El pasado 26 de febrero se presentó en la sede del Parlamento Europeo en Madrid el certificado de Liderazgo Transformador de AENOR impulsado por WIR (Women in Retail) y GameChangers. En la ceremonia convivían los datos que alentaban a honrar al pasado. Pero también aquellos que alientan a mejorar el presente y desde luego un futuro al que hay que poner luces largas para ver hecha realidad la ansiada igualdad de género.
De hecho, más vale tener paciencia, porque según el Foro Económico Mundial serán necesarios más de 100 años para conseguirla.
Pero el feminismo (que hay que recordar que lo único que busca es la igualdad) parece perder fuelle. Al menos, entre los jóvenes. Al menos, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Su Barómetro de 2024 asegura que el 52 % de las personas jóvenes de entre 16 y 24 años está de acuerdo con la afirmación de que el feminismo ha sobrepasado sus objetivos y genera discriminación hacia los hombres.
Tanto es así que, a partir de los datos del último Barómetro Juventud y Género del Centro Reina Sofía de FAD Juventud, se puede afirmar el retroceso del feminismo. El porcentaje de jóvenes que se identifican como feministas ha descendido del 50%, en 2021, al 38%, en 2025.
Es más, el 51,5% de varones de 15 a 29 afirma que se trata de una herramienta de manipulación política. Al margen de las más o menos discutidas políticas (como actuaciones y como personas), es preocupante que tantos miembros de una generación perciban cual ataque algo tan simple como la igualdad. De ahí, al "sois unas exageradas" va un paso que no requiere medición.
¿Qué bemoles les pasa a algunos hombres con las mujeres? La pregunta no tiene que ver con legítimos desacuerdos o con debates incómodos, necesarios y bienvenidos. Tiene que ver con cierta pulsión a negar la evidencia, a sentir una especie de amenaza cuando lo único que se espera es igualdad.
Es más, tal y como se afirmó en varias intervenciones de la presentación del certificado de AENOR, para una auténtica transformación social, se requiere la actuación masculina junto a la femenina. Porque no se trata de ocupar espacios. Se trata de transformar situaciones, presentes y futuras. Juntos, mucho mejor.
La certificación presentada ostenta un gran valor por las mediciones objetivas que facilitarán a las empresas conocer su comportamiento en lo relativo a gobierno corporativo, cultura organizacional, gestión de la igualdad, desempeño de igualdad, comunicación, cadena de valor, sororidad, difusión de los datos, medición de impactos, emprendimiento femenino.
Pero el valor también lo otorgan sus responsables. Por un lado, por el impulso de la asociación WIR y de GameChangers, consultora especializada en formación, coaching, consultoría estratégica, outplacement y headhunting. Y especialmente por el sello que supone la firma de AENOR, cuyas normas pueden presumir de ayudar a las organizaciones a cumplir estándares, bien nacionales, bien internacionales, así como garantizar y mejorar procesos, seguridad e imagen.
Hablar de igualdad y hablar de liderazgo va mucho más allá de normas, certificados y cuentas de explotación. Significa hablar también de la semilla de la violencia. Porque por desgracia esta se planta con cantos de supremacía y florece en forma de descalificaciones, maltrato psicológico, partes forenses o, lo peor, nombres que desaparecen (desde el 1 de enero hasta el 26 de febrero, los de 10 mujeres y dos niños).
Defender la igualdad es defender también a las mujeres manipuladas, abusadas por parte de hombres poderosos. Es ponerse en sus zapatos, en lugar de dudar de ellas y sus intenciones. Es poner el foco en quien debe hacerse: en el abusador, en el manipulador, en el violador. Es no permitir dudar de la raíz de la promoción laboral de una mujer.
Y, por cierto, ahí, al terreno laboral, se dirige también esta cámara de la igualdad, medible en forma de nóminas y horarios. La brecha salarial en España sigue rondando el 20%, en función de diversos estudios de diferentes organizaciones. El salario masculino medio es de unos 27.500 euros frente a unos 22.300 el femenino.
Son datos que aún se ponen en duda. 4 de cada 10 hombres cree que existe brecha salarial, frente a 7 de cada 10 mujeres. Lo publicó InfoJobs el 19 de febrero de 2026. Son percepciones que actúan como gasolina para la mecha social de polarización en la que coexistimos.
Según ese informe, casi la mitad de las empresas declara tener menos del 20% de mujeres en puestos directivos y 3 de cada 5 afirma no haber implantado medidas específicas para impulsar su presencia en estos cargos. Pues sí, parece inapelable la existencia de certificaciones de liderazgo femenino transformador.
En la presentación de la nueva certificación de AENOR lo dejó muy claro Lucila García Méndez, directora general de ClosinGap: en España necesitamos 37 años para cerrar la brecha de género. Como ella misma sugirió, ¿alguien se imagina que tuviera que esperar ese tiempo para solucionar una situación trascendental y engorrosa?
Volviendo a la pregunta de los bemoles. ¿Qué pasa? Que la sociedad actual confunde los términos. Tira de sarcasmo para convertir libertad en agresividad. Pasa que aún hay hombres que identifican igualdad con pérdida de estatus. Y pasa, sobre todo, que la violencia es solo la punta de un iceberg.
Bajo el agua, se esconden no solo el miedo, sino la normalización del control, el reparto injusto del tiempo de trabajo en el hogar o la infrarrepresentación en puestos de poder. Lo muestran muchas fotos oficiales de grandes acontecimientos: apenas mujeres. Y no, no somos ni cifras ni fotos. Pero la evidencia insulta.