Algunos de los niños beneficados por el programa de la Fundación Mary's Meals.

Algunos de los niños beneficados por el programa de la Fundación Mary's Meals. Mary's Meals

Historias

Acabar con el hambre para poder educar: las cocinas de ladrillo que ayudan a más de 20.000 niños en Zambia

Mary’s Meals impulsa un programa que garantiza que miles de estudiantes puedan recibir un plato caliente diario mientras continúan sus estudios.

Este programa ha sido seleccionado en la XIII Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Acción Social de Fundación Mutua Madrileña.

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En los rincones más castigados del planeta, el aprendizaje cotidiano se transforma en una verdadera batalla por la supervivencia. En Zambia, donde la pobreza y una sequía severa sofocan a millones de personas, la escuela representa la única vía posible para que miles de menores escapen de la desesperanza.

En este escenario, la Fundación Mary’s Meals Spain, ha impulsado un programa de infraestructuras comunitarias. La iniciativa garantiza que miles de estudiantes puedan recibir un plato caliente diario mientras continúan sus estudios obligatorios.

El programa ha sido seleccionado en la XIII Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Acción Social de Fundación Mutua Madrileña.

Teresa Garaizabal, directora de la entidad, explica que la situación humanitaria actual en el país africano resulta alarmante. "Zambia fue reclasificada en 2022 por el Banco Mundial como país de renta baja y hoy más de la mitad de sus habitantes vive en pobreza", señala.

La coyuntura climática ha empeorado sustancialmente las condiciones de vida de las comunidades rurales. "A esto se suma una sequía severa, agravada por el fenómeno de El Niño, que ha golpeado con especial dureza a los pequeños agricultores", añade Garaizabal al analizar el impacto directo en la infancia.

En contextos de extrema vulnerabilidad como este, la malnutrición que sufren niños y adolescentes afecta negativamente a su rendimiento académico. "Tener hambre y estudiar son dos cosas totalmente incompatibles", afirma rotundamente la portavoz de la ONG,

Asimismo, Garaizabal desgrana que un menor sin alimento difícilmente puede concentrarse o aprender en clase.

Esta situación lleva a que el abandono escolar prematuro afecte de forma desproporcionada a las jóvenes estudiantes en las áreas rurales. "Muchas familias, ante la necesidad, acaban sacando a sus hijos de la escuela, afectando de forma especial a las niñas", advierte la directora de la entidad.

Frente a este complejo desafío, la propuesta de la organización destaca por su sencillez y eficacia contrastada. "Nuestro modelo es una idea sencilla que funciona: la comida atrae a los niños a la escuela y, una vez allí, aprenden", sostiene la máxima responsable de la entidad en España.

Una de las voluntarias posa junto a una de las cocinas construidas en la escuela de la escuela de Nkhoto.

Una de las voluntarias posa junto a una de las cocinas construidas en la escuela de la escuela de Nkhoto. Mary's Meals

Los resultados tras la implantación del programa no tardan en reflejarse en los registros de asistencia escolar. En sus evaluaciones internas han observado que, tras solo un año de programa, "la matriculación aumenta en torno a un 25% y se reduce el absentismo", destaca Garaizabal.

Las cocinas

La infraestructura física resulta absolutamente determinante para poder sostener en el tiempo esta logística nutricional. Gracias a la Fundación Mutua Madrileña, han instalado 75 nuevas cocinas en 43 escuelas de los distritos de Chipangali y Chipata, expone.

Las nuevas instalaciones comprenden estructuras de ladrillo y cocinas de tipo cohete que transforman el trabajo comunitario. "Suponen que las escuelas están dotadas de una infraestructura permanente, mucho más eficiente y resistente", subraya la responsable de Mary’s Meals.

El ahorro energético de estas construcciones cuida también el entorno medioambiental de las comunidades beneficiadas. Garaizabal destaca que consumen mucha menos leña para generar el mismo calor, reduciendo la presión sobre los bosques locales y haciendo el programa más sostenible.

El testimonio de los propios voluntarios locales ratifica la enorme utilidad social de los nuevos equipamientos instalados. Tal y como resumía Helen, voluntaria en la escuela de Nkhoto, "son más fuertes, resistentes y es algo permanente que siempre nos va a ayudar en el trabajo diario de la cocina", cita Garaizabal.

Además, la implicación directa de los vecinos constituye la auténtica piedra angular para garantizar la continuidad del proyecto. "La comunidad está en el centro de todo lo que hacemos; no es un detalle, es la base de nuestro modelo", recalca la portavoz de la ONG

El grado de compromiso vecinal quedó demostrado de forma conmovedora durante la fase inicial de las obras. Hubo retrasos para conseguir arena y ladrillos, y "fue la propia comunidad la que se movilizó para aportar materiales", recuerda Garaizabal.

Por otro lado, la eficiencia en la administración presupuestaria ha permitido superar con creces las previsiones iniciales del plan de actuación. El proyecto se presentó para llegar a 12.400 niños, pero finalmente han alcanzado a 20.839 gracias a una gestión cuidadosa, como celebran desde la entidad.

Otro impacto insustituible para el desarrollo de la infancia en Zambia, continúa Garaizabal, es el impacto emocional en el alumnado. "Saber que en la escuela va a comer le quita el miedo al hambre, le permite concentrarse y, sencillamente, ser un niño", declara.

La alegría de los niños confirma la capacidad transformadora de la alimentación escolar en su día a día. Como contó Saviour, un alumno de doce años de la escuela Chigwirizano, a la organización, cuando siente que ha comido, tiene ganas de participar y aprender porque está contento y lleno de energía, traslada Garaizabal.

Para la labor de Mary’s Meals, el respaldo financiero privado es indispensable para poder escalar sus proyectos. Por eso el apoyo que han recibido de la Fundación Mutua Madrileña "es absolutamente determinante”. Les ha permitido dotar de infraestructura a decenas de escuelas de golpe, expresa con gratitud la dirigente de la ONG.

La viabilidad del sistema se apoya en un coste por beneficiario increíblemente ajustado y eficiente. "Alimentar a un niño durante todo un curso escolar cuesta solo 22 euros al año, haciendo que cada euro llegue muy lejos", matiza Garaizabal.

Asimismo, añade que el futuro de la intervención en Zambia pasa por afianzar la alianza estratégica con las autoridades locales. "Trabajamos de la mano del Gobierno para extender la alimentación escolar a escala nacional y a lo largo de todos los distritos", concluye.