Barcelona

Este jueves comenzó el invierno. La victoria incontestable de los partidos independentistas en Cataluña en unas elecciones convocadas por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, adentran a Cataluña y al conjunto de España en una dimensión desconocida que potencialmente puede hacer que revienten las costuras constitucionales del país.

Los partidos independentistas han superado ampliamente la barrera de los 68 escaños que dan la mayoría absoluta para investir un nuevo presidente en el Parlament de Cataluña. Suman ya 70 escaños gracias a la enorme pujanza de Junts per Catalunya, una candidatura que hace un mes no existía, hecha por y para el expresident Carles Puigdemont. La candidatura caminó sobre las cenizas a medio apagar de su propio partido, PDeCAT, que cuando se convocaron las elecciones se conformaba con ser cuarta fuerza.

Con este resultado, Puigdemont mantiene vivo el liderazgo independentista y su sueño de volver a ser president de la Generalitat, aunque su situación judicial lo hace imposible. ERC, con una campaña deslavazada, con su líder, Oriol Junqueras, en prisión provisional, y eclipsada por Puigdemont, pasa de gran favorita a tercera y sólo puede aspirar a reeditar una fórmula de gobierno que dependerá menos de una CUP que ha pagado caro su férreo idealismo, cediendo hasta seis escaños.

Muchas dudas sobre los planes independentistas

La noche electoral resuelve muchas más dudas de las que cabría esperar cuando abrieron los colegios. Cataluña tendrá, con toda probabilidad, un nuevo Gobierno independentista frente a un Estado debilitado al perder su gran apuesta: desalojar a los partidarios del poder de la secesión. Sin embargo, aún persisten muchos nubarrones: ¿permitirá la Justicia, que espera a Puigdemont en España para detenerlo, ser investido? ¿Cómo se resolverá la situación de los ocho candidatos electos que ahora están en la cárcel (Oriol Junqueras, de ERC, Jordi Sánchez y Joaquim Forn, de JxC) o en Bruselas (Puigdemont, Clara Ponsatí, Lluis Puig, de JxC, y Toni Comín y Meritxell Serret, de ERC).

Por otra parte, los tres partidos independentistas tendrán que decidir cómo reconducen el procés: la CUP sigue pidiendo una vía unilateral y de desobediencia, pero su pérdida de escaños le resta poder negociador. JxC y ERC defienden un diálogo bilateral con el Estado, pero sólo sobre cómo se materializa la independencia, algo que el PP, PSOE y Ciudadanos no están dispuestos a aceptar.

La agridulce victoria de Ciudadanos

Ciudadanos se ha convertido en el primer partido en Cataluña. Son 36 escaños y más de un millón de votos cuando estaba escrutado el 90% levantados a pulso con una campaña netamente antiindependentista, machacona y sin errores.

Arrimadas se abraza a Albert Rivera esta noche en el hotel Catalonia Plaza de Barcelona.

Arrimadas se abraza a Albert Rivera esta noche en el hotel Catalonia Plaza de Barcelona. Cs

Su victoria no puede decirse que sea una completa sorpresa, porque la habían avanzado las encuestas, pero el liderazgo de Inés Arrimadas como alternativa se ve propulsado por el resultado de los demás partidos: el PSC apenas ha mejorado su pésimo resultado de 2015 y sumó un escaño a los 16 que tenía.

El PP, hundido por la aplicación del artículo 155 de la Constitución, señalado como responsable de los procesos judiciales contra los referentes independentistas y con mazazos en plena campaña como la devolución del tesoro de Sijena, se convierte en el último de los siete partidos con representación, con cuatro escaños.

La apuesta por la transversalidad y el rechazo a la política de bloques de Catalunya En Comú Podem, que presentó a Xavier Domènech como candidato, pasó de 11 a ocho. El saldo a favor de Ciudadanos es más o menos equivalente a lo que pierden el resto de partidos no independentistas.