La bancada popular aplaude a la diputada del PP, Ana Belén Vázquez, tras ser expulsada.

La bancada popular aplaude a la diputada del PP, Ana Belén Vázquez, tras ser expulsada. J. J. Guillén Efe

Política SESIÓN DE (DES)CONTROL

Atención, se busca: un desalojo en el Congreso por disparar gas pimienta, ¿quién ha sido?

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Un desalojo se produjo en el Congreso tras vaciarse un espray de gas pimienta en un baño, causando molestias a una persona.

La diputada del PP, Ana Belén Vázquez, llevó un bote de gas pimienta al hemiciclo como parte de su intervención, aunque aseguró que estaba vacío.

Las autoridades revisarán las cámaras para esclarecer quién vació realmente el espray, ya que Vázquez niega haberlo hecho.

La sesión también abordó la supuesta oferta de la 'cloaca' del PSOE al clan de Los Rochos para cerrar investigaciones a cambio de favores judiciales.

Empiezo a escribir esta crónica en medio de un desalojo. Lo cuenta una garganta profunda del Congreso. En una dependencia de "ampliación" –el edificio de enfrente conectado bajo tierra; esto es como hundir la flota–, alguien ha vaciado un espray de gas pimienta en un baño y ha habido que vaciar también ese trocito de Parlamento.

Hay una señora vomitando según nuestra fuente y yo tengo que vomitar la crónica, no me vaya a quedar sin respiración antes.

Todo empezó con la nueva política, cuando los diputados, temerosos ante la imposibilidad de valerse con la palabra, comenzaron a llevar artilugios al escaño con el que interpelar a los contrarios. Fue Rufián el que llevó –cuando no era español y cuando no llevaba traje– una impresora para acompañar sus argumentos.

De un tiempo a esta parte, los gabinetes de los diputados, como los padres de los niños en los colegios, se dedican a la Educación Plástica. A la elaboración de materiales con los que retratar al de enfrente. Una portada de periódico, un gráfico, lo que sea.

Esta mañana, Ana Belén Vázquez, diputada del PP, ha llevado un gas pimienta para atizar a Marlaska por la "inseguridad subjetiva". Metafóricamente.

En Ceuta –esto es meridianamente cierto– cada vez más mujeres llevan un espray como el de Vázquez para protegerse de posibles agresiones sexuales. Los datos oficiales, los del Gobierno, hablan de un incremento del 75% de los delitos sexuales desde que se produjo la avalancha.

El bote negro, "la bola negra", podríamos decir por darle aire cinematográfico, ha desatado la tormenta. Hasta provocar un desalojo.

Armengol ha caído en la cuenta en diferido, como si alguien, desde Pedrogrado, le hubiera avisado por el pinganillo: ¡no se pueden llevar armas al Congreso! Armas como las balas que le llevó Rufián a Sánchez para recriminarle su actuación en Melilla.

Cuando ya había terminado Vázquez su intervención, Armengol le ha pedido que abandonase el hemiciclo. Primer aviso. ¡Que no me voy! Segundo aviso. ¡Que no! Con el tercero llega la expulsión. Entonces me voy yo.

Anabel se ha ido y parecía la Pantoja en sus mejores tiempos. Estaba magnética, enorme. Agitaba el bote por los pasillos del Congreso y, como si fuera la flautista de Hamelín, los periodistas la hemos seguido al fin del mundo.

Primero, Anabel nos ha dicho que el bote estaba vacío. Ahí me he quitado la libreta de la cara y he podido escribir mejor. Anabel, protagonista inesperada del día, entraba y salía de la nube de informadores sin saber muy bien si irse o quedarse. Era una nube con mucha pimienta, como un plato indio.

Al final, se ha ido a la Comisaría del Congreso a depositar su "arma". Armengol, paralelamente, explicaba que no se pueden llevar armas al Congreso, que lo dice el reglamento. Aunque el reglamento hace un aparte para los aerosoles de defensa y se puede interpretar tanto una cosa como la contraria.

Anabel se ha ido a ver a la Policía y la Policía, que quizá no se había enterado todavía del pifostio, la ha mirado con cara de asombro: pero, ¿qué hace usted aquí? ¿Por qué me da esto? ¿Usted no es la diputada del PP?

Anabel nos decía, nos decía todo el rato, que su espray, además, ya estaba vacío. Como mucho, había sido un arma en una vida anterior. Armengol cree en la reencarnación.

Pero, un momento, ¡un momento! Si el espray de Anabel ya estaba vacío antes de que lo metiera en el hemiciclo, ¿quién ha vaciado uno posteriormente en otro lugar del Congreso? ¡Hay una señora vomitando! Ha aspirado los efluvios de la derecha combinados con el gas pimienta y está vomitando.

Ha empezado un Cluedo que esta crónica no puede resolver. Anabel nos dice que ella no ha sido, que su espray estaba vacío. Por tanto, si Anabel dice la verdad, puede tratarse de otro diputado que quería hacer la misma performance y que, al ver la que se había montado, ha corrido asustado a un baño para vaciarlo... y se le ha ido de las manos.

Van a revisar las cámaras.

Vomitada la crónica y vomitada la señora, sólo nos queda buscar un saco de serrín.

La visita de Los Rochos

Hoy no estaba Sánchez en el Congreso, pero hemos tenido concierto sorpresa de Los Rochos y lo hemos pasado bastante bien.

Simbolizaba el poder Félix Bolaños, ministro plenipotenciario cuya mayor aportación a España ha sido, sin duda, el reconocimiento institucional de Fernando Arrabal. Hace poco, se fue a verlo a su casa de París, lo mimó e intentó que su legado vaya a parar a nuestro país, y no a Francia.

Si Bolaños lo ha conseguido, y parece que sí, tendremos un museo con obras originales de todos los grandes genios de la modernidad. En casa de Arrabal, quién sabe, quizá se sentara en el garrote vil que luce muy cerca de la entrada, lo que debió de provocarle sensaciones parecidas a las de esta mañana en el Parlamento.

Bolaños nunca imaginó que un miércoles 23 de septiembre de 2026 se convertiría en el personaje de una de las comedias más surrealistas de Arrabal –nacido, por cierto, en Melilla–.

El libreto, resumido en una frase por la diputada del PP Ester Muñoz, es este: habíamos visto a muchas mafias intentando corromper a gobiernos, lo que no habíamos visto es a un gobierno intentando corromper a una mafia.

La información original donde se ha asentado la obra recién estrenada se ha ido publicando en este periódico a lo largo de las últimas semanas. Resulta que la cloaca de Leire, y por tanto la cloaca del PSOE, ofreció un pacto al clan de Los Rochos, el clan de Badajoz: si "eliminaban" a la jueza Biedma –la que investigaba al hermanísimo–, se cerrarían todos los casos que cercaban al clan.

Y lo mejor de todo, el giro arrabalesco: el clan rechazó la oferta porque no se fiaba del Gobierno.

La bancada de la oposición ha ido rociando a Bolaños –sin gas pimienta– con los mejores detalles de la operación de las cloacas: un juez apartado de la carrera por violencia de género como enviado especial, las anotaciones de Leire en la libreta, la garantía del entonces fiscal general Álvaro García Ortiz...

Bolaños ha puesto la misma cara que pusimos todos al leer, por ejemplo, Pic-nic, el texto de Arrabal en que dos padres se van al frente de guerra a pasar un fin de semana con su hijo-soldado... y se ponen con un mantelito y unos sándwiches en medio de la trinchera.

Eran tan obscenos los detalles que el ministro de Justicia no ha podido siquiera agarrarse al 11-M ni a Aznar. ¡Ni siquiera lo ha negado! Bolaños, que es un tipo listo, sabía que no podía unir su futuro al de Los Rochos. Y ha dicho: "Dejemos trabajar a la Justicia, que se esclarezcan los hechos, que pague quien tenga que pagar".

Entonces, desde la tribuna, he imaginado a Los Rochos entrando en el hemiciclo con una banda de mariachis.

Esto es un sálvese quien pueda. La corrupción, nos ha explicado Bolaños, afecta a "personas concretas". Y, como el hombre que está en el suelo frente a su agresor, le ha dicho a Ester Muñoz: "Yo a usted no le acuso de las cuestiones de su partido. Me parece una persona honorable. Haga usted lo propio".

Estoy seguro de que ese truco se lo enseñó Arrabal. Me lo contó un día el genio en su casa de París. Solía cruzarse con un falangista que odiaba sus escritos. Entonces, cuando creía que le iba a pegar un puñetazo, se sentaba en la acera y al facha se le pasaban las ganas.

Bolaños, metafóricamente, se ha sentado en la acera y ha esperado a que se agotara el tiempo. Le ha funcionado porque Ester Muñoz ha aflojado un poco.

Un día, Bolaños volvió a casa y se topó con un paquete enorme. Era un cuadro llegado desde París. Un surrealismo pintado por Arrabal. A los espectadores de estas sesiones de control nos empieza a pasar lo mismo. Llegamos esperando encontrar a un gobierno, abrimos el paquete y es un cuadro.