Kevin Warsh, nominado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para presidir la Fed.

Kevin Warsh, nominado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para presidir la Fed. Efe

Bancos centrales

Kevin Warsh, el elegido por Trump para la Fed: un crítico de Powell por subir los tipos que fue asesor de Bush

Exbanquero de inversión y exgobernador de la Fed, su nombramiento reabre el debate sobre hasta dónde llega la independencia del banco central.

Más información: La Fed mantiene los tipos en el 3,75% mientras Trump prepara el relevo de Powell

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Las claves

Donald Trump ha elegido a Kevin Warsh como candidato para presidir la Reserva Federal, en sustitución de Jerome Powell.

Warsh es conocido por su perfil 'halcón', crítico con las políticas de tipos bajos y con la gestión expansiva de Powell en la Fed.

Tiene una amplia trayectoria en Wall Street, la Casa Blanca de Bush hijo y fue uno de los gobernadores más jóvenes de la Fed durante la crisis de 2008.

Su perfil es bien recibido en el entorno republicano tradicional y en Wall Street, pero genera recelos en el ala demócrata por su postura conservadora y su cercanía al sector financiero.

Donald Trump ha elegido a Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal (Fed) en sustitución de Jerome Powell y devolver así a un viejo conocido de Wall Street, la Casa Blanca y el banco central al puesto más poderoso de la política monetaria mundial.

La nominación coloca a este economista del entorno republicano, crítico con la gestión de Powell y con fama de halcón, en el centro de la batalla entre una Casa Blanca ansiosa por tipos más bajos y unos mercados que exigen una Fed independiente.

Kevin Warsh es un producto muy reconocible de la élite económica estadounidense. Se formó en Stanford y Harvard, se curtió en Morgan Stanley, dio el salto a la Casa Blanca de George W. Bush hijo y acabó en la Junta de Gobernadores de la Fed en plena antesala de la crisis financiera.

Quién es Kevin Warsh

Nacido en 1970 en Albany (Nueva York), Warsh estudió Políticas Públicas en Stanford, con énfasis en economía, estadística y ciencia política. Se graduó con honores en 1992.

Después pasó por Harvard Law School, donde se especializó en la intersección entre derecho, economía y regulación, y completó cursos de economía de mercados y deuda en Harvard Business School y en la Sloan School of Management del MIT.

Ese doble perfil —jurídico y económico— le abrió pronto las puertas de Wall Street.

Nada más terminar la carrera de Derecho, se incorporó a Morgan Stanley en Nueva York, en el área de fusiones y adquisiciones, donde llegó a ser vicepresidente y director ejecutivo entre 1995 y 2002.

Su salto a la política económica llegó de la mano de George W. Bush. En 2002 llegó a la Casa Blanca como asesor económico del presidente y secretario ejecutivo del Consejo Económico Nacional, el órgano que coordina la política económica de la presidencia.

En 2006, Bush dio el siguiente paso y lo nominó para la Junta de Gobernadores de la Fed.

Con 35 años, Warsh se convirtió en uno de los gobernadores más jóvenes de la historia del banco central, algo que generó dudas en parte del establishment académico, pero que en la práctica lo situó en una posición clave cuando estalló la crisis de 2008.

Durante esos años actuó como principal enlace de la Fed con Wall Street y como representante del banco central en el G20 y ante varias economías avanzadas y emergentes de Asia.

Y llegó la crisis

Durante la crisis financiera de 2008, Warsh fue una de las presencias fijas en las reuniones y llamadas en las que Ben Bernanke —por entonces el presidente de la Fed— y su equipo diseñaron la respuesta de emergencia.

Participó en las decisiones sobre recortes agresivos de tipos, líneas extraordinarias de liquidez y los primeros programas de compras masivas de deuda. Aportaba la mirada de alguien que venía de la banca de inversión y conocía de cerca la situación real de los grandes bancos.

Ya en 2009, con la tasa de paro aún muy elevada por la crisis, Warsh empezó a marcar distancias con la estrategia de estímulos prolongados.

Defendía que la Fed debía iniciar una retirada gradual de las medidas extraordinarias y advertía de que el exceso de reservas y liquidez podría terminar disparando el crédito y la inflación más adelante.

Un 'halcón'

Ese giro es clave para entender su etiqueta actual. En la jerga de los bancos centrales, Warsh es un halcón.

Es decir, alguien que prioriza mantener la inflación bajo control y que mira con recelo los periodos largos de tipos muy bajos y balance sobredimensionado. La postura opuesta es la de las palomas, más partidarias de aguantar con dinero muy barato para sostener crecimiento y empleo.

En 2011, Warsh dio un paso más en su distanciamiento. En plena polémica por las nuevas rondas de compras de deuda de Bernanke, rompió con la línea mayoritaria dentro de la Fed.

Se alineó con las críticas republicanas al exceso de intervencionismo y acabó dimitiendo de su puesto de gobernador.

Tras dejar la Fed, Warsh se incorporó como investigador a la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, un centro de estudios situado en la órbita conservadora. Allí también empezó a dar clases y a colaborar con la universidad. Además, se sentó en consejos de grandes compañías, entre ellas UPS.

Desde esos foros se ha convertido en una voz habitual en conferencias, entrevistas y tribunas.

Defiende la independencia de la Reserva Federal, pero es muy crítico con lo que considera excesos de la era Powell.

Sostiene que el banco central ha entrado en demasiados ámbitos, que sobrerreaccionó al riesgo de inflación ligado a los aranceles de Trump y que tardó en recortar los tipos cuando, a su juicio, los datos ya lo permitían.

A la derecha económica

En el plano político, Warsh no es un militante de primera línea, pero su trayectoria lo sitúa claramente en el entorno republicano y conservador en lo económico.

Su paso por la Casa Blanca de Bush hijo, su alineamiento con las críticas republicanas a las políticas monetarias más expansivas y su trabajo en Hoover lo acercan al ala más conservadora del partido republicano.

Ese sector defiende disciplina en inflación y déficit y recela de unos bancos centrales demasiado intervencionistas.

¿A quién gusta dentro del arco político? Entre los republicanos tradicionales, especialmente los del establishment económico y financiero, Warsh es un perfil cómodo: serio, previsible, ortodoxo en inflación y con una biografía que combina sector privado, Gobierno y banco central.

También cae bien en buena parte de Wall Street y del empresariado conservador, que ven en él a alguien que entiende cómo funcionan los mercados y que no llega con una agenda de ruptura regulatoria.

Entre las bases más trumpistas, su figura genera menos entusiasmo que la de otros perfiles más combativos.

Sin embargo, su giro reciente hacia la defensa de recortes agresivos de tipos y sus críticas a Powell han reforzado su sintonía con la agenda económica de Trump.

Su relación con el mandatario ha tenido matices. En 2017 ya estuvo entre los finalistas para presidir la Fed y se entrevistó con Trump, a quien describió después como alguien poco familiarizado con la idea de un banco central independiente.

En una conversación citada por Politico, Warsh contaba que Trump se interesaba sobre todo por qué haría con los tipos y las bolsas, y que no parecía especialmente preocupado por la tradición de autonomía de la Fed frente a la Casa Blanca.

En el otro lado del arco político, provoca claros recelos. El ala demócrata y progresista lo ve como la encarnación del triángulo Wall Street-Bush-Fed: demasiado cercano a los bancos, demasiado duro con la inflación y demasiado alineado con las prioridades de la derecha económica.