La gente sostiene pancartas mientras van a una manifestación contra el cambio climático.

La gente sostiene pancartas mientras van a una manifestación contra el cambio climático. iStock

Historias

El CO₂ actual aumenta hasta 10 veces más rápido que en uno de los mayores calentamientos de la historia de la Tierra

Un análisis de sedimentos del mar de Noruega muestra cómo el aumento abrupto transformó los ecosistemas terrestres y amplificó el cambio climático.

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Mariana Goya
Publicada

El calentamiento global de aproximadamente cinco grados registrado hace 56 millones de años desencadenó incendios forestales generalizados, una intensa erosión del suelo y la rápida desaparición de bosques de coníferas en un plazo máximo de 300 años.

Así lo concluye una investigación liderada por la bióloga Mei Nelissen, que aporta nuevas evidencias sobre la velocidad y magnitud con la que los ecosistemas terrestres pueden responder a un aumento abrupto de dióxido de carbono.

El estudio se centra en el periodo conocido como Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM), uno de los episodios de calentamiento más extremos de la historia geológica reciente.

A partir del análisis de polen y esporas conservados en sedimentos marinos del mar de Noruega, los investigadores han podido reconstruir con una precisión sin precedentes —incluso a escala estacional— los cambios ecológicos asociados a este evento.

Los sedimentos, extraídos en 2021 durante una expedición científica internacional, presentan una estratificación excepcionalmente bien conservada. Este nivel de detalle ha permitido observar que, tras el inicio del aumento explosivo de CO₂, los ecosistemas terrestres de la región sufrieron una transformación radical.

Las coníferas, que dominaban el paisaje y almacenaban grandes cantidades de carbono, desaparecieron rápidamente y fueron sustituidas por helechos, especies que suelen proliferar tras perturbaciones severas como incendios o cambios bruscos en el clima.

La evidencia de incendios forestales masivos se refleja en el incremento de carbón vegetal en las capas sedimentarias. Paralelamente, el aumento de minerales arcillosos indica que amplias áreas de suelo fueron erosionadas y transportadas al océano.

Estos procesos alteraron los paisajes durante miles de años y, además, contribuyeron a liberar más carbono a la atmósfera, intensificando el calentamiento global.

El impacto no se limitó a los ecosistemas terrestres. En los océanos, la rápida absorción de CO₂ provocó una acidificación significativa del agua, dificultando la formación de carbonato de calcio.

Como consecuencia, numerosos organismos marinos perdieron la capacidad de desarrollar esqueletos y conchas, alterando las cadenas tróficas y los ciclos biogeoquímicos.

Aunque las causas exactas del PETM siguen sin determinarse con precisión, los científicos apuntan a una combinación de factores naturales. Entre ellos destacan la liberación de metano desde hidratos inestables en el fondo marino y una intensa actividad volcánica.

Este conjunto de procesos habría desencadenado un aumento rápido de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

La comparación con el contexto actual es uno de los elementos centrales del estudio. Hoy en día, el calentamiento global está impulsado principalmente por la quema de combustibles fósiles, y las emisiones de CO₂ se están produciendo a un ritmo entre dos y diez veces más rápido que durante el PETM.

Sin embargo, la velocidad de aumento de las concentraciones atmosféricas en aquel periodo es la más cercana a la observada en la actualidad, lo que convierte este episodio en un referente clave para anticipar posibles escenarios futuros.

Los resultados subrayan que los ecosistemas terrestres son vulnerables al cambio climático, al mismo tiempo que pueden amplificarlo. Y es que los incendios forestales y la erosión del suelo liberan carbono adicional, generando un efecto de retroalimentación que intensifica el calentamiento.