Raquel Marín en una imagen de archivo.

Raquel Marín en una imagen de archivo. Cedida

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Raquel Marín, neurocientífica: "Solo el 30% de la investigación del cerebro se dedica en exclusiva al modelo femenino"

La investigadora quiere desmitificar la menopausia y dar a conocer las implicaciones neurológicas de esta etapa.

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Al oír la palabra menopausia, la mayoría pensamos en tres de sus consecuencias: sofocos, sudoración y alteración del sueño. Este proceso, que afecta a la mitad de la población mundial, ha estado históricamente rodeado por un halo de miedo.

Muchas mujeres lo relacionan con una experiencia negativa y dan por hecho que lo pasarán mal, que será una etapa casi de sufrimiento. Además, que sea algo inevitable, no mejora las cosas.

Ese miedo viene, ni más ni menos, que de la falta de información, sobre todo si nos centramos en cómo afecta todo este proceso al cerebro de las mujeres. La parte neurológica ha quedado casi relegada al olvido, reclama Raquel Marín (Ciudad, edad), autora de Neuropausia.

La neurocientífica publica su cuarto libro con el que pretende sacar a la palestra esta faceta de la menopausia de la que prácticamente no se habla. Los sofocos y sudores son vox pópuli al hablar de este asunto, pero no tantos mencionan los cambios en el estado de ánimo o la niebla mental.

También quiere, con esta cuarta obra, desmitificar esta etapa que muchas veces se espera, incluso, con miedo. "[Muchas mujeres] Creen que van a ser otra persona y que serán más inútiles". Sin embargo, el mito está muy lejos de la realidad: "No eres más incapaz, estás distinta, pero no mermada de facultades".

La neurocientífica está convencida de que esta etapa "puede ser una ventana de oportunidades". Todas las experiencias que se han adquirido, todo el conocimiento, lo que está experimentando cada mujer con respecto a sí misma, le da la posibilidad de sacarse partido, asegura.

Pregunta: En el libro citas que aproximadamente a los dos años se produce una especie de reinicio del cerebro y vuelve a la normalidad. ¿Qué se sabe de esto? ¿Por qué a los dos años?

Respuesta: En el caso del cerebro, hay muchas cosas sobre las que todavía hay enormes dudas porque es el órgano, posiblemente, menos estudiado hasta ahora por su complejidad. Sobre esta etapa, se sabe que es la más demandante desde el punto de vista neuropático. Sería la etapa en la que se produce una distorsión en el diálogo entre hormonas y cerebro.

Hasta ese momento, las mujeres tienen una fluctuación mensual de sus estrógenos y de repente eso desaparece con la perimenopausia. Hay meses en los que ovulas y otros en los que tienes los estrógenos muy bajos. Se pierde ese diálogo y, precisamente, uno de los puntos donde más se puede acusar es en las neuronas.

Estas hormonas están muy relacionadas con la glucosa de estas células y con la vascularización del cerebro, así que la perimenopausia es como si, de repente, las neuronas se murieran de hambre.

Después de un año entero sin sangrados, ya estamos en postmenopausia, y ahí hay una nueva adecuación del cerebro a ese nuevo estado definitivo. Esa montaña rusa pasa a ser un acuerdo tácito, una calma chicha, y ahí es donde ya los síntomas desaparecen.

P: En el libro hablas también del eje intestino-cerebro en esta etapa de la vida. ¿Cómo de importante es mantener una buena alimentación en esta etapa?

R: Es fundamental por dos razones: la tripa y el cerebro. El sistema gastrointestinal necesita fibra [cereales, granos, legumbres, semillas, frutas y verduras] y carbohidratos de asimilación lenta porque el cerebro es un gran comilón. Consume un tercio de las calorías diarias él solo.

Si encima los estrógenos están un poco perezosos, como ocurre en la menopausia, a la hora de ayudar a la regulación del metabolismo de las neuronas, todavía les hacemos pasar más hambre. Una alimentación adecuada es la clave para mantener ese suministro de glucosa vivo y activo.

No podemos olvidar la importancia de las grasas omega, que son esenciales para el funcionamiento del cerebro. Como el órgano no las produce por sí mismo, debemos comer pescado y carnes magras, entre otros para mantener una salud cerebral adecuada. No cabe duda de que la menopausia es una etapa en la que es imprescindible comer de todo en equilibrio.

P: Sabemos que las mujeres tienen un mayor riesgo estadístico de padecer demencias o Alzheimer en la vejez. ¿Es la menopausia una ventana de oportunidad crítica para proteger al cerebro de esas enfermedades futuras? ¿Cómo define este proceso nuestra vejez cognitiva?

R: Ese es uno de los temas en los que yo he estado investigando durante durante más de una década. No quiere decir que por la llegada de la menopausia te va a dar alzhéimer. Lo que sí indican las estadísticas es que durante y después de la menopausia aumenta el riesgo de padecer alzhéimer y párkinson, todo lo que son enfermedades degenerativas asociadas a la edad.

Una de las funciones de los estrógenos, es proteger a las neuronas de los tóxicos. Como el amiloide, que es una de las claves tras el alzhéimer. Estas hormonas limpian los agregados de amiloide, así que cuando tienes los estrógenos más bajos hay menos opciones de que se produzca esa eliminación.

P: ¿Qué podemos hacer para prevenirlo?

R: Evitar la comida basura y dormir bien. Una de las cosas que hace el sueño, precisamente, es ayudarnos a limpiar todos los agregados que se van haciendo durante el día y el estrés oxidativo.

Otra buena forma, de las mejores, de hacer limpieza cerebral es a través del ejercicio. Por ejemplo, caminar a buen paso. Se sabe que esta actividad ayuda a generar nuevas conexiones neuronales.

Obviamente, debemos mantener siempre estas pautas, pero hay que hacerlas con mayor hincapié a partir de los 50 años porque ese riesgo es una realidad.

P: A lo largo de las páginas también hay espacio para hablar de salud mental y de la ansiedad que provoca en las mujeres solo pensar en la menopausia. ¿Por qué tanto miedo?

R: Un primer aspecto seguramente lo tiene el hecho de informar, porque genera que uno tome conciencia de cosas. Tomar conciencia de que algo puede ocurrir, hace que las personas ya lo vivan en muchos aspectos como si fuera lo que les va a ocurrir.

En segundo lugar, cuando llegas a esa etapa es precisamente cuando tienes que estar más en forma. Suele ser la época de mayor apogeo y necesidad de estar perfecta. De repente llega la menopausia y te preguntas cómo lo vas a hacer si tienes niebla mental y una reunión. Ya existe esa predisposición a decir "es que ahora me viene fatal".

También es una edad a la que somos tremendamente exigentes y la sociedad también lo es con nosotras tanto desde el punto de vista profesional como del cuidado de otros.

Lo que está claro es que hay que quitarle hierro. Es una época igual que otras. Has pasado por la adolescencia, los embarazos, reglas terribles... la menopausia es otra etapa más. Además, ahora se conocen cuáles son las posibles pautas o expectativas y se pueden poner medios para evitarlo.

P: ¿Se puede considerar esta etapa como una segunda adolescencia?

R: Totalmente. De hecho es la segunda época demandante desde el punto de vista hormonal. No se trata solo de los estrógenos, sino de todo lo que ellos mueven alrededor de las demás hormonas.

Están relacionados con el cortisol, las hormonas del placer o las del metabolismo. Todo eso, evidentemente, no deja de ser un centro neurálgico que impacta en todo el contexto del organismo.

P: Durante décadas, la salud de las mujeres se ha estudiado a menudo como una variante de la del hombre, ignorando particularidades como la fluctuación hormonal. ¿Existe un sesgo de género en la investigación neurocientífica que haya retrasado el entendimiento de la neuropausia?

R: Sí, no cabe la menor duda. Hace 20 años la investigación en relación a los estrógenos y la protección neuronal era un tema sobre el que se pasaba muy por encima. Había un grupo reducido de personas que trabajaran en este campo de investigación porque era más costoso, no llegabas a conclusiones, etcétera.

Muchas veces se han extrapolado los modelos masculinos y luego se ha demostrado que no funciona en el femenino. Puedes tardar 10 años en conseguir que un fármaco llegue al mercado y entonces darte cuenta de que ya de base había una diferencia en el modelo entre géneros que no has tenido en cuenta. Eso es importante y puede ser grave.

Un artículo de la revista Nature, una de las más prestigiosas en investigación, decía que tan solo el 30% de la investigación del cerebro se dedica única y exclusivamente al modelo femenino. Yo soy una excepción como científica porque me he dedicado a ello. Nos hemos tirado a la piscina y hemos tenido que hacer milagros para lograrlo.

Afortunadamente, esa tendencia está cambiando. No sé si decir que llega un poco tarde, pero lo importante es que llegue.