El glaciar Perito Moreno.

El glaciar Perito Moreno. EFE

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La reforma de la ley de glaciares que debilita el escudo frente a la sequía en Argentina: "Es imperante protegerlos"

Estas geoformas heladas son sistemas muy frágiles y muy amenazados por el actual incremento de las temperaturas.

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Los negacionistas del cambio climático han conseguido una victoria parcial en Argentina. La semana pasada, el Senado aprobaba una reforma de la ley de los glaciares que reduce los territorios protegidos y permite nuevas inversiones mineras en áreas amparadas hasta ahora por la legislación actual.

Los impulsores de este cambio lo defienden como una oportunidad para desbloquear la inversión de las empresas mineras en el país, pero los ambientalistas temen que se comprometa el acceso al agua de los ciudadanos.

La ley actual ampara tanto a los glaciares visibles como a los cuerpos menores que conforma ese entorno periglaciar, prohibiendo las actividades industriales en él. Si la reforma se aprueba, recortaría ese margen de preservación y las geoformas que hasta ahora se consideran relevantes verían limitada su protección

Los glaciares de todo el mundo se consideran el tercer polo de la Tierra y juegan un papel fundamental como recurso hídrico, exponen Santiago Giralt, director de Geociencias Barcelona (GEO3BCN) y Sergi Plá, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

"Son uno de los grandes reservorios de agua dulce del planeta", advierten. De forma directa o indirecta, aproximadamente un 25% de la población mundial depende de este tipo de recurso. Si nos fijamos solo en Argentina, "impactan en la vida de 7 millones de personas", agrega Agostina Rossi, especialista en biodiversidad de Greenpeace Argentina.

Funcionan como un gran almacén: acumulan agua en invierno y la van liberando progresivamente en verano. Por eso, todo lo que signifique reducir la protección de un recurso tan fundamental como son los glaciares implica un gran riesgo porque "son sistemas muy frágiles y muy amenazados por el actual incremento de las temperaturas".

El impacto de la actividad minera en estas formaciones heladas dependerá de la escala a la que se quieran desarrollar los proyectos y de la voluntad de las empresas por desarrollarlos de la forma más sostenible posible, cuentan desde GEO3BCN y CREAF.

Si lo hacen con las máximas garantías ambientales y de seguridad, éstas deberían tener relativamente poco impacto. El problema, resumen, es que se pretenden explotar zonas que ya están muy estresadas ecológicamente y eso puede provocar un efecto cascada con consecuencias muy difíciles de prever a corto, medio y largo plazo.

"Al ser ecosistemas muy frágiles, además, será muy difícil que se puedan revertir los efectos negativos que se produzcan", lamentan.

Qué quiere cambiar la reforma

Argentina cuenta con cerca de 17.000 glaciares inventariados que alimentan 36 cuencas hídricas. Son doce las provincias con glaciares en el país, pero más de veinte reciben agua de cuencas alimentadas por el deshielo, desarrolla Rossi.

Con la reforma que pretende hacer el Gobierno de Javier Milei, los ambientalistas temen que se vulneren las protecciones a estas formaciones heladas. Uno de los principales cambios es que será cada provincia la que defina los estándares para preservar los glaciares y el ambiente periglacial.

Así, quieren distinguir el área periglaciar de las geoformas que sean reservas estratégicas de recursos. Esta división supondría que no todo el territorio contará con esa protección. Solo se garantizaría la seguridad de las formaciones con una función hídrica comprobable

Para Giralt y Plá, esta diferencia sería un gran error. Desde el punto de vista hidrológico, los glaciares forman la parte alta de una cuenca y los cursos de agua que de ellos se derivan forman parte de la zona baja de la misma.

No hay forma de separar el funcionamiento de una parte de la cuenca sin tener en cuenta la otra. Por tanto, cualquier compartimentalización que se haga "siempre supondrá que habrá una parte que quedará afectada, repercutiendo en la otra", argumentan los expertos.

Herramientas contra la sequía

El retroceso de los glaciares argentinos ya es evidente, señala Rossi. 48 de los 50 principales glaciares del Campo de Hielo Sur están en retroceso. A su vez, la superficie con glaciares de los Andes Desérticos se redujo un 17% en la última década. En el caso de los Andes Centrales (las provincias de San Juan y Mendoza principalmente), la superficie cayó 36% entre 1986 y 2020.

Conforme vayan desapareciendo, como consecuencia del cambio climático, van a reducir de forma drástica su capacidad de almacenar y liberar agua de forma progresiva, con todo el impacto ambiental y socioeconómico que conlleva.

Por eso los investigadores españoles insisten en su papel para luchar contra la sequía que acecha el planeta. "Es fundamental poder garantizar de todas las formas posibles que haya agua dulce disponible para el mayor porcentaje de la población posible".

Esto se puede aplicar especialmente a Argentina, ya que la zona árida del país se nutre, en gran parte, de agua procedente de los glaciares. "Es imperante protegerlos".

Sin los glaciares y con un planeta cada vez más cálido, la gravedad de las sequías irá aumentando y serán cada vez más pronunciadas y largas, advierten Giralt y Plá.

Si queremos adaptarnos a esta situación de cambio climático, es fundamental conservar estas geoformas y eso significa tratarlos como un ecosistema integral con muchas partes, desde la más alta de la cuenca, que acumula la nieve, hasta la más baja, donde se desarrollan las actividades socioeconómicas.

"Desproteger los glaciares, en un contexto de crisis climática y de biodiversidad, implica comprometer el futuro hídrico de los argentinos y el desarrollo de las futuras generaciones", advierte Rossi.