Cuando hablamos de proteger el mar, solemos imaginar compromisos internacionales y grandes acuerdos. Sin embargo, la conservación empieza más cerca de lo que pensamos: en nuestras costas, en nuestras comunidades y en entidades como la Fundación Ona Futura, que hace cinco años que trabaja para sanar los ecosistemas marinos dañados.
Cada proyecto impulsado por la fundación nace de una certeza: el océano no es inagotable. Es un sistema vivo del que dependemos.
Restaurarlo es esencial para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, el cual hace referencia a la vida submarina, pero también para mejorar la calidad del agua y reforzar la resiliencia climática (ODS 6 y 13).
El programa Sea Meadows, por ejemplo, resume bien esa filosofía. A través de arrecifes artificiales y ecoestructuras regenerativas, Ona Futura devuelve vida a zonas degradadas del litoral.
Lo hace imitando procesos naturales y permitiendo que el mar recupere sus dinámicas ecológicas, recordándonos que la regeneración es posible cuando hay voluntad.
Estas estructuras, creadas con materiales sostenibles, no solo reconstruyen hábitats para especies marinas. También refuerzan actividades vinculadas al ODS 8 (crecimiento económico), como la pesca sostenible, el turismo responsable y la economía azul, demostrando que la protección ambiental puede convivir con el desarrollo local.
Por otro lado, la restauración de Posidonia oceanica, así como otras especies de fanerógamas marinas, es otra acción clave. Esta planta, esencial para el equilibrio del Mediterráneo, oxigena el agua, captura carbono y protege la costa.
La fundación ha replantado cientos de haces en zonas deterioradas, reforzando simultáneamente los ODS 6, 13 y 14.
La apuesta por la innovación se expresa también en el proyecto ESVIMA, que analiza nuevos materiales con potencial regenerativo.
Su objetivo es simple y ambicioso: descubrir cómo favorecer la colonización de organismos sésiles en áreas muy alteradas. Una combinación de ciencia, tecnología y sensibilidad ambiental.
Otras iniciativas, como Oxygen, muestran cómo pequeñas acciones generan impactos significativos. El proyecto, realizado junto al Ayuntamiento de Alcúdia, ha evidenciado que determinadas actividades recreativas mejoran la oxigenación del agua y favorecen la supervivencia de especies como la dorada y la lubina.
El monitoreo ambiental permite evaluar contaminantes, turbidez, biodiversidad y parámetros físico-químicos. Esta información es esencial para ciudades costeras comprometidas con el ODS 11 (ciudades y comunidades sostenibles), que necesitan datos fiables para planificar su relación con el mar de forma responsable.
Pero, además, proteger los océanos también implica revisar nuestros hábitos. El proyecto Seafood Impact promueve el consumo responsable de especies menos conocidas para reducir la sobrepesca. Una invitación a asumir que nuestras elecciones alimentarias influyen directamente en la salud del mar.
La acción Mente y Mar demuestra que bienestar personal y protección del entorno están profundamente conectados. Actividades deportivas y talleres en el litoral fortalecen el vínculo emocional con la naturaleza y fomentan estilos de vida saludables, alineándose con el ODS 11.
La ciencia ciudadana complementa esta mirada integradora. Voluntarios, escuelas y especialistas colaboran para registrar especies, reforzando alianzas para lograr los objetivos, tal y como señala el ODS 17, y recordando que la conservación es una responsabilidad compartida entre generaciones.
Los datos avalan la trayectoria: más de veinte toneladas de material regenerativo sumergido, 125 metros cuadrados restaurados y más de 350 especies recuperadas en Cataluña y Baleares. Resultados que muestran que restaurar el Mediterráneo no solo es posible, sino imprescindible para un futuro sostenible.
***Inma Farran es presidenta de la Fundación Ona Futura.