Carles Puigdemont, durante un mitin del 1-O.

Carles Puigdemont, durante un mitin del 1-O. Efe

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Por qué el referéndum independentista no es de "izquierdas" ni de "clase obrera"

Un repaso a los motivos que refutan el aura que las movilizaciones y algunos dirigentes quieren dar al desafío separatista.

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Cataluña late fuerte. La calle arroja enfrentamientos, consecuencia del galope político, de un referéndum que empuja a la polaridad, incluso a los menos interesados en las urnas.

El proyecto independentista, difícil de definir pese a la simpleza de los enunciados habituales, ha sido engendrado a partir de distintas ideologías cuyo único punto en común es la negación a España. La libertad de expresión y la exposición atolondrada de derechos básicos sirven de coartada. "Sólo queremos votar", "las papeletas no son violencia", "esto es democracia"... Los lemas tradicionalmente enarbolados por la izquierda ahora son rescatados por la derecha nacionalista conservadora, la misma que entregó La Moncloa a José María Aznar.

Las manifestaciones, a veces violentas, en favor del referéndum y el discurso antisistema -la CUP- insuflan al proyecto separatista un halo de izquierda difícil de sostener. Un castillo de arena si uno acude a la radio, el periódico o la televisión a modo de retrovisor.

¿Por qué el referendum no es ni de izquierdas ni de clase obrera?

1. Porque el 'Govern' antepone la defensa de lo identitario a corregir las desigualdades de clase

En la película Wag the dog, Robert de Niro y Dustin Hoffman, asesor político el primero y productor cinematográfico el segundo, se inventan una guerra de Estados Unidos con Albania para ocultar a ojos del votante un escándalo sexual que involucra al presidente del Gobierno. Ya hace varios años que la oposición acusa a Puigdemont de haber levantado la cortina de humo de la independencia para tapar las carencias de su Gobierno, entre ellas la de no lograr reducir el abismo que separa a privilegiados y vulnerables. El separatismo ha sido el extintor que ha borrado la agenda social del debate político.

Preconcebida o hija de un monstruo que la propia CiU creó, la huida hacia delante ha consolidado el olvido del discurso social por parte del Govern. La Generalitat emplea sus recursos en el 1-O: económicos, mediáticos y políticos. ¿Ha tenido tiempo Puigdemont de presentar grandes programas sociales? ¿Por qué no se lo recrimina la Esquerra Republicana con la que comparte Gobierno?

2. Porque el 1-O pretende acabar con la solidaridad entre territorios

Históricamente, la izquierda ha peleado por la abolición de los privilegios que situaban a una clase minoritaria por encima del "pueblo". El referéndum catalán, precisamente, rompe la solidaridad entre territorios y estructura una minoría privilegiada. Los catalanes podrán votar por razón de su lengua y su procedencia geográfica; una condición que pretenden negar al resto de españoles. El referéndum del 1-O, en caso de producirse, volará la solidaridad recogida por la Constitución.

3. Porque el "Espanya ens roba" es sólo una excusa para no contribuir a la caja común

La revolución industrial cultivó en España una realidad que ha terminado manoseada y convertida en tópico: Cataluña es mucho más próspera que el resto de regiones. El "España nos roba", confeccionado ya en tiempos de Pujol, dejó un peligroso sedimento de egoísmo: "Como somos más ricos, si nos fuéramos, nos iría mejor".

Tal argumento ni siquiera ha sido sostenido por los dirigentes catalanes. Gabriel Rufián, de ERC, dijo en una entrevista: "España no nos roba". Pero ya era tarde. No es el "España nos roba" en sí mismo, sino la lluvia fina del falso tópico a lo largo de los últimos veinte años. Al final, se ha convertido en una excusa para no contribuir a la caja común. El exministro de Aznar, Josep Piqué, recordaba en una entrevista con este periódico: "Un medio catalán empieza su programa por la mañana diciendo: 'Aquí estamos, trabajando para pagar los subsidios de andaluces y extremeños'".

4. Porque la alianza de Puigdemont con ERC y la CUP es interesada y circunstancial

En 1917, la diferencia entre los burgueses y el pueblo quedaba patente en la vestimenta. Los primeros con levita; los segundos con blusa. Cien años después, la independencia y la idea de negación a España los ha unido en un Gobierno difícil de clasificar, pero desde luego no de izquierdas. Y menos de clase obrera.

La vestimenta sigue diferenciando hoy a unos de otros. Puigdemont y el resto de convergentes visten traje y corbata. En la CUP apuestan por la camiseta reivindicativa y los vaqueros. ERC opta por la camisa sin corbata, quizá por trazar un punto de unión con sus socios conservadores.

Más allá del atuendo, las políticas neoliberales preferidas por el actual president muy poco tienen que ver con el republicanismo de ERC o el arrebato antisistema de la CUP. Las circunstancias los ha unido en un Frankestein alimentado por el interés electoral.

5. Porque el cuerpo electoral del PDeCAT es la derecha conservadora

Cuentan que cuando Lluís Companys proclamó la independencia en el balcón de la Generalitat, se giró a sus socios y les dijo: "¡Ahora ya no podrán decir que no soy nacionalista!". Ese complejo, del que se aprovecharon ERC y la CUP para convertir a Artur Mas en independentista, resulta histriónico aplicado a todos los convergentes que ahora apuestan por la ruptura con España.

Los que presumían de seny y de grandes pactos como el del Majestic son ahora quienes encabezan el referéndum del 1 de octubre. La mutación de la derecha conservadora a la ruptura se vio resentida en las últimas elecciones catalanas. Mas perdió 12 escaños y tuvo que echarse en brazos de la izquierda.

6. Porque CiU entregó el Gobierno de España a José María Aznar

Era 1996 y la corrupción que supuraba el Ejecutivo de Felipe González hacía pensar que el PP podría gobernar España con mayoría absoluta. La campaña del miedo preparada por la izquierda -la derecha nunca había pisado La Moncloa- y el tímido crecimiento de las habilidades electorales de Aznar arrojaron una "amarga victoria".

El PP necesitaba aliados en la periferia del Congreso para formar Gobierno. Las conversaciones cocinaron el Pacto del Majestic, que llevó a Aznar a La Moncloa gracias a los votos de los de Pujol. A pesar del nacionalismo, el acuerdo se vio con naturalidad. Se sentaron a la mesa dos derechas.