El medio rural forma parte esencial de España: ocupa la mayor de nuestro territorio, pero en él reside solo una pequeña parte de la población. Quienes trabajamos cerca de esta realidad sabemos que, detrás de este desequilibrio, hay desafíos profundos que afectan a muchas personas.
No se trata de un fenómeno reciente. Desde hace décadas, el entorno rural arrastra múltiples retos estructurales, como el envejecimiento, la pérdida de oportunidades laborales, la falta de relevo generacional y las dificultades de acceso a servicios básicos, especialmente sociosanitarios y de cuidados.
El problema es que este desequilibrio no es solo territorial o demográfico: es también una cuestión de derechos. El acceso al empleo, a cuidados o a servicios básicos forma parte tanto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible como el marco de los derechos humanos.
Desde Fundación Mapfre, somos conscientes de que abordar esta situación exige una mirada integral y sostenida en el tiempo. No basta con hablar de despoblación: es imprescindible actuar sobre sus causas y generar oportunidades reales para que vivir en estos territorios sea una opción viable.
En este contexto, las políticas públicas y los fondos europeos desempeñan un papel fundamental. Permiten canalizar recursos hacia los territorios que más lo necesitan y, sobre todo, impulsar soluciones adaptadas a las realidades de cada entorno rural.
El Fondo Social Europeo Plus (FSE+) es ejemplo de ello. Se trata de uno de los principales instrumentos de la Unión Europea para fomentar la inclusión social, el empleo y la lucha contra la pobreza, con especial atención a los territorios y personas más vulnerables.
Su enfoque, centrado en las personas y en el impacto tangible de las iniciativas, resulta especialmente importante en el ámbito rural, donde la cercanía, el conocimiento del territorio y el trabajo en red no son un valor añadido, sino una condición imprescindible.
Como Organismo Intermedio del FSE+, en Fundación Mapfre trabajamos seleccionando, gestionando y acompañando proyectos sociales dentro del Programa de Inclusión Social, Garantía Infantil y Lucha contra la Pobreza 2021-2027, siempre con el objetivo de generar impacto real y medible.
De este compromiso nacen las Ayudas +Rural, diseñadas para generar oportunidades en municipios de menos de 30.000 habitantes, apoyando proyectos que responden a necesidades concretas del medio rural desde la proximidad y el conocimiento del territorio, y fortaleciendo su tejido social y económico.
En la última convocatoria hemos destinado casi 18 millones de euros para financiar 25 proyectos sociales, la mayor dotación impulsada hasta ahora por la Fundación. Reflejando la prioridad estratégica que concedemos al medio rural y a las entidades sociales que trabajan directamente sobre el terreno.
Estas ayudas se estructuran en torno a tres ejes que considero fundamentales. El primero es el empleo, entendido no solo como una vía para crear oportunidades laborales, sino también para fijar población y activar sectores con potencial de desarrollo.
Hablamos de impulsar nuevos yacimientos de empleo vinculados a los cuidados, el turismo rural, la transición ecológica o los servicios de proximidad, empleos que, aunque no pueden ser ejecutados con inteligencia artificial, sí van a tener mejoras derivadas de las nuevas tecnologías.
El segundo eje aborda el acceso a servicios sociosanitarios y de cuidados, especialmente para personas mayores, dependientes o con discapacidad. En muchos municipios, la falta o fragilidad de estos servicios condiciona directamente la posibilidad de que las personas puedan permanecer en su hogar.
En este ámbito, la tecnología se ha convertido en una aliada imprescindible. La digitalización, la monitorización en el hogar o los sistemas de alerta permiten mejorar la atención en remoto, optimizar los recursos disponibles y facilitar la sociabilización, contribuyendo a combatir la soledad no deseada.
El tercero se centra en la formación en cuidados, tanto a profesionales como a cuidadores informales. Reforzar estas competencias mejora la calidad de la atención, abre nuevas oportunidades laborales y contribuye a profesionalizar un sector clave para el bienestar y el arraigo poblacional.
Debido al envejecimiento de la población, esta formación será un ámbito clave en crecimiento durante los próximos años. Será fundamental contar con profesionales debidamente formados para atender y adaptarse a las necesidades específicas de los colectivos atendidos.
A lo largo de este trabajo, una conclusión resulta evidente: la colaboración es clave. Las entidades sociales, que conocen de primera mano cada realidad local, son imprescindibles para que cualquier iniciativa llegue realmente a quienes más lo necesitan.
Más allá de las Ayudas +Rural, en el marco del FSE+, Fundación Mapfre impulsa proyectos mediante alianzas con entidades muy arraigadas en el territorio, como la que mantenemos con AFAMMER a través de Cuida Rural+, para la formación de mujeres en cuidados en poblaciones rurales.
Otro ejemplo es la iniciativa Emplea Rural, desarrollado con Fundación Mahou San Miguel para impulsar el empleo vinculado al turismo rural. Ambos programas combinan formación, empleo y arraigo en sectores estratégicos para estos territorios y para su población.
Estoy convencida de que revitalizar el medio rural no depende de una única solución. Requiere continuidad, coordinación y una visión a largo plazo que sitúe a las personas en el centro, para que vivir en un pueblo sea, verdaderamente, una opción de futuro.
*** Lola Moya es directora de Fondos Sociales de Fundación Mapfre.