El comandante de la Guardia Civil Gonzalo Pérez, asesinado en Irak.

El comandante de la Guardia Civil Gonzalo Pérez, asesinado en Irak.

España FUERZAS ARMADAS

Emboscada en Hamsa: Gonzalo Pérez murió por dar seguridad a los militares españoles en Irak

El comandante de la Guardia Civil falleció tras una agonía de 13 días; fue alcanzado hace 15 años cuando perseguía a unos criminales.

Desplegar al Ejército en Irak requería de planeamiento y orden. Pero, por encima de todo, de Inteligencia. Los informes hablaban de un país sumido en el caos. Diferentes facciones combatían sin cuartel, los terroristas se movían con peligrosa facilidad en la región. Y los delincuentes, cada vez más, arrasaban todo a su paso en busca de su beneficio particular. El comandante Gonzalo Pérez, de la Guardia Civil, canalizaba todos esos informes. Asesor de seguridad del general jefe de la Brigada Plus Ultra II, se encargaba de que el despliegue de más de mil militares españoles fuera lo más tranquilo posible. Pagó aquella misión con su propia vida, hace ahora 15 años.

No valía dejar cabos sueltos. Cada uno de ellos representaba una grave amenaza de seguridad. Los delitos que ocurrían en las inmediaciones del despliegue militar español tenían que quedar lo más esclarecidos que fuese posible. ¿Ataque terrorista o agresión de un grupo criminal que perseguía objetivos económicos? Ninguno de los dos era menos peligroso que el otro para los miembros de la Brigada Plus Ultra II, pero cada caso requería una actuación diferente.

Gonzalo Pérez (Toledo, 42 años), comandante de la Guardia Civil curtido en la lucha antiterrorista, lo sabía. Por eso se presentó, el 22 de enero de 2004, en la localidad iraquí de Hamsa, 40 kilómetros al sur de Diwaniyah, donde estaba el grueso del contingente español. Los informes apuntaban a la presencia de un grupo violento.

La barrera entre terrorismo o grupo criminal era extremadamente permeable. De hecho, un mismo individuo -o colectivo- podía ejercer su actividad bajo cualquiera de esas dos banderas, según sus intereses.

La emboscada

Bajo ese contexto se ubica Gonzalo Pérez en una vivienda de Hamsa. Cincuenta militares españoles y casi un centenar de policías iraquíes rodean una vivienda en la que se supone que reside el jefe de un grupo criminal. La asaltan... pero está vacía. Evalúan la situación, parece que hay poca información que recoger y el grueso de la fuerza se repliega.

El comandante de la Guardia Civil, no obstante, se queda en la casa junto a tres policías iraquíes y un traductor. Tiene que atar unos últimos flecos. Quizá hacer unas últimas preguntas a los vecinos, a ver si le dicen algo más sobre ese jefe al que persigue: cuáles son sus objetivos, cuál es su filiación, qué poder de influencia tiene en la zona.

Según los informes de aquel operativo es en ese momento cuando se escucha el ruido inconfundible de un vehículo aproximándose hacia su posición. Pero hay algo que chirría. Los vecinos están inquietos, alguno se aleja de forma atropellada. Una mujer, no obstante, se aproxima hasta el vehículo y le dice algo mediante gestos: que en la vivienda está el enemigo. En ese coche está el jefe del grupo criminal o personas de su entorno más cercano. 

El vehículo da media vuelta y se da a la fuga. Gonzalo Pérez necesita saber más sobre ellos. ¿Quiénes son? ¿Hasta qué punto representan una amenaza para el contingente de la Brigada Plus Ultra II? La seguridad de sus compañeros está en juego. No lo duda. Se sube en una furgoneta tipo pick up junto a los policías iraquíes y sale en su persecución.

Llevan recorridos algo más de dos kilómetros cuando caen en la emboscada.

El fuego es intenso. Llueven balas desde diferentes puntos. La furgoneta pick up es objeto de un ataque planificado. Alcanzan al vehículo en diferentes puntos. Un disparo le alcanza en la cabeza al comandante, que queda tendido en el suelo de Hamsa.

13 días de agonía

Las fuerzas españolas recuperan a Gonzalo Pérez, gravemente herido. Inmediatamente es trasladado al Hospital Central de la Defensa, en Madrid, para recibir un tratamiento más adecuado a sus graves heridas. 

Desde entonces, las noticias son confusas. Primero, por los motivos del ataque. El ministro de Defensa, Federico Trillo dice que el ataque se ha producido en una operación antiterrorista. Al momento, las autoridades iraquíes le desmienten: según ellos, era una actuación contra un grupo criminal. Y eso que el CNI recibió informes de Flayeh al Mayali, intérprete que había colaborados con los servicios secretos españoles, en los que se apuntaba las posibles identidades relacionadas con el tiroteo.

Pero también hay confusión en torno al estado de Gonzalo Pérez. Fuentes oficiales afirman que está muerto; los médicos rectifican y dicen que hay una situación de muerte cerebral, pero que todavía hay constantes.

Son 13 días bailando entre la vida y la muerte. Finalmente, el 5 de febrero -esta semana se han cumplido 15 años de esta fecha-, se certifica la defunción de Gonzalo Pérez.

Fuentes de seguridad consultadas por EL ESPAÑOL afirman que su trabajo y sus informes fueron fundamentales para que el asentamiento del contingente español pudiera desarrollarse bajo unas mínimas condiciones. También el de los siete espías del CNI que fueron masacrados en Latifiya unas semanas antes. Todos ellos dieron su vida por cumplir con éxito su misión.

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