Manifestantes durante la marcha del 8M, a 8 de marzo de 2026, en Vigo, Galicia (España).

Manifestantes durante la marcha del 8M, a 8 de marzo de 2026, en Vigo, Galicia (España). Adrián Irago Europa Press

Historias

La generación Z gira hacia la derecha mientras insiste en que "hombres y mujeres ya tienen las mismas oportunidades"

Un informe del politólogo Javier Carbonell expone que los hombres jóvenes son la generación menos machista, mientras crece el rechazo al feminismo.

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La generación Z española es menos machista que las anteriores en buena parte de los indicadores que miden la igualdad entre hombres y mujeres. Apoya mayoritariamente la igualdad salarial, acepta con normalidad el liderazgo femenino y convive con relaciones mucho más igualitarias que las de sus padres. Sin embargo, al mismo tiempo, cada vez se identifica menos con el feminismo.

Ese aparente contrasentido es el eje sobre el que gira el informe Menos machista, más antifeminista. La paradoja de la juventud española, elaborado por el politólogo Javier Carbonell para la Fundación Friedrich Ebert Madrid, que combina el análisis de grandes bases de datos europeas con grupos focales realizados entre jóvenes españoles para responder a una pregunta que ha ganado peso en los últimos años.

¿Por qué una generación que ha crecido en un contexto de mayor igualdad muestra un rechazo creciente hacia el feminismo?

Las conclusiones cuestionan algunas de las explicaciones que han dominado el debate público. El estudio reconoce la influencia de la extrema derecha, la manosfera o los contenidos difundidos en redes sociales, pero sostiene que esos fenómenos resultan insuficientes para entender un cambio más profundo.

En su lugar, apunta hacia factores estructurales como la precariedad económica, la dificultad para acceder a una vivienda, la pérdida de confianza en las instituciones, el aumento del individualismo o la sensación compartida de que el futuro ofrece menos oportunidades que el pasado.

Los datos reflejan, además, un cambio político evidente. Los hombres jóvenes han protagonizado en la última década un desplazamiento hacia posiciones más conservadoras y son el grupo con mayor probabilidad de respaldar a partidos de extrema derecha.

Entre las mujeres también se aprecia un giro desde 2022 y 2023, aunque de menor intensidad y con características diferentes. Ellas siguen siendo el colectivo que más respalda la igualdad de género, aunque también disminuye su identificación con el feminismo y moderan su comportamiento electoral respecto a años anteriores.

Pero la principal aportación del trabajo consiste en cuestionar la idea de que este fenómeno responda a un aumento del machismo. Carbonell sostiene que ocurre justo lo contrario. "Se dice que a veces esta generación es más machista que las anteriores. Eso es mentira. Estamos probablemente ante la generación más igualitaria de la historia", afirma.

El investigador explica que las mujeres jóvenes exigen relaciones más equilibradas y que los hombres han interiorizado con naturalidad principios de igualdad que hace apenas unas décadas seguían siendo objeto de debate.

Javier Carbonell, politólogo.

Javier Carbonell, politólogo. Cedida

Esa evolución convive con una caída continuada del apoyo explícito al feminismo. Según recoge el informe a partir de datos de FAD Juventud, en 2025 se identifica como feminista el 51% de las mujeres jóvenes, frente al 67% registrado en 2021. Entre los hombres, el porcentaje desciende hasta el 26%.

Paralelamente, aumenta la proporción de jóvenes que considera que el feminismo se ha convertido en una herramienta política o que cree que ya no resulta necesario porque la igualdad entre hombres y mujeres estaría prácticamente conseguida.

La aparente contradicción desaparece cuando se analiza cómo interpreta esta generación la igualdad. Los grupos focales muestran que muchos jóvenes juzgan la realidad desde su propia experiencia cotidiana.

En el instituto, la universidad o los primeros empleos perciben que chicos y chicas disfrutan de oportunidades similares. Esa vivencia directa pesa más que las estadísticas sobre desigualdades estructurales, que suelen manifestarse años después, cuando aparecen las diferencias salariales, la maternidad o la segregación ocupacional entre sectores económicos.

El peso del "feminismo neoliberal"

Para explicar esa distancia entre igualdad y feminismo, Carbonell introduce un concepto que vertebra todo el estudio. Lo denomina "feminismo neoliberal".

No hace referencia al feminismo como movimiento político tradicional, sino a una forma de entender la igualdad basada en el esfuerzo individual, la meritocracia y la capacidad de cada persona para abrirse camino por sí misma, relegando a un segundo plano las desigualdades estructurales y las respuestas colectivas.

El politólogo considera que este marco resulta mucho más útil que centrar toda la atención en la manosfera o en la extrema derecha.

"La manosfera, las tradwives y la extrema derecha son importantes y llaman mucho la atención, pero, cuando investigas los cambios estructurales de fondo, te das cuenta de que son fenómenos mucho más superficiales de lo que creemos", explica.

A su juicio, muchas personas que consumen este tipo de contenidos mantienen después relaciones personales igualitarias y aceptan con normalidad que las mujeres ocupen puestos de liderazgo o desarrollen cualquier profesión.

Lo que realmente conecta con buena parte de la juventud, sostiene, es el rechazo hacia un sistema que consideran incapaz de responder a sus principales problemas.

"Lo que subyace a todo esto es un aumento de la precariedad económica de los jóvenes, una enorme crisis de la vivienda, un gran aumento del individualismo, una falta de perspectiva de futuro, una caída de las asociaciones y del tiempo compartido con otras personas, y un aumento de la soledad no deseada".

Desde esa perspectiva, el feminismo termina apareciendo asociado al poder político establecido y recibe parte del desgaste que acumulan las instituciones.

La investigación refleja hasta qué punto esa desconfianza atraviesa el discurso de los participantes.

En los grupos focales, la vivienda aparece una y otra vez como la principal preocupación compartida. También la sensación de que, pese a contar con un mayor nivel educativo que generaciones anteriores, acceder a un hogar o construir un proyecto vital estable resulta hoy mucho más complicado.

El informe concluye que ese malestar económico constituye uno de los principales motores del giro político que experimenta la juventud española.

Un juego de suma cero

Carbonell sostiene que buena parte del rechazo al feminismo político nace cuando una parte de los hombres jóvenes interpreta determinadas medidas de igualdad como un trato de desigualdad hacia ellos.

El estudio recoge que muchos participantes rechazan las políticas de discriminación positiva porque perciben con claridad que la ley establece diferencias entre hombres y mujeres, mientras les resulta mucho más difícil identificar las desigualdades estructurales que esas medidas buscan corregir.

El investigador cree que ese razonamiento está estrechamente ligado a la realidad que viven. "Muchos hombres jóvenes ven poca desigualdad en temas educativos y laborales, y es normal, ya que ellas sacan ligeramente mejores notas y van mucho más a la universidad que ellos".

Los datos del informe respaldan esa percepción parcial. Entre la población de 25 a 34 años, el 58,7% de las mujeres cuenta con estudios universitarios, frente al 46,6% de los hombres. Además, la brecha salarial por hora prácticamente ha desaparecido entre los menores de 25 años en España.

Reunión victoriana por los derechos de la mujer, Hanover Square Rooms.

Reunión victoriana por los derechos de la mujer, Hanover Square Rooms. iStock

Eso no significa, aclara Carbonell, que las desigualdades hayan desaparecido. A su juicio, el problema reside en que muchas de ellas aparecen más adelante, cuando llegan la maternidad, la conciliación o la concentración de hombres y mujeres en sectores con remuneraciones muy diferentes.

"La desigualdad de género en el trabajo no actúa en los primeros años, sino más tarde; por eso cuesta más verla cuando no se es joven". Esa diferencia cotidiana entre la experiencia cotidiana y la realidad estadística ayuda a explicar por qué una parte de la juventud considera que la igualdad está prácticamente conseguida.

A ese diagnóstico se suma otro elemento que el politólogo considera imprescindible incorporar al debate. "Hay una pérdida muy real de privilegios que los hombres teníamos antes y que ahora tenemos cada vez menos. Eso siempre va a provocar una reacción".

Sin embargo, distingue dos planos completamente distintos. "No es lo mismo cabrearte porque ya no puedes tocar a las mujeres con impunidad, como se hacía antes, que cabrearte porque no tienes el mismo acceso a una vivienda que tenían las generaciones anteriores. No hay empatía por lo primero, pero sí por lo segundo".

Las mujeres jóvenes

Uno de los hallazgos que más rompe con las ideas preconcebidas es que el distanciamiento respecto al feminismo también aparece entre las mujeres jóvenes. Aunque siguen siendo quienes muestran mayor respaldo a la igualdad de género, el informe detecta una caída continuada de la autoidentificación feminista desde 2021 y un desplazamiento ideológico hacia posiciones más conservadoras desde 2023.

Carbonell interpreta ese cambio desde las mismas condiciones materiales que afectan a los hombres. La precariedad, la dificultad para emanciparse o la sensación de vivir peor que las generaciones anteriores atraviesan también los discursos femeninos.

"Las mujeres jóvenes tienen casi todos los mismos problemas que los hombres jóvenes. Son más independientes económicamente que antes, pero lo que pueden comprar con esa independencia económica es menor".

No obstante, resume esa paradoja con una imagen que, a su juicio, refleja el momento actual. "Las mujeres ya no necesitan a un hombre para alquilar una casa, pero lo único que pueden alquilar es una habitación pequeña".

A partir de ese malestar identifica tres respuestas diferentes. La primera canaliza la frustración hacia las desigualdades de género y mantiene una mirada feminista. La segunda apuesta por resolver los problemas desde el esfuerzo individual y la autosuperación. La tercera idealiza modelos tradicionales como el fenómeno tradwife.

Carbonell considera que las dos últimas acaban alimentando el distanciamiento respecto al feminismo, aunque lo hagan por caminos muy distintos.

La asignatura pendiente

El informe dedica una parte importante de sus recomendaciones a una cuestión que, según su autor, ha recibido mucha menos atención pública que el auge del antifeminismo. Carbonell cree que el feminismo necesita construir un relato más atractivo para los hombres jóvenes y ofrecer referentes capaces de competir con los discursos que circulan en las redes sociales.

"Les hemos dicho lo que no hay que ser, pero no cómo hay que ser". A partir de esa idea plantea impulsar programas similares a los que han buscado incorporar mujeres a las disciplinas STEM, aunque dirigidos a aumentar la presencia masculina en ámbitos como la educación, los cuidados o la salud.

Manifestantes durante la marcha del 8M, a 8 de marzo de 2026, en Vigo, Galicia (España).

Manifestantes durante la marcha del 8M, a 8 de marzo de 2026, en Vigo, Galicia (España). Adrián Irago Europa Press

También propone reforzar el apoyo educativo para reducir el abandono escolar masculino, dar visibilidad a modelos de masculinidad positiva, abordar sin estigmas problemas específicos que afectan a muchos hombres y respaldar iniciativas e influencers que promuevan relaciones igualitarias. Su objetivo pasa por fortalecer lo que denomina la "igualisfera" como alternativa a la manosfera.

El investigador insiste en que el principal desafío consiste en evitar que el malestar económico termine convirtiéndose en una batalla entre hombres y mujeres. "Cuando hay menos oportunidades, es normal que empiece una lucha entre el último y el penúltimo".

Desde su punto de vista, ese enfrentamiento beneficia a quienes presentan la igualdad como un juego de vencedores y vencidos, cuando el origen de buena parte de los problemas se encuentra en factores económicos y sociales compartidos.

Más allá de feminismo

Carbonell mantiene una visión optimista sobre la evolución de la igualdad entre hombres y mujeres y cree que el avance femenino en educación y empleo continuará en los próximos años. También considera que el feminismo atraviesa ciclos de mayor y menor apoyo social.

"Hemos tenido una ola feminista; ahora vemos una ola antifeminista, pero, más pronto que tarde, veremos otra ola feminista".

Aun así, identifica dos riesgos que pueden marcar la evolución de los próximos años. El primero es que los algoritmos de las redes sociales continúen incentivando la confrontación entre hombres y mujeres porque el conflicto genera interacción. El segundo pasa por ignorar el deterioro económico que afecta especialmente a los hombres jóvenes de clase trabajadora.

"Los hombres son ahora el gran reto del feminismo; esta es la asignatura pendiente".

El informe concluye que centrar el debate exclusivamente en los discursos más extremos deja fuera buena parte de las causas que explican el distanciamiento de la juventud respecto al feminismo.

La pérdida de confianza en la política, el deterioro de los condicionantes de vida, la crisis de acceso a la vivienda, el auge del individualismo y la percepción de que las oportunidades son menores que las de generaciones anteriores configuran un escenario mucho más amplio que la guerra cultural que domina las redes sociales.

Comprender esa realidad, sostiene Carbonell, será determinante para evitar que el rechazo al sistema termine traduciéndose en un retroceso de los avances alcanzados en igualdad de género.