Eva Ciruelos en una fotografía de archivo.

Eva Ciruelos en una fotografía de archivo. Cedida

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Eva Ciruelos, investigadora en cáncer de mama: "La quimioterapia ya está dejando de ser el tratamiento estándar"

La experta analiza el mapa actual de la oncología, el liderazgo de España en ensayos clínicos y el reto de hacer llegar las nuevas terapias a cada paciente.

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La Sociedad Española de Oncología Médica estimó que en 2026 38.318 personas serían diagnosticadas con cáncer de mama en España. Una enfermedad en la que, afortunadamente casi 9 de cada 10 pacientes sobreviven a este tipo de tumor. Sin embargo, no es suficiente.

En el Día Mundial del Cáncer de Mama la comunidad científica, médica y quienes sufren esta dolencia directamente aprovechan un año más para hablar de la necesidad de invertir en investigación. Permitir a la ciencia desarrollar más pruebas diagnósticas y nuevos tratamientos que sigan mejorando el pronóstico y la calidad de vida de los enfermos.

Una de ellas es Eva Ciruelos (Guadalajara, 54 años), coordinadora de la Unidad de Cáncer de Mama y Tumores Ginecológicos del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. La experta celebra que España está "muy a la vanguardia" de la investigación a nivel mundial en esta enfermedad.

Algo que ocurre tanto por el conocimiento de los médicos, como por la oportunidad que se le da a los pacientes para recibir tratamientos antes que nadie en ensayos clínicos, expone.

La propia Ciruelos ha conseguido, gracias a su trabajo, el apoyo económico de Fundación Fero, una entidad privada sin ánimo de lucro dedicada a seleccionar y financiar la investigación oncológica. Un impulso que ayuda a la investigadora a seguir buscando una cura para el cáncer de mama.

Sin embargo, en conversación con ENCLAVE, Ciruelos, que también es oncóloga en los Hospitales HM y vicepresidenta de SOLTI (un grupo académico de investigación clínica en cáncer de mama y otros tumores a nivel europeo), reconoce que esto solo acaba de empezar. Todavía queda mucho camino por recorrer.

Pregunta: ¿Qué diagnóstico hace del avance de las nuevas terapias contra el cáncer de mama en España?

Respuesta: Hablar de nuevas terapias es un concepto muy amplio, pero España es uno de los países que más contribuye a la investigación clínica en cáncer, en general, no solo de mama.

Muchas veces ocupamos el segundo o el tercer puesto en reclutamiento mundial [de personas para ensayos clínicos]. Incluso, quedamos por delante de Estados Unidos en las investigaciones que cambian el estándar de tratamiento para los pacientes.

También hacemos grandes aportes en cuanto a estudios académicos a través de los grupos cooperativos. Yo soy vicepresidenta de SOLTI: tenemos 20 o 22 grupos de este tipo en España y tratamos también de contestar preguntas que quedan fuera de los estudios promovidos por la industria.

Eva Ciruelos trabajando con su equipo en el laboratorio.

Eva Ciruelos trabajando con su equipo en el laboratorio. Cedida

P: ¿Puede poner algún ejemplo?

R: Un ejemplo muy bonito es el proyecto POSITIVE, que ha investigado qué pacientes podían quedarse embarazadas después de haber sido diagnosticadas de un cáncer de mama durante su tratamiento hormonal. Muchas mujeres reciben tratamientos adyuvantes [administrados tras la cirugía principal] muy largos para prevenir el riesgo de recaídas.

Algunas pueden tomar hasta 10 años estos fármacos y en muchos casos hablamos de personas jóvenes, que no han cumplido su deseo gestacional y nos preguntan si pueden interrumpir esta terapia para quedarse embarazadas.

El estudio POSITIVE permitía interrumpir este tratamiento, dejar a las mujeres que consiguieran el embarazo y tuvieran el bebé. Después, retomaban estos medicamentos y nosotros seguíamos qué ocurría con esas pacientes, incluso con los niños. Comprobamos que no ocurría nada malo, que las pacientes no recaían más ni ponían en riesgo su salud.

P: Dice que España es una potencia en ensayos clínicos de cáncer de mama, pero ¿llegan esos avances a tiempo a las pacientes en su día a día?

R: Es cierto que, después de que un fármaco se prueba y el estudio clínico se acaba, las agencias reguladoras lo tienen que aprobar. Tras ese proceso pasa un lapso bastante largo de tiempo, a veces de hasta 2 años, en el que se acuerda un precio con el ministerio y después con las comunidades autónomas para que los tratamientos lleguen a los pacientes.

Nosotros siempre luchamos porque estos tiempos se acorten todo lo posible. Es muy frustrante, para los médicos que hemos podido utilizar esos fármacos, no poder hacerlo hasta mucho después.

También lo es para las compañías porque ven que toda la inversión que han hecho puede ser una pérdida de tiempo. No obstante, los pacientes se llevan la peor parte porque se sienten en ese momento desprotegidos. Sobre todo en el caso de enfermedad avanzada, cuando tienen muchas veces un tiempo limitado.

No pueden esperar indefinidamente a que les llegue un fármaco que podría cambiarles la vida. Ahí hay un punto de mejora.

P: Su trabajo ha contribuido a impulsar numerosos avances. ¿Cuál es el mayor escollo en la investigación de las nuevas terapias?

R: Creo que, en general, falta mucho por desarrollar en la parte del diagnóstico. Hoy en día es imposible hacer un buen tratamiento si no conocemos bien cómo es la enfermedad y cómo es el paciente que tenemos delante.

Las enfermedades evolucionan y los tumores progresan porque van cambiando y se van haciendo resistentes a los tratamientos que ya han recibido. Si no tenemos un buen diagnóstico y no sabemos exactamente qué está pasando ahí, malamente vamos a poder aplicar un tratamiento innovador o dirigido.

Además, es cierto que en España el acceso al diagnóstico molecular –saber las mutaciones que adquiere un tumor o los cambios de fenotipo, entre otros– es muy irregular. No tenemos sistemas que aboguen por la universalidad y porque todos los pacientes tengan acceso a esta tecnología por igual.

Otra carencia fundamental es la capacidad de unirnos y crear buenas bases de datos de vida real. Es algo que no hacemos, incluso teniendo una de las mejores medicinas del mundo. Es una pena que no podamos compartir estos detalles.

La regulación es muy estricta con eso porque hablamos de datos de pacientes y confidencialidad, pero eso frena en gran medida estas redes de colaboración de las que hablo.

P: Ahora se habla mucho de curar más, pero sufrir menos. ¿Cuándo dejará de ser la quimioterapia tradicional el estándar para todas las pacientes?

R: Lo cierto es que ya está pasando. La quimioterapia está dejando de ser el tratamiento estándar. En cáncer de mama ya tenemos algunos fármacos, para ciertos tumores, que combinados con tratamientos hormonales están reemplazando la quimioterapia para curar a las pacientes antes o después de la cirugía.

En Solti, por ejemplo, hemos realizado un estudio llamado RIBOLARIS, en el que hemos reemplazado la quimioterapia por una combinación de dos fármacos, uno hormonal y otro dirigido. Los resultados han demostrado que las pacientes se curan igual y no recaen.

Hay que tener en cuenta que no es solo pasar la quimioterapia. Uno puede pensar que son unos meses, se acaba y ya está, pero no. Es un tratamiento que deja secuelas a largo plazo.

P: El cáncer de mama no es una sola enfermedad, sino muchas. ¿En qué tipo de tumor estamos ganando la batalla y en cuál seguimos necesitando una revolución urgente?

R: Yo creo que el tumor en el que más hemos avanzado es en el HER2+, que representa el 15% del total. Tanto en la enfermedad precoz como en la enfermedad avanzada el cambio ha sido radical.

Se han desarrollado numerosos fármacos que, en diferentes combinaciones, hacen que la enfermedad se controle fenomenal. Esto es así tanto para la curación cuando no hay metástasis como para la cronificación. Todo ha cambiado tanto en 15 años que parecen dos mundos diferentes.

Donde más, desgraciadamente, hace falta seguir trabajando es en el cáncer de mama triple negativo, otro 15% de incidencia. Son tumores que tienen menos marcadores predictivos y para los que no utilizamos tratamientos hormonales ni tratamientos anti HER2.

Por suerte, en los últimos años se ha incorporado la inmunoterapia que en combinación con la quimioterapia, tanto para pacientes con enfermedad precoz como con enfermedad avanzada, ha cambiado mucho la evolución, la tasa de curaciones.

Aun así, todavía hay que trabajar en ello. Muchos pacientes recaen y otros, que progresan de una línea a otra, cuando tienen metástasis no llegan a la siguiente línea porque se quedan por el camino.

P: Si pudiera viajar diez años al futuro, ¿qué avance actual le gustaría que hubiera cambiado radicalmente la forma en que entendemos el cáncer de mama?

R: En primer lugar, que más pacientes se curen y eso significa que nunca tengan una recaída. No obstante, como es imposible que les pase a todos, el segundo punto sería que incluso los que no se curan tengan una cronificación de la enfermedad. Que se deje de considerar tabú y se pierda un poco el miedo ante lo que supone.

Por último, que los tratamientos por fin consigan poner un poco más en el punto de mirar al paciente y que no solamente se centren en objetivos de eficacia, sino también de calidad de vida.

Es decir, que no se enfoquen solamente en los años o los meses de vida que se ganan, sino aspectos de toxicidad y de calidad de vida a largo plazo. Si no se vive bien, para qué quieren vivir.