Manuela Carmena en el momento de la votación.

Manuela Carmena en el momento de la votación. Efe

Política Madrid

Las siete trampas de las consultas ciudadanas de Carmena

La baja representatividad, las preguntas teledirigidas, el censo arbitrario o el coste sulfuran a la oposición.

Rita Maestre y el concejal de Participación, Pablo Soto, madrugaron para lanzar los resultados de las consultas ciudadanas justo antes de que empezara el pleno. Ocho y media de la mañana del lunes. Era la guinda a "la fiesta de la democracia", "un hito histórico". El Gobierno cerró filas en torno a una cifra: 212.000, el número de participantes en los referéndum celebrados entre el 13 y el 19 de febrero. Menos de un 7% del total de los madrileños.

Los concejales de PP y Ciudadanos, lejos de mostrarse felices ante los datos mostrados en la pantalla, hablaban de "show" y "farsa sin precedentes". Tanto un partido como otro pidieron explicaciones a la alcaldesa nada más comenzar la sesión y arremetieron contra la metodología empleada por Ahora Madrid. Para ellos hay trampa. Y son siete.

Los datos de la consulta convocada por el Ayuntamiento de Madrid

1. Preguntas teledirigidas

La pregunta referida al ensanchamiento de las aceras en la Gran Vía incluía la palabra "mejora", induciendo así la respuesta: una negativa se presentaba como un perjuicio. "¿Estás de acuerdo con mejorar el espacio peatonal de la Gran Vía mediante la ampliación de sus aceras?", rezaba la papeleta. La tercera de las cuatro preguntas se escribió de modo similar: "¿Consideras necesario mejorar las condiciones de las plazas traseras vinculadas a Gran Vía para que puedan ser utilizadas como espacio de descanso y/o de estancia?".

Más de lo mismo con el Parque Felipe VI, el segundo más grande de Madrid, que perderá su nombre. "¿Debe retomar el actual Parque de Felipe VI su nombre original Parque Forestal de Valdebebas?". El PP acusó al Ejecutivo de camuflar su intención en un envoltorio participativo. "La propuesta es fruto de unas jornadas de análisis", contestó Ahora Madrid.

2. La nula representatividad

Si se desglosa el 7% de participación por consultas, queda de manifiesto la "nula" representatividad de las decisiones que tomará Carmena amparada en estas votaciones. La peatonalización de Gran Vía ha sido refrendada por sólo 83.100 madrileños, un 2,6% de la población.

El Gobierno municipal considera un éxito este porcentaje y se agarra a los números de otras ciudades europeas. La oposición se ríe y habla de "farsa sin precedentes". Esperanza Aguirre arremetió con el escudo de sus 500.000 seguidores en Twitter, "total, es lo mismo".

Otra de las decisiones polémicas, por su evidente carga simbólica, es el cambio de nombre del Parque Felipe VI, que pasará a llamarse Parque Forestal de Valdebebas. El rebautizo lo han decidido 2.528 madrileños, menos del 1% del censo total.

3. Un censo arbitrario

Además de las cuatro grandes cuestiones que podían votarse -Gran Vía, Plaza de España, Billete Único de Transporte y Madrid 100% sostenible-, el Ejecutivo municipal abrió la puerta a varias cuestiones por distritos. En estos casos, la participación se restringía a quienes vivían o trabajaban en el lugar de aplicación de la medida.

Así ha ocurrido con el cambio de nombre del Parque Felipe VI, cuatro veces más grande que El Retiro y de mayor tamaño que Central Park. A pesar de los miles de madrileños a los que afectará este nombre, Ahora Madrid sólo permitió el voto a los vecinos del distrito de Hortaleza. Otro tanto ocurre con el aumento de la protección a algunos edificios de carácter histórico en el barrio de Salamanca, refrendada sólo por sus habitantes y quienes allí trabajan.

4. Un recuento sin vigilancia

El recuento de las papeletas fue efectuado por alrededor de un millar de voluntarios. Carmena envió correos electrónicos a los madrileños para animarles a que participaran en las mesas electorales. Bastaba con ser mayor de 16 años y mostrar el DNI.

Los errores y confusiones fueron constatados por este periódico, que participó en el recuento con un redactor. En una de las naves del antiguo Matadero, los voluntarios disponían de las papeletas y las clasificaban.

5. Sin poder de decisión

El equipo de Gobierno animó a los madrileños a participar en cuestiones como la implantación de un billete único de transporte público. Es decir; que alguien que enlace un tren de cercanías y un metro no tenga que sacar dos tiques.

La respuesta ha sido afirmativa en el 94% de los casos, pero el billete único no se aplicará necesariamente. En este punto, la oposición criticó que Carmena someta a consulta extremos que no podrá confirmar por no tener competencias para ello. El Ayuntamiento de Madrid ostenta representación en el consorcio regional de transportes, pero debería conseguir el apoyo de Cifuentes para hacer realidad el resultado de la consulta.

6. Del 'low cost' al millón de euros

Ahora Madrid, ante las críticas, comparó continuamente los costes de las consultas ciudadanas con el de unas elecciones generales. El edil de Participación, Pablo Soto, llegó a decir que con los contratos de la M-30 suscritos por Gallardón podrían celebrarse referéndums durante décadas.

En un primer momento, sólo se detallaron los costes del ensobrado de las papeletas: 200.000 euros. Faltaban por conocerse las inversiones en campaña, la compra de Ipads, las urnas... Finalmente, se ha cifrado el proceso en 1,1 millones de euros, lo que supone alrededor de 5 euros por cada voto emitido.

7. Movilización de partido

A las puertas de un edificio municipal reconvertido en colegio electoral, muy pocos madrileños conocían el motivo de las consultas. De los 212.000 votos, sólo el 11% se efectuó en urnas presenciales. La postura de Carmena fue refrendada masivamente por todas y cada una de las votaciones.

PP y Ciudadanos insistieron en que la participación online y el conocimiento de las preguntas puestas sobre la mesa se asociaba a quienes siguen de cerca y apoyan la gestión de Ahora Madrid. "Claro, votan los suyos", insistió Esperanza Aguirre. La baja participación demuestra que sólo los sectores más movilizados acuden a este tipo de consultas, por lo que unos pocos activistas pueden decidir el futuro de la ciudad.