Fernández Díaz, durante su comparecencia.

Fernández Díaz, durante su comparecencia. Efe

España Las 'cloacas' de Interior

De Alfonso salva a Fernández Díaz y descarta "tirar de la manta"

El exdirector de la Oficina Antifraude catalana dice que su cita con el ministro se grabó "desde dentro", pero apunta a los comisarios.

Alejandro Requeijo

El exdirector de la Oficina Antifraude catalana Daniel de Alfonso no va a "tirar de la manta". Tampoco cree que el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, tuviese nada que ver con las grabaciones de sus conversaciones en el Ministerio, pero está convencido de que se hicieron "desde dentro". No obstante, según declaró, tiene en su cabeza "constantemente" el nombre de varios comisarios, aunque no llegó a acusar a nadie de manera directa.

Una de las respuestas más enigmáticas de De Alfonso durante una tensa primera sesión de la Comisión de Investigación del Congreso sobre las maniobras de Interior fue cuando le preguntaron en concreto por el comisario Marcelino Martín Blas. Dijo no haberle visto nunca, pero afirmó tenerle "presente en su cabeza constantemente". No explicó a qué se refería, pero la misma expresión usó cuando se le preguntó después por el comisario Villarejo. Ambos mandos, ahora enfrentados entre sí, formaban parte del grupo de policías al que se atribuye la mayoría de las actividades bajo sospecha.

Daniel de Alfonso amenazó con "tirar de la manta" después de que saltara la polémica por las grabaciones, pero ahora no quiere hacerlo. El ex jefe antifraude se negó a revelar el contenido de sus conversaciones privadas, a pesar de las insistentes preguntas de los diputados.

"Siempre será un secreto"

"Siempre será un secreto que guardaré conmigo. De mi boca no saldrá nunca el contenido de conversaciones privadas. No voy a contar nada de las conversaciones con nadie", sentenció después de decir que igual que se reunió con el ministro del Interior lo hizo con representantes de todos los partidos a razón de su cargo, principalmente en Cataluña.

De Alfonso llegó a disculpar incluso que el ministro le grabase. "Entiendo que el ministro pueda grabar cualquier conversación", dijo. A su juicio, lo grave es la custodia y posterior difusión de los audios, que además estaban "manipulados". No obstante, descartó que el ministro estuviese detrás de la grabación porque entonces no habría adoptado un lenguaje tan coloquial. "También habrá sufrido", añadió al tiempo que dijo carecer de motivos para dudar de la palabra de un ministro.

Minutos después, compareció el propio Fernández Díaz, convaleciente de cáncer, quien también descartó a De Alfonso como autor de la grabación que después se filtró a la prensa en plena campaña electoral. El ex ministro, en cambio, no fue capaz de hacer lo mismo cuando fue preguntado acerca de si los micrófonos los podría haber instalado alguno de sus comisarios. "No puedo descartar a nadie", zanjó.

A juzgar por sus testimonios, de ninguno de los dos partió la idea de mantener un encuentro. Fernández Díaz alegó que se lo propuso Eugenio Pino. De Alfonso señaló a un inspector de su confianza y la del ministro llamado José Ángel Fuentes Gago, también del círculo de confianza de Pino.

Ambos dicen ser víctimas

Ya antes, De Alfonso había contribuido a la tesis de negar todas las acusaciones de uso partidista de la Policía. Según declaró, ni conoció ni conoce la llamada "policía política" y se desvinculó de la Operación Cataluña de la que, en todo caso, se definió como "víctima". "A mi ya me han matado una vez, pero no me voy a dejar matar otra vez", aseguró.

Otra de las cuestiones que tuvo que responder De Alfonso fue la supuesta investigación sobre las cuentas que presuntamente tendría en Suiza el exalcalde de Barcelona Xavier Trías. El exdirector indicó que nunca tuvo en sus manos ningún expediente sobre este tema y que únicamente vio un "pantallazo" de móvil que le enseñó José Ángel Fuentes Gago, entonces jefe de gabinete del número dos de la Policía, Eugenio Pino. "Me enseñaron un pantallazo, pero no tiré para delante con ello", dijo. No lo hizo porque no le pareció una prueba suficiente.