender la figura de Kevin Warsh hay que trazar una línea que une la academia de élite con el epicentro del capitalismo financiero.

Con una formación que combina la Universidad de Stanford y la Escuela de Derecho de Harvard, Warsh forjó su carácter analítico durante siete años en el exigente departamento de fusiones y adquisiciones de Morgan Stanley.

Aquellos años en Nueva York, marcados profundamente por la experiencia vital de presenciar el colapso de las Torres Gemelas en 2001, propiciaron su salto hacia el servicio público.

Primero como miembro del Consejo Económico Nacional y más tarde como el gobernador más joven en la historia de la Fed.

El regreso de Kevin Warsh a la Reserva Federal se produce 15 años después de su salida en 2011, y lo hace marcado por una cifra inédita en la historia de la institución: su inmenso patrimonio.

Según los documentos del Senado, su riqueza personal oscila entre los 135 y los 226 millones de dólares.

Sin embargo, su matrimonio con Jane Lauder, heredera del gigante cosmético Estée Lauder, dispara la fortuna familiar por encima de los 2.000 millones de dólares.

Esta montaña de dinero genera una profunda incomodidad política por tres motivos que sus críticos, como la senadora Elizabeth Warren, no han dejado pasar.

El primero es la opacidad. Warsh se escuda en acuerdos de confidencialidad para no detallar más de 100 millones de dólares de sus activos.

El segundo es el destino de ese dinero, con un catálogo de inversiones que resulta insólito y arriesgado para el máximo guardián del dinero tradicional. Warsh tiene posiciones en criptomonedas, en la plataforma de apuestas Polymarket y en la empresa aeroespacial SpaceX.

El tercer motivo son los vínculos políticos de su entorno familiar. Su suegro, el patriarca Ronald Lauder, no solo maneja profundos intereses empresariales en Europa, sino que mantiene lazos muy estrechos con Donald Trump.

Esta proximidad ha servido de munición para sus detractores, quienes, en palabras de la propia senadora Warren, temen estar encumbrando a un "títere" de la Casa Blanca.

Ante este cóctel de opacidad, criptoactivos y sospechas sobre su autonomía, Warsh se ha visto forzado a construir un cortafuegos argumental ante los senadores.

En el comité bancario de la Cámara Alta aseguró de forma categórica que el presidente estadounidense jamás le ha exigido comprometerse con recortes de los tipos de interés. "Seré un actor independiente", sentenció bajo juramento.

Para dotar de credibilidad a estas palabras, ha sellado un compromiso ético de liquidar cualquier activo susceptible de generar conflicto de intereses en un plazo improrrogable de 90 días tras su confirmación.

La IA

Pero el método Warsh trasciende las intrigas de Washington. El nuevo presidente no llega solo para decidir si sube o baja los tipos de interés, sino para cambiar radicalmente el manual con el que la Reserva Federal lee la economía.

Su principal tesis postula que el auge de la inteligencia artificial está gestando un salto sin precedentes en la productividad.

Bajo esta arquitectura teórica, la economía estadounidense podría sostener un crecimiento vigoroso conviviendo con tipos de interés más bajos, sin que ello despierte el letal fantasma de la inflación.

Es una apuesta audaz que confía en la tecnología como el gran antídoto contra la inflación del siglo XXI. En paralelo, Warsh planea un recorte drástico en las funciones de la Fed.

Critica abiertamente la extralimitación de la era pasada en materias climáticas o sociales, abogando por un repliegue absoluto hacia los pilares fundacionales de la institución: garantizar la estabilidad de precios y buscar el pleno empleo.

Su hoja de ruta contempla un nuevo acuerdo Fed-Tesoro para limitar la intervención del banco en mercados específicos y una reducción agresiva del tamaño del balance, no dudando en liquidar activos hipotecarios.

Bicefalia institucional

Más allá de su fortuna y sus planes económicos, el aspecto más excepcional de la llegada de Warsh a la Fed es que el presidente saliente no abandonará la institución.

De forma inédita desde el caso de Marriner Eccles en 1948, Jerome Powell cede la silla presidencial, pero no abandonará la institución.

Amparado en la Sección 10 de la Ley de la Reserva Federal, permanecerá como gobernador hasta que expire su mandato el 31 de enero de 2028.

Tras ocho años al frente de la institución, marcados por la crisis de la Covid-19 y el error de subestimar la inflación en 2021, el final del mandato de Powell en la presidencia se ha visto salpicado por una investigación criminal del Departamento de Justicia sobre los costes de renovación de la sede de la Fed.

Aunque la causa fue archivada el pasado 29 de abril —lo que permitió desbloquear las votaciones en el Senado—, Powell ha justificado su inusual permanencia para reivindicar su gestión frente a unas pesquisas que él mismo califica de "pretextuales".

Más allá de lo personal, su decisión busca asegurar la independencia de la institución. Ante la posibilidad de que Donald Trump intente influir en el banco central para forzar bajadas de los tipos de interés, Powell mantendrá su asiento como un elemento de contrapeso frente a posibles presiones del Ejecutivo.

De este modo, aunque el presidente saliente asegura que mantendrá un "perfil bajo" y reconoce a Warsh como el único líder, conservará su voto en el decisivo Comité de Mercado Abierto (FOMC).

La Fed inicia así una etapa atípica: un presidente entrante con un claro mandato de reforma frente a un predecesor que, desde su puesto como gobernador, seguirá vigilando de cerca la ortodoxia monetaria.

El camino hacia esta histórica toma de posesión se despejó finalmente cuando el Departamento de Justicia desestimó la causa contra Powell.

Este archivo se produjo ante las presiones de un senador republicano, que amenazó con bloquear su voto para confirmar a Warsh si no se frenaban unas pesquisas que un juez federal ya había tildado de estar políticamente motivadas.

Con este obstáculo superado, el Senado confirmó a Warsh como gobernador el martes por 51 votos a favor y 45 en contra, y culminó el trámite este miércoles al ratificarlo definitivamente como presidente de la institución.

Respaldado por la mayoría republicana y el apoyo de algún demócrata, el exbanquero cierra así su complejo periplo legislativo.

Tras superar el trámite legislativo, Warsh toma las riendas de la política monetaria en medio de una transición excepcional.

Por delante tiene el reto de gestionar una Reserva Federal marcada por el escrutinio a su fortuna y la permanencia de Powell en la junta de gobernadores.

Además, hereda un escenario económico complicado. Mientras Trump exige recortes en los tipos, se encontrará con un Comité que se resiste a abaratar el precio del dinero con la inflación en el 3,8% y los combustibles disparados por la guerra contra Irán.