Kevin Warsh, nominado por Trump para presidir la Fed, habla en una conferencia celebrada en 2014.

Kevin Warsh, nominado por Trump para presidir la Fed, habla en una conferencia celebrada en 2014. Efe

Bancos centrales

La nominación de Kevin Warsh para dirigir la Fed retrasa a julio la primera bajada de tipos de interés de 2026

El perfil 'halcón' del candidato de Trump enfría al mercado. Los inversores ya no ven un recorte en junio y el cambio de expectativas hunde al oro y la plata.

Más información: El reto de Warsh al frente de la Fed: blindar la independencia de la institución sin declarar la guerra a la Casa Blanca

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Las claves

La nominación de Kevin Warsh como presidente de la Fed retrasa la expectativa del primer recorte de tipos de interés de 2026 hasta la reunión de finales de julio.

El perfil de Warsh es percibido como más duro frente a la inflación, lo que refuerza la idea de que los tipos se mantendrán altos durante más tiempo.

El cambio en las previsiones de recortes ha provocado caídas pronunciadas en el oro y la plata, y ha fortalecido el dólar frente a otras monedas.

Warsh representa un posible cambio de régimen en la Fed, con menos compras de deuda y más protagonismo de los tipos de interés como herramienta principal.

La nominación de Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal (Fed) ha cambiado de golpe el guion del mercado. Hasta hace muy poco, el consenso situaba en junio la primera bajada de tipos de 2026, coincidiendo con el final del mandato de Jerome Powell y el relevo al frente del banco central.

Con el nombre de Warsh sobre la mesa, esa apuesta se desplaza ahora a la reunión de finales de julio, justo antes del parón estival de los grandes bancos centrales. Hoy, tras la pausa de enero, la Fed mantiene los tipos oficiales en el rango del 3,5% al 3,75%.

Muchos inversores veían en la cita de junio la ventana natural para ese primer recorte, también como símbolo de cambio de etapa. Powell dejará la presidencia el 15 de mayo y, si el Senado confirma a tiempo el nombramiento, la reunión del 16 y 17 de junio sería la primera presidida por Warsh.

La reacción a la nominación, sin embargo, ha ido en otra dirección. La posible llegada de Warsh ha sido interpretada como un factor que podría prolongar durante más tiempo el actual grado de restricción monetaria.

El diagnóstico tiene mucho que ver con su historial. Warsh ha sido muy crítico con la expansión cuantitativa y con el tamaño del balance de la Fed.

Aunque en público se ha alineado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reclamando recortes de tipos, muchos inversores le siguen viendo como un perfil duro en la lucha contra la inflación y lo encuadran en el bando de los halcones.

En la jerga de bancos centrales, un halcón es el responsable de política monetaria que prioriza el control de los precios y se siente más cómodo con tipos altos o con nuevas subidas si los datos lo exigen.

Una paloma, en cambio, se inclina por tipos más bajos y políticas expansivas para favorecer el crecimiento y el empleo.

Ese cambio en la lectura del personaje se ha trasladado de inmediato a la agenda de la Fed. El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) se volverá a reunir en marzo, abril, junio y julio, además de en septiembre, octubre y diciembre.

La mejor forma de medir el peso real de cada reunión son las expectativas que ya tienen puestas los inversores en ellas.

Estas quedan reflejadas en los futuros sobre los tipos de la Fed, los contratos con los que el mercado apuesta hoy por el nivel del tipo oficial en cada cita del banco central.

Para marzo y, sobre todo, para abril, esos precios apuntan a un escenario continuista: los tipos seguirían prácticamente donde están ahora, un mensaje claro de pausa.

En junio, el nivel implícito es algo más bajo, pero no lo suficiente como para hablar de un recorte completo de 0,25 puntos.

Es en la reunión de finales de julio cuando los futuros reflejan ya, de forma nítida, que el mercado da por hecho al menos una primera bajada de un cuarto de punto.

El cambio en las expectativas sobre el calendario de recortes ha provocado un auténtico terremoto en las materias primas. El oro y la plata han pasado de marcar niveles récord a encadenar desplomes de doble dígito en cuestión de días.

El oro acumula ya una corrección cercana al 18% desde los máximos históricos marcados al filo de los 5.600 dólares por onza. La plata ha pasado de la zona de 120 dólares a moverse por debajo de los 80, con caídas en torno al 30%.

La nominación de Warsh se ha convertido en el epicentro de ese movimiento al reforzar la idea de una Fed más beligerante con la inflación y dispuesta a mantener los tipos altos durante más tiempo.

Ese nuevo contexto ha dado aire al dólar y ha enfriado el atractivo de las materias primas como refugio frente a la pérdida de poder adquisitivo y frente a una divisa estadounidense débil.

El oro y, sobre todo, la plata venían de una subida casi vertical, alimentada por inversores que se fueron incorporando tarde a la tendencia y asumiendo cada vez más riesgo para no quedarse fuera.

Cuando los intermediarios empezaron a exigir más garantías para mantener esas posiciones y el ánimo del mercado cambió, muchos se vieron obligados a vender deprisa. Ese efecto dominó convirtió lo que podría haber sido una simple recogida de beneficios en una caída encadenada de precios.

Pese a la violencia del ajuste en materias primas y al retraso del primer recorte a julio, varias grandes casas de inversión insisten en que el ciclo de bajadas no ha desaparecido, sólo se ha desplazado en el tiempo.

Los economistas de Pictet Wealth Management y de Aberdeen siguen viendo probables en torno a dos recortes de tipos este año, apoyados en una inflación a la baja y en un mercado laboral con más señales de fatiga.

La clave, recuerdan, es que las decisiones sobre tipos y balance siguen siendo colegiadas dentro del FOMC: un cambio de presidente no equivale a un cheque en blanco para reescribir la hoja de ruta.

Más allá de las fechas concretas, algunos analistas hablan de un posible cambio de régimen en la forma de hacer política monetaria bajo la presidencia de Warsh.

En la práctica, eso significaría un banco central con menos compras de deuda y un balance más pequeño, de modo que los tipos de interés vuelvan a ser la herramienta principal y los mercados dependan menos del apoyo constante de la Fed.

De cara a los próximos meses, el guion lo escribirán los datos. Si la inflación sigue moderándose y el mercado laboral muestra un enfriamiento más claro, las probabilidades de que junio vuelva a entrar en el radar del mercado podrían aumentar.

Si, por el contrario, los indicadores se mantienen sólidos o Warsh refuerza un mensaje de máxima prudencia en sus primeras intervenciones, julio se consolidará como punto de partida del ciclo de recortes o, si el tono sigue siendo muy prudente, el inicio podría aplazarse a septiembre.

Por qué Trump ha elegido a Warsh

Sobre el papel, Warsh tiene fama de halcón, mientras que Trump presiona por bajadas de tipos rápidas. ¿Por qué, entonces, lo ha elegido para presidir la Fed? Los analistas apuntan a varias razones:

  • Lo ven como un aliado más receptivo a la idea de recortar tipos antes y con más decisión que a Powell.

  • Ofrece un perfil seguro para Wall Street: exgobernador, experiencia en banca de inversión y buena reputación en la gestión de crisis.

  • Enarbola un mensaje de cambio de régimen dentro de la Fed, con menos dependencia del dinero fácil y una revisión del papel del banco central.

  • Permite a Trump ganar influencia sobre la política monetaria colocando a alguien afín, pero con una imagen de independencia suficiente como para no disparar las alarmas institucionales.