Margarita Robles, Félix Bolaños, Marlaska, Albares y Elma Saiz, en sus comparecencias de esta semana en el Congreso de los Diputados.

Margarita Robles, Félix Bolaños, Marlaska, Albares y Elma Saiz, en sus comparecencias de esta semana en el Congreso de los Diputados. Arte EE

Política

El enigma de la ausencia de Sánchez y la mala gestión en Ceuta llevan el pesimismo al Gobierno ante el curso electoral

La tardía e insuficiente reacción, a pocos meses de las elecciones generales, provoca críticas internas mientras se mantiene la grave crisis de Estado.

Más información: Vivas: "Ceuta ha dejado de ser lo que era, ha perdido su forma de vida, tenemos poco tiempo para evitar el desastre mediante el retorno a su país" de todos ellos

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Las claves

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El Gobierno afronta una crisis de gestión por la avalancha migratoria en Ceuta, con críticas internas y externas por la tardanza en la respuesta.

Pedro Sánchez se ausentó durante gran parte de la crisis, lo que ha generado desconcierto y pesimismo en el Ejecutivo y el PSOE ante el nuevo curso político.

La falta de coordinación, la lentitud en la toma de decisiones y la ausencia de datos oficiales han dañado la imagen del Gobierno y su política migratoria.

La situación en Ceuta ha colocado la inmigración en el centro del debate político, debilitando al Gobierno y complicando la precampaña electoral.

El lunes 27 de julio el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, llamó a Diego Rubio, jefe de Gabinete de Pedro Sánchez.

“No quiero molestar al presidente, pero estamos preocupados y quería avisaros de que hemos detectado un aumento inusual de cruces a nado de la frontera", advirtió.

"Unos 50 al día y a este ritmo tendremos unas trescientas personas en Ceuta al final de la semana”, vino a decirle Vivas a Rubio, según la versión reconstruida de la Moncloa de la breve conversación telefónica.

El colaborador cercano del presidente le respondió con un “mensaje recibido” y le dijo que así lo transmitiría a los ministerios competentes. Así lo hizo, sin que consten las gestiones que se hicieron desde esos ministerios.

Vivas explica, en una entrevista con EL ESPAÑOL, que el martes 28, un día después de su conversación con Rubio, pidió al Gobierno que se declarara el Estado de Alarma tras haber constatado que "en esa misma semana habían llegado a Ceuta 1.500 personas a nado por la costa".

Ese mismo día, siempre según su versión, intentó hablar con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, pero le dijeron que no le podía atender "porque estaba ocupado con la catástrofe de los incendios".

El jueves 30 de julio se inició la gran avalancha de inmigrantes, que se prolongó hasta el 31 de julio.

Entraron en la ciudad unos 80.000 según las estimaciones, porque no hay datos oficiales, pero muy lejos de la cifra que Vivas transmitió tres días antes a Moncloa, en la primera noticia que llegó a Presidencia del Gobierno sobre la situación de la frontera de Ceuta con Marruecos.

A las 15 horas del 30 de julio, Sánchez habló por teléfono con Vivas y al día siguiente el presidente viajó a Ceuta.

El mensaje publicado el 1 de agosto en X por el ministro Óscar Puente.

El mensaje publicado el 1 de agosto en X por el ministro Óscar Puente. X

Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez”, escribió el 1 de agosto en redes sociales el ministro Óscar Puente.

En los manuales de gestión de crisis se diferencia entre el “cierre operativo” y el “cierre político” para poder poner fin a una situación de tensión y conflicto.

En el caso de Ceuta, el Gobierno cometió a principios de agosto el grave error de pretender dar por alcanzado y cumplido el cierre político, cuando tenía muy lejos aún el cierre operativo. El Estado mostró impotencia y vulnerabilidad ante todo el mundo.

Se produjo una incoherencia inexplicable entre el solemne discurso del presidente del Gobierno hablando en Ceuta el 31 de julio de algo tan grave como una “violación de la integridad territorial de España”, y el hecho de que a continuación iniciara sus vacaciones de tres semanas como si todo hubiera terminado, aparentando normalidad y sin medir las consecuencias.

Ahora muchos en el Gobierno lo lamentan desconcertados en voz baja. Porque en el PSOE y en el Gobierno es un enigma esta decisión del presidente mientras se producía una crisis de Estado que afecta a principios básicos como la seguridad y el conjunto de las relaciones exteriores.

Estos días hay quien no reconoce a Sánchez en esta manera de actuar, después de haber gestionado graves crisis en su mandato y de haber optado casi siempre por mostrar hiperactividad antes que esconderse. No han visto al Sánchez con reflejos y capacidad de reacción y no entienden su retiro en plena crisis.

Eso ralentizó la toma de decisiones y propició que otros ministros difundieran despreocupados sus fotos en la playa o en bicicleta, como si no pasara nada y la crisis estuviera ya superada.

Casi un mes después, Moncloa ha tenido que corregir el rumbo y tomar decisiones como la creación de un Mando Único que le reclamó sin éxito en julio Juan Jesús Vivas. O la petición de este viernes, un mes después, a la Comisión Europea para que Frontex, Europol y la Agencia Europea de Asilo colaboren en Ceuta, tras rechazar dos veces el ofrecimiento.

Esas rectificaciones ya son suficiente reconocimiento del error inicial, pero ya es muy difícil levantar la sensación generalizada sobre la desastrosa gestión de la crisis de Ceuta, que ya está instalada incluso en sus filas.

Sánchez será entrevistado este lunes por Aimar Bretos en Hoy por Hoy de la Cadena Ser. Y el jueves 3 comparecerá en el Congreso.

Habrá estado un mes justo sin hablar pese a “la violación de la integridad territorial” y la crisis de Estado que aún se mantienen, algo que no había hecho en ninguna de las graves crisis que ha tenido que afrontar desde la Moncloa.

En un mes sólo se escuchó al presidente en un vídeo recomendando la música de su playlist. Su tono era informal y despreocupado y en ese contexto rozaba lo frívolo, según se admite en su entorno.

La versión oficial es que ha trabajado desde su residencia de verano, como si estuviera en la Moncloa. Pero esa tesis no cuadra tampoco con las campañas del PSOE contra presidentes autonómicos del PP que siguieron de vacaciones mientras había incendios forestales en sus comunidades.

En este caso, estaba claro que la crisis iba a durar. Y, de hecho, se llega ya a septiembre con la situación enquistada y agravada en Ceuta por el paso del tiempo, lo que supone un elevado coste político que miembros del Gobierno y del PSOE admiten con evidente preocupación. Un mes después de que Puente diera por resuelta la crisis.

Y lo que es peor, el Gobierno teme ahora que la crisis operativa se prolongue aún durante muchas semanas.

La crisis política se mantendrá aún mucho tiempo después, con el poso que quede de la grave situación.

Se ha hecho casi todo mal y ahora es muy difícil dar la vuelta a la imagen de desastre”, admite un destacado miembro del Gobierno que sólo añade a su lamento el atenuante de las dificultades legales para actuar.

La sensación de desastre ha calado también en los socios del PSOE en el Gobierno y el Congreso. Un portavoz de uno de esos grupos explica que han visto al Gobierno desbordado y dando imagen de fin de ciclo, lo que dificultará el final de legislatura.

En ese contexto arranca esta semana el último curso político de la legislatura. De facto, arranca también una precampaña para unas elecciones generales que probablemente se celebren entre febrero y marzo de 2027, con las opciones más remotas de ser en otoño de este año o en julio del próximo.

Se entra en un periodo en el que ya no hay tiempo material de tramitar nuevas iniciativas legislativas desde su inicio, y en el que cualquier acontecimiento puede ser decisivo, porque ya no hay espacio para enmendar errores o enderezar rumbos equivocados.

Sánchez llega al punto de salida del curso electoral en pésima situación política, con el Gobierno aún más debilitado y desbordado por la crisis de Ceuta. Ya carecía de apoyo parlamentario suficiente y eran evidentes sus grandes dificultades para sacar adelante cualquier iniciativa en el Congreso.

Además, los acontecimientos del verano han situado en el centro de la agenda política el asunto que menos conviene al Gobierno: la inmigración.

Sánchez llegó a finales de julio exhausto, sobre todo por los asuntos relacionados con la corrupción, deseando el inicio de las vacaciones para recuperar resuello. Así lo hizo un año antes cuando estaba asediado por la imputación de Santos Cerdán y le resultó.

Ahora los hechos de Ceuta han arruinado esa estrategia y dificultan que Sánchez pueda aprovechar el arranque del curso para tomar impulso hasta las generales. Más aún, teniendo en cuenta que volverá a estar a expensas de las previsibles noticias adversas procedentes de los juzgados.

El PSOE admite que ya no hay duda de que la inmigración centrará el debate electoral. Y ahí el Gobierno lleva ahora las de perder, porque en Ceuta ha quedado tocado el mensaje de Sánchez y su capacidad de gestión. Varias de sus políticas han colapsado en Ceuta.

Hasta ahora solo la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha hecho un mínimo de ejercicio de autocrítica pública en el Gobierno sobre la gestión de la crisis de Ceuta.

También en eso Robles ha ido por libre en el Gobierno. Y se ha quedado sola también al admitir que hubo información previa del CNI sobre el riesgo de una avalancha de inmigrantes en la frontera. Discrepancia interna que ha mostrado la situación del Gobierno y que, sobre todo, ha abierto de par en par el debate sobre la vulnerabilidad de una parte de España.

La ministra rompió el miércoles en el Congreso el relato incluido en un argumentario elaborado por Moncloa como base para las comparecencias de los ministros en la Cámara, que negaba la información previa, además de exculpar a Marruecos.

Sin embargo, en los últimos días se ha extendido en el Gobierno y el PSOE el convencimiento de que la actuación no sólo no ha sido adecuada, sino que provoca un daño enorme a Sánchez, además de crear un caldo de cultivo para la ultraderecha.

Se considera internamente que se arruina la utilidad de cesiones a Marruecos como las del Sáhara o el Mundial de fútbol; se muestra la vulnerabilidad de la frontera y el posible fallo de la inteligencia española.

Se transmite la impresión de ausencia del Estado en Ceuta; se comete el error de dar la crisis por cerrada de forma precipitada; se exhiben las vacaciones del Gobierno en momentos de tensión; queda clara la descoordinación y las contradicciones internas, y se toman tarde decisiones sobre el Mando Único, entre otros efectos detectados, casi todos negativos.

En la izquierda se aceptó con resignación el giro de Sánchez sobre el Sáhara, aceptando el argumento de que evitaba el conflicto con Marruecos. Y ahora ese argumento colapsa.

Moncloa insiste en que no hay datos de la implicación de Marruecos por acción o por omisión, aunque ese argumento choque con la posición de todos los demás partidos (incluido Sumar) y de toda la opinión pública. Tanto, que el Gobierno nada contracorriente y resulta imposible que pueda modificar esa impresión generalizada.

Queda tocada la política de inmigración del Gobierno porque se han visto imágenes de una frontera inexistente y desbordada. Y porque ha recibido el toque de atención de la Unión Europea, que deseosa de pasar facturas pendientes a Sánchez le ha dejado completamente solo.

Sobre la tardanza en crear el Mando Único que pidieron Vivas y el PP desde el principio, la versión oficial señala que se consideró que sólo era necesario en la segunda fase de la gestión.

Pero miembros del Gobierno atribuyen en parte la descoordinación a la propia estructura actual del Ejecutivo.

Por ejemplo, no hay una Vicepresidencia política que coordine y las competencias de Inmigración están repartidas entre el ministerio de Inclusión y el de Interior. Y, finalmente, quien lo coordina desde hace tiempo es el departamento de Política Territorial, que dirige Ángel Víctor Torres, aunque en su estructura no incluye este asunto.

Y se arruina la imagen de gestión que pretendía tener el Gobierno, la impresión del presidente que resuelve crisis. Como escribió Puente de forma precipitada, “otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez”.

Moncloa explica que su actuación sobre este caso está limitada por la prudencia diplomática, por la ley y por la falta de colaboración de las comunidades autónomas gobernadas por el PP.

Por la diplomacia, porque no pueden revelar datos de la relación con Marruecos, no tienen indicios de que su Gobierno esté detrás de los hechos y, por contra, sí saben que hubo injerencias a través de redes, sin que puedan revelar quién está detrás.

Por la ley, porque el Tribunal Supremo ya sentenció que no es posible hacer devoluciones masivas y, de hecho, hubo condenas a altos cargos por hacerlo en 2021.

Y por el PP, porque no es posible trasladar a menores a la Península sin su colaboración, ya que la gestión de los servicios sociales depende de las comunidades.

A los de Alberto Núñez Feijóo les culpan de hacer circular bulos como el de la supuesta legalidad de las expulsiones masivas de menores o la extensión en Ceuta de enfermedades y delitos.

Un mes después, el Estado sigue en crisis y mostrando su impotencia.