Pablo Duchement, uno de los mayores expertos en España en delitos perpetrados por y contra menores en redes sociales.

Pablo Duchement, uno de los mayores expertos en España en delitos perpetrados por y contra menores en redes sociales. Cedida

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Pablo Duchement, experto en 'bullying': "Exigimos la máxima profesionalidad a alguien que no está siendo formado"

En 'El dragón diferente' el perito judicial convierte la experiencia de su propio hijo en una herramienta para ver la neurodiversidad como una fortaleza".

Más información: El acoso escolar en España crece impulsado por el 'ciberbullying' y el uso de la inteligencia artificial entre los jóvenes

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"Papi, yo no valgo para nada. Seis palabras. Solo seis palabras, y mi mundo se tambaleó".

Construir la autoestima de un niño puede llevar años de dedicación, conversaciones, apoyo y afecto. Derribarla, en cambio, puede ocurrir en cuestión de segundos.

Esa fue la lección más dura que aprendió Pablo Duchement cuando su hijo regresó del colegio convencido de que no era suficiente.

Ingeniero informático, profesor, perito judicial y uno de los mayores expertos en España en delitos perpetrados por y contra menores en redes sociales. Duchement lleva años analizando las consecuencias del acoso escolar.

Sin embargo, esta vez el problema no estaba en un informe pericial ni en un caso ajeno. Estaba sentado a su mesa, con la voz de su hijo resonando en casa.

De aquella experiencia nació El dragón diferente (Vergara, 2026), un cuento escrito a cuatro manos entre padre e hijo.

De ahí se creó una obra que combina una historia infantil con material didáctico adaptado por edades para que familias y docentes puedan trabajar juntos la autoestima, la empatía y el valor de la diferencia.

"No está en mis manos educar a los hijos de otros para prevenir que hagan daño a sus compañeros diferentes", escribe Duchement en el libro. "Pero aquel cuento iba a llegar a oídos de todos los niños que acompañaban a mi hijo en su viaje educativo, y era una oportunidad de otro".

Silueta de la sombra borrosa de dos niños enfrentándose.

Silueta de la sombra borrosa de dos niños enfrentándose. iStock

La tesis de la obra es clara, y es que ser diferente no significa ser peor. De hecho, en muchos casos, aquello que parece una dificultad puede convertirse en una ventaja extraordinaria si el entorno sabe reconocerlo.

En España, esa reflexión afecta a un número creciente de familias. Pues, actualmente, el 14% del alumnado recibe algún tipo de apoyo educativo y alrededor de 293.000 estudiantes —el 3,6% del total— presentan necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE) por discapacidad o trastornos graves del desarrollo.

Dentro de este grupo, el trastorno del espectro autista (TEA) es la condición más frecuente.

En concreto, durante el curso 2023-2024 se identificaron 91.877 alumnos con autismo, el 1,1% de todo el alumnado no universitario y el 31% de los estudiantes con necesidades especiales por discapacidad.

A ellos se suman miles de niños con TDAH, dislexia, discalculia, dislalia o altas capacidades intelectuales.

Multiplicar el riesgo

La gran mayoría de estos estudiantes estudia en centros ordinarios. En concreto, más del 85% está escolarizado en aulas comunes, mientras que solo un 15% acude a centros de educación especial.

Sin embargo, la inclusión formal no siempre se traduce en una atención adecuada.

En los últimos años, el número de estudiantes que requiere apoyo educativo ha crecido un 75%, mientras que los recursos específicos apenas lo han hecho un 31%. De ahí que el resultado haya sido una sobrecarga creciente en centros y una sensación compartida por muchas familias de que el sistema no termina de estar preparado.

"Estamos exigiendo la máxima profesionalidad a alguien que no está siendo formado profesionalmente", denuncia Duchement. Pues, tras analizar los planes de estudio universitarios que habitan para ejercer la docencia en España, comprobó que prácticamente ninguna titulación incluye formación específica sobre acoso escolar.

A ello se suma una realidad especialmente preocupante, como lo es que los alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo sufren hasta cuatro veces más acoso escolar que sus compañeros neurotípicos.

En el caso del autismo, diversos estudios señalan que el 46,3% del alumnado con TEA ha sufrido bullying de forma habitual, frente a alrededor del 10% del alumnado neurotípico.

Algunas investigaciones elevan incluso hasta el 80% los episodios de violencia escolar entre estudiantes con autismo sin discapacidad intelectual asociada.

"A estos obstáculos se suma con frecuencia la incomprensión social o las actitudes negativas, que pueden derivar en entornos poco acogedores para el alumno diferente [...] o incluso en acoso escolar·, señala el libro.

Para Duchement, la explicación es más simple de lo que suele creerse. "No es una cuestión de rechazo", aclara. "Los agresores buscan a quienes consideran más vulnerables, a aquellos cuya autoestima creen que será más fácil destruir".

Antes del golpe

Uno de los grandes errores, sostiene, es esperar a que aparezca la violencia física para actuar. Y es que, citando al psicólogo Iñaki Piñuel, recuerda que los golpes suelen ser la última manifestación de un proceso de hostigamiento que lleva tiempo desarrollándose.

"Si atendemos los casos de acoso escolar solo cuando ya han aparecido actos de violencia grave, normalmente estamos llegando muy tarde", asegura el perito judicial.

Las consecuencias, además, pueden acompañar a una persona durante décadas.

Duchement describe adultos que siguen recordando con nitidez a quienes los acosaron en la infancia. Personas que, al escuchar reír a un grupo de desconocidos por la calle, piensan automáticamente que se están burlando de ellas.

En algunos casos, las secuelas incluso incluyen estrés postraumático, distimia o depresión.

Bullying escolar.

Bullying escolar. iStock

En las situaciones más extremas, el desenlace puede ser irreversible. "El peor de los escenarios es aquel que termina con un niño que tiene una edad a la que nadie se plantea la posibilidad de acabar con su vida saltando por un balcón", señala.

Pero el problema no termina ahí. Cuando el acoso no se detecta ni se corrige, también puede perpetuarse. "Si el acoso escolar no es atendido, no solo se normaliza; se vuelve la norma", asegura.

Y es que, tras años de investigación, Duchement ha llegado a una conclusión y es que "el acoso escolar siempre es un problema de autoestima, tanto en la víctima como en el agresor".

La cuestión, explica, es que muchos niños que intimidan a otros intentan reparar sus propias inseguridades dañando la autoestima ajena. "Mejorar la impresión que tienes de ti mismo es un trabajo lento. Asustar a alguien es muy fácil", expone.

Cambiar las reglas

Además de denunciar el problema, El dragón diferente propone una forma distinta de entender la inclusión. Pues, para Duchement, no basta con tolerar las diferencias; hay que aprender a valorarlas.

"Nos hemos centrado mucho en tolerar", explica. "Pero se pueden cambiar las reglas y celebrar esas diferencias". A lo que, añade: "Las reglas del juego importan: si solo valoramos un tipo de destreza, estamos dejando en la sombra muchas otras". Y eso es algo que el propio Duchement ha comprobado.

Como profesor de informática, sabe que ciertos rasgos asociados a la neurodivergencia pueden convertirse en auténticas ventajas competitivas.

"El hiperfoco que te ofrece una persona con TDAH en informática es una ventaja estratégica brutal", asegura. "La capacidad creativa de una persona con dislexia puede ser una ventaja estratégica brutal. El hiperanálisis de una persona con autismo también".

Por ese motivo, lamenta que muchas empresas sigan descartando de entrada estos perfiles, mientras otras, después de comprobar su potencial, los solicitan expresamente.

El dragón diferente

El momento que mejor resume el espíritu del libro llegó al terminar de escribirlo. Y es que, mientras dibujaba las ilustraciones, su hijo levantó la vista y dijo: "Papá, yo soy el dragón diferente". A lo que Duchement le preguntó qué sentía al respecto y este respondió: "Ahora me encanta".

Ese cambio de perspectiva es el verdadero corazón de la obra. Pues, no se trata únicamente de ayudar a los niños a resistir el rechazo, sino de enseñarles a reconocer el valor de aquello que los hace únicos.

"La neurodiversidad nos muestra que condiciones como el autismo, el TDAH o la dislexia conllevan retos, pero también fortalezas únicas, verdaderos superpoderes según el contexto", asegura el experto.

Porque, como describe Pablo Duchement, "aquello que nos hace diferentes solo necesita del momento oportuno para brillar". Y cuando eso ocurre, además de cambiar la manera en que un niño se ve a sí mismo, también lo hace la forma en que todos los demás aprenden a mirarlo.