Quim Torra junto al presidente del Parlamento catalán y miembros de su Gobierno.

Quim Torra junto al presidente del Parlamento catalán y miembros de su Gobierno. Marta Pérez EFE Barcelona

Política EL OTOÑO CALIENTE DEL SEPARATISMO

La división entre el "independentismo mágico" de Puigdemont y el pragmatismo de ERC marca la primera Diada tras el 1-O

Un disgusto cada 72 horas. Esa es la leve (por el momento) dosis de realismo que ERC, a sólo 24 horas de la Diada, le ha recetado a las bases independentistas con el objetivo de erradicar la infección del procés sin acabar con el paciente del catalanismo durante el proceso

A tenor de lo leído y oído durante las últimas horas en las redes sociales y los medios locales, la receta de ERC ha sido rechazada, entre convulsiones y fuertes espasmos, por el paciente. El partido republicano se suma así, doce meses tarde, a esos sectores marginales del nacionalismo que han defendido desde el primer día del procés la idea de que la independencia unilateral es una vía muerta para el catalanismo. 

El terremoto provocado por ERC, con epicentro en Madrid pero cuyos efectos se han dejado notar principalmente en las salas de reuniones del palacio de la Generalidad, amenaza con ahondar el cisma existente entre el sector pragmático del nacionalismo, encarnado por ERC, y el unilateralista o "mágico", encarnado por Torra, Puigdemont, la CUP, TV3 y la ANC

Si el miércoles era el diputado de ERC en el Congreso Joan Tardà el que provocaba un shock entre los suyos al llamar "estúpidos e ingenuos" a los independentistas que creen "que se puede imponer la independencia al 50% de catalanes que no lo son", este sábado por la noche era Gabriel Rufián el que, entrevistado en el programa Preguntes freqüents de TV3, llamaba a pinchar "según qué burbujas o discursos del independentismo mágico que todo el mundo conoce". La respuesta entre el separatismo fue, mayoritariamente, de estupor. 

Que las dos caras visibles del independentismo en Madrid (los diputados de CDC en el Congreso tienen un nivel de visibilidad mucho menor que los dos líderes de ERC) hayan coincidido en su voluntad de bajar de la nube del independentismo "mágico" a las masas independentistas a sólo unas horas de la Diada no es casualidad y obedece a dos factores.

El primero es la encuesta interna que ERC encargó el pasado mes de julio para determinar, con la mayor precisión posible, cuál es el verdadero estado de ánimo de las bases independentistas más allá de las declaraciones rimbombantes y los órdagos para consumo interno. El objetivo de esa encuesta, según una fuente cercana a la cúpula del partido republicano, es "saber cuántos hiperventilados hay realmente en Cataluña". Las declaraciones de Tardà y Rufián parecen confirmar que la conclusión de ese estudio ha sido "menos y más cansados que hace un año"

El segundo factor son las encuestas de intención de voto en Cataluña que, como la que hoy publica EL ESPAÑOL, colocan a ERC en primera posición destacada, a Ciudadanos en segunda posición a sólo tres puntos de distancia de los republicanos, y a JxCAT descolgado en tercera posición y víctima de un llamativo descenso de entre 7 y 9 escaños. A la espera del impacto que la Crida de Puigdemont, en función de cómo se concrete en la práctica, pueda tener en esos resultados. 

Tras combinar ambos datos, no parece aventurado afirmar que la actual estrategia de ERC ("paciencia y realismo, es decir autonomismo") es un camino más rentable electoralmente en estos momentos en Cataluña que el desafío constante en el que parecen obcecados los sectores más quiméricos del independentismo

Más allá del ruido

Nadie cree que ERC haya dejado de ser independentista. Pero sí han sido los primeros en abandonar, de momento tímidamente, un camino que ha conducido al independentismo a una cámara de aislamiento sensorial donde las únicas voces que se escuchan son las del eco y en la que los objetivos políticos han sido sustituidos por las declaraciones desafiantes de Torra, siempre infructuosas, y el fetichismo de los lazos y las cruces, convertido ya en poco más que un complemento de moda.

La nueva táctica de ERC no cambiará ni siquiera si la Diada de mañana tiene un éxito sin precedentes. Entre otras razones porque, lo tenga o no lo tenga, los medios catalanes jamás reconocerán que la moral en el sector independentista está en su punto más bajo de los últimos doce meses. Pero el fragor mediático, en el sector republicano, se da por descontado y los actuales líderes del partido, con Pere Aragonés a la cabeza, han aprendido a aislarse de las redes sociales y la imagen falsa que transmiten de una realidad mucho menos beligerante de lo que parece.

Nadie en el partido republicano cree, además, que los CDR y la ANC tengan la fuerza suficiente como para bloquear las infraestructuras catalanas o paralizar la actividad económica de la región durante un periodo de tiempo significativo, como se ha especulado durante los últimos días. El plan de ERC es sobrevivir al otoño caliente programado por Puigdemont, Torra y la ANC sin sufrir daños irreparables y, una vez baja la marea de las próximas semanas, proseguir con su táctica de ocupación del espacio del nacionalismo moderado anteriormente perteneciente a Convergencia.

Es decir, el viejo "ahora paciencia y después independencia" del pujolismo, pero esta vez con los actores cambiados. Ese, y no otro, es el verdadero río subterráneo del nacionalismo en estos momentos. Lo de la superficie es sólo ruido.