Josué Buedo García, autor de 'El jugador galáctico'.

Josué Buedo García, autor de 'El jugador galáctico'. Fundación Multiópticas

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Josué Buedo, el pequeño autor de 12 años que pone voz a la inclusión: "Siempre hay alguien que cree en ti y te puede ayudar"

Con un cuento de un extraterrestre que observa la Tierra sin prejuicios, ha logrado el II Premio de Literatura Infantil y Juvenil de Fundación Multiópticas.

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Mariana Goya
Publicada

Era un domingo por la tarde cuando Josué Buedo García decidió sentarse a escribir. Su madre le había hablado de un concurso literario impulsado por Fundación Multiópticas, así que el pequeño comenzó a imaginar cómo vería la Tierra alguien que llegara desde otro planeta y no conociera sus normas, sus costumbres ni sus prejuicios.

"Me fue muy fácil ponerme en la piel de un extraterrestre", recuerda hoy el joven autor. Y así, casi como una anécdota que podría haber pasado desapercibida, aquel ejercicio de imaginación terminó convirtiéndose en El jugador galáctico .

El relato ha sido reconocido como ganador del II Premio de Literatura Infantil y Juvenil de la fundación y, también, en el título del segundo libro infantil solidario de la entidad.

La obra, publicada coincidiendo con el vigésimo aniversario de la fundación, reúne en total siete relatos escritos por niños de entre 8 y 12 años que invitan a mirar las diferencias desde la empatía y cuyos beneficios se destinarán íntegramente a Down España.

Buedo García tenía claro el mensaje que quería transmitir con su historia: "Aunque algunos seamos diferentes, todos tenemos algo bueno que aportar".

Pero también quiso dejar una idea de esperanza para quienes alguna vez se han sentido incomprendidos: "Aunque a veces sintamos que nadie nos entiende, siempre hay alguien que cree en ti y te puede ayudar".

El proceso de escritura dejó huella también en él. Y es que reconoce que la experiencia modificó su forma de relacionarse con la diferencia y de entender a quienes le rodean. "Cada vez que vuelvo a leerlo me siento mucho más empático y veo la realidad desde otro punto de vista", explica.

'El jugador galáctico', el segundo libro solidario de Fundación Multiópticas.

'El jugador galáctico', el segundo libro solidario de Fundación Multiópticas. Fundación Multiópticas

Meses después, durante la presentación del libro en la Feria del Libro de Madrid, volvió a reencontrarse con aquella historia nacida casi por casualidad. Entre todos los recuerdos de aquella jornada hay uno que sobresale sobre el resto: descubrir unas ilustraciones muy parecidas a las imágenes que había imaginado mientras escribía el cuento.

La mirada ajena

La propuesta planteada por la entidad para esta segunda edición del certamen parecía sencilla: pedir a los participantes que imaginaran cómo sería observar la Tierra desde la mirada de un extraterrestre. Sin embargo, detrás del planteamiento se escondía un ejercicio de empatía más profundo.

"Un extraterrestre no tiene prejuicios ni referencias previas: todo lo mira por primera vez", explica Salomé Suárez, directora de la organizacion. Y precisamente esa ausencia de ideas preconcebidas obligaba a los niños a cuestionar aquello que consideran normal y a observar desde fuera su colegio, su familia o sus relaciones con los demás.

La iniciativa buscaba precisamente eso: enseñar que lo extraño y lo diferente son conceptos que dependen muchas veces del lugar desde el que se observa la realidad.

El equipo participante del libro 'El jugador galáctico'.

El equipo participante del libro 'El jugador galáctico'. Fundación Multiópticas

Para la fundación, que este proyecto coincidiera con su 20 aniversario no fue casualidad. "Un aniversario no se celebra mirando hacia atrás con nostalgia, sino preguntándose qué queremos sembrar de cara al futuro", señala Suárez.

Después de dos décadas de actividad, la organización decidió convertir esa reflexión en un libro que apostara por la convivencia y el respeto desde las primeras etapas de la vida.

Uno de los aspectos que más llamó la atención a los organizadores fue la forma en que los participantes abordaron la diversidad en sus historias.

"Nos han llegado historias que hablan de compañeros con discapacidad, de familias distintas, de amigos que no hablan el mismo idioma, y lo resuelven todo con una naturalidad que muchos adultos deberíamos copiar", afirma Suárez.

La sorpresa, explica, no estuvo tanto en la originalidad de las tramas como en la forma limpia y espontánea con la que los niños entienden la convivencia y las diferencias cuando todavía nadie les ha enseñado a desconfiar de ellas.

Ese es precisamente uno de los motivos por los que Fundación Multiópticas quería que el libro se convirtiera en una herramienta útil también dentro de las aulas y de otros espacios educativos.

"Un libro escrito por niños para niños tiene una capacidad de conexión que ningún manual pedagógico consigue igualar", sostiene la directora de la fundación, convencida de que historias como estas pueden servir para abrir conversaciones sobre el respeto, la inclusión y el lugar que ocupa cada persona dentro de un grupo.

Escribir despacio

El certamen incorporó además una condición poco habitual en tiempos de inteligencia artificial, teclados y teléfonos móviles: todos los relatos debían enviarse escritos a mano.

La decisión responde a otra de las líneas de trabajo habituales de la entidad, centrada en la salud visual y en la prevención de la miopía infantil mediante la promoción de actividades alejadas de las pantallas.

"Escribir a mano obliga a pensar despacio, y pensar despacio es precisamente lo que las pantallas no nos dejan hacer", explica Suárez.

Josué Buedo junto a María Pascual de la Torre, ilustradora de la obra.

Josué Buedo junto a María Pascual de la Torre, ilustradora de la obra. Fundación Multiópticas

La escritura manuscrita introduce pausas, correcciones y momentos de reflexión que forman parte del propio proceso creativo. Es decir, el niño busca palabras, tacha frases y vuelve sobre sus ideas antes de decidir cómo continuar la historia.

"No es una postura nostálgica contra la tecnología", aclara la directora de la fundación. Más bien, se trata de una defensa de un tipo de atención y de esfuerzo que resulta cada vez más difícil de encontrar entre estímulos constantes y pantallas permanentes.

La inclusión como mensaje

La colaboración con Down España fue mucho más allá del destino solidario de los beneficios obtenidos por las ventas del libro.

Durante la II Jornada Miradas del Futuro, niños y niñas de la federación participaron en un taller creativo cuyos dibujos, ideas y propuestas terminaron convirtiéndose en una fuente de inspiración directa para la ilustradora María Pascual de la Torre, encargada de construir el universo visual que acompaña a los relatos.

Para Beltrán Milla Laborde, director de alianzas y donantes de Down España, ese proceso aporta la autenticidad necesaria para el proyecto.

"Muchas veces hablamos de inclusión, pero aquí se ha dado un paso más: ellos han formado parte de la creación del libro con sus dibujos, sus ideas y su manera de entender el mundo", explica.

El responsable de la organización considera que este tipo de iniciativas contribuyen también a desmontar algunos de los prejuicios que todavía persisten sobre las personas con síndrome de Down, especialmente aquellos relacionados con sus capacidades para estudiar, trabajar o desarrollar una vida autónoma.

"La realidad demuestra cada día que, cuando cuentan con los apoyos y las oportunidades adecuadas, pueden desarrollar su proyecto de vida como cualquier otra persona", afirma.

Por ese motivo, insiste, resulta fundamental seguir trabajando desde la educación y la sensibilización para derribar barreras que nacen, en gran medida, del desconocimiento.

Los autores de 'El jugar galáctico' firmando su obra en la Feria del Libro de Madrid.

Los autores de 'El jugar galáctico' firmando su obra en la Feria del Libro de Madrid. Fundación Multiópticas

Los fondos recaudados con la venta del libro servirán precisamente para impulsar nuevos proyectos destinados a favorecer la inclusión social y la participación plena de las personas con síndrome de Down en todos los ámbitos de la sociedad.

Mientras tanto, Buedo García tiene claro qué le gustaría que sintieran otros niños cuando abran las páginas de El jugador galáctico. "Me encantaría que mi historia fuera una especie de gafas a través de las cuales se pudiera ver todo aquello que las personas diferentes nos pueden aportar: la amistad, la alegría, la inocencia o la capacidad de superación".

Quizá esa sea también la mejor definición del proyecto que Fundación Multiópticas ha querido regalarse en su 20 aniversario: unas gafas nuevas para aprender a mirar a los demás desde otro lugar.