Imagen de una adolescente gritándole a su padre en el programa 'Hermano Mayor'

Imagen de una adolescente gritándole a su padre en el programa 'Hermano Mayor' CUATRO

España VIOLENCIA FILIO-PARENTAL

Los hijos que no amaban a sus papás: repuntan las agresiones de menores a padres

Las denuncias de progenitores se vuelven a situar en torno a las cinco mil año, tras una bajada gradual en los últimos años.

Gritos, amenazas y golpes. Casi cinco mil - exactamente 4898- padres y madres sufren al año en su casa maltrato psicológico, verbal o físico por parte de sus hijos, una cifra que vuelve a crecer tras años de descenso. "Y esto son las cifras oficiales, luego está la cifra negra de menores de 14 años, que no tienen edad penal", afirma Irene Gallego, psicóloga de la Fundación Amigó, que trabaja con las familias para prevenir y solucionar la violencia filio-parental, el término oficial para referirse a estas agresiones.

En 2004 la Fiscalía General del Estado se alarmó por el incremento de este tipo de violencia. Entre 2002 y 2003 las denuncias de padres a sus propios hijos por malos tratos se multiplicaron por tres en el País Vasco, por ocho en Cataluña y por catorce en la Comunidad Valenciana, el territorio que representa la mayor tasa de alteraciones de paz en el hogar.

Sin embargo, las denuncias siguieron aumentando a un ritmo peligroso. Los 2683 casos registrados en 2007 se doblaron en dos años: en 2009 ya eran 5201 los procedimientos abiertos. A pesar de una ligera bajada al año siguiente, la cota más alta se alcanzó en 2011, con 5377 casos abiertos, según datos de la Fiscalía. Desde entonces las denuncias se redujeron, pero dos años después la violencia repuntó. Entre 2013 y 2015 -última fecha de la que se disponen datos- la violencia filio-parental se encaramó en un 5,13%. Gallego afirma que la violencia se ha "estabilizado" con respecto al principio de siglo, pero asegura que los maltratos en casa "no tienen la suficiente visibilización". 

Solamente constan los datos de agresores de entre 14 y 18 años

La psicóloga consultada sitúa en el año 2000 el inicio de la "alarma social" sobre esta categoría de agresiones. "Hasta entonces era un problema de lo privado, porque parece que todo lo que pasa en casa es algo privado", asevera.

Las cifras oficiales sólo recogen la violencia de menores entre 14 y 18 años. Antes de esa edad no hay castigo posible en la Justicia, y después son ya mayores de edad. Sin embargo, en la Fundación Amigó aseguran que el germen de la violencia arraiga antes. "Nosotros pusimos una edad límite de diez y tuvimos que bajarla", reconoce la analista. "Hay niños de siete y de ocho años e incluso trabajamos con una niña de cinco".

Cabe aclarar que los únicos casos registrados son los que acaban en denuncia. Sin embargo, Gallego añade que muchos padres no se atreven a actuar contra sus hijos. "Hay una gran parte de la población que no va a querer denunciar jamás, es una negativa rotunda", lamenta.

¿Cuándo es violencia y cuándo un simple berrinche?

Gallego afirma que hay muchas definiciones sobre la violencia filio-parental, pero dice que la más acercada a la realidad se resume así: "Toda actitud violenta que provoque miedo en el progenitor".

Esta especialista incide en que esa actitud debe ser reiterada y no un simple arrebato de un niño. "No tiene que ser puntual ni estar supeditada a estados alterados", aclara. 

Recientemente el juez José Antonio Vázquez Taín dio la razón a una madre por dar una bofetada a su hijo. El magistrado justificó la reacción de la madre ante el niño. "Los hechos han sido puntuales y, con provocación por el menor", dijo en una entrevista para EL ESPAÑOL. Gallego entiende que es una cosa puntual, pero recomienda no pegar a los hijos que se comporten mal. "Cualquier otro uso que no sea la violencia... siempre será mejor", dice Gallego. "Pero la ley dice que la coacción física no se puede ejercer", matiza. 

Algunos hijos amenazan con el suicidio

Según esta psicóloga el momento de denunciar a un hijo es "el más difícil". Gallego afirma que los adolescentes juegan con los sentimientos de sus progenitores para evitar que los lleven ante los jueces. "Yo he llegado a escuchar: 'Si me denuncias... pues me vas a dejar de ver para toda tu vida'", asegura. "Incluso amenaza con que se van a suicidar", añade la psicóloga.

Muchos padres no denuncian. Gallego aduce que el miedo a los tribunales, a perder a sus hijos y el temor a que les confinen en los centros de menores, alrededor de los cuales asegura que hay "mucha leyenda urbana", llevan a algunos a permitir la violencia: "Se tolera muchísimo", valora.

El juez Calatayud era tajante la pasada semana: "Si tus hijos te maltratan y tienen menos de 18 años, hay que denunciarlos". Sin embargo, para Gallego esta no es la única solución. "Las medidas judiciales son una salida, pero la prevención es muy eficaz".

Ante todo: calma y ser positivo

La mejor receta que la psicóloga predica es trabajar en la prevención antes de que se presente la violencia. No obstante, también se puede echar marcha atrás cuando el problema se ha hecho presente. "Hemos tenido casos de al borde de la denuncia y se han solucionado", testimonia la profesional. "Si todos quieren y se motiva al adolescente y a los padres para el cambio, resulta totalmente viable la vuelta a lo que era antes de la violencia".

Para conseguirlo, en la Fundación Amigó trabajan tanto con terapias en grupo como individuales. "Intentamos fomentar los valores positivos en familia", apostilla Gallego.

Desde la Fundación recomiendan pautas de actitud en casa. "Si un niño te grita, no tienes que responderle con otro grito". "Tienes que mantener la calma", algo en lo que también educan a sus criaturas. "Enseñamos a que, si no eres capaz de controlarte, digas: 'Mamá, ahora no puedo hablar', y que se deje tiempo hasta que se le pase al chico".

Gallego añade que el lenguaje y la manera de comunicar un mensaje son clave. La psicóloga afirma que hay que hablar en positivo siempre que se pueda, y no con amenazas o castigos. "En lugar de decir: 'Si no te comes el puré, tu madre no te querrá' o 'te dejo sin PlayStation', es mejor decir: 'Cuando acabes de comer, vamos al parque'".

No hay un patrón de familia

La experta asegura que a la Fundación llegan casos de todo tipo, lo cual les impide crear un perfil determinado del tipo de familia más proclive a la violencia filio-parental. "Hay niños en que la única problemática sólo son las agresiones, y otros que tienen detrás consumo de drogas o malas notas", expone, y añade. "Hay familias con mucho nivel económico y con poco. Tenemos gente que vive en urbanizaciones chiquititas en pequeños pueblos pero también en la misma capital de España".

En un test que ofrecen en su web para analizar los casos que les llegan a la Fundación preguntan si, como padre o madre, se le complace mucho al hijo. Gallego matiza que la pregunta va dirigida a la coherencia en las acciones. "Las consecuencias o premios deben ser resultado de la actitud del hijo o hija. La tablet no hay que dársela aleatoriamente simplemente porque estés ocupado", aclara.

Esta especialista señala tres características que propician la aparición de la coacción en el hogar: autoritarismo, laxitud y negligencia. ¿Negligencia? "Que los niños hagan lo que quieran: no te doy normas, no te superviso, vives aquí pero bueno, tampoco tienes una figura parental", resume Gallego.

'¿Qué he hecho mal'?

Las discusiones de pareja son un factor que alimenta la violencia en los niños, asegura esta especialista. "Si estás acostumbrado a que discutan acaloradamente piensas que eso es normal. Si gritan todos, parecerá algo típico, pero no lo es". 

El sentimiento de culpa aflora en los padres cuando no consiguen controlar a sus hijos. "Casi en el 100% de los casos los padres se preguntan: '¿Qué he hecho mal?'". Sin embargo, la experta apostilla que "la responsabilidad en un conflicto es compartida", aunque matiza: "Pero sólo de cómo se ha llegado a esa situación, jamás de recibir la agresión".

Gallego afirma que la visibilización en los medios de la violencia filio-parental ayuda a muchos a darse cuenta de que este problema existe en España. "Hay programas de televisión donde la parte del show no se puede controlar, pero sirve para recordar que el problema está ahí, en la calle", concluye.