Laia Casadevall en una imagen cedida.

Laia Casadevall en una imagen cedida.

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Laia Casadevall, matrona y escritora: "Muchas mujeres recuerdan el parto con dolor y lágrimas"

La violencia obstétrica afecta al 59% de las mujeres en todo el mundo y aproximadamente al 45% en países de ingresos altos.

Más información: Aquelarre, el colectivo feminista que lucha contra el embarazo infantil y por los derechos de las mujeres en Dominicana

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El embarazo y el parto se conciben como dos de los momentos más bonitos de la vida de una persona. Cuando se quiere tener un hijo, esos meses de espera, viendo cómo una vida crece en su interior, culmina con la llegada al mundo de una criatura que cambiará para siempre a sus padres.

Por desgracia, no todas las personas que pasan por esos momentos pueden recordarlo como una experiencia positiva. Hay muchas que lo hacen "con dolor y lágrimas", denuncia Laia Casadevall (Vic, Barcelona, 41 años). Algo que les ocurre porque sufren violencia obstétrica durante el parto e, incluso, en las revisiones del embarazo.

La matrona acaba de publicar su quinto libro, No estás sola: Visibilizando la violencia obstétrica (Vergara, 2026) en el que habla de este problema. Se trata de una violencia "estructural, sistemática e institucional", ejercida por los profesionales de la salud.

Incluye el abuso de intervenciones innecesarias, el trato poco respetuoso, la infantilización, los comentarios vejatorios, la falta de consentimiento informado adecuado, las coacciones para acceder a ciertos procedimientos o el uso de procedimientos dañinos y sin evidencia.

Un problema invisibilizado, del que se ha empezado a hablar recientemente, pero que afecta al 59% de las mujeres en todo el mundo y aproximadamente al 45% en países de ingresos altos, como cuenta la matrona en su libro.

Para ella, esto es una muestra de que para la sociedad "solo importa el producto que damos como mujeres, el bebé. Nos tratan como a incubadoras". Se olvida que la salud de las criaturas "depende totalmente" del estado de quien lo ha gestado y cómo se vive el parto.

Ese momento va a determinar por completo cómo se crea el vínculo materno-filial, pero también cómo se afronta el postparto y la crianza. No cuidar de ello, "refleja que vivimos en una sociedad que no quiere a las madres".

Las formas más comunes

Casadevall culpa al propio sistema de que esta violencia siga ocurriendo. "Muchas veces los profesionales ni siquiera somos conscientes". Está tan normalizada que pueden perpetuarla sin saberlo, sin cuestionarse si lo que hacen es o no perjudicial para la madre y el bebé.

La matrona expone que este tipo de violencia comienza por las ratios de profesionales para atender a los pacientes. No se puede dar una atención digna si no hay suficientes matronas, lamenta.

Las especialistas como ella son los referentes en la atención de salud sexual y reproductiva y las que deben encargarse de los partos de bajo riesgo. No obstante, "en España tenemos un déficit muy grande".

Las cifras reflejan que hay unas 12,4 matronas por cada 1.000 nacimientos, mientras que la media de los países de la OCDE es de 25 por cada 1.000, el doble. Unos datos que implican que los profesionales están saturados. "Si el sistema no te trata bien a ti como profesional, muchas veces no tratas bien a las pacientes".

La matrona desarrolla que la principal forma de violencia obstétrica es el abuso de intervenciones. Prácticas que salvan vidas cuando se aplican de forma justificada y dentro de las recomendaciones de la evidencia científica, pero que cuando se emplean en exceso tienen consecuencias para el cuerpo de gestantes y bebés.

Una de las prácticas más comunes es la maniobra de Kristeller, que consiste en ejercer presión en la parte superior del útero durante el parto para acelerar la expulsión del bebé. Algo que lleva años desaconsejado por su peligrosidad por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia,

Casadevall la tilda de invisible porque, aunque muchas mujeres dicen que la han recibido, "nunca está registrada en las historias clínicas". La matrona recuerda que no se considera buena praxis y que, incluso, "está prohibida en algunos países".

La maniobra de Kristeller pone en riesgo tanto a la persona gestante como al bebé. Puede provocar problemas graves como rotura uterina, hemorragias, desprendimiento de placenta y lesiones óseas en ambos.

Otro ejemplo de violencia obstétrica es la realización de inducciones al parto y episiotomías innecesarias. Esta última consiste en realizar una incisión quirúrgica entre la vagina y el ano al final del parto para ampliar la abertura vaginal y facilitar la salida del bebé en situaciones de riesgo.

Sin embargo, Casadevall denuncia que hay muchas mujeres a las que se lo han hecho sin que exista peligro alguno en el nacimiento.

Asimismo, forman parte de la lista el trato deshumanizado a quien gesta o la falta de consentimiento informado. Casadevall habla de "una actitud paternalista" en el que prima el "yo sé más que tú" de los profesionales, por el mero hecho de serlo.

Un punto que muchos parecen olvidar es que en realidad están tratando con "personas adultas con derechos humanos" y que tienen derecho, por ley, a un consentimiento informado y válido en cualquier intervención o recomendación que se le haga, manifiesta.

La matrona habla también de la realización de tactos vaginales –para evaluar la dilatación y la posición fetal– con mayor frecuencia de lo recomendado. Deberían hacerse, como mucho, cada 4 horas, pero en muchos casos se hacen con mayor frecuencia, pudiendo generar una sensación de invasión. "No es ni ético, ni científico".

Casadevall lamenta que los partos instrumentados se han convertido en lo habitual. "Hemos normalizado llegar al hospital y que te pongan una vía". Algo que solo debería ocurrir en partos de alto riesgo. Ella, que se formó en Reino Unido, cuenta que en ese país esto no se hace de forma rutinaria, tampoco la monitorización continua.

Esta práctica se realiza poniendo a la persona gestante unas correas para monitorizar el latido del bebé y las contracciones. Lo que se debería hacer es la auscultación intermitente, sostiene. Se escucha y registra el latido del feto cada 15 minutos.

A diferencia del primer caso, esta segunda opción permite la libertad de movimiento necesaria para respetar la fisiología. Si se la deja tumbada, atada a los monitores, "va a sentir más dolor y tendrá más necesidad de pedir una analgesia epidural".

Todas estas son prácticas que, a diferencia de los hospitales, no suelen ocurrir en los Centros de Nacimiento, donde "sí que trabajan respetando esta fisiología", expone la matrona.

Se trata de unidades sanitarias, normalmente conectadas a hospitales, pero fuera de la unidad obstétrica convencional, que ofrecen un entorno íntimo y seguro para partos fisiológicos de bajo riesgo. En España solo existen en Cataluña, pero son habituales en Reino Unido, Países Bajos y los nórdicos, como Dinamarca, Islandia, Suecia y Noruega, entre otros.

La importancia de denunciar

Casadevall incide en lo importante de denunciar si se sufre este tipo de violencia, aunque sabe que puede ser difícil. "Muchas veces, simplemente sobrevivimos al postparto y esto queda en un segundo lugar".

No obstante, recuerda la importancia de tomar medidas. Cuando un hospital recibe una reclamación oficial, tiene que dar una respuesta y acreditar que está haciendo cambios para poder mejorar. Si no se deja constancia, no podrán actuar para variar nada.

Aun así, sabe que muchas de las que se animan a denunciarlo acaban siendo revictimizadas. La respuesta que reciben, lamenta, es de absoluta invalidación porque el hospital alega que actuó como tenía que hacerlo, aunque la madre no se sintiera bien con ello. "Al final, es añadir más violencia".

La matrona desgrana que, si se quieren cambiar las cosas, hay que empezar por respetar la autonomía y el plan de parto de quien gesta. "No puede ser que llegado el momento del embarazo y el parto se nos infantilice y se vulneren tanto nuestros derechos".

Esa es la primera asignatura pendiente, aceptar que las personas gestantes tienen derecho a elegir y que esas decisiones deben ser respetadas y acompañadas por parte de los profesionales.

Lo más importante es que se sientan "empoderadas, protagonistas de su historia, que han respetado sus decisiones. Acabe como acabe el parto".