Yolanda Díaz, Fernando Simón, Raquel Yotti y Salvador Illa.

Yolanda Díaz, Fernando Simón, Raquel Yotti y Salvador Illa.

España

Antología de disparates en el 'circo' de las ruedas de prensa: así afecta el Covid-19 a los ministros

La sensación de improvisación va en aumento. Los expertos en comunicación creen que el Gobierno no lo está haciendo como debiera.

4 abril, 2020 02:30

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Las luces están encendidas. Los pilotos de las cámaras, también. Micros más que listos. Y, de repente, emerge la voz más repetida en toda la crisis del coronavirus en nuestro país: la de Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de comunicación. Él, si la Moncloa fuera un circo -que a veces puede llegar a parecerlo-, sería el maestro de ceremonias. Así, bajo su batuta, comienza el acto más repetido desde que saltara la pandemia del covid: la rueda de prensa. 

Las comparecencias públicas del Gobierno ante los medios de comunicación se ha multiplicado de manera exponencial en nuestro país al mismo ritmo que los contagios del coronavirus SARS-CoV2. Y la sensación que deja es un tanto agridulce.

Porque los errores no paran de repetirse. La sensación de improvisación se hace cada vez más patente. Lo saben los ciudadanos, que lo expresan en redes, sí. Pero la tesis de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez no lo está haciendo tan bien como debiera también es secundada por los expertos en comunicación política.

Quizás todo resida en que no se trata de pequeños detalles aislados. Tampoco se circunscribe únicamente a un ministro o a un área en concreto. Los pequeños fallitos, máxime en una situación de crisis en la que los ciudadanos están ávidos de información y que buscan tranquilidad en la respuesta de los líderes, no sólo se acumulan, sino que se extienden como una mancha de aceite.

Contradicciones y evasión de respuestas

¿Por qué? Principalmente, por las contradicciones en el discurso. Por la irregularidad de las apariciones del presidente del Gobierno. También por las meteduras de patas y fiascos protagonizados por algunos de los múltiples portavoces a los que Moncloa ha dado voz en estas semanas.

Para muestra, un botón: 

1. Simón y los muertos "bien comprobados"

El principal perjudicado es quien más explicaciones ha tratado de dar al público. Se trata, claro, de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. 

Sus perlas son de sobra conocidas. Sobre todo por su discurso lleno de contradicciones. La mayor de todas fue pasar del “España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado de coronavirus” al “aún no hemos llegado a lo peor”. Tanto es así que él mismo contrajo la covid-19 y en la actualidad tiene que mantenerse aislado en su propio domicilio mientras sigue trabajando.

Del propio Simón también es una declaración que dejó patidifuso a más de un ciudadano. En redes se ha atribuido erróneamente a Raquel Yotti, directora del Instituto de Salud Carlos III por una confusión en los rótulos de una cadena de televisión, cuando se le cuestionó por la posible mortalidad del coronavirus en pacientes a los que no se les sometió a ningún test. “No se hacen pruebas a todos los infectados, pero los fallecimientos se comprueban bien”

Declaración de Simón atribuida a Yotti. Imagen que circula por redes.

Declaración de Simón atribuida a Yotti. Imagen que circula por redes.

2. Illa y el misterio del fármaco de Wuhan

Al ciudadano hace que se le arquee la ceja que se conteste en múltiples ocasiones, por parte de la máxima autoridad sanitaria -esto es el ministro de Sanidad, Salvador Illa-, que “se desconocen” datos o que “no consta” algún extremo de la información.

Pero el colmo llegó el día 20 de marzo. Tras su alocución en Moncloa, a Illa se le preguntó por el posible uso de la cloroquina dentro del tratamiento contra el coronavirus. Se trata de un medicamento bien conocido y utilizado en la sanidad, normalmente como método contra la malaria. China ya lo usó en Wuhan; Alemania había anunciado que estaba haciendo acopio e incluso Trump había comenzado a interesarse por él.

¿Qué respondió Illa? Reconoció desconocer de qué se trataba y cuál era el medicamento, dentro de una gran inseguridad. Tampoco pudo contestar si España cuenta, como Alemania, con reservas del producto o si estaba valorándolo.

“España está adquiriendo y está haciendo los esfuerzos que nos indican los profesionales sanitarios que tenemos que hacer para tener a su disposición aquellos medicamentos y fármacos que sean imprescindibles. No conozco el detalle concreto del fármaco. Vamos a recabar esa información y ya se la haremos saber”, adujo vagamente.

3. Actividad gubernamental "muy intensa"

El caso del ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, es especial. Quizás no se deba tanto al fondo de su discurso sino más bien a la forma. Dudas constantes, repetición de los mismos términos para explicar conceptos diferentes y muletillas que hacen perderse dentro de su discurso, mientras gana tiempo para mirar sus notas. 

Por ejemplo, el 2 de abril en rueda de prensa, junto a su colega de Interior, Fernando Grande-Marlaska.

“Desde el punto de vista de la actividad gubernamental tenemos una actividad muy intensa. Hemos tenido, por ejemplo, una reunión con los responsables de ciencia e innovación de las diferentes comunidades autónomas, hemos puesto en común aspectos que podíamos ayudar para que la ciencia pueda solucionar esta pandemia”. Sin más. 

4. Test defectuosos "que garantizan el objetivo"

Otra respuesta que dejó las bocas abiertas fue una de la directora general de Cartera y Farmacia, Patricia Lacruz, al ser cuestionada sobre por qué nuestro país volvió a confiar en la empresa BioEasy, que proveyó al Ministerio de Sanidad de test defectuosos de detección rápida del coronavirus. 

Sucedió en la misma rueda de prensa en la que Fernando Simón aseguró que los muertos “se comprueban bien”.

“Todos los pedidos se realizan a empresas, en este caso fabricantes, distribuidores, intermediarios, empresas que nos garantizan el objetivo del producto. Este es el fin para adquirir cualquier producto para hacer frente a la infección del Covid-19. Estas empresas pueden ser nacionales o de otros países”, arguyó Lacruz sencillamente.

Despeje y balón fuera.

5. Los días de la semana, por el JEMAD

El jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el general Miguel Ángel Villarroya, quiso hacer un guiño militar en una de sus comparecencias que no fue bien comprendido. Era sábado, pero proclamó que era “lunes”.

Ante el desconcierto, ahondó. “Hoy es lunes”. El secretario de Estado de Comunicación le quiso corregir, pero Villarroya insistió. "No, no, en la guerra no hay fines de semana; en la guerra, todos los días son lunes", soltó.

Después quiso arengar a la ciudadanía, pero sin mucho tino. “Ayer hablé de disciplina en esta rueda de prensa; tengo que felicitar a todos los españoles por la disciplina que están mostrando, todos los ciudadanos comportándose como soldados en este difícil momento”.

6. Diferencias entre ERTE y paro

Normalmente bien valorada en temas de comunicación, incluso la responsable de Trabajo, Yolanda Díaz, ha quedado en evidencia estos días. Su última comparecencia sumarizó todos los problemas de comunicación en los que está cayendo Moncloa durante esta crisis sanitaria. Lo que pretendía ser una disección clara de unos términos que se estaban malinterpretando -ciudadanos en paro o trabajadores dados de alta en la Seguridad Social pero que han sufrido un ERTE- acabó convirtiéndose en todo una maraña:

"No se despide a la gente. A ver si somos capaces de explicarlo y me ayuda también el ministro Escrivá. Por tanto, los ERTEs no son paros. Piensen que computan… están de alta. ¿De acuerdo? Están de alta. Por tanto, no están en el paro. A ver si soy capaz, porque muchos periodistas lo preguntan, a ver si los dos somos capaces. 

Después hay dos datos en el ERTE. Lo vuelvo a explicar. Un primer dato que es la empresa. Imagínense, una empresa X, cualquiera, presenta un ERTE y eso es lo que hemos dicho que las comunidades autónomas, nos dicen las que dan los datos, que tenemos expedientes de empresas hasta un total de 235.000 ERTEs de empresas. No de trabajadores.

Pero el SEPE tiene un dato a día de hoy que es: de esos ERTEs que tenemos administrativamente gestionados, tenemos 620.000 personas, ahora son los trabajadores, la parte física del ERTE, personas que ya tienen el reconocimiento de la prestación pública de desemplea más allá de los 2.331.000 personas que, a día de hoy, ya le hemos reconocido su prestación pública de desempleo. No sé si el ministro Escrivá me puede ayudar. No son parados", afirmó Díaz.

El titular de Seguridad Social corroboró lo dicho. “Sí, está claro. Está claro”.

Pero ni conceptos claros, ni cifras bien leídas. La sala de prensa del Palacio de la Moncloa bien parecía un gag de los hermanos Marx.

Estrategia “de manual”

Sin embargo, todo forma parte de la misma estrategia comunicativa. Así lo desgrana en conversación con EL ESPAÑOL el experto en Comunicación Política, profesor de la Universidad Camilo José Cela y miembro del Consejo Directivo de ACOP Pedro Marfil.

“Se está cumpliendo con el manual de gestión de crisis, que consiste en intentar conseguir que la gente esté informada al máximo para evitar las ventanas de incertidumbre”, explica Marfil. “Por eso comparecen diferentes responsables de áreas, se dan cifras diariamente… Otra cosa es que la respuesta satisfaga más o menos, pero es la línea a seguir. Están tirando de manual”.

El especialista en Comunicación Política indica que ese es el motivo por el que suele haber diferentes personas en las ruedas de prensa, espaciando tanto las intervenciones de los ministros competentes como la del propio presidente del Gobierno. “Se trata de poner el líder a salvo. No queremos manchar al presidente con toda la gestión y los posibles fallos y para eso están los que en comunicación de crisis se llaman ‘los fusibles’”.

¿Qué son los fusibles? Los cargos intermedios, técnicos, que se pueden fundir en caso de que todo se gestione mal y que les sustituya rápidamente otra persona. Especialistas que pueden acabar siendo, si se requiere, los cabezas de turco. Como, por ejemplo, el propio Simón. El ejemplo es que su lugar, por muy respetado que sea como profesional, puede ser ocupado por otro técnico. Como sucederá a partir de ahora, dado que el epidemiólogo tiene la covid-19 y no podrá comparecer.

El filtrado de preguntas que está llevando a cabo el Gobierno de España a través del secretario de Estado de Comunicación, que elige qué se pregunta y qué no y cuyo sistema no permite las repreguntas, ha provocado una reacción en masa de los periodistas. Todo ello ha cristalizado en el manifiesto La libertad de preguntar, en el que denuncian el “castigo” que Oliver está imponiendo a los medios de comunicación.

Fuentes del sector de la comunicación política resaltan que se trata, a sus ojos, de una “comunicación a la venezolana”. “Son ruedas de prensa a la carta. Controlando preguntas, medios, eligiendo lo que sí y lo que no...”.

Y, en otro lado de la balanza, el ejemplo de lo que sí hay que hacer. “Otros líderes están poniendo en evidencia que se puede hacer de otra manera. Pero es cierto son otros líderes con otros liderazgos”, considera Pedro Marfil. Como, por ejemplo, Pablo Casado, líder de la oposición en el Congreso de los Diputados, o Inés Arrimadas, presidenta de Ciudadanos.

Aún así, hay errores garrafales a mejorar. “No se entiende que todo el mundo esté intentando dar todo el ejemplo posible e Iglesias se salte la cuarentena”, desliza Marfil. Y de aspectos como la puntualidad o los mensajes del presidente del Gobierno a los españoles a deshora, ya, ni hablamos.

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