El exgobernador de la Reserva Federal de EEUU Kevin Warsh.

El exgobernador de la Reserva Federal de EEUU Kevin Warsh. Reuters

Bancos centrales

Trump nomina a Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal como sucesor de Jerome Powell

El exgobernador de la Fed, con pasado en Wall Street y reputación de halcón moderado, afronta ahora un exigente examen en el Senado.

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Las claves

Donald Trump ha nominado a Kevin Warsh como candidato para presidir la Reserva Federal, en sustitución de Jerome Powell.

El nombramiento deberá ser aprobado por el Senado tras una audiencia en la que Warsh responderá sobre inflación, tipos de interés y su independencia respecto a la Casa Blanca.

Warsh cuenta con experiencia en Wall Street y en la Reserva Federal, donde participó en la gestión de la crisis de 2008 y es conocido por su postura firme contra la inflación.

El relevo al frente de la Fed llega en un momento de incertidumbre económica, con la política monetaria estadounidense influyendo en los mercados internacionales y europeos.

Donald Trump ha elegido a Kevin Warsh como su candidato para presidir la Reserva Federal (Fed) y suceder a Jerome Powell al frente del banco central estadounidense.

Así lo ha anunciado el presidente estadounidense en su red Truth Social. "Me complace anunciar que nomino a Kevin Warsh para el cargo de Presidente de la Junta de Gobernadores del sistema de la Reserva Federal", escribía Trump de manera textual. 

"Conozco a Kevin desde hace mucho tiempo y no tengo ninguna duda de que pasará a la historia como uno de los grandes presidentes de la Reserva Federal, quizá el mejor", sentenciaba el mandatario estadounidense en la misma publicación, en la que también ha trasladado sus felicitaciones a Warsh. 

La nominación abre un periodo de transición clave para los mercados, marcado por el escrutinio del Senado y las dudas sobre el futuro rumbo de la política monetaria de la primera economía del mundo.

El republicano ha hecho este anuncio a las puertas del final del mandato de Jerome Powell, que concluye el 15 de mayo de 2026, y reordena las expectativas de los inversores sobre el futuro de los tipos de interés en Estados Unidos. La nominación es sólo el primer paso de un proceso institucional que pasa ahora al Senado.

El nombre de Warsh será remitido al Comité Bancario, que convocará una audiencia pública en la que el candidato tendrá que responder a las preguntas de los senadores sobre inflación, tipos, regulación financiera e independencia del banco central.

Tras esa comparecencia, el Comité votará si recomienda su nombramiento al pleno del Senado, que será el órgano político que tendrá la última palabra por mayoría simple.

El calendario político y la creciente polarización en Washington añaden incertidumbre a un trámite que, en otros contextos, habría sido casi automático.

Parte de la oposición ya ha adelantado que aprovechará el proceso para interrogar a Warsh sobre su cercanía a la Casa Blanca y sobre el grado de autonomía que está dispuesto a defender frente a las presiones de la Administración Trump.

Cualquier retraso o bloqueo prolongado podría obligar a la Fed a funcionar durante un tiempo con una presidencia en funciones justo cuando el ciclo monetario entra en una fase delicada.

En paralelo, se clarifica el horizonte de Jerome Powell. Su mandato como presidente concluye en unos meses y la nominación de un sucesor despeja las dudas sobre su continuidad al frente del banco central. Falta por ver si Powell decide seguir como miembro de la Junta de Gobernadores hasta el final de su mandato como gobernador o si opta por abandonar la institución cuando termine su presidencia.

Entre Wall Street y Washington

Warsh llega a esta candidatura con un perfil híbrido entre Wall Street y Washington.

Abogado y luego banquero de inversión en Morgan Stanley, dio el salto a la política económica como asesor en la Casa Blanca de George W. Bush, donde trabajó en cuestiones de mercados de capitales y regulación financiera.

Desde allí fue nombrado gobernador de la Reserva Federal a mediados de la década de 2000, convirtiéndose en uno de los miembros más jóvenes de la Junta.

Durante la crisis financiera de 2008, Warsh se situó en el núcleo de decisión de la Fed, participando en el diseño de las medidas extraordinarias de liquidez y en los primeros programas de compras de activos.

Esa experiencia, muy valorada en los mercados, se combina, sin embargo, con una postura más exigente en materia de inflación y tipos.

En la jerga de los bancos centrales se le considera un halcón, partidario de tipos más altos para contener los precios. La posición opuesta es la de las palomas, más inclinadas a priorizar crecimiento y empleo con una política monetaria más suave.

Tras dejar la Fed, Warsh ha seguido siendo una voz influyente desde el mundo académico y el sector privado, con artículos y conferencias muy seguidos.

A menudo ha criticado los periodos largos de tipos de interés muy bajos y el fuerte aumento del balance de la Reserva Federal.

La independencia de la Fed

Esa trayectoria alimenta ahora una doble lectura. Por un lado, el mercado espera de él una defensa firme de la estabilidad de precios.

Por otro, algunos analistas se preguntan hasta qué punto se alineará con la agenda de la Casa Blanca si Trump presiona para abaratar el coste de la deuda en plena legislatura.

Para los mercados, el relevo en la Fed llega en un momento de transición.

La inflación se ha moderado desde los máximos de los últimos años, pero aún no está completamente controlada, y el ciclo de recortes de tipos se ha frenado a la espera de nuevos datos.

En este contexto, cualquier pista sobre la disposición de Warsh a recortar más rápido o a mantener una postura vigilante puede mover rápidamente las expectativas sobre la curva de tipos, el dólar y las bolsas globales.

Desde la perspectiva española y europea, el cambio al frente de la Fed importa, y mucho.

La política monetaria estadounidense marca en gran medida las condiciones financieras internacionales, influye en el tipo de cambio eurodólar y acota el margen de maniobra del Banco Central Europeo (BCE).

Un presidente de la Fed percibido como más duro con la inflación podría implicar un dólar más fuerte y mayores tensiones para los países más endeudados.

Uno más acomodaticio, en cambio, podría dar algo de oxígeno a los mercados, pero también intensificar las dudas sobre hasta qué punto la Reserva Federal mantiene su independencia frente a la Casa Blanca.