Pedro Sánchez durante  su intervención en la segunda jornada del debate de investidura.

Pedro Sánchez durante su intervención en la segunda jornada del debate de investidura. Eva Ercolanese PSOE

Política INVESTIDURA

El debate de investidura de Sánchez liquida el modelo político de la Transición

"Lo que nos espera... Esto no había sucedido nunca": circunstancias como que Bildu y ERC sostengan al Gobierno, marcan una nueva etapa.

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A la salida del Congreso, decenas de diputados -de unos y otros partidos- verbalizaron la excepcionalidad reinante de distintas maneras. Armados de sus siglas y con la vista puesta en el contrario, decían: "Lo que nos espera... Esto no había sucedido nunca". Y es verdad. Determinadas circunstancias convierten la investidura de Pedro Sánchez en un capítulo inédito.

Víspera de Reyes, sesiones en fin de semana, Esquerra Republicana y EH Bildu como pilares imprescindibles, el margen de un solo voto, una coalición con un partido situado en el extremo izquierdo del tablero... Un panorama que nada tiene que ver con el instalado por las distintas fuerzas a lo largo de la Transición. Aquel modelo deja paso a otro que, de momento, es todo incertidumbre. ¿Cómo funcionará un gobierno sostenido en casi una decena de partidos? "¡Esto ha sido una trinchera!", espetaron las izquierdas mirando a las derechas y viceversa.

La primera singularidad tiene que ver con la propia formación de Gobierno. Unidas Podemos va a convertirse en el primer partido a la izquierda del PSOE que entra en un Ejecutivo desde que lo hiciera el PC en la II República. Largo Caballero, presidente socialista, nombró a dos ministros comunistas. Será también la primera vez desde 1975 que toquen poder unas siglas tan alejadas del centro.

Bronca en el Congreso durante el turno de Bildu

Independientemente del signo, ya es una novedad el mero hecho de la coalición. Tras la dictadura, ningún gabinete había incluido dos partidos. Los más heterogéneos fueron los gobiernos de UCD, que integraban a políticos de distintas familias, pero encuadrados en un proyecto común. No sucede así en el caso de PSOE y Unidas Podemos. El propio Sánchez lo denominó hace un par de meses como "dos gobiernos en uno". Los socialistas difieren con UP en los dos asuntos más peliagudos: economía y territorialidad. Refuerza esa excepcionalidad la existencia de una pareja en el Consejo de Ministros: Iglesias-Montero.

Otra de las novedades respecto a lo que fue la Transición es la colaboración activa de dos partidos opuestos a la unidad del Estado. En el caso de Esquerra Republicana, Sánchez se ha visto obligado a firmar un documento que avala la creación de una Mesa entre gobiernos. Allí, Moncloa deberá debatir la autodeterminación con Torra, aunque el PSOE reitera que no la aceptará. En cualquier caso, Sánchez admite que celebrará una consulta en Cataluña acerca de los acuerdos que alcance con los de Oriol Junqueras.

Sánchez ha llegado a decir que la "judicialización del conflicto ha hecho imposible la política", en una clara asunción de la retórica nacionalista. En un giro copernicano respecto a sus propias intervenciones, el presidente enarbola, igual que ERC, la expresión "conflicto político".

Victoria por la mínima

En el caso de EH Bildu, no existe un papel que recoja firmas ni cesiones, pero la abstención de los de Arnaldo Otegi es imprescindible para que Sánchez sea investido. Si votaran en contra, el PSOE no mantendría Moncloa. Por eso se trata de una "abstención activa", tal y como recordaron PP, Ciudadanos y Vox. Los abertzales, al salir del Congreso, celebraron: "La izquierda independentista ya pone y quita presidentes".

El silencio que guardó Sánchez frente a las palabras de Mertxe Aizpurua, su portavoz, soliviantó al centro, la derecha y la derecha radical. Diputados de PP y Vox lanzaron gritos de "¡asesinos, asesinos!". Adolfo Suárez Illana, miembro de la Mesa, dio la espalda a Aizpurua durante su discurso. Se formó una especie de tangana que ilustró esa desaparición del modelo de la Transición.

Incluso el calendario apuntala la peculiaridad. Las dos primeras sesiones de investidura se han celebrado en fin de semana y víspera de Reyes. Algo que no había ocurrido en ninguno de los procesos que se han sucedido desde 1979 hasta hoy -el gobierno de 1977 no necesitó ser investido tras las elecciones porque todavía no estaba reglado el procedimiento mediante la Constitución-.

El último retazo inusual va en relación al estrecho margen con el que, presumiblemente, Sánchez salvará la investidura: un solo voto. Por eso PP, Cs y Vox albergan una "mínima esperanza". Trabajan para que un parlamentario del PSOE vote en contra. El giro de última hora de Ana Oramas ha arrimado al presidenciable al borde del abismo.

Tal es el riesgo, que Ferraz ha dado una orden a sus diputados: los 120 deberán pasar la noche del 6 de enero en Madrid para que no haya imprevistos.