Lazos amarillos en el parque de la Ciudadela de Barcelona.

Lazos amarillos en el parque de la Ciudadela de Barcelona. Enric Fontcuberta EFE Barcelona

Política VIOLENCIA NACIONALISTA EN CATALUÑA

Prensa y partidos independentistas blanquean la agresión del parque de la Ciudadela

No hicieron falta consignas porque en el régimen nacionalista todos conocen su función. Medios de comunicación, redes sociales y partidos políticos catalanes, incluido el PSC y con la única excepción del PP y Ciudadanos, respondieron ayer domingo como si fueran una sola mente frente a la agresión sufrida por una mujer cuando sus hijos retiraban lazos amarillos en el parque barcelonés de la Ciudadela.

"El agresor era de Ciudadanos", "no hay pruebas de la agresión", "si le han roto la nariz que aprovechen para ponerle el tabique nasal de platino" o "la pelea no tuvo motivación política" fueron algunos de los argumentos esgrimidos. La unanimidad entre gobernantes, sociedad civil y medios de comunicación fue, como en tiempos del editorial único, absoluta. 

El relato oficial sobre lo sucedido corrió a cargo de Mayka Navarro, periodista de La Vanguardia. Sin más fuente que "los tres mossos d’esquadra de la Arro que en ese momento estaban haciendo vigilancia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña" y que, según el propio texto de la periodista, ni siquiera estaban presentes en el momento de la agresión, Navarro tituló su texto "La agresión a una mujer porque sus hijos retiraron lazos amarillos no fue por motivos políticos"

Así llegó al hospital la mujer agredida en Cataluña

Según la versión de los hechos de La Vanguardia, que es la de los Mossos d'Esquadra, la pelea se inició cuando un vecino recriminó a los hijos de la mujer que tiraran papeles al suelo. Que esos papeles fueran, casualmente, lazos amarillos y que el agresor mandara a la mujer "de vuelta" a su país no fueron suficientes para calificar la agresión como "política". Según Navarro, "no hubo alusiones políticas de nadie". 

Establecida la versión oficial, la de que la agresión no tuvo motivaciones políticas (el primer titular de la noticia ni siquiera daba credibilidad a la agresión: "Una mujer denuncia que le han roto la nariz por quitar lazos amarillos"), quedó abierta la veda para la demonización de la víctima. Quim Monzó, también colaborador de La Vanguardia, insinuó que la mujer agredida, en tanto que esposa de un militante de Cs, era cocainómana y podía aprovechar la ocasión para sustituir su tabique nasal roto por otro de platino.

El diputado de ERC Gabriel Rufián aprovechó la versión de los mossos d'esquadra publicada en La Vanguardia para calificar de "fake news" la agresión y arremeter contra Cs. Como prueba de la supuesta manipulación de la agresión, Rufián utilizó las fotos de la agredida publicadas por algunos perfiles de Twitter (la mayoría de ellos anónimos) y que se demostraron rápidamente falsas. 

Cuando la presidenta de la comunidad autonómica andaluza, Susana Díaz, publicó ayer un tuit solidarizándose con la mujer agredida, Rufián respondió con un tuit en el que se solidarizaba con Alberto Garzón por los insultos recibidos por un borracho en Rincón de la Victoria (Málaga). 

A la minimización de la agresión se sumó también Miquel Iceta, líder del PSC, que condenó "todas las agresiones, todas las intimidaciones, toda la violencia, toda muestra de intolerancia, sea quien sea la víctima". Es decir la misma fórmula ("condenamos todas las violencias vengan de donde vengan") empleada por Herri Batasuna tras los atentados de ETA o por Podemos tras cada una de las matanzas de ciudadanos venezolanos a manos de policías, militares o sicarios del régimen de Maduro. Una forma como otra cualquiera de convertir a las víctimas en culpables de una hipotética violencia paralela y en sentido contrario a la sufrida por ellas

A la equidistancia entre agredida y agresor se sumó la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que adornó el ya rutinario tuit de condena de "cualquier forma de violencia" con uno de Inés Arrimadas en el que la líder de Ciudadanos le pedía al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que deje de blanquear "a los que rompen la convivencia en Cataluña". 

En la prensa digital soberanista el relato fue unánime: la agresión no tuvo motivo político y la culpa del enrarecimiento de la convivencia en Cataluña es de Cs. "Ciudadanos no rectifica pese a desmentirse el móvil político de la agresión", "La prensa española exprime la agresión a una mujer que arrancaba lazos" y "El identificado por el incidente de Barcelona niega que fuera una agresión" titulaba El Nacional.cat. Vilaweb, por su lado, calificaba la agresión de "pelea" en una de sus noticias. 

El diputado de Cs Carlos Girauta se hizo eco de la manipulación y recordó que los mossos d'esquadra presentes no sólo no habían detenido al agresor sino que le habían animado a denunciar a su víctima. También recordó que, a diferencia de lo ocurrido en el caso de la agresión sufrida por el fotógrafo y activista separatista Jordi Borràs, la policía no había filtrado en esta ocasión el nombre del agresor. 

La palabra "incidente" era utilizada también por TV3 para restar importancia a la agresión. En otros casos similares, como el de la agresión sufrida por Jordi Borràs, TV3 sí había utilizado el término correcto.

El consejero de Educación del Gobierno regional, Josep Bargalló Valls, se sumó también a la labor de demonización de Cs. Bargalló no mencionó la agresión, aunque sí hizo alusión a una supuesta financiación del partido naranja por parte del IBEX, sin que nadie acertara a establecer la relación entre una cosa y la otra. 

Mención aparte para el silencio del feminismo respecto a la agresión de un hombre a una mujer que acabó con esta en el hospital y con la nariz rota. Silencio que Inés Arrimadas conoce muy bien y que plantea una pregunta inquietante. Si la agresión no tuvo (supuestamente) motivos políticos, ¿por qué razón se dudó desde el primer momento de la versión de la agredida y no se le concedió la presunción de veracidad de la que sí disfrutan las víctimas de agresiones machistas?