Jordi Cañas, en el balcón de su apartamente en el barrio del Borne de Barcelona.

Jordi Cañas, en el balcón de su apartamente en el barrio del Borne de Barcelona. Alberto Gamazo Barcelona

Política CIUDADANOS

¿Por qué Albert Rivera no ha llamado todavía a filas a Jordi Cañas?

Pero… ¿dónde está Jordi Cañas? Esa es la pregunta que circula, como un runrún insistente, entre los militantes de Ciudadanos. Tomada de forma literal, la respuesta a la pregunta es "de vacaciones de verano". Pero lo que se preguntan esos militantes, y también muchos simpatizantes catalanes del partido, no es dónde está Jordi Cañas 'geográficamente' sino dónde está 'políticamente'. Más concretamente, lo que se está preguntando es "¿por qué no se ha reincorporado Jordi Cañas al partido?". Es decir: "¿Por qué Albert Rivera no le ha llamado todavía a filas?"

Han pasado ya más de seis meses desde el 7 de febrero, la fecha en que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña desestimó las acusaciones de delito fiscal que pendían sobre Cañas y por las que dimitió de todas sus responsabilidades políticas en 2014. Las acusaciones nunca tuvieron mayor fundamento y no fueron pocos entre sus compañeros e incluso entre sus rivales políticos los que le recomendaron por aquel entonces no renunciar a su acta de diputado por unos cargos que, como era vox populi en el Parlamento catalán, jamás llegarían a nada. 

Pero Jordi Cañas, fiel a su palabra, renunció a su escaño y empezó a recorrer ese via crucis de cuarenta y seis meses que acabó este febrero con su absolución por el inexistente fraude de 430.000 euros que se le imputaba.

Preguntado a principios de año por las razones de una acusación tan endeble pero de tan letales consecuencias políticas y personales para él, Jordi Cañas no dijo una palabra más alta que la otra. "Yo sé por qué han hecho esto, pero a la política se llega llorado de casa", respondió durante la entrevista concedida a EL ESPAÑOL el 25 de marzo

Líder de opinión sin cargos

En aquel momento, quien más quien menos en Cs auguraba un más o menos rápido retorno a la primera línea de las responsabilidades políticas para Jordi Cañas. Pero los meses han ido pasando y al de Barcelona se le ha visto muy activo y tan beligerante como siempre en las redes sociales y en tertulias de TV3, Rac1 e Intereconomía, pero no en Cs.

Una situación extraña para uno de los pocos miembros del partido que militan en él desde su misma fundación. Cuando, como él mismo suele explicar, cargaba con las sillas y la mesita de camping de su casa y se las llevaba a los actos de Cs para trampear las escaseces financieras de una formación política que apenas empezaba a dar sus primeros pasos. 

La situación, en definitiva, es extraña. Porque Jordi Cañas sigue siendo, en el imaginario popular catalán, un dirigente más de Cs a pesar de no ostentar ningún cargo en el partido. O, dicho de otra manera, un líder de opinión entre sus seguidores (40.000 sólo en Twitter). 

No es infrecuente, en este sentido, ver cómo los tuits de Cañas son contestados por sus detractores y rivales políticos como si se tratara de declaraciones oficiales del partido liderado por Albert Rivera y no los de un ciudadano más que, a día de hoy, no ostenta ningún cargo en él. Como este, por ejemplo, en el que el exdiputado de Cs acusa al Gobierno catalán y a los Mossos de intimidar a los ciudadanos discrepantes y en el que pide a los fiscales que actúen de oficio contra ellos

El cambio de Cs

El Cs de 2018 no es el de 2014. Hoy, en Cataluña y junto a Albert Rivera, se mueven Inés Arrimadas, Carina Mejías y un Manuel Valls que en muy pocos días aclarará, por fin, sus planes respecto a la ciudad de Barcelona. Unos planes que podrían llevarle a una alcaldía de Barcelona para la que, en 2014, antes de su renuncia, sonaba el propio Cañas

Hace sólo unos días, el digital Dolça Catalunya, uno de los pequeños medios alternativos de la Cataluña constitucionalista que dan la batalla contra el nacionalismo de forma (más o menos) anónima y sin apoyo alguno de las administraciones catalanas, publicó un texto muy corto titulado Te necesitamos, Jordi. "¿A qué espera Ciudadanos para devolvernos a Jordi?" se preguntaban los llamados "dolços" en el cuerpo de la noticia. En los comentarios, uno de los lectores del digital daba una de las posibles claves de esa tardanza: el estilo de Jordi Cañas (más romántico y esencialista, menos dispuesto a transigir con los principios) es opuesto al de Rivera (más pactista, más convencionalmente "político"). Pero eso es sólo una especulación. 

Manchas imposibles de lavar

Existe una segunda posibilidad. Quizá la más descorazonadora. A pesar de la desestimación de todos los cargos que pesaban sobre él, Jordi Cañas seguiría "manchado" de corrupción en la cabeza de muchos ciudadanos. "Lanza una mentira y deja que se extienda como una mancha de aceite: para cuando se demuestre que la acusación era falsa, la víctima ya habrá quedado marcada para siempre" es un principio básico del maquiavelismo político. Uno de los más letales a la hora de encanallar la política y alejar de ella a los ciudadanos más preparados. 

Pero esto, también, es sólo una especulación. Quizá Albert Rivera sólo está esperando al momento más adecuado para devolver a Jordi Cañas al lugar del que nunca debería haber salido: el de la primera línea en el frente de batalla contra el populismo y el nacionalismo. El de la primera línea de Cs.