Terrenos deforestados en el Parque Nacional Natural Tinigua, en Meta (Colombia).

Terrenos deforestados en el Parque Nacional Natural Tinigua, en Meta (Colombia). Mauricio Dueñas EFE

Historias

El futuro de los bosques de todo el mundo se juega en Europa: así es su papel clave para frenar la deforestación

Los Veintisiete son la segunda potencia a nivel mundial en importación de productos asociados a la destrucción de estos ecosistemas.

Más información: La adaptación de los bosques se queda "rezagada" ante el avance del cambio climático: acumula entre uno y dos siglos de retraso

Publicada

La masa forestal del planeta se está viendo reducida a pasos agigantados. En la última década se han perdido una media de 10,9 millones de hectáreas de bosque al año, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Se trata de un fenómeno, la deforestación, que empeora con cada año que pasa. Solo en 2024 se perdieron 6,7 millones de hectáreas únicamente en los bosques tropicales, casi el doble que un año antes, muestran los datos del World Resources Institute.

Ante esta situación, que parece imparable, la Unión Europea tiene un papel clave, expone Diana Colomina, responsable del Programa de Bosques del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). Es la segunda potencia a nivel mundial en importación de productos asociados a la deforestación.

Estas adquisiciones se concentran en unas pocas materias primas, continúa la portavoz de WWF. Principalmente, hablamos de soja –para piensos–, carne de vacuno, aceite de palma y, en menor medida, madera, cacao y café.

La carne y la soja proceden mayoritariamente de América del Sur, especialmente de Brasil, Argentina y Paraguay, señala Colomina. En el caso del aceite de palma, llega principalmente del sudeste asiático, con el foco en Indonesia y Malasia. En África destaca la República Democrática del Congo en productos forestales, agrega.

Las cadenas de suministro que producen estas materias primas están "estrechamente vinculadas al sistema alimentario global" y explican la mayoría de la pérdida de bosques tropicales asociada al consumo europeo.

El papel de la Unión Europea

Para luchar contra este desastre, la UE ya ha dado pasos a nivel legislativo. En 2023 aprobó el El Reglamento Europeo sobre productos libres de deforestación (EUDR), que contiene obligaciones legales para garantizar que los productos comercializados en la UE sean libres de deforestación, trazables y legales.

Establece que determinadas materias primas -–soja, carne de vacuno, aceite de palma, madera, cacao, café y caucho– y productos derivados, deben cumplir tres condiciones para poder comercializarse en el mercado de la UE o exportarse desde él.

La primera es no proceder de tierras deforestadas o degradadas después del 31 de diciembre de 2020. En segundo lugar, deben haberse producido conforme a la legislación del país de origen. Por último, deben ser trazables y verificables

Sin embargo, desde WWF y otras organizaciones están denunciando que la UE está recibiendo presiones para retrasarlo –debe entrar en vigor en diciembre de 2026–, debilitarlo o simplificarlo. Estas exigencias vienen tanto desde dentro de los Veintisiete, como de otros países, indica Colomina.

Por un lado, desde la UE lo están demandando partidos conservadores y algunos estados miembros. Por otro, también se quejan países productores, como Brasil, Indonesia o Malasia, que lo consideran una barrera comercial.

Por último, y más recientemente, la presión de Estados Unidos. La potencia no quiere normas que regulen sus exportaciones de soja, carne de vacuno o productos forestales hacia la UE, menciona Miguel Ángel Soto, responsable de la Campaña de Bosques de Greenpeace España.

Fuera de la política, está el sector empresarial y los lobbies de la agroindustria, que alegan costes y complejidad, dice Colomina.

En conjunto, estas presiones buscan reducir el alcance o aplazar la aplicación del reglamento. "Algo que compromete su eficacia para frenar la deforestación vinculada al consumo europeo", lamenta la portavoz de WWF.

Imagen de archivo de una vista que muestra una zona deforestada en plena selva amazónica en Uruara.

Imagen de archivo de una vista que muestra una zona deforestada en plena selva amazónica en Uruara. Bruno Kelly/Reuters

Para ella, la clave ahora es asegurar una implementación ambiciosa, con controles efectivos y sin debilitar su alcance, así como ampliar el enfoque para evitar que la presión se desplace a otros ecosistemas como sabanas o humedales.

"Esto permite atacar directamente la deforestación vinculada al comercio internacional". Un factor que representa gran parte del problema. No obstante, las medidas no se pueden quedar en lo legislativo.

Los Veintisiete también deben impulsar la transformación del sistema agroalimentario y de consumo, reduciendo la demanda de productos relacionados con la pérdida de bosques.

Desde WWF también piden que se promuevan cadenas de suministro sostenibles, se exiga más transparencia a las empresas y que se alineen las políticas comerciales, agrícolas y de inversión con objetivos de deforestación cero.

Dentro de Europa, España es uno de los países con mayor impacto en este fenómeno, ya que es uno de los mayores importadores del continente de soja y aceite de palma. También por su posición como gran productor ganadero en la UE amplifica esta huella, teniendo en cuenta que la mayoría de soja importada es para fabricar piensos.

Hablamos de productos que llegan, en gran medida, de regiones con altas tasas de deforestación como el Cerrado y la Amazonía, en Brasil; el Gran Chaco en Argentina y Paraguay; o Indonesia. Un hecho que vincula "directamente" el consumo español con la destrucción de ecosistemas tropicales, lamenta Colomina.

Según la portavoz de WWF, España "puede actuar a varios niveles". Para empezar, aplicando el EUDR con ambición. Asimismo, debe reducir la dependencia de soja importada y promover un modelo agroalimentario más sostenible. Esto incluye cadenas de suministro libres de deforestación, exigir compromisos a empresas y mejorar la transparencia.

Por último, Colomina señala que es crucial actuar sobre la demanda interna que impulsa la deforestación global, combinando regulación, mercado y cambio de modelo productivo.

A ojos de Soto, de Greenpeace España, frenar la lucha contra la deforestación, ceder a estas presiones y debilitar "todavía más" la EUDR es renunciar a frenar la pérdida de biodiversidad y tirar por los suelos los grandes acuerdos multilaterales nacidos tras la Cumbre de Río 92.

"Por supuesto, sería renunciar a la reducción de emisiones procedentes de la deforestación y a alcanzar el objetivo del Acuerdo de París", agrega.

¿Dónde se pierden más hectáreas al año?

Esta destrucción se organiza en grandes "frentes de deforestación" como la Amazonía, el Cerrado y el Gran Chaco en América del Sur. También la cuenca del Congo en África y el sudeste asiático, donde se han perdido decenas de millones de hectáreas en las últimas décadas, indica Colomina.

La principal causa es la expansión del sistema agroalimentario global, en particular la ganadería y cultivos como la soja o la palma. La expansión agrícola y ganadera ha sido responsable de una parte muy significativa de la deforestación tropical, con una pérdida sostenida de millones de hectáreas al año.

Además, estos procesos suelen estar conectados: la ganadería abre la frontera agrícola y facilita posteriormente la expansión de cultivos. No obstante, la deforestación no responde únicamente a estos factores.

También intervienen otros elementos como infraestructuras, incendios, degradación forestal o dinámicas económicas globales vinculadas al comercio. Además, la presión no se limita a los bosques, sino que se está extendiendo a otros ecosistemas como sabanas, praderas o humedales, reflejando "un problema más amplio ligado al modelo global de producción y consumo".

Este desastre ya está teniendo "consecuencias profundas y claramente visibles a escala global", denuncia Colomina. Afecta a tres crisis interconectadas: clima, biodiversidad y bienestar humano.

La deforestación es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero porque libera grandes cantidades de carbono almacenado y reduce la capacidad del planeta para absorber dióxido de carbono. Algo que acelera el cambio climático y contribuye a fenómenos cada vez más extremos, como olas de calor, sequías o incendios forestales más intensos.

Por otro lado, tiene un impacto directo sobre la biodiversidad. Los bosques albergan más de tres cuartas partes de las especies terrestres, por lo que su destrucción provoca la pérdida de hábitats, la fragmentación de ecosistemas y el aumento del riesgo de extinción de especies.

Por último, las consecuencias son también sociales y económicas. Millones de personas, especialmente comunidades indígenas y rurales, dependen directamente de los bosques para su alimentación, ingresos y cultura. "La deforestación pone en riesgo su supervivencia y puede generar conflictos, desigualdad y problemas de salud", subraya la portavoz de WWF.

Evitando solo la entrada de productos derivados de la deforestación, y permitiendo los que estén limpios de ella, se reducen las emisiones derivadas de la pérdida de bosques, se respeta el hogar de muchas comunidades indígenas y se cuida la biodiversidad del planeta, sentencia Soto.