Los protagonistas en una de las escenas de la apuesta de Fennell.

Los protagonistas en una de las escenas de la apuesta de Fennell. IMDb

Historias Semana del 8M

¿Se pueden crear monstruos como Heathcliff de 'Cumbres Borrascosas'? La influencia de la educación en la violencia

El regreso del clásico victoriano invita a revisar qué papel juegan la infancia y los referentes románticos en la construcción de las relaciones afectivas.

Más información: 'Cumbres Borrascosas' no es una historia romántica: este es el riesgo de confundir el peligro y la intensidad con el amor real

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La historia comienza con un niño que no pertenece a ningún lugar. Llega sucio, hambriento y sin nombre a una casa en los páramos ingleses. Nadie sabe de dónde viene, pero pronto todos parecen saber qué hacer con él: despreciarlo, humillarlo o recordarle constantemente que es un intruso.

Ese niño es Heathcliff, el protagonista de Cumbres borrascosas, la novela de Emily Brontë que más de siglo y medio después sigue generando preguntas incómodas sobre el amor, la violencia y la huella de la infancia.

La nueva adaptación cinematográfica protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi recupera esa historia desde una mirada que pone el foco en la intensidad emocional del vínculo entre Cathy y Heathcliff.

Su relación comienza como una conexión casi salvaje entre dos niños que sienten que el mundo está en su contra. Juegan, corren por los páramos y encuentran en el otro un refugio frente a las normas sociales que los rodean.

Con el tiempo, esa complicidad infantil se transforma en deseo y dependencia. Heathcliff percibe a Cathy como la única persona que realmente lo ve, mientras que ella encuentra en él un espacio de libertad lejos de las expectativas de la buena sociedad. La película muestra ese vínculo como una unión absoluta, casi exclusiva, que los enfrenta al resto del mundo.

El equilibrio se rompe cuando Cathy decide casarse con Edgar Linton, un hombre rico y refinado que representa estabilidad y ascenso social. En un momento clave de la historia, Heathcliff escucha que ella considera degradante casarse con él.

La humillación lo empuja a marcharse sin despedirse. Cuando regresa años después, ya no es el niño rechazado de antes, sino un hombre con dinero y un resentimiento cuidadosamente cultivado.

Una de las escenas de 'Cumbres Borrascosas' (Warner Bros. Pictures, 2026).

Una de las escenas de 'Cumbres Borrascosas' (Warner Bros. Pictures, 2026). IMDb

A partir de ese momento, la relación entre ambos se convierte en una espiral de celos, manipulación y dolor. Heathcliff corteja a otras mujeres para provocar a Cathy, mientras ella mantiene encuentros clandestinos con él a pesar de estar casada.

La intimidad convive con el daño y la pasión se mezcla con el deseo de castigar al otro. En lugar de un espacio de cuidado, el amor se transforma en un terreno de poder, posesión y venganza.

El amor de la gran pantalla

Este tipo de historias no es exclusivo del clásico victoriano. Narrativas contemporáneas como After, Culpa mía, 365 días, Cincuenta sombras de Grey o Tres metros sobre el cielo han popularizado un modelo de romance basado en la intensidad emocional y el conflicto constante.

En ellas, el amor se demuestra a través de los celos, el sufrimiento o la obsesión, mientras que las relaciones tranquilas suelen aparecer como sinónimo de aburrimiento.

Para la psicóloga sanitaria Claudia Blanca Martín, experta en apego, trauma y disociación, la persistencia de este imaginario romántico viene de tiempo atrás. "A lo largo de la historia ha habido culturas donde los roles de género han estado más marcados y donde hay aprendizajes explícitos e implícitos sobre una forma de cuidar que pasa por el sufrimiento", explica.

En ese contexto, añade, no resulta extraño que muchas personas se sientan atraídas por relaciones que reproducen dinámicas emocionales conocidas.

"Cuando en un seno familiar hay carencias afectivas o cierta inestabilidad emocional, conectar con algo similar en una relación sentimental futura puede reproducir y hacernos conectar con ese patrón que, aunque es insano, es familiar e incluso puede resultar emocionante".

¿Crear monstruos?

La historia de Heathcliff también plantea otra cuestión central: hasta qué punto las experiencias de la infancia pueden marcar la manera en que una persona gestiona la ira, el apego o la necesidad de venganza. Pues, el personaje crece rodeado de rechazo social y humillaciones constantes, una combinación que acaba moldeando su forma de relacionarse con los demás.

"Desde un enfoque de trauma se entiende que las vivencias emocionalmente intensas dejan una huella que se reproduce de una forma u otra en la adultez", señala Blanca Martín. "La regulación emocional y la manera de vincularnos se aprende a raíz de nuestras figuras de apego o figuras vinculares".

Jacob Elordi y Margot Robbie, en escena.

Jacob Elordi y Margot Robbie, en escena. IMDb

Y, cuando esas necesidades emocionales no se cubren durante la infancia, añade, el impacto puede ejemplificarse en la forma en la que nos regulamos, nos expresamos o gestionamos las emociones y la autoestima. Llevándolo a un punto "disfuncional en la adultez".

La violencia que atraviesa la historia de Cumbres Borrascosas también puede entenderse desde esa transmisión de patrones. Según la experta, el comportamiento agresivo no se hereda de forma inevitable, pero sí puede normalizarse cuando forma parte del entorno en el que una persona crece. "Puede aprenderse por observación, por internalización de creencias sobre poder y control".

En ese sentido, los referentes culturales adquieren un papel relevante, especialmente entre los jóvenes que empiezan a construir sus primeras relaciones afectivas. Pues, las historias que presentan vínculos conflictivos como romances apasionados pueden moldear expectativas poco realistas sobre lo que significa amar.

Sin embargo, para Blanca Martín "el conflicto no sería tanto el material en sí mismo, sino la mirada crítica con la cual se ve", aunque advierte de que el impacto puede ser mayor en quienes aún están aprendiendo a relacionarse.

"Pueden generarse unas expectativas afectivas poco saludables. Puede ocurrir que relaciones más tranquilas se consideren como faltas de pasión o que se piense que el amor tiene que doler para ser verdadero, siendo realmente el amor sano el que nos regula y nos mantiene en calma", explica.

Más de 175 años después de su publicación, la historia de Cathy y Heathcliff sigue funcionando como un espejo incómodo. Y es que, más allá de un amor imposible, la obra habla de cómo las heridas de la infancia, la educación emocional y los modelos culturales pueden moldear la forma en que las personas aman, dañan y, a veces, destruyen aquello que más desean.